10. La Confederación beocia anterior al 386 a.C.
10.1. Las Helénicas de Oxirrinco (P.)
A) Introducción
En 1908 se publicaron en Londres una serie de papiros descubiertos en Oxirrinco en 1906 que, además de contener importante información sobre otros aspectos, vinieron a revolucionar de una manera decisiva, nuestro conocimiento sobre la Beocia antigua (B.P. Greenfell, A.S. Hunt, 1908, "Theopompus (or Cratippos) Hellenica", The Oxyrhynchus Papyri, 5.110-242). A dicho grupo de papiros, conocido por el nombre de serie londinense, se le unió en 1949 la publicación en Florencia de otra serie (V. Bartoletti (1949), "Nouvi frammenti delle <<Elleniche di Ossirinco>>," Papiri greci e latini, 13.61-81) y aún otra se añadió en El Cairo en 1976 (L. Koenen (1976), "A New Fragment of the Oxyrhynchite Historian," Studia Papyrologica.15.55-67, 69-76).Estas series separadas de papiros pertenecen, casi con total seguridad, a la misma obra histórica, conservada en un estado muy fragmentario, de un escritor griego del siglo IV cuyo nombre desconocemos y que llamamos convencionalmente Helénicas de Oxirrinco o bien simplemente P.
Los fragmentos conservados narran hechos que se sitúan entre los años 410/9 y 395 por lo que es posible que el autor de las Helénicas de Oxirrinco comenzara sus Historias donde las había dejado Tucídides, en septiembre del 411 y continuara hasta la batalla de Cnido en el 394 o bien, y ésta es también mi opinión, que su obra se prolongara, al menos, hasta la Paz del Rey de la primavera del 386.
Si se discute el orden de colocación de las partes conservadas y si el comienzo y final de la obra son puntos también sometidos a debate, mucho más controvertido aún ha sido la cuestión de la autoría de la obra. Lo que interesa aquí anotar es que P. debe ser un autor ateniense y, aunque se pretende que era más o menos contemporáneo de Tucídides, personalmente yo me inclino a considerar que escribió en la segunda mitad el siglo IV, con seguridad conocía acontecimientos del 382, posteriores a la Paz del Rey, y quizás no ignorara la obra de Jenofonte que se debió publicar a mediados del siglo IV.
El valor histórico de P. es no sólo indudable sino también decisivo en muchos aspectos como son, por ejemplo, la batalla de Notio, la campaña de Agesilao en Asia en el 395, la revuelta de Rodas en el 395, la lucha política interna en Atenas en el 396, el estallido de la Guerra de Corinto y ciertas informaciones que conciernen a las campañas navales de Conón anteriores a Cnido. Por lo que se refiere Beocia, P. constituye uno de los documentos más importantes para comprender su historia no sólo por la profunda discusión de las facciones políticas tebanas (P.12.1-5) sino, sobre todo, porque en la primera columna (11) del fragmento D de la serie londinense, que aquí presentamos, P. recoge la constitución vigente en la Confederación y en las poleis beocias a comienzos del verano del 395, sin duda alguna uno de los mejores fragmentos de toda la historiografía griega del siglo IV y uno de los ejes a partir del cual se puede vertebrar la historia de la Beocia arcaica y clásica de manera que tomaremos las Helénicas de Oxirrinco como base para nuestra posterior descripción de la Confederación beocia anterior a la Paz del Rey que se firma en la primavera del 386.
B) Papiro Oxirrinco nº 842, col.11 (Traducción)
"En este verano (395 a.C.) los beocios y los focidios fueron a la guerra. Este enfrentamiento estuvo provocado principalmente por algunos tebanos, pues desde no muchos años antes los beocios se encontraban en un estado de enfrentamiento interno (stasis). La organización de Beocia era entonces así: estaban establecidos cuatro Consejos en cada una de las ciudades, en los que no a todos los ciudadanos les estaba permitido formar parte sino a los que poseían cierta cantidad de renta. De estos Consejos cada uno por turno ejercía la reunión y la deliberación preliminares y hacía propuestas a los otros tres y la resolución adoptada por todos juntos llegaba a ser válida. Y así continuaban gobernándose las ciudades y la Confederación estaba organizada por los beocios del modo <siguiente>: toda la población del país estaba distribuida en once distritos, cada uno de los cuales proporcionaba un beotarco. Los tebanos reunían cuatro, dos por la ciudad y dos por los plateos, Escolo, Eritras y Escafas y otras localidades que antes había formado una sympoliteia y ahora dependían (syntelein) de Tebas. Dos beotarcos proporcionaban los orcomenios y los de Hisias, dos Tespias con Eutresis y Tisbe, uno los tanagreos y otro más los haliartios y Lebadea y Coronea que cada una de las ciudades enviaba por turno, y de la misma manera se remitía el de Acraifia, Copas y Queronea. Así era el modo en que se aportaban, por parte de los distritos, los magistrados, además proporcionaban sesenta consejeros por cada beotarco y éstos cubrían sus gastos diarios por sí mismos. Asimismo se obligaba a cada distrito a <enviar> alrededor de mil hoplitas y cien jinetes al ejército. Para decirlo de una manera sencilla, participaban en los magistrados y en los asuntos (?) federales, pagaban las contribuciones, enviaban jueces y del mismo modo tomaban parte en todas las cosas buenas y malas. Así se gobernaba el comunidad étnica como un todo y los consejos y los asuntos (?) federales de los beocios tenían su sede en la Cadmea,".
El estado federal nació comienzos
del último cuarto del siglo VI y, con amplias transformaciones y
a través de muy variadas circunstancias, subsistió posiblemente
sin solución de continuidad hasta la Paz del Rey de la primavera
del 386. La creación de la Confederación se relaciona con
la necesidad de algunas ciudades del sur del Copais (Haliarto, Coronea...),
del Noreste (Copas, Acraifia) y del Este (Tespias, Tebas...) de hacer frente
al poder de determinadas ciudades del Oeste como Orcómeno o Hieto,
cuya expansión parece haber sido uno de los rasgos característicos
de principios y mediados del siglo VI pero sobre todo respondió
al deseo tebano de dotarse de un instrumento que le permitiera asentar
su hegemonía en toda Beocia.
