11. La liberación de Tebas en diciembre del 379 a.C.

11.1. Introducción

El período de la historia griega que conocemos con el nombre de Hegemonía tebana se extiende desde la batalla de Leuctra (371) hasta el estallido de la III Guerra sagrada en el 356, fue el resultado, por lo que a Tebas se refiere, de un progresivo fortalecimiento que se remontan a los años posteriores a la batalla de Coronea en el 446 y de manera inmediata a los años comprendidos entre el 379 y el 371. La investigación sobre la política interna tebana de estos ocho años nos ayudará a comprender mejor la propia época de la hegemonía.

La política tebana tal y como se nos presenta a finales del año 379 era el resultado último de la derrota y la humillación. Durante la primera parte de la Guerra del Peloponeso la democracia había dejado de ser un régimen político viable para Beocia. Probablemente ya antes del 424, Tebas se había desembarazado de los demócratas del interior de la propia ciudad y desde Delión (424) al 413 la democracia se había identificado con Atenas y convertido en sinónimo de traición. La oligarquía fue reconocida ahora como la patrios politeia, la constitución ancestral de Tebas y de toda Beocia. Quizás desde el 413, pero con seguridad desde el 404, y hasta el 382, dos facciones políticas tebanas compitieron duramente por alzarse con el poder en Tebas (lo que significaba controlar toda Beocia); la facción de Leontíades, Arquias y Cerátadas y la liderada por Ismenias, Androclidas, Antiteo y Galaxidoro. Amabas facciones eran oligárquicas y la diferencia fundamental que las enfrentaba tenía que ver básicamente con las relaciones con Esparta: los de Leontíades eran filolaconios y los de Ismenias antilaconios. Tras el final de la Guerra del Peloponeso, todavía con el predominio de Leontíades, el comportamiento arrogante e imperialista de Esparta y las propias ambiciones tebanas, sobre todo en Grecia central, habían hecho crecer la influencia de Ismenias hasta que finalmente se alzó con el poder poco antes del 395. La facción de Ismenias y Androclidas llevó directamente a Tebas a la guerra, llamada de Corinto (395-387), contra Esparta. Desgraciadamente para Tebas, después de los fracasos en la última parte de la guerra, con el consiguiente ascenso de Leontíades, la paz que se firma finalmente en el 387/6 (paz del Rey) sella una derrota estrepitosa que fue aún mayor en el terreno diplomático que en el militar. Agesilao aprovechó la cláusula de autonomía recogida en el tratado de paz para disolver la confederación beocia y Tebas tuvo que renunciar a controlar Beocia, concedió la independencia a las demás ciudades y quedó reducida a su propio territorio. Y esto no fue todo, valiéndose de dicha cláusula, Esparta apoyó la reconstrucción de Platea con la intención, sin duda, de vigilar y debilitar aún más a Tebas.

En definitiva, la Guerra de Corinto y la disolución de la confederación habían probado que la compleja organización de la vieja federación oligárquica se había mostrado, a la postre, débil e ineficaz para asentar el poderío tebano. Teniendo en cuenta las experiencias de la guerra y de la Paz del Rey, si alguna vez volvía a restaurarse la confederación ésta se debía asentar sobre bases distintas que asegurasen de una forma más eficaz que en el pasado la cohesión y el predominio tebano.

Es evidente que los resultados de la firma del tratado debieron provocar una gran indignación entre la población tebana a lo que se fue sumando el nuevo comportamiento imperialista espartano en Mantinea, Fliunte y Olinto. Como consecuencia de todo ello, desde el 387 al 382 la facción de Ismenias vuelve a tomar impulso y en el 382 Leontíades e Ismenias son ambos polemarcos (Jenofonte.5.2.25).

En esta situación de stasis interna en el verano del 382 llegaron a Tebas, camino de la Calcídica, 8.000 hombres al mando del espartano Fébidas. El objetivo oficial era reforzar las tropas que combatían en torno a Olinto, pero, en connivencia con Leontíades, Fébidas ocupó la acrópolis tebana, la Cadmea, capturó a Ismenias y a algunos de sus partidarios y situó a Leontíades, ahora de forma indisputada, al frente de la ciudad. Unos 300 partidarios de Ismenias consiguieron huir y refugiarse en Atenas (Jenofonte.5.2.24-32). Por su actuación contraria a la autonomía de la polis griega y además en plena paz, con la presión de la opinión pública griega y por actuar sin mandato expreso de Esparta, Fébidas fue juzgado en Esparta pero gracias al apoyo de Agesilao salvó la vida y sólo debió pagar una multa. Mas, a pesar de la condena formal de Fébidas, los espartanos conservaron la Cadmea (Jenofonte.5.32-35.;Plut. Pel.5.1, Ages.23.3-24.2).

