10. La Confederación beocia anterior al 386 a.C.

10.1. Las Helénicas de Oxirrinco (P.)

A) Introducción


En 1908 se publicaron en Londres una serie de papiros descubiertos en Oxirrinco en 1906 que, además de contener importante información sobre otros aspectos, vinieron a revolucionar de una manera decisiva, nuestro conocimiento sobre la Beocia antigua (B.P. Greenfell, A.S. Hunt, 1908, "Theopompus (or Cratippos) Hellenica", The Oxyrhynchus Papyri, 5.110-242). A dicho grupo de papiros, conocido por el nombre de serie londinense, se le unió en 1949 la publicación en Florencia de otra serie (V. Bartoletti (1949), "Nouvi frammenti delle <<Elleniche di Ossirinco>>," Papiri greci e latini, 13.61-81) y aún otra se añadió en El Cairo en 1976 (L. Koenen (1976), "A New Fragment of the Oxyrhynchite Historian," Studia Papyrologica.15.55-67, 69-76).

Estas series separadas de papiros pertenecen, casi con total seguridad, a la misma obra histórica, conservada en un estado muy fragmentario, de un escritor griego del siglo IV cuyo nombre desconocemos y que llamamos convencionalmente Helénicas de Oxirrinco o bien simplemente P.

Los fragmentos conservados narran hechos que se sitúan entre los años 410/9 y 395 por lo que es posible que el autor de las Helénicas de Oxirrinco comenzara sus Historias donde las había dejado Tucídides, en septiembre del 411 y continuara hasta la batalla de Cnido en el 394 o bien, y ésta es también mi opinión, que su obra se prolongara, al menos, hasta la Paz del Rey de la primavera del 386.

Si se discute el orden de colocación de las partes conservadas y si el comienzo y final de la obra son puntos también sometidos a debate, mucho más controvertido aún ha sido la cuestión de la autoría de la obra. Lo que interesa aquí anotar es que P. debe ser un autor ateniense y, aunque se pretende que era más o menos contemporáneo de Tucídides, personalmente yo me inclino a considerar que escribió en la segunda mitad el siglo IV, con seguridad conocía acontecimientos del 382, posteriores a la Paz del Rey, y quizás no ignorara la obra de Jenofonte que se debió publicar a mediados del siglo IV.

El valor histórico de P. es no sólo indudable sino también decisivo en muchos aspectos como son, por ejemplo, la batalla de Notio, la campaña de Agesilao en Asia en el 395, la revuelta de Rodas en el 395, la lucha política interna en Atenas en el 396, el estallido de la Guerra de Corinto y ciertas informaciones que conciernen a las campañas navales de Conón anteriores a Cnido. Por lo que se refiere Beocia, P. constituye uno de los documentos más importantes para comprender su historia no sólo por la profunda discusión de las facciones políticas tebanas (P.12.1-5) sino, sobre todo, porque en la primera columna (11) del fragmento D de la serie londinense, que aquí presentamos, P. recoge la constitución vigente en la Confederación y en las poleis beocias a comienzos del verano del 395, sin duda alguna uno de los mejores fragmentos de toda la historiografía griega del siglo IV y uno de los ejes a partir del cual se puede vertebrar la historia de la Beocia arcaica y clásica de manera que tomaremos las Helénicas de Oxirrinco como base para nuestra posterior descripción de la Confederación beocia anterior a la Paz del Rey que se firma en la primavera del 386.
 

B) Papiro Oxirrinco nº 842, col.11 (Traducción)


"En este verano (395 a.C.) los beocios y los focidios fueron a la guerra. Este enfrentamiento estuvo provocado principalmente por algunos tebanos, pues desde no muchos años antes los beocios se encontraban en un estado de enfrentamiento interno (stasis). La organización de Beocia era entonces así: estaban establecidos cuatro Consejos en cada una de las ciudades, en los que no a todos los ciudadanos les estaba permitido formar parte sino a los que poseían cierta cantidad de renta. De estos Consejos cada uno por turno ejercía la reunión y la deliberación preliminares y hacía propuestas a los otros tres y la resolución adoptada por todos juntos llegaba a ser válida. Y así continuaban gobernándose las ciudades y la Confederación estaba organizada por los beocios del modo <siguiente>: toda la población del país estaba distribuida en once distritos, cada uno de los cuales proporcionaba un beotarco. Los tebanos reunían cuatro, dos por la ciudad y dos por los plateos, Escolo, Eritras y Escafas y otras localidades que antes había formado una sympoliteia y ahora dependían (syntelein) de Tebas. Dos beotarcos proporcionaban los orcomenios y los de Hisias, dos Tespias con Eutresis y Tisbe, uno los tanagreos y otro más los haliartios y Lebadea y Coronea que cada una de las ciudades enviaba por turno, y de la misma manera se remitía el de Acraifia, Copas y Queronea. Así era el modo en que se aportaban, por parte de los distritos, los magistrados, además proporcionaban sesenta consejeros por cada beotarco y éstos cubrían sus gastos diarios por sí mismos. Asimismo se obligaba a cada distrito a <enviar> alrededor de mil hoplitas y cien jinetes al ejército. Para decirlo de una manera sencilla, participaban en los magistrados y en los asuntos (?) federales, pagaban las contribuciones, enviaban jueces y del mismo modo tomaban parte en todas las cosas buenas y malas. Así se gobernaba el comunidad étnica como un todo y los consejos y los asuntos (?) federales de los beocios tenían su sede en la Cadmea,".

      # Las bases de la organización federal


      El estado federal nació comienzos del último cuarto del siglo VI y, con amplias transformaciones y a través de muy variadas circunstancias, subsistió posiblemente sin solución de continuidad hasta la Paz del Rey de la primavera del 386. La creación de la Confederación se relaciona con la necesidad de algunas ciudades del sur del Copais (Haliarto, Coronea...), del Noreste (Copas, Acraifia) y del Este (Tespias, Tebas...) de hacer frente al poder de determinadas ciudades del Oeste como Orcómeno o Hieto, cuya expansión parece haber sido uno de los rasgos característicos de principios y mediados del siglo VI pero sobre todo respondió al deseo tebano de dotarse de un instrumento que le permitiera asentar su hegemonía en toda Beocia.

      Tras una serie de fracasos desde finales del siglo que culminaron en una década sometimiento a Atenas (457-446), la batalla de Coronea, en el 446, que supuso la liberación del dominio ateniense, marcó un verdadero punto de inflexión en la historia de Beocia y de la propia Confederación de tal modo que es posible decir que la reorganización del 446 configuró la base de la constitución federal que conocemos en el 395.

      La Guerra del Peloponeso vio el crecimiento del poder político y de la riqueza económica de la Confederación pero, a la vez, desarrolló espectacularmente la hegemonía de Tebas. Beneficiada por el saqueo del Ática, aumentó su representación política en el seno de la Confederación, modificó el sistema de distritos en su propio provecho o con el fin de debilitar a sus rivales. Arrancó Queronea a Orcómeno, aumentó su territorio con la inclusión de Platea, arrasó las murallas de Tespias y se permitió intervenir en la política interna de esta última, acabando con una revuelta democrática e instalando en el poder un régimen oligárquico protebano.

      La organización federal y local de Beocia nos es conocida tal y como ésta se encontraba en el verano del 395, en el momento en que comienza la Guerra de Corinto, gracias a las Helénicas de Oxirrinco.

      En dicho año la Confederación se asentaba sobre los siguientes supuestos:

      1. La existencia de un comunidad étnica beocia.

      2. La hegemonía tebana al mismo tiempo que se introducía un sistema que trataba de equilibrar las relaciones, las cargas y los derechos entre todas las ciudades beocias.