Tras una serie de fracasos desde finales del siglo que culminaron en una década sometimiento a Atenas (457-446), la batalla de Coronea, en el 446, que supuso la liberación del dominio ateniense, marcó un verdadero punto de inflexión en la historia de Beocia y de la propia Confederación de tal modo que es posible decir que la reorganización del 446 configuró la base de la constitución federal que conocemos en el 395.
La Guerra del Peloponeso vio el crecimiento del poder político y de la riqueza económica de la Confederación pero, a la vez, desarrolló espectacularmente la hegemonía de Tebas. Beneficiada por el saqueo del Ática, aumentó su representación política en el seno de la Confederación, modificó el sistema de distritos en su propio provecho o con el fin de debilitar a sus rivales. Arrancó Queronea a Orcómeno, aumentó su territorio con la inclusión de Platea, arrasó las murallas de Tespias y se permitió intervenir en la política interna de esta última, acabando con una revuelta democrática e instalando en el poder un régimen oligárquico protebano.
La organización federal y local de Beocia nos es conocida tal y como ésta se encontraba en el verano del 395, en el momento en que comienza la Guerra de Corinto, gracias a las Helénicas de Oxirrinco.
En dicho año la Confederación se asentaba sobre los siguientes supuestos:
1. La existencia de un comunidad étnica beocia.
2. La hegemonía tebana al mismo tiempo que se introducía un sistema que trataba de equilibrar las relaciones, las cargas y los derechos entre todas las ciudades beocias.
3. El establecimiento de un régimen oligárquico moderado de tipo hoplítico, una oligarquía isonómica, idéntico para toda Beocia, tanto en la Confederación como en las ciudades, que se cimentaba sobre el consenso entre el pequeño y mediano campesinado y la aristocracia.
4. La elaboración de un sistema de distritos que, superpuesto a las poleis, servía de unidad electoral, política, militar y fiscal.
5. La estructura cuatripartita de la institución principal, el Consejo federal, que introducía un verdadero régimen representativo.
6. Junto a los cuatro consejos federales la creación de un sistema de magistraturas, un tribunal y un tesoro, unas instituciones federales independientes de las organizaciones locales y particulares de cada ciudad.
Los beocios formaban en primer lugar un ethnos, una comunidad étnica, todos hablaban un mismo dialecto, todos compartían una serie de cultos propios y específicos de los beocios, especialmente los santuarios de Posidón en Onquesto y de Atenea Itonia en torno a los cuales se crearon anfictionías, y todos tenían conciencia de poseer tradiciones, costumbres e historia comunes como, por ejemplo, el origen tesalio de la propia etnia y la migración beocia que habría llevado a los beocios en una fecha posterior al final de la Edad del Bronce de Tesalia al lugar que ocuparían en época histórica. Por último, también la semejanza de las estructuras sociales y económicas, con el predominio de la aristocracia y políticas, con la persistencia de regímenes no democráticos, favorecían la cohesión interna.
Sin embargo, junto a todos estos factores de unidad existían también, en algunas zonas de Beocia, una serie elementos que favorecían la división y la disgregación. Del ethnos de los beocios se separaban los minias de Orcómeno. Orcómeno y el Oeste de Beocia tuvieron siempre la conciencia de poseer una historia y un fondo de tradiciones míticas y legendarias diferentes y en gran medida enfrentadas a las del resto de Beocia.
La oligarquía isonómica significaba, en primer lugar, la implantación de un sistema censatario en el que la posesión de un determinado nivel de renta era la condición sine qua non para disfrutar de los derechos plenos de ciudadanía y participar en la política. Con bastante grado de certeza el nivel de renta exigido era bajo y coincidía con el nivel mínimo requerido para un hoplita. El nivel censal era tan menudo porque se introducían otra serie de cualificaciones morales y económicas que restringían la participación política y que se pueden adscribir a esta época: así, en Tebas una ley prohibía participar en las magistraturas durante un período de diez años a aquéllos que producían y vendían en el ágora, artesanos, comerciantes y pequeños campesinos (Aristóteles. Pol.1278 a25, 1321 a 26) y en Tespias existió otra ley que prohibía participar en la política al que desempeñara una profesión mecánica (Heraclides.frg.43). En definitiva la legislación impedía a los artesanos, comerciantes y pequeños campesinos el acceso a las magistraturas.
La Confederación beocia estaba organizada,
en el verano del 395, en once distritos. El distrito era una unidad ideal
de reparto de cargas y derechos, una unidad militar, política y
fiscal. Cada distrito debía aportar mil hoplitas y cien jinetes
al ejército federal, sesenta consejeros a los cuatro consejos federales,
un beotarco, un cierto número de dicastas o jueces para el tribunal
federal y una de cada once contribuciones económicas. Estos once
distritos se repartían asimétricamente entre las once poleis
beocias de acuerdo con su poder e importancia; así, cuatro correspondían
a Tebas, Tespias sumaba otros dos distritos; Tanagra contaba con uno; dos
formaban conjuntamente Orcómeno (1 2/3) e Hisias (1/3); uno Haliarto,
Lebadea y Coronea (1/3 cada polis) y otro más Acraifia y Copas y
Queronea (de igual modo 1/3 cada polis).
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De esta manera, por ejemplo, Tebas con
cuatro distritos aportaba cuatro mil hoplitas y cuatrocientos jinetes,
doscientos cuarenta consejeros y cuatro beotarcos y cuatro de cada once
contribuciones económicas. Haliarto, que formaba un distrito conjunto
con Lebadea y Coronea y que poseía, por lo tanto, un tercio de distrito
contribuía con unos trescientos hoplitas y treinta jinetes, veinte
consejeros, un beotarco cada tres años y la tercera parte de una
contribución económica. La organización federal puede
ser ejemplificada en el siguiente cuadro:
| POLEIS | DISTRITOS | SOLDADOS | CONSEJEROS | BEOTARCOS | PORCENTAJE% |
| TEBAS | 4 | 4.000 + 400 | 240 | 4 | 36,7 |
| TESPIAS | 2 | 2.000 + 200 | 120 | 2 | 18,2 |
| ORCÓMENO
HISIAS |
1 2/3
1/3 |
1.600 + 160
300 + 30 |
100
20 |
2 en dos años
de cada tres o 1 en un año de cada tres
1 cada tres años |
15,15
3 |
| TANAGRA | 1 | 1.000 + 100 | 60 | 1 | 3 |
| QUERONEA
COPAS ACRAIFIA |
1/3
1/3 1/3 |
300 + 30
300 + 30 300 + 30 |
20
20 20 |
A cada polis 1 cada tres años | 3
3 3 |
| LEBADEA
CORONEA HALIARTO |
1/3
1/3 1/3 |
300 + 30
300 + 30 300 + 30 |
20
20 20 |
A cada polis 1 cada tres años | 3
3 3 |
| TOTAL | 11 | 11.000+
1.100 |
660 | 11 | 100 |
A los ojos de la Confederación sólo
existían dos categorías de poleis: aquellas que pueden
aportar mil hoplitas o más y que disponían de uno o más
distritos, las cuatro grandes: Tebas, Tespias, Tanagra y Orcómeno
y las que no podían aportar esta cifra y que contaban con un tercio
de distrito: Hisias, Acraifia, Copas, Queronea, Lebadea, Haliarto y Coronea.