Como consecuencia de semejante actuación, a los ojos de una buena parte de los griegos y, en particular, de los tebanos la participación espartana en el golpe del 382 no había sido resultado de una iniciativa puramente individual de Fébidas sino responsabilidad de Agesilao que se asimiló a la culpabilidad de Esparta. Además, la intervención espartana en el golpe del 382 significó una ruptura total en el desarrollo de la tradicional lucha interna tebana, la stasis entre dos facciones. La política tebana no era ya una cuestión de filolaconios y antilaconios sino de traidores que habían esclavizado a la ciudad y de patriotas que deseaban una ciudad libre. No se trataba de una lucha entre dos facciones por el control del poder, sino de combatir por la libertad de Tebas y esto, como veremos, comprometía a sectores más amplios de la ciudadanía, a muchos que antes no habían formado parte de la facción de Ismenias pero que ahora sí lucharían para liberar su ciudad. Filolaconismo, traición y esclavitud se confundían y salpicaban al propio régimen oligárquico.

A pesar del testimonio contrario de Plutarco (Pel.6.1) que nos dice que los tebanos perdieron, después del 382, su constitución ancestral, parece cierto que los filolaconios mantuvieron la vieja constitución oligárquica ya que lo primero que hacen una vez que dan el golpe y apresan a Ismenias es elegir otro polemarco para substituirle (Jenofonte 5.2.32) lo que indicaría que, al menos formalmente, se respetaba la constitución. Sin embargo, los de Leontíades se comportaron con enorme dureza y arbitrariedad. Los de Leontíades llevan a juicio a Ismenias ante un tribunal de la Liga del Peloponeso y consiguen su ejecución y trescientos partidarios de este último deben exiliarse. No contentos con esto sicarios enviados por Leontíades asesinan en Atenas a Androclidas (Plutarco.Pel.6.2) y todavía en diciembre del 379 los conspiradores liberan a ciento cincuenta presos que los filolaconios habían encerrado en la cárcel del ágora (Jenofonte.5.4.8,14).
 

# La conspiración de diciembre del 379


En diciembre del 379 los exiliados, con ayuda de varios conjuradores dentro la ciudad, consiguieron derribar a la facción de Leontíades y expulsar a la guarnición lacedemonia. El desarrollo de la conspiración, a pesar de que los relatos de Jenofonte (5.4.1-12) y Plutarco (Pel.7-13) difieren en varios puntos, alguno de ellos de importancia, puede reconstruirse con cierta claridad.

Fílidas, el secretario de los polemarcos filolaconios, con motivo de un viaje a Atenas, se entrevistó con Melón, uno de los exiliados. En el transcurso de esta conversación, Melón se da cuenta del odio que Fílidas sentía hacia los filolaconios de Tebas y deciden conspirar juntos para acabar con ellos. A partir de esta entrevista se sucedieron los mensajes y contactos hasta acordar un plan factible.

El plan se puso en marcha una nevosa y fría noche de finales de diciembre del 379. Esa noche, los exiliados se dividieron en dos partes, el grueso de ellos, unos 300, al mando de Ferénico, con ayuda de algunos voluntarios atenienses y la connivencia de dos estrategos, se estacionó en Trías, en el Atica. Doce jóvenes de los que formaban parte Melón, Teopompo, Damoclidas y Pelópidas, se adelantaron a Tebas para reunirse en casa de Carón con los conjuradores del interior de la ciudad entre los cuales se encontraban al menos Carón, Fílidas, Hiposténidas, Hipatodoro, Clidón y Meneclidas. Una vez reunidos, se dividieron en dos grupos, uno con Pelópidas, Damoclidas, Cefisodoro y Samidas eliminaron a Leontíades e Hipates y otro formado por Melón, Carón, Fílidas, Lisiteo y Teopompo se encargaron de Arquias y Filipo.

Tras la muerte de los cuatro principales líderes de los filolaconios, Fílidas liberó a los presos que estaban retenidos en la cárcel del ágora y se enviaron mensajeros a los restantes exiliados que esperaban en el Ática. Al mismo tiempo intentaron sublevar al pueblo. En este momento entran en escena Górgidas y Epaminondas, que no parecen haber participado en la primera parte de la conspiración, esto es, en la matanza de los polemarcos, y que están reuniendo un grupo para atacar la Cadmea y fomentando la revuelta del demos tebano (Plutarco.Pel.12.4). Durante la noche llegaron los exiliados procedentes del Atica junto con algunos atenienses, pero sólo al amanecer se consiguió efectivamente la sublevación del pueblo. Al alba se reúne una asamblea en la que Górgidas y Epaminondas introducen a los conspiradores presentándoles como libertadores. En la asamblea se eligen beotarcos entre los principales líderes de los conspiradores y se redoblan, con renovado esfuerzo, los ataques contra la Cadmea, poniendo cerco a la guarnición lacedemonia, entre la que se habían refugiado muchos filolaconios. La guarnición finalmente capitula y pacta su salida y retorno a Esparta. Durante la retirada, y a pesar del convenio de capitulación y de los esfuerzos de los atenienses presentes, los tebanos matan a cuantos filolaconios pueden y sólo unos pocos consiguen escapar (Jen.5.4.11-12).

En mi opinión, el desarrollo de los acontecimientos nos permite distinguir, dentro del conjunto de los conspiradores, al menos tres grupos diferentes: los exiliados, los conjuradores del interior de la ciudad y el grupo que reúnen Górgidas y Epaminondas. La cuestión fundamental estriba en definir si esta división es consecuencia de un mero reparto de papeles diseñados dentro el plan de la conspiración u obedece a razones más profundas como distintas trayectorias y pasado político y diversos líderes. Se trata, en definitiva, de investigar si formaban o no grupos asimilables a facciones diferenciadas.