      3. El establecimiento de un régimen oligárquico moderado de tipo hoplítico, una oligarquía isonómica, idéntico para toda Beocia, tanto en la Confederación como en las ciudades, que se cimentaba sobre el consenso entre el pequeño y mediano campesinado y la aristocracia.

      4. La elaboración de un sistema de distritos que, superpuesto a las poleis, servía de unidad electoral, política, militar y fiscal.

      5. La estructura cuatripartita de la institución principal, el Consejo federal, que introducía un verdadero régimen representativo.

      6. Junto a los cuatro consejos federales la creación de un sistema de magistraturas, un tribunal y un tesoro, unas instituciones federales independientes de las organizaciones locales y particulares de cada ciudad.

      Los beocios formaban en primer lugar un ethnos, una comunidad étnica, todos hablaban un mismo dialecto, todos compartían una serie de cultos propios y específicos de los beocios, especialmente los santuarios de Posidón en Onquesto y de Atenea Itonia en torno a los cuales se crearon anfictionías, y todos tenían conciencia de poseer tradiciones, costumbres e historia comunes como, por ejemplo, el origen tesalio de la propia etnia y la migración beocia que habría llevado a los beocios en una fecha posterior al final de la Edad del Bronce de Tesalia al lugar que ocuparían en época histórica. Por último, también la semejanza de las estructuras sociales y económicas, con el predominio de la aristocracia y políticas, con la persistencia de regímenes no democráticos, favorecían la cohesión interna.

      Sin embargo, junto a todos estos factores de unidad existían también, en algunas zonas de Beocia, una serie elementos que favorecían la división y la disgregación. Del ethnos de los beocios se separaban los minias de Orcómeno. Orcómeno y el Oeste de Beocia tuvieron siempre la conciencia de poseer una historia y un fondo de tradiciones míticas y legendarias diferentes y en gran medida enfrentadas a las del resto de Beocia.

      La oligarquía isonómica significaba, en primer lugar, la implantación de un sistema censatario en el que la posesión de un determinado nivel de renta era la condición sine qua non para disfrutar de los derechos plenos de ciudadanía y participar en la política. Con bastante grado de certeza el nivel de renta exigido era bajo y coincidía con el nivel mínimo requerido para un hoplita. El nivel censal era tan menudo porque se introducían otra serie de cualificaciones morales y económicas que restringían la participación política y que se pueden adscribir a esta época: así, en Tebas una ley prohibía participar en las magistraturas durante un período de diez años a aquéllos que producían y vendían en el ágora, artesanos, comerciantes y pequeños campesinos (Aristóteles. Pol.1278 a25, 1321 a 26) y en Tespias existió otra ley que prohibía participar en la política al que desempeñara una profesión mecánica (Heraclides.frg.43). En definitiva la legislación impedía a los artesanos, comerciantes y pequeños campesinos el acceso a las magistraturas.

      La Confederación beocia estaba organizada, en el verano del 395, en once distritos. El distrito era una unidad ideal de reparto de cargas y derechos, una unidad militar, política y fiscal. Cada distrito debía aportar mil hoplitas y cien jinetes al ejército federal, sesenta consejeros a los cuatro consejos federales, un beotarco, un cierto número de dicastas o jueces para el tribunal federal y una de cada once contribuciones económicas. Estos once distritos se repartían asimétricamente entre las once poleis beocias de acuerdo con su poder e importancia; así, cuatro correspondían a Tebas, Tespias sumaba otros dos distritos; Tanagra contaba con uno; dos formaban conjuntamente Orcómeno (1 2/3) e Hisias (1/3); uno Haliarto, Lebadea y Coronea (1/3 cada polis) y otro más Acraifia y Copas y Queronea (de igual modo 1/3 cada polis).
       
       

      Figura 11.- La Confederación beocia a princpios del siglo IV a.C.

      De esta manera, por ejemplo, Tebas con cuatro distritos aportaba cuatro mil hoplitas y cuatrocientos jinetes, doscientos cuarenta consejeros y cuatro beotarcos y cuatro de cada once contribuciones económicas. Haliarto, que formaba un distrito conjunto con Lebadea y Coronea y que poseía, por lo tanto, un tercio de distrito contribuía con unos trescientos hoplitas y treinta jinetes, veinte consejeros, un beotarco cada tres años y la tercera parte de una contribución económica. La organización federal puede ser ejemplificada en el siguiente cuadro:
       

      POLEIS DISTRITOS SOLDADOS CONSEJEROS BEOTARCOS PORCENTAJE%
      TEBAS 4 4.000 + 400 240 4 36,7
      TESPIAS 2 2.000 + 200 120 2 18,2
      ORCÓMENO
       
       

      HISIAS

      1 2/3
       
       

      1/3

      1.600 + 160
       
       

      300 + 30

      100
       
       

      20

      2 en dos años de cada tres o 1 en un año de cada tres

      1 cada tres años 

      15,15
       
       

      3

      TANAGRA 1 1.000 + 100 60 1 3
      QUERONEA

      COPAS

      ACRAIFIA

      1/3

      1/3

      1/3

      300 + 30

      300 + 30

      300 + 30

      20

      20

      20

      A cada polis 1 cada tres años  3

      3

      3

      LEBADEA

      CORONEA

      HALIARTO

      1/3

      1/3

      1/3

      300 + 30

      300 + 30

      300 + 30

      20

      20

      20

      A cada polis 1 cada tres años  3

      3

      3

      TOTAL 11 11.000+

      1.100 

      660 11 100

      A los ojos de la Confederación sólo existían dos categorías de poleis: aquellas que pueden aportar mil hoplitas o más y que disponían de uno o más distritos, las cuatro grandes: Tebas, Tespias, Tanagra y Orcómeno y las que no podían aportar esta cifra y que contaban con un tercio de distrito: Hisias, Acraifia, Copas, Queronea, Lebadea, Haliarto y Coronea.
       

      # Los cuatro consejos de los beocios (synedria tôn Boiotôn)


      Cada distrito elegía sesenta consejeros para un consejo federal compuesto por seiscientos sesenta miembros. En realidad se trataba de cuatro consejos: los seiscientos sesenta consejeros se distribuían en cuatro consejos de ciento sesenta miembros. Cada consejo de ciento sesenta y cinco miembros estaría compuesto por sesenta consejeros tebanos, treinta tespieos, quince tanagreos, veinticinco orcomenios y cinco de cada una de las siete ciudades pequeñas (Hisias, Queronea, Copas, Acraifia, Lebadea, Coronea y Haliarto). De esta forma, cada consejo menor reproducía exactamente el porcentaje de representación de las ciudades y distritos.

      Cada uno de los cuatro consejos ejercía la presidencia y la función probuléutica de forma rotativa durante una parte del año pero sólo tenía fuerza de ley lo que acordaban los cuatro consejos juntos, es decir, cada consejo menor, por turno rotatorio, preparaba las propuestas de resolución que habrían de someterse a la consideración de la sesión conjunta de los cuatro consejos. La verdadera clave de esta estructura cuatripartita residía, sencillamente, en que eliminaba la necesidad de una asamblea, ya fuera la asamblea democrática a la que podían acudir todos los ciudadanos ya fuera una asamblea restringida a aquellos que dispusieran del censo mínimo exigido y, sobre todo, instauraba un sistema representativo en el que un cuerpo de seiscientos sesenta consejeros (ca.5% de catálogo cívico), elegido por y en representación de más de doce mil ciudadanos de plenos derechos, tomaba las decisiones.