Cada distrito elegía sesenta
consejeros para un consejo federal compuesto por seiscientos sesenta miembros.
En realidad se trataba de cuatro consejos: los seiscientos sesenta consejeros
se distribuían en cuatro consejos de ciento sesenta miembros. Cada
consejo de ciento sesenta y cinco miembros estaría compuesto por
sesenta consejeros tebanos, treinta tespieos, quince tanagreos, veinticinco
orcomenios y cinco de cada una de las siete ciudades pequeñas (Hisias,
Queronea, Copas, Acraifia, Lebadea, Coronea y Haliarto). De esta forma,
cada consejo menor reproducía exactamente el porcentaje de representación
de las ciudades y distritos.
Cada uno de los cuatro consejos ejercía la presidencia y la función probuléutica de forma rotativa durante una parte del año pero sólo tenía fuerza de ley lo que acordaban los cuatro consejos juntos, es decir, cada consejo menor, por turno rotatorio, preparaba las propuestas de resolución que habrían de someterse a la consideración de la sesión conjunta de los cuatro consejos. La verdadera clave de esta estructura cuatripartita residía, sencillamente, en que eliminaba la necesidad de una asamblea, ya fuera la asamblea democrática a la que podían acudir todos los ciudadanos ya fuera una asamblea restringida a aquellos que dispusieran del censo mínimo exigido y, sobre todo, instauraba un sistema representativo en el que un cuerpo de seiscientos sesenta consejeros (ca.5% de catálogo cívico), elegido por y en representación de más de doce mil ciudadanos de plenos derechos, tomaba las decisiones.
Los cuatro consejos federales conjuntamente
eran soberanos y tomaban la decisión final, que era vinculante para
toda la Confederación, sin consulta previa y sin someter posteriormente
sus acuerdos a las ciudades miembros. Emitían leyes válidas
para toda la Confederación sobre cualquier asunto, tenían
la decisión última sobre la política exterior, recibían
y enviaban embajadas, votaban la paz y la guerra, firmaban los tratados
y probablemente establecían algunas de las condiciones de las operaciones
militares como, por ejemplo, el lugar objeto de la expedición y
quizás también el número de efectivos que luego los
beotarcos se encargaban de reunir; se ocupaban también del control
general y la supervisión de la administración, el tesoro
federal, las reparaciones y las construcciones etc. y elegían, casi
con certeza absoluta, algunas magistraturas federales como el hiparco federal,
un cargo de una importancia decisiva, el navarco y, quizás, el tesorero
o tesoreros.
Los distritos enviaban jueces (dicastas),
aunque no sabemos su número, para formar parte de un tribunal federal
que entendía de los delitos cometidos por los beotarcos y, en general,
por cualquier magistrado federal. El tribunal federal extendía también
su competencia sobre los procesos criminales, es decir, los crímenes
contra la constitución y el régimen político federal
y contra los magistrados federales, los litigios entre ciudades, los pleitos
entre ciudadanos de distinta ciudad y de la acusación de sacrilegio
cometido en los santuarios federales.
Las contribuciones de los distritos se depositaban en un tesoro federal que tenía su sede en la Cadmea, la acrópolis de Tebas. El tesoro federal, controlado posiblemente por un colegio de tesoreros, tenía encomendadas varias funciones. Por un lado, se debía encargar de recaudar las contribuciones de los distritos y, obviamente, las administraba. Por otro, era la única ceca de toda Beocia que acuñaba moneda.
Ignoramos casi totalmente como se recaudaban
los impuestos federales ya fueran regulares o extraordinarios. Las Helénicas
de Oxirrinco llaman eisforás a las contribuciones de los distritos,
nombre que en Atenas sirve para designar una contribución extraordinaria
pero que en el caso de la Confederación beocia parece indicar un
impuesto regular. El montante de la eisforá se dividía en
once partes iguales una por cada distrito que era luego repartido proporcionalmente
entre las poleis.
Parece seguro que los principales magistrados
federales se elegían por voto. La elección a través
de votación era un elemento básico de la ideología
oligárquica y los poderes de los consejeros o de los beotarcos eran
lo suficientemente importantes para que no se dejaran al azar de un sorteo.
Posiblemente eran elegidos por todos los ciudadanos de la polis que tuvieran
el censo exigido.
Los magistrados entraban en funciones con el comienzo del año beocio, en los primeros días de enero, y desempeñaban el cargo durante un año. Con bastante certeza se contemplaba la reelección sin límite y no parece que la ley, al menos en el caso de los beotarcos, no obligaba a que mediara un tiempo entre cada elección. Las magistraturas eran retribuidas sino que aquellos que las desempeñaban debían hacer frente ellos mismos a los gastos ocasionados.
El colegio de beotarcos constituía la principal magistratura, y probablemente una de las más antiguas, de la Confederación beocia. Cada distrito elegía un beotarco. En el 395, los beotarcos eran once, En los distritos conjuntos formados por tres ciudades (Lebadea-Coronea-Haliarto y Queronea-Copas-Acraifia) cada una de las poleis que componía el distrito elegía un beotarco cada tres años que representaba, además, a las otras dos ciudades que formaban el distrito. Así, por ejemplo, el beotarco que a Coronea le correspondía cada tres años era elegido únicamente por y entre los coroneos y representaba, ese año, a las otras dos poleis del distrito.