Repasemos, en primer lugar, a los exiliados. Unos trescientos que constituían los restos de la antigua facción oligárquica de Ismenias, Androclidas, Antiteo y Galaxidoro y que habían conseguido escapar tras el golpe del 382. Todos o casi todos parecen pertenecer a ricas familias aristocráticas de Tebas. El padre de Ferénico, Cefisodoto, había ayudado a Trasibulo y los exiliados atenienses durante la oligarquía de los Treinta (Justino.5.9). A través de su padre, adscrito a Ismenias, debió ser como Ferénico entró a formar parte de la facción de Ismenias. Ferénico parece figurar entre los principales jefes de los exiliados y manda el grueso de los fugitivos que esperan en Trías. Pelópidas, hijo de Hipoclo, también de una familia aristocrática y muy rica (Plutarco.Pel.3.1). Su fortuna le permitió ayudar económicamente a muchos de sus amigos y financiar liturgias de Epaminondas (Plutarco. Arístides.1.4) y que había formado parte de la facción de Ismenias antes del 382 (Plut.Pel.5.1). Melón es también un rico aristócrata, sabemos que posee carros y caballos (Plutarco. Mor.587 D) y aristócratas también, a decir de Plutarco (Pel.8.2), Damoclidas y Teopompo. Ismenias el joven, el hijo del gran y muy rico Ismenias, debía encontrarse también exiliado en Atenas, íntimo amigo de Pelópidas, junto a él sirve como embajador en Tesalia en 368 y en Susa en el 367, y quizás fuera beotarco al menos en algún momento en la década de los sesenta.

Como hemos dicho, los exiliados eran antiguos miembros de la facción oligárquica de Ismenias. Era precisamente este pasado político de compromiso con esta facción lo que les había obligado al exilio. Ellos, y sólo ellos, habían pasado por la experiencia del exilio en Atenas, una estancia que parece haberles marcado profundamente. De hecho, durante su estancia en Atenas cabe fechar dos hechos decisivos que se producen en el seno de los exiliados: el obligado cambio de liderazgo y la evolución hacia la democracia.

Como dijimos, los principales líderes, antes del 382, habían sido Ismenias, Androclidas y, probablemente en menor medida, Antiteo y Galaxidoro. Ismenias fue apresado en el 382 y condenado a muerte por un tribunal de la Liga del Peloponeso (Jenofonte.5.2.35-36.; Plut.Pel.5.3). De Antiteo nada sabemos después del 382 excepto que en la noche de diciembre del 379, según Plutarco (Mor.598 A) estaba preso en Tebas e iba a ser ejecutado a la mañana siguiente. A Galaxidoro, que según Jenofonte (3.5.1) había aceptado dinero persa en el 395 para provocar la guerra contra Esparta, Plutarco (Mor.577A, 579F) nos lo presenta la noche del 379 en Tebas y en libertad debatiendo tranquilamente en una conversación filosófica con Simias. El problema fundamental consiste en establecer la utilidad para la interpretación histórica del De Genio Socratis (Mor.575 B-598 F) de Plutarco. La obra contiene básicamente una conversación filosófica que se mantiene en casa de Simias y tiene como trasfondo la conspiración del 379. Evidentemente una parte del ensayo, la discusión filosófica, es pura ficción pero una gran parte del relato de la conspiración puede considerarse histórico. Algo similar ocurre con los personajes mencionados en la obra. Algunos son ficticios: Timarco de Queronea, Teanor, un pitagórico y aunque la mayor parte de los demás son reales, existen fundadas sospechas de que Plutarco los trató con gran libertad. Resulta impensableque Galaxidoro, líder prominente de los de Ismenias y sobornado por los persas en el 395, hubiera estado en Tebas y en libertad y no hubiera sido apresado y condenado en el 382 por medismo como lo fue Ismenias. Lo mismo puede decirse de Antiteo. Es difícil creer que hubiera sido mantenido en prisión durante tres años para fijar su ejecución justo el día después al golpe democrático puesto que sería de esperar que hubiera sido eliminado rápidamente tras los sucesos del 382. Probablemente se trata de una ficción de Plutarco para aumentar el dramatismo de aquella noche. Sea como fuere, lo que a nosotros nos interesa recoger aquí es que del relato de Plutarco se desprende la idea de que ni Antiteo ni Galaxidoro se contaban entre los exiliados. Androclidas parece ser el único de los viejos líderes que pudo ganar el exilio y quedaría él, por tanto, al principio como el líder principal de los exiliados. Así lo entendió Leontíades que envió sicarios para que lo asesinaran. El asesinato de Androclidas provocó el ascenso de nuevos líderes. Los sucesores de Androclidas parecen ser Ferénico y Melón. Ferénico manda el contingente principal de los exiliados que esperan en Trías y el líder de los doce que van a Tebas es muy probablemente, como veremos, Melón. Ambos debían ser muy jóvenes lo que equivale a decir que en el liderazgo de la facción se produce una especie de relevo generacional con el predominio de líderes jóvenes más dispuestos a innovar y probablemente menos lastrados por la tradición oligárquica anterior.