      Los cuatro consejos federales conjuntamente eran soberanos y tomaban la decisión final, que era vinculante para toda la Confederación, sin consulta previa y sin someter posteriormente sus acuerdos a las ciudades miembros. Emitían leyes válidas para toda la Confederación sobre cualquier asunto, tenían la decisión última sobre la política exterior, recibían y enviaban embajadas, votaban la paz y la guerra, firmaban los tratados y probablemente establecían algunas de las condiciones de las operaciones militares como, por ejemplo, el lugar objeto de la expedición y quizás también el número de efectivos que luego los beotarcos se encargaban de reunir; se ocupaban también del control general y la supervisión de la administración, el tesoro federal, las reparaciones y las construcciones etc. y elegían, casi con certeza absoluta, algunas magistraturas federales como el hiparco federal, un cargo de una importancia decisiva, el navarco y, quizás, el tesorero o tesoreros.
       

      # El tribunal y el tesoro federales


      Los distritos enviaban jueces (dicastas), aunque no sabemos su número, para formar parte de un tribunal federal que entendía de los delitos cometidos por los beotarcos y, en general, por cualquier magistrado federal. El tribunal federal extendía también su competencia sobre los procesos criminales, es decir, los crímenes contra la constitución y el régimen político federal y contra los magistrados federales, los litigios entre ciudades, los pleitos entre ciudadanos de distinta ciudad y de la acusación de sacrilegio cometido en los santuarios federales.

      Las contribuciones de los distritos se depositaban en un tesoro federal que tenía su sede en la Cadmea, la acrópolis de Tebas. El tesoro federal, controlado posiblemente por un colegio de tesoreros, tenía encomendadas varias funciones. Por un lado, se debía encargar de recaudar las contribuciones de los distritos y, obviamente, las administraba. Por otro, era la única ceca de toda Beocia que acuñaba moneda.

      Ignoramos casi totalmente como se recaudaban los impuestos federales ya fueran regulares o extraordinarios. Las Helénicas de Oxirrinco llaman eisforás a las contribuciones de los distritos, nombre que en Atenas sirve para designar una contribución extraordinaria pero que en el caso de la Confederación beocia parece indicar un impuesto regular. El montante de la eisforá se dividía en once partes iguales una por cada distrito que era luego repartido proporcionalmente entre las poleis.
       

      # Los magistrados federales


      Parece seguro que los principales magistrados federales se elegían por voto. La elección a través de votación era un elemento básico de la ideología oligárquica y los poderes de los consejeros o de los beotarcos eran lo suficientemente importantes para que no se dejaran al azar de un sorteo. Posiblemente eran elegidos por todos los ciudadanos de la polis que tuvieran el censo exigido.

      Los magistrados entraban en funciones con el comienzo del año beocio, en los primeros días de enero, y desempeñaban el cargo durante un año. Con bastante certeza se contemplaba la reelección sin límite y no parece que la ley, al menos en el caso de los beotarcos, no obligaba a que mediara un tiempo entre cada elección. Las magistraturas eran retribuidas sino que aquellos que las desempeñaban debían hacer frente ellos mismos a los gastos ocasionados.

      El colegio de beotarcos constituía la principal magistratura, y probablemente una de las más antiguas, de la Confederación beocia. Cada distrito elegía un beotarco. En el 395, los beotarcos eran once, En los distritos conjuntos formados por tres ciudades (Lebadea-Coronea-Haliarto y Queronea-Copas-Acraifia) cada una de las poleis que componía el distrito elegía un beotarco cada tres años que representaba, además, a las otras dos ciudades que formaban el distrito. Así, por ejemplo, el beotarco que a Coronea le correspondía cada tres años era elegido únicamente por y entre los coroneos y representaba, ese año, a las otras dos poleis del distrito.

      Los beotarcos ejercían la comandancia militar suprema del ejército federal, podían presentar propuestas a los Consejos federales, tenían el derecho a hablar ante los consejos federales, quizás, al igual que los estrategos atenienses, manejaran fondos públicos como una parte de sus funciones militares y además poseían amplios poderes policiales como la investigación de posibles conjuraciones y el derecho a arrestar a los presuntos conspiradores contra la constitución federal.

      Los beotarcos eran controlados por los Consejos ante los cuales debían rendir cuentas, se hallaban también sometidos a la jurisdicción de los tribunales federales y podían ser depuestos, juzgados, multados, acusados de traición y ejecutados.

      El hiparco federal fue probablemente establecido en el mismo momento del nacimiento de la propia Confederación beocia a finales del siglo VI. El hiparco era elegido por los cuatro consejos federales y era anual y reelegible.

      Aristócrata entre los aristócratas, el hiparco era el jefe supremo de la aristocrática caballería beocia, una de las más famosas de Grecia. Se encontraba subordinado a los beotarcos pero, a diferencia de Atenas, la caballería, por su número, por su efectividad en el combate, por su tradición y composición aristocrática, tenía un importante peso específico en la vida política y el cargo de hiparco era muy apetecido no sólo porque conllevaba mando militar sino también y, sobre todo, porque comportaba una decisiva influencia política.

      Durante la Guerra del Peloponeso la flota beocia estaba al mando de un navarco, cargo que probablemente perduró anualmente a lo largo del siglo IV. El navarco sería elegido también por los cuatro consejos federales en las mismas condiciones que otras magistraturas federales (anual, censo mínimo de hoplita etc.). Todo parece indicar que tanto la navarquía cuanto que la hiparquía recaían siempre en un tebano.

      Posiblemente existía un arconte federal con funciones ceremoniales en el seno de la Confederación: eponimato, representación y ofrendas en los santuarios, presidencia de las fiestas etc... y posiblemente existían también, aunque no están documentados en este período un buen número de magistrados federales como, por ejemplo, los agonotetas que son designados por la Confederación para organizar las fiestas federales, etc.
       

      # El ejército federal


      Cada distrito debía enviar mil hoplitas y cien jinetes al ejército federal. Además de estos contingentes, en mi opinión, cada distrito contribuía también con mil infantes ligeros (psiloi) y cien soldados de infantería montada (hamippoi pezoi). De este modo, el contingente total que podía reunir la Confederación beocia ascendía a 24.200 soldados repartidos en cuatro cuerpos fundamentales: 11.000 hoplitas, 1.100 jinetes, 11.000 psilos y 1.100 hamipos. Estos dos últimos eran infantes ligeros que pertenecían a las clases políticamente desprivilegiadas. Nunca se movilizaba el total federal y normalmente acudían entre 6.000 y 8.000 hoplitas y entre 600 y 800 jinetes.

      El ejército federal beocio se hallaba bajo el mando supremo del colegio de los beotarcos. Jamás se desplazaba un solo beotarco para cada expedición sino, como mínimo se enviaban dos. En campaña, los beotarcos formaban el consejo de guerra en el seno del cual se discutían la estrategia y las tácticas a adoptar, la conducción general de las operaciones militares y se tomaban, por voto mayoritario, las decisiones importantes. Uno de los beotarcos, siempre un tebano, tenía el mando supremo (hegemonía), esto es, la comandancia en jefe del ejército era atribuida a Tebas como potencia hegemónica de la Confederación del mismo modo que Atenas en su Liga de Delos o Esparta en el seno de la Liga del Peloponeso. Esta comandancia suprema del ejército recaía siempre sobre un único beotarco tebano y, con seguridad, no se turnaban en el mando ni siquiera los propios beotarcos tebanos. Probablemente eran los cuatro consejos federales los que decidían en cada expedición cuál de los beotarcos tebanos desempeñaría la jefatura suprema del ejército.