Los beotarcos ejercían la comandancia militar suprema del ejército federal, podían presentar propuestas a los Consejos federales, tenían el derecho a hablar ante los consejos federales, quizás, al igual que los estrategos atenienses, manejaran fondos públicos como una parte de sus funciones militares y además poseían amplios poderes policiales como la investigación de posibles conjuraciones y el derecho a arrestar a los presuntos conspiradores contra la constitución federal.
Los beotarcos eran controlados por los Consejos ante los cuales debían rendir cuentas, se hallaban también sometidos a la jurisdicción de los tribunales federales y podían ser depuestos, juzgados, multados, acusados de traición y ejecutados.
El hiparco federal fue probablemente establecido en el mismo momento del nacimiento de la propia Confederación beocia a finales del siglo VI. El hiparco era elegido por los cuatro consejos federales y era anual y reelegible.
Aristócrata entre los aristócratas, el hiparco era el jefe supremo de la aristocrática caballería beocia, una de las más famosas de Grecia. Se encontraba subordinado a los beotarcos pero, a diferencia de Atenas, la caballería, por su número, por su efectividad en el combate, por su tradición y composición aristocrática, tenía un importante peso específico en la vida política y el cargo de hiparco era muy apetecido no sólo porque conllevaba mando militar sino también y, sobre todo, porque comportaba una decisiva influencia política.
Durante la Guerra del Peloponeso la flota beocia estaba al mando de un navarco, cargo que probablemente perduró anualmente a lo largo del siglo IV. El navarco sería elegido también por los cuatro consejos federales en las mismas condiciones que otras magistraturas federales (anual, censo mínimo de hoplita etc.). Todo parece indicar que tanto la navarquía cuanto que la hiparquía recaían siempre en un tebano.
Posiblemente existía un arconte
federal con funciones ceremoniales en el seno de la Confederación:
eponimato, representación y ofrendas en los santuarios, presidencia
de las fiestas etc... y posiblemente existían también, aunque
no están documentados en este período un buen número
de magistrados federales como, por ejemplo, los agonotetas que son designados
por la Confederación para organizar las fiestas federales, etc.
Cada distrito debía enviar mil
hoplitas y cien jinetes al ejército federal. Además de estos
contingentes, en mi opinión, cada distrito contribuía también
con mil infantes ligeros (psiloi) y cien soldados de infantería
montada (hamippoi pezoi). De este modo, el contingente total que podía
reunir la Confederación beocia ascendía a 24.200 soldados
repartidos en cuatro cuerpos fundamentales: 11.000 hoplitas, 1.100 jinetes,
11.000 psilos y 1.100 hamipos. Estos dos últimos eran infantes ligeros
que pertenecían a las clases políticamente desprivilegiadas.
Nunca se movilizaba el total federal y normalmente acudían entre
6.000 y 8.000 hoplitas y entre 600 y 800 jinetes.
El ejército federal beocio se hallaba bajo el mando supremo del colegio de los beotarcos. Jamás se desplazaba un solo beotarco para cada expedición sino, como mínimo se enviaban dos. En campaña, los beotarcos formaban el consejo de guerra en el seno del cual se discutían la estrategia y las tácticas a adoptar, la conducción general de las operaciones militares y se tomaban, por voto mayoritario, las decisiones importantes. Uno de los beotarcos, siempre un tebano, tenía el mando supremo (hegemonía), esto es, la comandancia en jefe del ejército era atribuida a Tebas como potencia hegemónica de la Confederación del mismo modo que Atenas en su Liga de Delos o Esparta en el seno de la Liga del Peloponeso. Esta comandancia suprema del ejército recaía siempre sobre un único beotarco tebano y, con seguridad, no se turnaban en el mando ni siquiera los propios beotarcos tebanos. Probablemente eran los cuatro consejos federales los que decidían en cada expedición cuál de los beotarcos tebanos desempeñaría la jefatura suprema del ejército.
Como vimos, cada distrito de la Confederación beocia aportaba un máximo de mil hoplitas. La única división interna que conocemos de la infantería beocia es el lochos al de mando un lochagos, asistido quizá por otros dos oficiales. Posiblemente cada lochos estaba compuesto por unos 300 hoplitas, 325 o 350 en una formación tebana de un frente de 13 o 14 filas en veinticinco escudos en fondo.
Cada distrito debía enviar, por lo tanto, tres lochoi de hoplitas completos. Esta suposición es especialmente adecuada para los distritos que incluían tres poleis ya que cada una de ellas aportaría un lochos completo al ejército federal. Así, por ejemplo, en el distrito conjunto de Queronea, Copas y Acraifia cada polis reuniría un batallón, un lochos, de poco más de 300 hombres.
Junto a los hoplitas, existía también una infantería ligera compuesta por unos 11.000 psilos enviados del mismo modo que los hoplitas a razón de mil por distrito. Esta infantería ocupaba normalmente los flancos del ejército, estaba formada probablemente por los hombres libres beocios por debajo del censo de hoplita y, por lo tanto, sin derechos políticos. La posesión de sus propias tropas ligeras era una característica peculiar del ejército beocio y parece que Beocia tenía tendencia a armar a las clases inferiores más que a reclutar tropas mercenarias.
El hiparco federal beocio, al que debemos distinguir de los hiparcos locales, era el jefe supremo de la caballería beocia y quizás mandara también a los hamipos (la infantería montada). La caballería beocia conocía, como mínimo, una división en unidades que parecen llamarse oficialmente hilas (escuadrones) de 30 a 40 jinetes mandadas por un hilarco. Así cada distrito debía aportar tres escuadrones de caballería lo que resulta, como en el caso de los lochoi, muy adecuado a la división en distritos en la que cada tercio (Copas, Acraifia y Queronea) aportaba una hila completa de caballería. A diferencia de lo que era la norma en una gran parte del mundo griego, la caballería beocia sí desempeñaba un papel importantísimo en las operaciones militares y era tenida en alta estima en toda Grecia.
La caballería beocia disponía,
además, de una infantería montada (hamippoi pezoi),
una especie de auxiliares que combatían, en determinados momentos
de la batalla, pie a tierra, al lado del jinete y cubriendo su flanco.
Al tratarse de tropas ligeras lo lógico es pensar que estuvieran
formadas, al igual que los psilos, por ciudadanos que se encontraban por
debajo del censo hoplita y que, por lo tanto, carecían también
de derechos políticos.