En Atenas los exiliados observaron el funcionamiento de la democracia restaurada posterior al 403 de la que podían extraer elementos aplicables a Tebas y al resto de Beocia y estrecharon lazos de amistad política con varios líderes atenienses fundamentalmente muchos de los que se habían refugiado en Tebas durante la oligarquía de los Treinta y que en su día recibieron ayuda y asistencia de la facción de Ismenias.

Aunque evidentemente no podemos descartar su evolución ideológica y filosófica, los exiliados tebanos en Atenas, antiguos miembros de una facción oligárquica, adoptaron la democracia por necesidad y por utilidad. Además, era difícil que Atenas apoyara a una facción oligárquica y el apoyo ateniense era vital. La democracia podía servir para asentar mejor su poder en Tebas, puesto que la asistencia del demos tebano podía garantizar su permanencia en el poder frente a facciones oligárquicas apoyadas pos Esparta. Con la evolución hacia la democracia la lucha interna no era ya una cuestión de enfrentamientos entre facciones oligárquicas en la que las clases sin derechos políticos no se beneficiarían de la preponderancia de unos u otros sino que ahora, sosteniendo a los demócratas exiliados, las clases desprivilegiadas podían disfrutar de plenos derechos políticos. La democracia era también una necesidad en política exterior porque comprometía a todo el pueblo en la lucha contra Esparta y su ayuda era condición necesaria para resistir. En relación con Beocia, la democracia permitía también desarrollar el poder de Tebas en el seno de una nueva confederación y granjearse el apoyo de los demócratas de toda Beocia frente a las oligarquías filolaconias y los harmostas impuestos por Esparta. La misma fractura política del 382, con la identificación entre filolaconismo y Esparta, traición y esclavitud, favorecía esta evolución democrática.

Los exiliados formaban, al menos numéricamente, el núcleo más importante de la conspiración por lo que estaban en disposición de imponer la democracia y de imponerse a los demás conspiradores si intentaban resistirse a la instauración democrática.

Los exiliados fueron ayudados por un grupo de conjurados, unos treinta y seis en total, en el interior de la propia ciudad. En primer lugar Fílidas el secretario de los polemarcos, con un nivel suficiente de riqueza como para acceder a un alto cargo en la constitución oligárquica. Carón también un rico aristócrata que ofrece su casa a los exiliados. Hiposténidas, otro rico y probablemente aristócrata. Meneclidas, que más tarde sería un famoso orador y oponente acérrimo de Epaminondas y Pelópidas. Hipatodoro, pariente de Hiposténidas, conoce también la existencia de la conspiración, aunque no sabemos si realmente participó activamente en ella y en qué grado lo hizo. Clidón es un personaje que sirve de vínculo entre los conspiradores y los exiliados. Servidor de Melón, había permanecido en Tebas tras el 382, ganó además en los Heraclea del 380, era amigo de Hiposténidas y conocía la conspiración. Con total certeza su renta le permitía figurar entre la clase de los caballeros.

¿Cómo y por qué se había constituido este grupo? Ante todo parece lógico pensar que sus miembros habían tenido poca o más bien nula participación en la antigua facción de Ismenias. Sería impensable que hubieran permanecido en Tebas sin exiliarse y que estuvieran vivos y libres en el 379 y aún más improbable que algunos de ellos desempeñaran altos cargos en el período de predominio filolaconio. El caso de Fílidas es claro, secretario de los polemarcos, cargo que no nunca hubiera podido alcanzar sin el apoyo de los filolaconios y menos aún si hubiera pertenecido anteriormente a la facción de Ismenias, y al que Leontíades considera fiel (Jen. V.4.7, es decir, partidario suyo, y del que Melón no sabe sus verdaderas intenciones hasta que no se entrevista con él en Atenas probablemente ya en el 379. Yo me inclino a pensar que Fílidas perteneció, antes del 379, a la facción filolaconia y que por ello accedió al cargo; difícilmente los filolaconios hubieran confiado una magistratura tan importante a un antiguo miembro de los Ismenias o incluso a alguien políticamente neutro. También Carón gozaba posiblemente de cierta confianza entre los filolaconios, ya que en la noche de la conspiración tranquiliza a los filolaconios sobre los rumores de la llegada de los exiliados y les promete indagar sobre el asunto, algo impensable de tener un pasado favorable a Ismenias. Otros conspiradores contaban ciertamente con una tradición no neutra sino contraria a la facción de Ismenias como era el caso de Hipatodoro, hijo de Eriantes. Eriantes, beotarco en Delión, fue el navarco en Egospótamo (405), que renovaría en el 404; es decir, desempeñó cargos de decisiva importancia en el momento en que la facción de Leontíades está en el poder y, tras Egospótamo, votó en el consejo de los aliados a favor de la destrucción de Atenas. Sin duda alguna era antiateniense y miembro destacado de los filolaconios. Obviamente no podemos decir, basándonos exclusivamente en las ideas políticas de su padre que Hipatodoro fuera un filolaconio pero su pasado familiar y su presencia en Tebas apuntan en contra de su anterior pertenencia a la facción de Ismenias.