      Como vimos, cada distrito de la Confederación beocia aportaba un máximo de mil hoplitas. La única división interna que conocemos de la infantería beocia es el lochos al de mando un lochagos, asistido quizá por otros dos oficiales. Posiblemente cada lochos estaba compuesto por unos 300 hoplitas, 325 o 350 en una formación tebana de un frente de 13 o 14 filas en veinticinco escudos en fondo.

      Cada distrito debía enviar, por lo tanto, tres lochoi de hoplitas completos. Esta suposición es especialmente adecuada para los distritos que incluían tres poleis ya que cada una de ellas aportaría un lochos completo al ejército federal. Así, por ejemplo, en el distrito conjunto de Queronea, Copas y Acraifia cada polis reuniría un batallón, un lochos, de poco más de 300 hombres.

      Junto a los hoplitas, existía también una infantería ligera compuesta por unos 11.000 psilos enviados del mismo modo que los hoplitas a razón de mil por distrito. Esta infantería ocupaba normalmente los flancos del ejército, estaba formada probablemente por los hombres libres beocios por debajo del censo de hoplita y, por lo tanto, sin derechos políticos. La posesión de sus propias tropas ligeras era una característica peculiar del ejército beocio y parece que Beocia tenía tendencia a armar a las clases inferiores más que a reclutar tropas mercenarias.

      El hiparco federal beocio, al que debemos distinguir de los hiparcos locales, era el jefe supremo de la caballería beocia y quizás mandara también a los hamipos (la infantería montada). La caballería beocia conocía, como mínimo, una división en unidades que parecen llamarse oficialmente hilas (escuadrones) de 30 a 40 jinetes mandadas por un hilarco. Así cada distrito debía aportar tres escuadrones de caballería lo que resulta, como en el caso de los lochoi, muy adecuado a la división en distritos en la que cada tercio (Copas, Acraifia y Queronea) aportaba una hila completa de caballería. A diferencia de lo que era la norma en una gran parte del mundo griego, la caballería beocia sí desempeñaba un papel importantísimo en las operaciones militares y era tenida en alta estima en toda Grecia.

      La caballería beocia disponía, además, de una infantería montada (hamippoi pezoi), una especie de auxiliares que combatían, en determinados momentos de la batalla, pie a tierra, al lado del jinete y cubriendo su flanco. Al tratarse de tropas ligeras lo lógico es pensar que estuvieran formadas, al igual que los psilos, por ciudadanos que se encontraban por debajo del censo hoplita y que, por lo tanto, carecían también de derechos políticos.
       

      # La organización local


      Todas las poleis beocias se organizaban en el nivel local de una manera exactamente igual a la Confederación. Se regían por un régimen político oligárquico y la primera y más importante institución de la que disponían eran los Cuatro Consejos locales que tenía una estructura cuatripartita similar a los consejos federales. Aunque no sabemos exactamente el número de consejeros locales que formaban parte de los cuatro consejos locales, quizás variara en cada ciudad, sólo las once poleis disponían de consejos locales que desempeñaban las mismas funciones, en el nivel local, que los consejos federales. Podemos suponer que los consejeros locales reunían las mismas condiciones que sus homólogos federales (censo, duración en el cargo, reelegibilidad, etc...) si bien no sabemos si era posible acumular varios cargos, por ejemplo, ser consejero local y federal al mismo tiempo.

      En cuanto a los magistrados locales existía un arconte local anual cuyas funciones parecen reducidas al ámbito religioso y al eponimato y nunca les vemos intervenir en asuntos económicos o políticos. El colegio de polemarcos era la magistratura local más importante; parece ser un cargo muy antiguo y su nombre induciría a creer que su origen estuvo en la comandancia militar del ejército de la ciudad. En el 382, en Tebas, formaban un colegio quizás de tres miembros con sede en un polemarqueo en el ágora, estaban asistidos por un secretario, desempeñaban el poder durante un año y eran reelegibles. La polemarquía era una institución paralela, en el ámbito local, a la beotarquía federal. Así, además de las competencias militares, que no sabemos cómo se articulaban con las de los beotarcos, los polemarcos disponían de poderes en lo local muy similares a los beotarcos federales, por ejemplo, el derecho de hablar y de presentar propuestas ante los consejos locales, poderes judiciales y de policía como el derecho de arresto, de instruir los procesos por delitos criminales, etc.

      Otras magistraturas locales de segura existencia son el hiparco local, los hilarcos y los lochagoi. El hiparco local estaría al mando de la caballería local. Los hilarcos eran los comandantes de escuadrones de caballería (hilas) y los lochagoi mandaban los batallones de hoplitas. Nada sabemos de la existencia de otras magistraturas durante este período. Es posible suponer al menos sobre la base de la organización federal, la presencia de dicastas y de magistraturas financieras locales. En definitiva, la organización local aunaba dos características esenciales: era uniforme en todas las poleis y simétrica a la Confederación.
       

      # Stasis y división interna (404-395)


      La Confederación beocia fue, junto con Corinto, uno de los primeros estados en manifestar claramente su oposición a la política imperialista espartana posterior a la Guerra del Peloponeso. A lo largo de la década que se extiende entre el 404 y el 395, la tensión entre ambas potencias aumentó progresivamente hasta desembocar en un enfrentamiento abierto.

      Hacia abril del 404, en la reunión de la Asamblea de la Liga del Peloponeso, los espartanos consiguieron, en contra del parecer de beocios y corintios que propugnaban su destrucción, que Atenas fue conservada. Lisandro, el lacedemonio más influyente entonces, sabía que la destrucción de Atenas entregaría a Tebas, una ciudad que había salido fortalecida de la guerra, el predominio en Grecia central. Para hacer frente a la amenaza tebana en el centro de Grecia era mejor preservar Atenas convertida ahora, gracias a las condiciones impuestas por la paz, en un satélite espartano.

      La decisión de respetar Atenas suscitó el descontento beocio, malestar que se agudizó cuando, poco después, Esparta se negó a compartir con sus aliados el botín de la Guerra del Peloponeso. Era éste un hecho sin precedentes y la prueba de que el imperialismo iba a afectar no sólo a los vencidos sino a los propios aliados. Los aliados habían participado de manera destacada en todas las batallas fuera por tierra o por mar y habían perdido barcos y hombres y ahora Esparta se negaba a compartir los beneficios de la victoria y a resarcirles de todos sus trabajos y peligros.

      Entre la última parte del 404 y los primeros meses del 403, los beocios acogieron a los exiliados atenienses que huían del régimen oligárquico y filolaconio de los Treinta y rechazaron la pretensión espartana de extraditarlos a Atenas. El Estado beocio llegó a promulgar un decreto en apoyo de los desterrados que preveía la elevada multa de un talento para quien no ayudara a los exiliados y daba a éstos libertad para armarse contra los Treinta. Los tebanos proporcionaron también a los desterrados armas, hombres y dinero, si bien de forma privada, para que pudieran regresar hacia febrero del 403 y derrocar a los Treinta. En el este mismo año, los beocios rehusaron marchar con el rey espartano Pausanias contra los demócratas atenienses que habían ocupado el Pireo, en los años 400 y 399 se negaron a acudir a las campañas espartanas contra Élide y en el 396 no tomaron parte en la expedición de Agesilao a Asia. Es posible pensar que Beocia no participó tampoco ninguna expedición espartana en Asia antes del 396 (con Tibrón y Dercílidas desde el 400).

      Además del imperialismo espartano, una de las causas de esta tensión entre Esparta y Beocia hay que buscarla en la situación de stasis interna que caracterizaba la situación en Tebas y que enfrentaba a dos facciones entre sí: por un lado, la facción de Ismenias, Androclidas y Antiteo y, por otro, la de Leontíades, Arquias y Cerátadas.