Todas las poleis beocias se
organizaban en el nivel local de una manera exactamente igual a la Confederación.
Se regían por un régimen político oligárquico
y la primera y más importante institución de la que disponían
eran los Cuatro Consejos locales que tenía una estructura cuatripartita
similar a los consejos federales. Aunque no sabemos exactamente el número
de consejeros locales que formaban parte de los cuatro consejos locales,
quizás variara en cada ciudad, sólo las once poleis
disponían de consejos locales que desempeñaban las mismas
funciones, en el nivel local, que los consejos federales. Podemos suponer
que los consejeros locales reunían las mismas condiciones que sus
homólogos federales (censo, duración en el cargo, reelegibilidad,
etc...) si bien no sabemos si era posible acumular varios cargos, por ejemplo,
ser consejero local y federal al mismo tiempo.
En cuanto a los magistrados locales existía un arconte local anual cuyas funciones parecen reducidas al ámbito religioso y al eponimato y nunca les vemos intervenir en asuntos económicos o políticos. El colegio de polemarcos era la magistratura local más importante; parece ser un cargo muy antiguo y su nombre induciría a creer que su origen estuvo en la comandancia militar del ejército de la ciudad. En el 382, en Tebas, formaban un colegio quizás de tres miembros con sede en un polemarqueo en el ágora, estaban asistidos por un secretario, desempeñaban el poder durante un año y eran reelegibles. La polemarquía era una institución paralela, en el ámbito local, a la beotarquía federal. Así, además de las competencias militares, que no sabemos cómo se articulaban con las de los beotarcos, los polemarcos disponían de poderes en lo local muy similares a los beotarcos federales, por ejemplo, el derecho de hablar y de presentar propuestas ante los consejos locales, poderes judiciales y de policía como el derecho de arresto, de instruir los procesos por delitos criminales, etc.
Otras magistraturas locales de segura existencia
son el hiparco local, los hilarcos y los lochagoi. El hiparco local
estaría al mando de la caballería local. Los hilarcos eran
los comandantes de escuadrones de caballería (hilas) y los lochagoi
mandaban los batallones de hoplitas. Nada sabemos de la existencia de otras
magistraturas durante este período. Es posible suponer al menos
sobre la base de la organización federal, la presencia de dicastas
y de magistraturas financieras locales. En definitiva, la organización
local aunaba dos características esenciales: era uniforme en todas
las poleis y simétrica a la Confederación.
La Confederación beocia fue,
junto con Corinto, uno de los primeros estados en manifestar claramente
su oposición a la política imperialista espartana posterior
a la Guerra del Peloponeso. A lo largo de la década que se extiende
entre el 404 y el 395, la tensión entre ambas potencias aumentó
progresivamente hasta desembocar en un enfrentamiento abierto.
Hacia abril del 404, en la reunión de la Asamblea de la Liga del Peloponeso, los espartanos consiguieron, en contra del parecer de beocios y corintios que propugnaban su destrucción, que Atenas fue conservada. Lisandro, el lacedemonio más influyente entonces, sabía que la destrucción de Atenas entregaría a Tebas, una ciudad que había salido fortalecida de la guerra, el predominio en Grecia central. Para hacer frente a la amenaza tebana en el centro de Grecia era mejor preservar Atenas convertida ahora, gracias a las condiciones impuestas por la paz, en un satélite espartano.
La decisión de respetar Atenas suscitó el descontento beocio, malestar que se agudizó cuando, poco después, Esparta se negó a compartir con sus aliados el botín de la Guerra del Peloponeso. Era éste un hecho sin precedentes y la prueba de que el imperialismo iba a afectar no sólo a los vencidos sino a los propios aliados. Los aliados habían participado de manera destacada en todas las batallas fuera por tierra o por mar y habían perdido barcos y hombres y ahora Esparta se negaba a compartir los beneficios de la victoria y a resarcirles de todos sus trabajos y peligros.
Entre la última parte del 404 y los primeros meses del 403, los beocios acogieron a los exiliados atenienses que huían del régimen oligárquico y filolaconio de los Treinta y rechazaron la pretensión espartana de extraditarlos a Atenas. El Estado beocio llegó a promulgar un decreto en apoyo de los desterrados que preveía la elevada multa de un talento para quien no ayudara a los exiliados y daba a éstos libertad para armarse contra los Treinta. Los tebanos proporcionaron también a los desterrados armas, hombres y dinero, si bien de forma privada, para que pudieran regresar hacia febrero del 403 y derrocar a los Treinta. En el este mismo año, los beocios rehusaron marchar con el rey espartano Pausanias contra los demócratas atenienses que habían ocupado el Pireo, en los años 400 y 399 se negaron a acudir a las campañas espartanas contra Élide y en el 396 no tomaron parte en la expedición de Agesilao a Asia. Es posible pensar que Beocia no participó tampoco ninguna expedición espartana en Asia antes del 396 (con Tibrón y Dercílidas desde el 400).
Además del imperialismo espartano, una de las causas de esta tensión entre Esparta y Beocia hay que buscarla en la situación de stasis interna que caracterizaba la situación en Tebas y que enfrentaba a dos facciones entre sí: por un lado, la facción de Ismenias, Androclidas y Antiteo y, por otro, la de Leontíades, Arquias y Cerátadas.
Ambas facciones estaban formadas por destacados aristócratas y no representaban los intereses de distintos sectores sociales. Las Helénicas de Oxirrinco dicen explícitamente que ambas facciones estaban formadas por los mejores y más distinguidos de los ciudadanos. Ambas facciones eran también oligárquicas. La facción de Leontíades estuvo largo tiempo en el poder al menos desde la última parte de la Guerra del Peloponeso. Durante estos años Beocia es una oligarquía. Por su parte, la facción de Ismenias accedió al poder poco antes del 395, sin embargo, la constitución de la Confederación beocia que conocemos para éste último año, es igualmente oligárquica por lo que es diáfano que la llegada al poder de Ismenias no estuvo acompañada de un cambio constitucional. Ninguna de las dos facciones era tampoco filoateniense. La divergencia fundamental se centraba en las relaciones con Esparta: los de Leontíades eran filolaconios y los de Ismenias antilaconios y propugnaban la guerra contra Esparta como el único medio de frenar el expansionismo lacedemonio. Esta división entre facciones oligarcas filolaconias y antilaconias se extendió al resto de la Confederación.