En definitiva los conjurados del interior de la ciudad parecen ser ricos y aristócratas. Ninguno de ellos parece haber tenido conexión con la antigua facción de Ismenias y algunos cuentan más bien con vínculos filolaconios y antiatenienses. Ninguno de ellos había pasado por la experiencia democratizante del exilio ateniense y sólo habían conocido la constitución oligárquica. Quizás antes del 382 algunos miembros pertenecieran incluso a la facción filolaconia, y pensaran que lo mejor para Tebas era apoyarse en Esparta para hacer frente al secular enemigo ateniense. ¿Qué les impulsó entonces a formar parte de la conspiración? Desde luego, ni una orientación democrática ni un anterior compromiso político con los de Ismenias. Probablemente la respuesta está en lo sucedido tras el golpe del 382. El gobierno tiránico y opresor de los Leontíades y la humillante ocupación lacedemonia de la Cadmea pudo dividir a los mismos partidarios y simpatizantes de Leontíades. Se trataría entonces de antiguos oligarcas filolaconios descontentos con la política que los de Leontíades habían seguido a partir del 382.

Hay un tercer grupo cuya participación en los sucesos del 379 es algo diferente. Plutarco (Pel.12.4;Mor.594 B, 598 C-D) relata que Górgidas y Epaminondas promueven la sublevación del pueblo y reúnen un grupo para asaltar la Cadmea pero que no toman parte en la eliminación de los filolaconios. Sabemos que Epaminondas se negó expresamente a participar en la matanza de los filolaconios aduciendo escrúpulos morales, ya que no quería mancharse las manos con sangre de sus propios conciudadanos ni matar a un ciudadano sin una sentencia judicial previa (Plut. Mor.576 F, 594 B; Nepote.Epam.10.3). Tampoco Górgidas participó en esta primera fase de la conspiración.

Corremos el riesgo evidente de proyectar sobre la figura de Epaminondas la imagen de gran líder y estratega que quedó para la posteridad tras la batalla de Leuctra, pero el Epaminondas anterior al 371 es algo diferente, joven, probablemente con unos 32 años, pobre, sin haber desempeñado cargo político alguno, miembro de un grupo filosófico pitagórico, era entonces una de escasa relevancia política. Mucho más importante que él parece ser, en el 379, Górgidas, sin lugar a dudas rico y posiblemente aristócrata, había sido hiparco antes del 382, con experiencia militar por tanto y del que podemos dar por seguro que era mayor que Epaminondas. Sin embargo, no parece haber formado parte de la facción de Leontíades. Es difícil que un hiparco hubiera permanecido en Tebas y libre si hubiera sido miembro de la facción de Ismenias. Plutarco (Mor.578 B) dice expresamente que todos los antiguos hiparcos excepto Górgidas y un tal Platón habían huido a Atenas.

Sería el golpe del 382 pero sobre todo la ocupación lacedemonia de la Cadmea lo que debió empujar a Górgidas a alinearse contra los filolaconios. Entre el 382 y el 379 mantuvo contactos con los exiliados de Atenas y a través de cartas les informó de los acontecimientos en Tebas (Plut.Mor.576 A). Tras la liberación del 379 fue elegido beotarco para el 378 o el 377, formó el batallón sagrado (hieros lochos) en el 377 o 376 y Diodoro le menciona dos veces junto con Pelópidas y Epaminondas como uno de los principales líderes tebanos. Es, por tanto, Górgidas y no Epaminondas el principal líder de este grupo, por otra parte, tan elusivo.

Al menos parte de la fuerza de este grupo debía estar centrada en el grupúsculo filosófico reunido en torno a Lisis de Tarento (muerto ya antes de diciembre del 379) quizás heredado por Simias, probablemente un pitagórico formado con Lisis y además discípulo de Sócrates, y en los gimnasios. Epaminondas los frecuentaba mucho y allí inflamaba a los jóvenes. El batallón sagrado creado o recreado por Górgidas estuvo compuesto en gran parte por jóvenes aristócratas educados en la homosexualidad aristocrática y formados militarmente en el gimnasio. No habían pasado por el exilio ateniense, en realidad su aristocratismo parece bastante exclusivista y el Pitagorismo de Lisis parece estar bastante alejado de la democracia. Lo más probable es que ninguno de los miembros de este tercer grupo se hubiera comprometido con ninguna de las dos facciones antes del 382 y sólo la ocupación lacedemonia les impulsó a participar en la lucha política.

La elección de beotarcos era toda una declaración de la intención tebana de reconstruir la Liga beocia aunque en el terreno práctico, como Tebas no controlaba ninguna ciudad de Beocia, sólo había beotarcos tebanos y los órganos de gobierno coincidían con los de Tebas pero, además, lo que interesa destacar aquí es que el reparto de beotarquías puede reflejar la composición interna de los conspiradores.