      Ambas facciones estaban formadas por destacados aristócratas y no representaban los intereses de distintos sectores sociales. Las Helénicas de Oxirrinco dicen explícitamente que ambas facciones estaban formadas por los mejores y más distinguidos de los ciudadanos. Ambas facciones eran también oligárquicas. La facción de Leontíades estuvo largo tiempo en el poder al menos desde la última parte de la Guerra del Peloponeso. Durante estos años Beocia es una oligarquía. Por su parte, la facción de Ismenias accedió al poder poco antes del 395, sin embargo, la constitución de la Confederación beocia que conocemos para éste último año, es igualmente oligárquica por lo que es diáfano que la llegada al poder de Ismenias no estuvo acompañada de un cambio constitucional. Ninguna de las dos facciones era tampoco filoateniense. La divergencia fundamental se centraba en las relaciones con Esparta: los de Leontíades eran filolaconios y los de Ismenias antilaconios y propugnaban la guerra contra Esparta como el único medio de frenar el expansionismo lacedemonio. Esta división entre facciones oligarcas filolaconias y antilaconias se extendió al resto de la Confederación.

      En mi opinión, Leontíades y sus partidarios fueron capaces de mantenerse en el poder en los años inmediatamente posteriores al final de la Guerra del Peloponeso, amenazados por la creciente influencia de Ismenias. La facción de Ismenias debió acceder al poder a partir en el 398 como resultado de la intervención espartana en Grecia central. En efecto, hacia el otoño del 399 los lacedemonios enviaron a Herípidas a Heraclea Traquinia para poner fin a una situación de stasis. Una vez en Heraclea, Herípidas ejecutó a 500 ciudadanos, exilió a bastantes traquinios y estableció aquí una guarnición y un harmosta. Después Herípidas se dirigió contra los habitantes del Monte Eta, que habían atacado Heraclea en el invierno del 409/8, y obligó a la mayor parte de los eteos (los antiespartanos) a exiliarse en Tesalia. Herípidas penetró también en Tesalia y estableció una guarnición en Farsalo con la intención evidente de apoyar a Licofrón de Feras que era aliado de Esparta.

      La campaña de Herípidas fortaleció al principal aliado de Esparta en esta zona que no era otro que la Fócide. Los focidios eran miembros de la Liga del Peloponeso y en la Asamblea de la Liga que trata del destino de Atenas en el 404 votaron en contra del arrasamiento de Atenas y por lo tanto en contra del parecer tebano y a favor de Esparta. Fócide era la llave del control de Grecia central, por ella pasaban todas las rutas que comunicaban Beocia con el Norte y Oeste de Grecia y desde la Fócide, convertida en base espartana, Beocia podía ser alcanzada con facilidad. Heraclea quedaba también firmemente en manos espartanas y, a través de ella, Esparta dominaba la ruta de las Termópilas y se aseguraba la alianza de los pueblos del Esperqueo, entre ellos los aqueos del Ftiótide, melieos, enianos, atamanios y posiblemente también los dorios. Los eteos habían sido expulsados, una guarnición espartana se había establecido en Farsalo en la ruta más importante de Tesalia a Grecia central y la alianza con Licofrón de Feras permitía a Esparta inmiscuirse en la situación de Tesalia y mediatizar la exportación de grano.

      A esta campaña en Grecia central y Tesalia hay que añadir la intervención lacedemonia en Naupacto y Cefalenia en el 400 que reafirmaba el interés espartano por el Golfo de Corinto y por mantener una cierta influencia en la Lócride del Oeste que guardaba las espaldas de la Fócide. Así, salvo Eubea, en el otoño del 399, Esparta cortaba las comunicaciones de Beocia con el Norte y el Oeste y encerraba al Estado beocio en un círculo de estados enemigos desde los cuales se podía alcanzar con relativa facilidad, por el norte, por el sur y por mar, el territorio beocio. La consolidación de la influencia espartana en Grecia central alentaba también las tendencias secesionistas de Orcómeno que deseaba salirse de la Confederación.

      Después de la Guerra del Peloponeso, de la que Tebas había salido considerablemente fortalecida y enriquecida, es lícito pensar que Tebas acariciara la idea de extender su influencia por Grecia central y del Noroeste. Era ésta, tras la guerra, la única vía de expansión que quedaba abierta y el único lugar por el que se podía romper el aislamiento al que Esparta la estaba sometiendo.

      Como una prueba de la verdadera dirección de intereses beocios, tras el estallido de la Guerra de Corinto, en el 395, la primera campaña del ejército federal fuera de los límites de Beocia se dirigió precisamente contra Grecia central. De esta manera, la intervención espartana en Grecia central, en una zona donde confluían y chocaban el imperialismo espartano y los intereses beocios llevó definitivamente a Ismenias al poder e inspiró el temor suficiente a los beocios para prepararse a asumir el riesgo de una guerra. Los de Ismenias tardarían todavía dos o tres años en preparar un conflicto en el que, naturalmente, Beocia no podía entrar sola, pero desde esta fecha la decisión de provocar una guerra contra Esparta ha sido tomada y la facción capaz de llevarla a cabo se encuentra en el poder.
       

      # Los distritos de la Confederación beocia en el 395 (Excursus)

      A.- Los cuatro distritos tebanos (extensión total: 908 km2; perímetro: 191 km)


      Las fronteras de los distritos tebanos no son, en general, difíciles de trazar, si bien, en algunas zonas, la línea exacta sólo puede ser delimitada de una manera aproximada. En el oeste, la frontera tebana alcanzaba la orilla del Copais a la altura de Medeón/Dhavlosis e iba hacia el sur hasta el paso de Steni, justo en el santuario de Posidón en Onquesto que debía pertenecer a Haliarto. A menos de 1 km al sudeste del santuario de Onquesto, existe un sitio de tamaño inusual, de cerca de 4 Ha., con un buen número de bloques de sillería y dos inscripciones sobre cerámica de calidad. Este lugar quizás pueda ser identificado con el santuario de Heracles Hipodetes. Si así fuera, entre él y el santuario de Onquesto correría la frontera entre Tebas y Haliarto. Desde el paso de Steni, la línea de demarcación avanzaba a través de una secuencia de colinas bajas que, por encima de los 200 m. de altitud, arrancan al pie del Helicón a unos 4 km al este de Tisbe y cortan hacia el noroeste hasta la misma Tebas. La frontera oeste entre Tebas, Haliarto y Tespias transcurría a lo largo de esta hilera de colinas para volverse luego hacia el sur antes de alcanzar el santuario del Cabirio en el valle del Kanavari/Tespios, santuario que pertenecía a Tebas. A partir de entonces, en ausencia casi total de accidentes naturales la línea de separación sólo puede intuirse. Se dirigiría aproximadamente en línea recta hacia el sur atravesando el Asopo y la cabecera del río Eroe/Livadhostro (territorio de Tespias), hasta morir en el Citerón en torno a la cota 1045. De este modo, el territorio de Tebas no alcanzaba el Golfo de Corinto. En la Parasopia, el territorio de Tebas, excepto la parte que correspondiera a Hisias, colindaba con el Atica en la línea del Citerón-Parnés.
       
       
       

      Figura 12.- Los cuatro distritos de Tebas.
       