En mi opinión, Leontíades y sus partidarios fueron capaces de mantenerse en el poder en los años inmediatamente posteriores al final de la Guerra del Peloponeso, amenazados por la creciente influencia de Ismenias. La facción de Ismenias debió acceder al poder a partir en el 398 como resultado de la intervención espartana en Grecia central. En efecto, hacia el otoño del 399 los lacedemonios enviaron a Herípidas a Heraclea Traquinia para poner fin a una situación de stasis. Una vez en Heraclea, Herípidas ejecutó a 500 ciudadanos, exilió a bastantes traquinios y estableció aquí una guarnición y un harmosta. Después Herípidas se dirigió contra los habitantes del Monte Eta, que habían atacado Heraclea en el invierno del 409/8, y obligó a la mayor parte de los eteos (los antiespartanos) a exiliarse en Tesalia. Herípidas penetró también en Tesalia y estableció una guarnición en Farsalo con la intención evidente de apoyar a Licofrón de Feras que era aliado de Esparta.
La campaña de Herípidas fortaleció al principal aliado de Esparta en esta zona que no era otro que la Fócide. Los focidios eran miembros de la Liga del Peloponeso y en la Asamblea de la Liga que trata del destino de Atenas en el 404 votaron en contra del arrasamiento de Atenas y por lo tanto en contra del parecer tebano y a favor de Esparta. Fócide era la llave del control de Grecia central, por ella pasaban todas las rutas que comunicaban Beocia con el Norte y Oeste de Grecia y desde la Fócide, convertida en base espartana, Beocia podía ser alcanzada con facilidad. Heraclea quedaba también firmemente en manos espartanas y, a través de ella, Esparta dominaba la ruta de las Termópilas y se aseguraba la alianza de los pueblos del Esperqueo, entre ellos los aqueos del Ftiótide, melieos, enianos, atamanios y posiblemente también los dorios. Los eteos habían sido expulsados, una guarnición espartana se había establecido en Farsalo en la ruta más importante de Tesalia a Grecia central y la alianza con Licofrón de Feras permitía a Esparta inmiscuirse en la situación de Tesalia y mediatizar la exportación de grano.
A esta campaña en Grecia central y Tesalia hay que añadir la intervención lacedemonia en Naupacto y Cefalenia en el 400 que reafirmaba el interés espartano por el Golfo de Corinto y por mantener una cierta influencia en la Lócride del Oeste que guardaba las espaldas de la Fócide. Así, salvo Eubea, en el otoño del 399, Esparta cortaba las comunicaciones de Beocia con el Norte y el Oeste y encerraba al Estado beocio en un círculo de estados enemigos desde los cuales se podía alcanzar con relativa facilidad, por el norte, por el sur y por mar, el territorio beocio. La consolidación de la influencia espartana en Grecia central alentaba también las tendencias secesionistas de Orcómeno que deseaba salirse de la Confederación.
Después de la Guerra del Peloponeso, de la que Tebas había salido considerablemente fortalecida y enriquecida, es lícito pensar que Tebas acariciara la idea de extender su influencia por Grecia central y del Noroeste. Era ésta, tras la guerra, la única vía de expansión que quedaba abierta y el único lugar por el que se podía romper el aislamiento al que Esparta la estaba sometiendo.
Como una prueba de la verdadera dirección
de intereses beocios, tras el estallido de la Guerra de Corinto, en el
395, la primera campaña del ejército federal fuera de los
límites de Beocia se dirigió precisamente contra Grecia central.
De esta manera, la intervención espartana en Grecia central, en
una zona donde confluían y chocaban el imperialismo espartano y
los intereses beocios llevó definitivamente a Ismenias al poder
e inspiró el temor suficiente a los beocios para prepararse a asumir
el riesgo de una guerra. Los de Ismenias tardarían todavía
dos o tres años en preparar un conflicto en el que, naturalmente,
Beocia no podía entrar sola, pero desde esta fecha la decisión
de provocar una guerra contra Esparta ha sido tomada y la facción
capaz de llevarla a cabo se encuentra en el poder.
Las fronteras de los distritos tebanos
no son, en general, difíciles de trazar, si bien, en algunas zonas,
la línea exacta sólo puede ser delimitada de una manera aproximada.
En el oeste, la frontera tebana alcanzaba la orilla del Copais a la altura
de Medeón/Dhavlosis e iba hacia el sur hasta el paso de Steni,
justo en el santuario de Posidón en Onquesto que debía pertenecer
a Haliarto. A menos de 1 km al sudeste del santuario de Onquesto, existe
un sitio de tamaño inusual, de cerca de 4 Ha., con un buen número
de bloques de sillería y dos inscripciones sobre cerámica
de calidad. Este lugar quizás pueda ser identificado con el santuario
de Heracles Hipodetes. Si así fuera, entre él y el santuario
de Onquesto correría la frontera entre Tebas y Haliarto. Desde el
paso de Steni, la línea de demarcación avanzaba a
través de una secuencia de colinas bajas que, por encima de los
200 m. de altitud, arrancan al pie del Helicón a unos 4 km al este
de Tisbe y cortan hacia el noroeste hasta la misma Tebas. La frontera oeste
entre Tebas, Haliarto y Tespias transcurría a lo largo de esta hilera
de colinas para volverse luego hacia el sur antes de alcanzar el santuario
del Cabirio en el valle del Kanavari/Tespios, santuario que pertenecía
a Tebas. A partir de entonces, en ausencia casi total de accidentes naturales
la línea de separación sólo puede intuirse. Se dirigiría
aproximadamente en línea recta hacia el sur atravesando el Asopo
y la cabecera del río Eroe/Livadhostro (territorio de Tespias),
hasta morir en el Citerón en torno a la cota 1045. De este modo,
el territorio de Tebas no alcanzaba el Golfo de Corinto. En la Parasopia,
el territorio de Tebas, excepto la parte que correspondiera a Hisias, colindaba
con el Atica en la línea del Citerón-Parnés.