Plutarco es, a la vez, nuestra principal evidencia pero también, un espinoso problema por lo contradictorio de su testimonio. En Pel.13.1 dice que Pelópidas fue elegido beotarco juntamente con Melón y Carón. Un poco más adelante (Pel.14.1) afirma que en el mismo año, en relación con el asunto de Esfodrias, febrero-marzo del 378, Pelópidas y Górgidas eran beotarcos. Sin embargo en Ages.24.6, en el mismo asunto de Esfodrias, Pelópidas y Melón figuran como beotarcos. Con semejante contradicción S. Fuscagni, seguido por M. Sordi, pensó en la elección de dos únicos beotarcos, Melón y Carón. K.J. Beloch y H. Swoboda, llevados de su idea de que fueron elegidos polemarcos y no beotarcos y basándose en los colegios de polemarcos que en Beocia están formados por tres polemarcos y un secretario pensaron que fueron elegidos Pelópidas, Melón y Carón como polemarcos y Górgidas en calidad de hiparco. Por el contrario J. Buckler y con reticencias J.A.O. Larsen afirmaron la elección de cuatro beotarcos tebanos.

La elección de beotarcos nos lleva a pensar que subsistía, al menos parcialmente, la antigua organización en distritos que servía como base electoral para los beotarcos, esto es, que cada beotarco en 379, como en la antigua confederación oligárquica era elegido en representación de un distrito. Según Las Helénicas de Oxirrinco (12.1) la antigua confederación oligárquica se hallaba dividida, en el 395, en once distritos que eran la base electoral, política, fiscal y militar. De estos once distritos cuatro correspondían a Tebas; dos por la propia ciudad de Tebas y dos más por Platea y las pequeñas comunidades que habían estado antaño unidas a esta última polis. Podemos estar seguros de que Tebas eligió, en el 379, como mínimo los dos beotarcos que le correspondían en representación de la ciudad de Tebas y su territorio. Tebas tendría derecho a otro beotarco por esas comunidades que, como Escolo, seguían formando parte de su territorio en el 379; pero otra cosa muy distinta era la cuarta beotarquía. Platea había sido reconstruida tras la Paz del Rey, tenía guarnición espartana y elegir un cuarto beotarco equivalía a expresar públicamente el deseo tebano de anexionarse Platea, algo muy difícil de creer en un momento en que Tebas negociaba una alianza con Atenas; los atenienses difícilmente hubieran consentido firmar una alianza a la vista de las intenciones tebanas. Creo que es más prudente pensar en la elección de sólo tres beotarcos que se repartieron Carón, Melón, Górgidas y Pelópidas.

A pesar de que Jenofonte (5.4.3) habla de un tal Carón, éste era un personaje de gran relieve en Tebas y su participación parece haber sido de decisiva importancia para el triunfo de la conspiración de tal forma que junto con Fílidas parece haber sido el principal jefe de los conjurados del interior de la ciudad. Carón fue beotarco o hiparco con seguridad en algún momento entre el 378 y el verano del 375 (Plutarco.Pel.25.6), figura importante en los sesenta.

El relato de Jenofonte de la conspiración del 379 tiende a resaltar la figura de Melón, único de los exiliados al que menciona por su nombre. Melón acuerda el plan con Fílidas, reúne a los exiliados que le iban a acompañar y participa directamente en la muerte de Arquias y Filipo. En Jenofonte, Melón emerge como el principal líder de los desterrados. Resulta chocante que Jenofonte no mencione a Pelópidas cuyo papel es puesto de relieve por Plutarco y Nepote. La causa de esto hay que achacarla fundamentalmente al odio que Jenofonte siente por Tebas y, en particular, a la antipatía personal hacia la propia figura de Pelópidas. Con todo podemos creer que el testimonio de Jenofonte contiene una parte de verdad, si bien el papel de Pelópidas en la conspiración no fue tan obscuro como Jenofonte quiere hacernos creer, el líder de los doce exiliados que se adelantan a Tebas era Melón. Plutarco tiende a resaltar el papel de Pelópidas en los sucesos de diciembre del 379, pero deja traslucir una cierta equiparación entre el papel de Pelópidas y el de Melón. En Pel. 8.4 habla de los doce refiriéndose al grupo de Pelópidas y Melón. Melón participa en el asesinato de Arquias y Filipo y Pelópidas en el de Hipates y Leontíades. Ambos son elegidos beotarcos. Para Plutarco, Melón era el segundo líder de los exiliados sólo detrás del propio Pelópidas. Pero el mismo Plutarco en la narración de la conspiración en Mor.594 A-598 F el papel de Melón es más importante que el de Pelópidas Probablemente estamos más cerca de la verdad diciendo que el líder principal de los exiliados es más bien Melón que Pelópidas o Ferénico.

El caso de Górgidas es obscuro. Sobre la base de distintos testimonios (Polieno.2.5.2; Jen.5.4.42-44; D.S.15.1.33-36) se puede argumentar que Górgidas mandaba en el año 378 tanto fuerzas de caballería como hoplitas por lo que sería beotarco. De Pelópidas dice Diodoro (15.81.4) que desde la vuelta de los exiliados hasta su muerte (364) fue elegido ininterrumpidamente para desempeñar el cargo de beotarco, pero no podemos tomar literalmente tal aseveración porque el mismo Diodoro se contradice un poco más antes (15.81.2) al afirmar que Pelópidas era comandante (lochagos) del batallón sagrado en Leuctra. Que Pelópidas no era beotarco en Leuctra en el 371 y sólo lochagos del batallón sagrado se ve confirmado por numerosas fuentes. Plutarco (Pel.34.5) relata que Pelópidas murió en el 364 en su decimotercera beotarquía y en Pel.15.3 que desde la primera vez que lo eligieron o bien como beotarco o bien como lochagos desempeñó siempre algún mando militar. Entre el 378 y el 364 median quince años que pueden ser cubiertos con trece beotarquías y otro año más (371) como lochagos pero resta un año en blanco. Plutarco (Pel.15.3) afirma también que, desde que lo eligieron beotarco hasta el 364, tuvo un mando militar no que desde la vuelta de los exiliados fuera beotarco con lo que el año en blanco pudo ser también el 378.