      La frontera este de Tebas arrancaba del monte Parnés y ascendía hasta la cadena del Soros-Moustaphades, al este de Chlembotsari, a unos 13 km de Tebas. A partir de aquí la línea es prácticamente imposible de delinear. La frontera debía transcurrir al sur de Dritsa y Ayios Panteleïmon y llegaba a la costa del Euripo entre esta última localidad y Delión, a 5,5 km de distancia, que era puerto de Tanagra. En el nordeste, la separación con Acraifia arrancaba de la orilla del lago Copais e iba hasta el lago Likeri a través de la línea colinas de Gorophaki que se alzan al sur de Acraifia. Desde el lago Likeri la frontera ascendía hacia el Ptoion donde el templo de Apolo Ptoios, a sólo 2,5-3 km de la ciudad de Acraifia, pertenecía a Tebas. Aquí, la frontera entre Acraifia y Tebas pasaba entre los 800 m. que separan el santuario de Apolo Ptoios en Perdikovrysi (territorio de Tebas) del santuario del héroe Ptoios en Kastraki que formaba parte de Acraifia. Luego, la frontera tebana limitaba con Copas en el monte Ptoion (cota 698 m.), de manera que la bahía de Skroponeri, en el canal del Euripo, pertenecía al territorio tebano.

      Dentro de estas fronteras se extendía el amplio territorio de Tebas que incluía la llanura Aonia, al norte de la ciudad de Tebas hasta los lagos Likeri y Paralimni, parte de la llanura Tenérica con el valle de Kanavari, toda la cubeta del Asopo hasta la cadena del Soros-Moustaphades, excepto el territorio de Hisias y, además, el Monte Ptoion, la Tetracomia, las llanuras costeras situadas entre el Monte Mesapio y la costa del Euripo (Antedonia, Chalia y Aúlide) y, por último, el monte de la Esfinge y una pequeña porción de la costa del Lago Copais, la llamada cubeta de Dhavlosis. El territorio de Tebas (la Tebaide) comprendería poco más de 900 km2, una extensión comparable con la Corintia (880-900 km2). El terreno de Tebas además de extenso era bastante fértil.
       
       

      Figura 13.- El Buleuterio de Onquesto en el paso de Steni.
      El centro más importante de los cuatro distritos era naturalmente la ciudad de Tebas. Mención hecha de la ciudad, Tebas poseía en su chora los siguientes choria conocidos: Tachi, Meso Vouni, Soules, Syrtzi-Tourleza, Moni Sagmata, Oungra, Likeri-Lithares, Pyrgos-Palaiometochi, Dhramesi, Tseloneri, Chaleia, Lithosoros, Dhavlosis, Kastro Likovouni, Dhritsa, Ayios Pandeleimon, Neochoraki-Soros-Moustaphades, Chlembotsari, las identificadas Aúlide, Micaleso, Antedón, Esqueno, Peteón, y, además, los santuarios del Cabirio, de Hera en Platea, de Apolo Ptoios, de Zeus Hipodetes y de Deméter Micalesia.
       
       
       
      Figura 14.- Tebas en la actualidad; sobre la Cadmea, la acrópolis de la ciudad antigua. Figura 15.- Antedón, en el canal de Eubea, el puerto más importante de Tebas (a 28 km. de distancia).
      Figura 16.- El templo de Artemisa en Áulide
      A lo largo de toda su historia Tebas fue una zona de producción triguera cuya cosecha anual abastecía suficientemente la ciudad y aún dejaba un excedente para colocar en un mercado regional, quizás entre las Termópilas, el Atica y Corinto. Otro de sus recursos fundamentales era la pesca, no la marítima sino la lacustre procedente de los lagos Copais, Likeri y Paralimni. La madera, utilizada como combustible y construcción, se podía obtener del Citerón, el Mesapio y el Ptoion, lugares adecuados también para la apicultura y las canteras se encontraban a 5,5 km de la ciudad en el monte Kotsika. Las zonas más húmedas de la llanura Aonia proporcionaban pastos para los caballos tebanos. Debía abundar la caza, en gran medida de aves y también la recolección de plantas silvestres y acuáticas. Ciertas artesanías parecen ser también propias de la ciudad como manufacturas metálicas, cerámicas y carros. Tebas se encontraba en el centro de las rutas de Beocia y contaba, además, con los ingresos de sus famosos santuarios, tanto los situados en la propia ciudad, como el de Apolo Ismenio, cuanto que aquellos que estaban incluidos dentro de su territorio singularmente el Cabirio, el santuario de Apolo Ptoios y, en menor medida, el templo de Hera en Platea. Por su condición de capital federal, Tebas recibía a los consejeros y demás magistrados federales, era sede de las instituciones federales y en la Cadmea se depositaban las contribuciones federales al tesoro de la Confederación.
       

      B.- Los dos distritos de Tespias (extensión total: 447 km2; perímetro: 135 km)


      El territorio de Tespias limitaba al sur con el Golfo de Corinto y al oeste con el monte Palaiovouno (1748 m.), una de las cumbres del Helicón. En el norte, el impresionante macizo del Helicón con la cima del Dhiakopí (1526 m.) divide con el territorio de Tespias del de Haliarto y, al noroeste, la alta meseta de Koukoura y la cima del Palaiovouno señalaban los confines con Coronea. La frontera con Tebas, ya estudiada, estaría fijada en el noreste, en la línea de colinas bajas en torno a la curva de nivel de 200 m que iba de Onquesto y al valle del Kanavari. Desde el Kanavari avanzaría hacia el sur, casi en línea recta, por una difuminada hilera de colinas, que flanquean la cabecera del valle del Eroe.
       

      Figura 17.- Los dos distritos de Tespias.
      Los distritos de Tespias incluyen también un territorio bastante extenso cuyo núcleo lo forma una gran parte de la llanura tenérica. La otra zona importante del territorio de Tespias es la cubeta de Tisbe que se encuentra separada de la llanura tenérica por un suelo árido que se extiende hasta la bahía de Domvraina. Además de la llanura tenérica y de la cubeta de Tisbe, el territorio de Tespias comprende también el valle del Eroe, el valle de las Musas, parte de la meseta de Koukoura y la minúscula llanura costera de Corsias. En total, unos 450 km2, la mitad de la extensión del territorio de Tebas.

      Además de la propia ciudad el territorio de Tespias contaba con las localidades de Parapounyia (¿Leuctra?), Eutresis, Creusis, Ascra, Sifas, Tisbe, Corsias, Ayios Yannis-Vathy y los santuarios del Valle de las Musas y de Mavrovouni.
       
       

      Figura 18.- Tisbe en el territorio de Tespias.
       
      Figura 19.- Sifas; la muralla del siglo IV y parte de la ciudad hoy sumergida.
      El territorio de Tespias, a pesar de ser menos rico que el tebano, era también feraz. Además de su fertilidad en trigo, el terreno ondulado de la llanura tenérica favorecía el cultivo del viñedo; igualmente, ciertas áreas, sobre todo los territorios de Tisbe, Sifas y Corsias, eran muy apropiadas para los olivares y el Golfo de Corinto proporcionaba recursos pesqueros si bien limitados, las laderas del Helicón proveían de pastos para el ganado y también de la apicultura, la caza y la leña necesaria. Las canteras de Domvraina constituían una buena fuente de ingresos y su piedra era exportada. No en vano la mayoría del material de las inscripciones de Tebas proviene de aquí. Otra cantera local pudo explotarse en Corsias. Otros productos eran las cerámicas de Ascra, los textiles de Corsias y las terracotas locales. Finalmente los puertos permitían también, en especial Creusis, obtener ingresos.
       

      C.- Los dos distritos de Orcómeno e Hisias (Orcómeno: extensión total: 196 km2, perímetro: 73 km; Hisias: extensión total: 51 km2, perímetro: 34 km)


      Estos dos distritos comprenden los territorios de dos poleis independientes, Orcómeno e Hisias.
       
       

      Figura 20.- El territorio de Orcómeno. (Para Hisias, uid. Figura 12).
       