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Dentro de estas fronteras se extendía
el amplio territorio de Tebas que incluía la llanura Aonia, al norte
de la ciudad de Tebas hasta los lagos Likeri y Paralimni, parte
de la llanura Tenérica con el valle de Kanavari, toda la
cubeta del Asopo hasta la cadena del Soros-Moustaphades, excepto
el territorio de Hisias y, además, el Monte Ptoion, la Tetracomia,
las llanuras costeras situadas entre el Monte Mesapio y la costa del Euripo
(Antedonia, Chalia y Aúlide) y, por último, el monte
de la Esfinge y una pequeña porción de la costa del Lago
Copais, la llamada cubeta de Dhavlosis. El territorio de Tebas (la
Tebaide) comprendería poco más de 900 km2, una
extensión comparable con la Corintia (880-900 km2). El
terreno de Tebas además de extenso era bastante fértil.
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El territorio de Tespias limitaba al
sur con el Golfo de Corinto y al oeste con el monte Palaiovouno (1748
m.), una de las cumbres del Helicón. En el norte, el impresionante
macizo del Helicón con la cima del Dhiakopí (1526
m.) divide con el territorio de Tespias del de Haliarto y, al noroeste,
la alta meseta de Koukoura y la cima del Palaiovouno señalaban
los confines con Coronea. La frontera con Tebas, ya estudiada, estaría
fijada en el noreste, en la línea de colinas bajas en torno a la
curva de nivel de 200 m que iba de Onquesto y al valle del Kanavari.
Desde el Kanavari avanzaría hacia el sur, casi en línea
recta, por una difuminada hilera de colinas, que flanquean la cabecera
del valle del Eroe.
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Además de la propia ciudad el territorio
de Tespias contaba con las localidades de Parapounyia (¿Leuctra?),
Eutresis, Creusis, Ascra, Sifas, Tisbe, Corsias, Ayios Yannis-Vathy
y los santuarios del Valle de las Musas y de Mavrovouni.
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Estos dos distritos comprenden los
territorios de dos poleis independientes, Orcómeno e Hisias.
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Posiblemente debamos situar Hisias en el asentamiento antiguo de la Parasopia que se encuentra localizado a unos 5,5 km al este de la antigua Platea y a 2 km al noreste del actual pueblo de Kriekouki en la capilla de Pantanassa, al pie norte de una cima rocosa que entra desde el Citerón en el valle del Asopo y en la colina Pyrgos a 1 km al noreste de Pantanassa. Restos de su amurallamiento eran visibles todavía a principios de siglo pero hoy no queda ningún vestigio que posibilite trazar su plano y su estilo. También aquí dos edificios y una antefija sugieren la existencia de un pequeño templo o área de santuario al menos desde el siglo V.
El territorio de Hisias incluía una pequeña porción de la Parasopia entre el Citerón, al sur y el banco derecho del Asopo al norte. En el este la frontera de Hisias pudo correr entre el paso de Drios Cefalas y la cabecera del Eroe en el río Molunte y al oeste pudiera ir desde uno de los picos del Citerón, quizás el Petroyeraki (1016 m.), hasta la orilla del Asopo.
A pesar de que lo reducido del territorio
de Hisias, quizás unos 60 km2, éste era sin embargo
fértil y estaba bien regado por el río Asopo y un buen número
de afluentes del Asopo y de manantiales. A sus espaldas, el Helicón
proporcionaba madera y buenos pastos.
A unos 13 km al este de Tebas la llanura
se estrecha dejando un pequeño paso en la cadena del Soros-Moustaphades,
por donde atraviesa hoy el ferrocarril y la carretera moderna. Al este
del paso queda un área, la antigua Tanágride, delimitada
por el Euripo al noreste y al oeste por la cadena del Sorós-Moustaphades
y el canal del Euripo. Las fronteras de Tanagra son las más difíciles
de trazar y las más inaprehensibles de toda Beocia. Debido a la
ausencia de accidentes naturales destacables, el límite con la Tetracomia,
territorio de Tebas, sólo puede delinearse de manera muy aproximada
y, del mismo modo, la frontera sureste con la Oropia sólo puede
ser establecida de una forma muy difuminada e hipotética. Posiblemente
el territorio de Oropo incluía ambos lados de la desembocadura y
al sur del Asopo la frontera podía ir en torno a la línea
formada por los montes Kiapha, Liopesi y Mavrinori (647 m.) o bien
quedar fijada en el río Vathiza afluente del Asopo por su
margen derecho. Si aceptamos esta última hipótesis el territorio
de Tanagra no era muy extenso, en torno a los 250 km2.
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Los textos antiguos recogen la prosperidad
de Tanagra basada en la producción triguera y en la viticultura.
Tanagra destacaba también por la cerámica y sobre todo por
sus terracotas, las famosas "tanagras". El monte Parnés proporcionaba
la madera suficiente y la piedra caliza dura y oscura tan frecuentemente
utilizada en las construcciones de la ciudad.
Este distrito incluye el territorio
de tres poleis y se caracteriza por su unidad geográfica
básica en el doble sentido de que se trata, por un lado, de un distrito
territorialmente continuo y, por otro, de que incluye, además, poleis
de parecida extensión.
| POLIS | EXTENSIÓN TOTAL (en km2) | PERÍMETRO (en km) |
| Haliarto | 88 | 44 |
| Coronea | 117 | 48 |
| Lebadea | 126 | 49 |
Teniendo en cuenta la crecida estacional del Copais, Haliarto poseía una porción de tierra feraz entre las márgenes del lago y las laderas del Helicón. La ciudad contaba, además, con los recursos que proporcionaba el propio lago, la leña de los frondosos bosques del Helicón y, como en época romana, la caza en los montes era importante y frecuente. Las laderas bajas del Helicón proveían también de pastos y apicultura.
Coronea limitaba al norte con la costa
del lago Copais y, al este, la frontera con Haliarto, ya estudiada, corría
por la doble cima de
Palaiothiva y Vigla. Al oeste el monte Granitza
con sus 835 m. de altitud marcaba el límite con la vecina polis
de Lebadea y al sur su territorio comprendía la mitad de la alta
meseta de Koukoura incluyendo, probablemente, el asentamiento antiguo
de Hipotas que está justo debajo del actual pueblo de Koukoura.
El territorio de la antigua Coronea comprende en realidad dos valles que
desde el Copais penetran en el Helicón. El valle al este es más
pequeño y está regado por dos pequeños torrentes que
deben responder a los antiguos nombres de Cuario y Tritón. En el
valle oeste fluye el antiguo río Falaro llamado hoy Pontza o
Potza.