Lamentablemente la evidencia es poco concluyente. Podemos pensar que Melón y Carón fueron, con seguridad, fueron beotarcos para el 378 y la otra beotarquía recaería posiblemente en Górgidas y no en Pelópidas. La elección de beotarcos apoya la hipótesis de la división entre facciones de los conspiradores. Así, Carón representaría a los conjurados del interior de la ciudad, Melón a los exiliados y Górgidas al grupo político que lideraba y del que formaba parte Epaminondas. De este modo, los tres grupos que participan en la conspiración estarían representados a través de sus líderes principales.

En definitiva, la imagen que percibimos de los conspiradores del 379 es fundamentalmente la de su heterogeneidad. Los exiliados en Atenas, el núcleo principal y más numeroso, antiguos miembros de la facción oligárquica antilaconia de Ismenias que habían evolucionado hacia la democracia y cuyos líderes principales eran Melón y, en menor medida, Pelópidas y Ferénico. Los conjuradores del interior de la ciudad con su líder Carón y, tras él, Fílidas, y que serían antiguos oligarcas filolaconios descontentos tanto con el gobierno de los de Leontíades cuanto con la ocupación espartana. Y, en tercer lugar, el grupo en torno a Górgidas formado por personas sin pasado político, por aquéllos que antes del 382 no pertenecieron ni a la facción de Ismenias ni a la de Leontíades. ¿Qué les unía?. No necesariamente la tendencia democrática ni tampoco eran todos atizantes sino más bien las humillaciones del 386 y sobre todo la del 382, el patriotismo que significaba para la inmensa mayoría librarse de los filolaconios y, para todos, expulsar a la guarnición espartana. Patriotismo entendido no sólo como liberación de la propia ciudad de Tebas sino también en la necesidad de dotar a Tebas de una fuerza suficiente para que nunca volvieran a producirse hechos como los acaecidos en el 382, lo que significaba, en otras palabras, la reconstitución de la Confederación beocia, otro punto sobre el que todos estaban de acuerdo.
 

# La instauración de la democracia

Las fuentes parecen demostrar de forma inequívoca que la democracia fue establecida inmediatamente después de la eliminación de los polemarcos. La mañana siguiente a la muerte de los polemarcos los conspiradores convocan una asamblea en Tebas (Plutarco.Pel.12.4) que es una asamblea popular del tipo normal en una constitución democrática.

En el otoño-invierno del 378 tras la segunda expedición de Agesilao, Jenofonte (5.4.46) dice que el demos beocio se pasó a Tebas. Lógicamente Jenofonte no puede querer decir asamblea ni tampoco que el pueblo entero de Beocia o sus sectores más bajos hayan emigrado en bloque a Tebas sino que las facciones democráticas de toda Beocia incapaces de resistir la fuerza combinada del ejército espartano, de las facciones filolaconias y de las guarniciones lacedemonias, las facciones democráticas de Beocia se pasaron a Tebas, lo que abona la idea de que Tebas poseía en este momento un régimen democrático.

Por otra parte Pausanias (9.1.5-7) narra que, en el otoño del 373, se reúne una asamblea tebana y que, una vez congregada, el beotarco Neocles conduce a los tebanos contra Platea que es ocupada por sorpresa y destruida. Se trata evidentemente de una asamblea democrática y aunque la fecha es un poco posterior viene a corroborar la idea de que se instauró un régimen democrático en Tebas en diciembre del 379, un régimen que más tarde se extendería a la Confederación y a las demás ciudades beocias y del que conocemos muy someramente sus instituciones y funcionamiento.
 

12. La Confederación beocia de la época de la hegemonía (371-356)

12.1. La nueva Confederación beocia

La batalla de Leuctra (verano del 371) inauguró un nuevo período en la historia griega marcado por el final de la hegemonía espartana y el ascenso de Tebas a primera potencia griega.

Tras el golpe de estado de diciembre del 379, la reunión de la asamblea tebana significaba la introducción de la democracia y la elección de los beotarcos expresaba la voluntad tebana de reconstruir la Confederación. A partir de entonces, democracia y federalismo irían parejas de modo que, a medida que se extiende el poder tebano, durante los años 378 a 370, se instaura en Beocia una novedosa Confederación democrática de la que, desgraciadamente, conocemos muy someramente sus instituciones y funcionamiento.

Al frente del koinon de los beocios, nombre oficial de la Confederación, se situaba un arconte federal, que era similar en sus funciones a su homónimo ateniense. Se trataba de un cargo con escaso poder, reducido al eponimato y labores ceremoniales y representativas.