      El territorio de la polis orcomenia incluiría la propia ciudad de Orcómeno y además las localidades de Polyyira, Avrokastro, Pyrgos, Hieto, Kastro Pavlou y los probables santuarios de Tzamali y Magoula Pyrgou. Orcómeno está situada a 13 km al nordeste de Lebadea en el final este del monte Acontio.
       
      Figura 21.- El llamado Tolo de los Minias (izquierda) y el posible trazado de la muralla clásica.
       
      Figura 22.-  Un templo, posiblemente el Asclepeo, con la moderna Orcómeno y el lecho drenado del Copais al fondo.
      A pesar de que en el reverso de la moneda de Orcómeno figuraba una espiga de trigo, es dudoso que fuera una zona de producción triguera ya que la subida estacional del lago, cuyo límite era imprevisible, arrinconaba el territorio orcomenio contra las montañas del norte y noreste de Beocia e impedía que el cultivo de grano fuera muy extenso. Esta escasa productividad cerealícola se veía parcialmente compensada por los magníficos pastos que servían de sustento para la afamada caballería de los minias. Además Orcómeno podía explotar los recursos pesqueros del lago y contaba también con el aprovechamiento de las plantas lacustres en especial las cañas para las famosas flautas beocias. Las montañas, a pesar de su inveterada aridez, proveían de la leña necesaria y tenemos noticias de explotaciones de hierro en torno a la zona de Hieto.

      Posiblemente debamos situar Hisias en el asentamiento antiguo de la Parasopia que se encuentra localizado a unos 5,5 km al este de la antigua Platea y a 2 km al noreste del actual pueblo de Kriekouki en la capilla de Pantanassa, al pie norte de una cima rocosa que entra desde el Citerón en el valle del Asopo y en la colina Pyrgos a 1 km al noreste de Pantanassa. Restos de su amurallamiento eran visibles todavía a principios de siglo pero hoy no queda ningún vestigio que posibilite trazar su plano y su estilo. También aquí dos edificios y una antefija sugieren la existencia de un pequeño templo o área de santuario al menos desde el siglo V.

      El territorio de Hisias incluía una pequeña porción de la Parasopia entre el Citerón, al sur y el banco derecho del Asopo al norte. En el este la frontera de Hisias pudo correr entre el paso de Drios Cefalas y la cabecera del Eroe en el río Molunte y al oeste pudiera ir desde uno de los picos del Citerón, quizás el Petroyeraki (1016 m.), hasta la orilla del Asopo.

      A pesar de que lo reducido del territorio de Hisias, quizás unos 60 km2, éste era sin embargo fértil y estaba bien regado por el río Asopo y un buen número de afluentes del Asopo y de manantiales. A sus espaldas, el Helicón proporcionaba madera y buenos pastos.
       

      D.- El distrito de Tanagra (extensión total: 246 km2; perímetro: 67 km)


      A unos 13 km al este de Tebas la llanura se estrecha dejando un pequeño paso en la cadena del Soros-Moustaphades, por donde atraviesa hoy el ferrocarril y la carretera moderna. Al este del paso queda un área, la antigua Tanágride, delimitada por el Euripo al noreste y al oeste por la cadena del Sorós-Moustaphades y el canal del Euripo. Las fronteras de Tanagra son las más difíciles de trazar y las más inaprehensibles de toda Beocia. Debido a la ausencia de accidentes naturales destacables, el límite con la Tetracomia, territorio de Tebas, sólo puede delinearse de manera muy aproximada y, del mismo modo, la frontera sureste con la Oropia sólo puede ser establecida de una forma muy difuminada e hipotética. Posiblemente el territorio de Oropo incluía ambos lados de la desembocadura y al sur del Asopo la frontera podía ir en torno a la línea formada por los montes Kiapha, Liopesi y Mavrinori (647 m.) o bien quedar fijada en el río Vathiza afluente del Asopo por su margen derecho. Si aceptamos esta última hipótesis el territorio de Tanagra no era muy extenso, en torno a los 250 km2.
       

      Figura 23.- El distrito de Tanagra.
      El distrito de Tanagra, que coincidía con el territorio de la polis tanagrea, comprendía la propia ciudad de Tanagra y además Delión, Staniates, Vratzi, Kleidheti, y quizás Kakosalesi.

      Los textos antiguos recogen la prosperidad de Tanagra basada en la producción triguera y en la viticultura. Tanagra destacaba también por la cerámica y sobre todo por sus terracotas, las famosas "tanagras". El monte Parnés proporcionaba la madera suficiente y la piedra caliza dura y oscura tan frecuentemente utilizada en las construcciones de la ciudad.
       

      E.- El distrito conjunto de Haliarto, Coronea y Lebadea


      Este distrito incluye el territorio de tres poleis y se caracteriza por su unidad geográfica básica en el doble sentido de que se trata, por un lado, de un distrito territorialmente continuo y, por otro, de que incluye, además, poleis de parecida extensión.

    POLIS EXTENSIÓN TOTAL (en km2) PERÍMETRO (en km)
    Haliarto 88 44
    Coronea 117 48
    Lebadea 126 49

     
       
      Figura 24.- El distrito de Lebadea, Coronea y Haliarto.
      Las fronteras del territorio de Haliarto no son difíciles trazar si excluimos que alcanzara el monte de la Esfinge. Al norte limitaba con la orilla del lago Copais, al este con el paso de Steni cerca de Onquesto, y con la línea de colinas que separa la cubeta del Copais de la llanura tebana. Desde aquí la frontera ascendía hacia la cima del Dhiakopi (1526 m.) para marcar el límite con Tespias. El confín oeste con Coronea corría desde la cima del Palaiothiva (1053 m.) y Vigla hasta morir en el lago Copais. Así delimitado, el territorio de Haliarto comprendía, básicamente, una buena parte del valle del Lofis y, además de la propia ciudad de Haliarto, incluía Zagora-Evangelistria, el santuario de Posidón en Onquesto y un exótico asentamiento en la cueva de Seïdi.

      Teniendo en cuenta la crecida estacional del Copais, Haliarto poseía una porción de tierra feraz entre las márgenes del lago y las laderas del Helicón. La ciudad contaba, además, con los recursos que proporcionaba el propio lago, la leña de los frondosos bosques del Helicón y, como en época romana, la caza en los montes era importante y frecuente. Las laderas bajas del Helicón proveían también de pastos y apicultura.

      Coronea limitaba al norte con la costa del lago Copais y, al este, la frontera con Haliarto, ya estudiada, corría por la doble cima de Palaiothiva y Vigla. Al oeste el monte Granitza con sus 835 m. de altitud marcaba el límite con la vecina polis de Lebadea y al sur su territorio comprendía la mitad de la alta meseta de Koukoura incluyendo, probablemente, el asentamiento antiguo de Hipotas que está justo debajo del actual pueblo de Koukoura. El territorio de la antigua Coronea comprende en realidad dos valles que desde el Copais penetran en el Helicón. El valle al este es más pequeño y está regado por dos pequeños torrentes que deben responder a los antiguos nombres de Cuario y Tritón. En el valle oeste fluye el antiguo río Falaro llamado hoy Pontza o Potza.
       

       
      Figura 25.- La acrópolis de Coronea (arriba)  y la llanura circundante desde la acrópolis (abajo).

      El territorio de Coronea incluía la ciudad de Coronea, los asentamientos de Alalcómenas/Solinari, Rachi y Koukoura, los santuarios de Atenea Alalcomenia, Atenea Itonia y de los montes Lafistio y Tilfoseo.

      Coronea poseía un fértil suelo agrícola, la llamada llanura de Coronea, y a sus espaldas, el Helicón proporcionaba la madera y los pastos necesarios. Los numerosos e importantes santuarios localizados en su territorio debían suponer también una substancial fuente de ingresos.