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El territorio de Coronea incluía la ciudad de Coronea, los asentamientos de Alalcómenas/Solinari, Rachi y Koukoura, los santuarios de Atenea Alalcomenia, Atenea Itonia y de los montes Lafistio y Tilfoseo.
Coronea poseía un fértil suelo agrícola, la llamada llanura de Coronea, y a sus espaldas, el Helicón proporcionaba la madera y los pastos necesarios. Los numerosos e importantes santuarios localizados en su territorio debían suponer también una substancial fuente de ingresos.
Las fronteras de Lebadea están bastante bien delimitadas por las montañas. Al sureste, el Granitza la separa de Coronea, al sur y oeste, el Helicón la limita con la Fócide. La frontera con Queronea podría ir por la línea de colinas del Prophitis Elias que se eleva un poco por encima de los 400 m. Por último, todo el este del territorio de Lebadea limita con el lago Copais.
Lebadea comprende básicamente el valle del río Hercina en cuya esquina suroeste se encontraba la antigua Lebadea que yace justo debajo de la ciudad moderna de Livadhia. Mención hecha de la propia polis de Lebadea, el único sitio importante de su territorio parece haber sido el santuario oracular del Trofonio.
Lebadea posee también una rica tierra
arable y el Helicón proporcionaba los recursos habituales de leña,
pastos y apicultura. Sin duda alguna, el oráculo del Trofonio suponía
una fuente de ingresos considerable y al menos en época romana se
explotaban las canteras, cuya piedra, aunque no de muy buena calidad, era
la mejor de la región oeste de Beocia.
A pesar de que este distrito, formado
por tres poleis autónomas, es discontinuo desde el punto
de vista geográfico, la extensión conjunta de las tres poleis
equilibra las cargas del distrito.
| POLIS | EXTENSIÓN TOTAL (en km2) | PERÍMETRO (en km) |
| Queronea | 57 | 32 |
| Copas | 116 | 78 |
| Acraifia | 47 | 35 |
El territorio de Queronea está básicamente formado por la llanura del mismo nombre, de unos 4 por 5 km de ancho, que es, en realidad, una parte del valle del Cefiso, el río que penetra en Beocia a través del estrecho paso de Parapótamos. El territorio de Queronea incluía al menos la propia ciudad de Queronea y el santuario de Apolo Turio.
En la Antigüedad una buena parte del territorio de Queronea debía ser húmedo y pantanoso y, a pesar del drenaje del lago, la llanura tiene la misma tendencia en la actualidad. Queronea contaba con pastos húmedos y madera y destilaba flores pantanosas para perfumes. También debía aprovechar las canteras de caliza local sobre las que se realizaron algunas inscripciones.
Excepto en algún pequeño punto discutible las fronteras de Acraifia son bastante claras. La línea de demarcación con el territorio tebano debía partir del Pelayia, uno de los picos del Ptoion, y descendía hasta la orilla norte del lago Likeri para alcanzar el lago Copais, al sur, en la línea del Gorophaki. Si aceptamos que el santuario de Apolo Ptoios en Perdikovrysi pertenecía a Tebas mientras que el santuario del héroe Ptoios en Kastraki, a unos 800 m. al oeste del primero, era parte del territorio de Acraifia, forzosamente la frontera quedaba entre ambos santuarios y pudo estar señalada por las dos torres cercanas. Quizás la torre de Megalo Vouno junto a Kastraki perteneciera a Acraifia y la de Pelayia, cercana a Perdikovrysi formara parte del territorio tebano. La frontera con Copas arrancaba también en el Ptoion y alcanzaba el Copais a la altura del cabo Phtelio donde un mojón marcaba la frontera entre ambas.
El territorio de Acraifia incluía una pequeña llanura en torno a la ciudad complementada con el dique que drenaba la bahía de Kardhitsa. Este dique, que se construyó en época micénica, se reconstruyó en el arcaísmo y subsistía todavía en el período imperial. Además de la propia ciudad, en su territorio localizaba también, como hemos dicho, el santuario del héroe Ptoios en Kastraki.
Aparte de los cultivos cerealícolas, olivares y viñedos, Acraifia podía contar con algunos pastos en la zona del Ptoion y del Gorophaki, con la pesca del Copais y del Likeri y poseía en el monte Ptoion y en el suroeste algunas vetas de hierro aunque no hay evidencia de que éstas se explotasen en la Antigüedad. Acraifia disponía también de caliza local con la que se construyó, por ejemplo, durante el siglo IV, el templo de Kastraki.
El Ptoion fijaba la frontera sureste de Copas que la separaba del territorio tebano. Del mismo modo, el monte Prophitis Elias (636 m.) dividía, al norte, Copas de la Lócride y la línea de colinas que se extiende a las espaldas de Copas al noroeste marcaba el límite con Orcómeno.
Básicamente el territorio de Copas
abarcaba la bahía nordeste de lago Copais. Junto con la propia ciudad,
el territorio de Copas comprendía
Gla, Pyrgos-Ayia Marina, Ayios
Yannis, Megali Katavothra y quizás
Stroviki.
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Copas debía poseer un suelo agrícola
no demasiado extenso y con tendencia a inundarse. Quizás, más
que la agricultura, es posible que una buena parte de la fortuna de Copas
estuviera en los pastos y en la pesca, en la fabricación de flautas,
en la que era la mejor ciudad de Beocia, y en el aprovechamiento de otras
posibilidades del lago tales como aves, flores, plantas silvestres y pantanosas
etc. Además contaba con la leña de las laderas del monte
Prophitis Elias. No hay evidencia de que Copas explotara los extensos
yacimientos de hierro de su territorio.
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Antes del 401 la antigua Oropo estaba localizaba sobre la costa, en la bahía semicircular de Oropo y en el actual pueblo de Skala Oropou. Del testimonio de Diodoro Sículo (14.17.1-2) se desprende que, o bien en el 401 o bien algún tiempo después, los beocios trasladaron a los oropios desde la costa a un nuevo emplazamiento siete estadios (unos 1,2 km) al interior. El nuevo asentamiento no ha sido hallado y probablemente se habitó durante un corto espacio de tiempo ya que antes del 366 Oropo pertenece una vez más a Atenas y la ciudad debía estar nuevamente en la costa.
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