      Las fronteras de Lebadea están bastante bien delimitadas por las montañas. Al sureste, el Granitza la separa de Coronea, al sur y oeste, el Helicón la limita con la Fócide. La frontera con Queronea podría ir por la línea de colinas del Prophitis Elias que se eleva un poco por encima de los 400 m. Por último, todo el este del territorio de Lebadea limita con el lago Copais.

      Lebadea comprende básicamente el valle del río Hercina en cuya esquina suroeste se encontraba la antigua Lebadea que yace justo debajo de la ciudad moderna de Livadhia. Mención hecha de la propia polis de Lebadea, el único sitio importante de su territorio parece haber sido el santuario oracular del Trofonio.

      Lebadea posee también una rica tierra arable y el Helicón proporcionaba los recursos habituales de leña, pastos y apicultura. Sin duda alguna, el oráculo del Trofonio suponía una fuente de ingresos considerable y al menos en época romana se explotaban las canteras, cuya piedra, aunque no de muy buena calidad, era la mejor de la región oeste de Beocia.
       

      F.- El distrito conjunto de Queronea, Copas y Acraifia


      A pesar de que este distrito, formado por tres poleis autónomas, es discontinuo desde el punto de vista geográfico, la extensión conjunta de las tres poleis equilibra las cargas del distrito.

    POLIS EXTENSIÓN TOTAL (en km2) PERÍMETRO (en km)
    Queronea 57 32
    Copas 116 78
    Acraifia 47 35
       
      Figura 26.- El Distrito de Queronea, Copas y Acraifia.
       
      Las fronteras del territorio de Queronea son difíciles de fijar. Sólo al sur, en la línea del Prophitis Elias, el límite con Lebadea parece claro. Hacia el oeste Ayios Vlassios a 3,5 km de Queronea es ya ciudad focidia por lo que posiblemente la frontera podría estar precisamente en el valle de Ayios Vlassios en el torrente del mismo nombre que podemos identificar con el antiguo Molos. La separación de Queronea con Orcómeno es prácticamente imposible de delimitar. En algún punto debió seguir el curso del Cefiso y es posible que el territorio de Queronea no alcanzara la orilla del Copais.

      El territorio de Queronea está básicamente formado por la llanura del mismo nombre, de unos 4 por 5 km de ancho, que es, en realidad, una parte del valle del Cefiso, el río que penetra en Beocia a través del estrecho paso de Parapótamos. El territorio de Queronea incluía al menos la propia ciudad de Queronea y el santuario de Apolo Turio.

      En la Antigüedad una buena parte del territorio de Queronea debía ser húmedo y pantanoso y, a pesar del drenaje del lago, la llanura tiene la misma tendencia en la actualidad. Queronea contaba con pastos húmedos y madera y destilaba flores pantanosas para perfumes. También debía aprovechar las canteras de caliza local sobre las que se realizaron algunas inscripciones.

      Excepto en algún pequeño punto discutible las fronteras de Acraifia son bastante claras. La línea de demarcación con el territorio tebano debía partir del Pelayia, uno de los picos del Ptoion, y descendía hasta la orilla norte del lago Likeri para alcanzar el lago Copais, al sur, en la línea del Gorophaki. Si aceptamos que el santuario de Apolo Ptoios en Perdikovrysi pertenecía a Tebas mientras que el santuario del héroe Ptoios en Kastraki, a unos 800 m. al oeste del primero, era parte del territorio de Acraifia, forzosamente la frontera quedaba entre ambos santuarios y pudo estar señalada por las dos torres cercanas. Quizás la torre de Megalo Vouno junto a Kastraki perteneciera a Acraifia y la de Pelayia, cercana a Perdikovrysi formara parte del territorio tebano. La frontera con Copas arrancaba también en el Ptoion y alcanzaba el Copais a la altura del cabo Phtelio donde un mojón marcaba la frontera entre ambas.

      El territorio de Acraifia incluía una pequeña llanura en torno a la ciudad complementada con el dique que drenaba la bahía de Kardhitsa. Este dique, que se construyó en época micénica, se reconstruyó en el arcaísmo y subsistía todavía en el período imperial. Además de la propia ciudad, en su territorio localizaba también, como hemos dicho, el santuario del héroe Ptoios en Kastraki.

      Aparte de los cultivos cerealícolas, olivares y viñedos, Acraifia podía contar con algunos pastos en la zona del Ptoion y del Gorophaki, con la pesca del Copais y del Likeri y poseía en el monte Ptoion y en el suroeste algunas vetas de hierro aunque no hay evidencia de que éstas se explotasen en la Antigüedad. Acraifia disponía también de caliza local con la que se construyó, por ejemplo, durante el siglo IV, el templo de Kastraki.

      El Ptoion fijaba la frontera sureste de Copas que la separaba del territorio tebano. Del mismo modo, el monte Prophitis Elias (636 m.) dividía, al norte, Copas de la Lócride y la línea de colinas que se extiende a las espaldas de Copas al noroeste marcaba el límite con Orcómeno.

      Básicamente el territorio de Copas abarcaba la bahía nordeste de lago Copais. Junto con la propia ciudad, el territorio de Copas comprendía Gla, Pyrgos-Ayia Marina, Ayios Yannis, Megali Katavothra y quizás Stroviki.
       

       
      Figura 27.- Copas debajo de la Copas actual, que quedaba convertida en una isla con la crecida invernal del lago Copais.

      Copas debía poseer un suelo agrícola no demasiado extenso y con tendencia a inundarse. Quizás, más que la agricultura, es posible que una buena parte de la fortuna de Copas estuviera en los pastos y en la pesca, en la fabricación de flautas, en la que era la mejor ciudad de Beocia, y en el aprovechamiento de otras posibilidades del lago tales como aves, flores, plantas silvestres y pantanosas etc. Además contaba con la leña de las laderas del monte Prophitis Elias. No hay evidencia de que Copas explotara los extensos yacimientos de hierro de su territorio.
       

      G.- La Oropia (extensión total: 158 km2; perímetro: 49 km)

      Aunque las Helénicas de Oxirrinco no mencionan a Oropo en su descripción de los distritos beocios, de alguna manera, desde el 401, Oropo y su territorio, la Oropia, se hallaba controlado por la Confederación beocia. La antigua Oropia estaba encerrada en su mayor parte entre las montañas y el mar. Al norte, el canal del Euripo y, al sureste y sur, la línea de formada por los montes Kamari (589 m.), Mavrinori (647 m.), Veletsi, Liopesi y Maleza marcaban la frontera con el Atica. El límite este del territorio es menos claro pero pudiera estar en una línea de colinas que se extienden al sur de Dhilesi o quizás en la cuenca del Asopo. El núcleo de la Oropia está formado por una llanura costera de unos 25 km este-oeste y de no más de 7 km norte-sur y comprendía la propia Oropo y las localidades de Kamaraki/Mandhraki, Ayia marina/Revythia y el importante santuario de Anfiarao.
       
       
      Figura 28.- La Oropia.
Antes del 401 la antigua Oropo estaba localizaba sobre la costa, en la bahía semicircular de Oropo y en el actual pueblo de Skala Oropou. Del testimonio de Diodoro Sículo (14.17.1-2) se desprende que, o bien en el 401 o bien algún tiempo después, los beocios trasladaron a los oropios desde la costa a un nuevo emplazamiento siete estadios (unos 1,2 km) al interior. El nuevo asentamiento no ha sido hallado y probablemente se habitó durante un corto espacio de tiempo ya que antes del 366 Oropo pertenece una vez más a Atenas y la ciudad debía estar nuevamente en la costa.
 
 

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