Carecemos prácticamente de toda información sobre el reparto de cargas y derechos y la integración de las poleis beocias en la nueva estructura federal. La única evidencia de la existencia de distritos deviene del colegio de los siete beotarcos. Si el número de beotarcos se relacionaba con la existencia de distritos, los once distritos con que contaba la anterior Confederación oligárquica se habían reducido ahora a siete. Posiblemente los dos distritos de Tespias y los otros dos que correspondían a Orcómeno fueron suprimidos, como castigo a su resistencia. Por el contrario, cuando Tebas se anexionó el territorio de Platea pudo aumentar su representación. De este modo, de los siete beotarcos que formaban el colegio, Tebas, posiblemente con cuatro, obtuvo la mayoría. Tanagra, que debió adherirse voluntariamente a la Confederación, retendría su beotarquía y las pequeñas ciudades de Beocia se repartirían las dos restantes.

Los beotarcos tenían funciones idénticas a sus antecesores de la antigua Confederación disuelta por la Paz del Rey. Elegidos hacia octubre/noviembre, entraban en el cargo después del solsticio de invierno, a principios de enero. Estaban al mando del ejército federal y a ellos estaban subordinados al hiparco federal y al navarco federales. En campaña, formaban el consejo de guerra en cuyo seno discutían la estrategia y las tácticas y se tomaban la decisión más importantes por mayoría. Un beotarco tebano tenía siempre la comandancia suprema (hegemonía). Los beotarcos disfrutaban también de un buen número de prerrogativas no militares como los poderes probuléuticos: podían presentar proyectos y hablar ante a la asamblea, recibían a los embajadores y los introducían ante la asamblea; gozaban del derecho de iniciar acciones judiciales y de arrestar a los sospechosos de subversión y llevarlos ante la asamblea o el tribunal y manejaban además fondos públicos. Por último, estaban sujetos a la apocheirotonia (deposición del cargo), a una rendición de cuentas (euthyna) y eran responsables ante el tribunal federal.

La más significativa institución de la nueva confederación beocia era, sin duda alguna, el damos de los beocios, es decir, la asamblea federal, que no existía anteriormente y que, con seguridad, fue modelada sobre la ateniense. Tenía ésta un carácter primario y democrático y no representativo y oligárquico, esto es, estaba abierta a todos los ciudadanos beocios sin restricción censataria alguna. Las reuniones de la asamblea debían tener lugar normalmente en Tebas y, habida cuenta de que la población tebana era la más numerosa de Beocia y la facilidad de los tebanos para asistir a las convocatorias, el voto por persona hacía de la asamblea, en realidad, un instrumento del poder tebano. La asamblea era la autoridad suprema en las materias legislativa y de política exterior. Al menos en una ocasión juzgó también a los culpables de una conspiración oligárquica.

No tenemos noticias de la existencia de un Consejo federal pero su presencia se puede inferir con cierto grado de certidumbre:

1. En la antigua Confederación oligárquica uno de los cuatro consejos, por turno, ejercía funciones probuléuticas: preparaba las decisiones que se tomaban posterior en la sesión conjunta de los cuatro consejos. Del mismo modo, en la Confederación democrática de época helenística existía un consejo federal, synedrion, que preparaba las sesiones de la asamblea.

3. A una asamblea popular le resulta muy difícil funcionar sin una institución que, entre otras funciones, prepare las mociones a aprobar. En Atenas estas atribuciones las desempeña la boule, en Beocia, al menos algunas de ellas parecen estar en manos de los beotarcos pero si pensamos en el número de los beotarcos, siete, después de Leuctra entre dos o tres se encuentran casi todos los años, al mando de expediciones militares exteriores, resulta difícil creer que fueran capaces de realizar este trabajo como una competencia exclusiva de la beotarquía.

4. Es bastante claro que la democracia beocia está fuertemente influida donde el consejo democrático, probuléutico de la asamblea, contaba con una larga tradición.

5. En la década de los sesenta, un consejo juzga a los culpables de haber asesinado al tirano Eufrón de Sición en la propia ciudad de Tebas. Es posible que se trate de un consejo local que juzga a extranjeros, normal en Atenas, o el consejo federal puesto que el problema de Eufrón y Sición es un asunto de política exterior y, por tanto, competencia de los órganos federales. Sea como fuere, debemos tener en cuenta que la estructura local era idéntica a la federal, por lo que un consejo local supone, con bastante certeza, la existencia de un consejo federal.

La nueva Confederación contaba con un tribunal federal democrático que se nutría de varios cientos de ciudadanos beocios probablemente extraídos por sorteo y ante el que son responsables los magistrados de la Confederación y que juzgaba las infracciones contra leyes federales.

Aunque no está explícitamente atestiguado, es posible pensar en la presencia de un tesoro federal que se encargaba, entre otras funciones, de acuñar la moneda beocia de este período en la única ceca que existía en toda Beocia: la que estaba situada en Tebas.

Finalmente, existía una uniformidad entre las constituciones locales y la federal: todas las poleis beocias gozaban de un régimen democrático, disponían un arconte local, un colegio de polemarcos, un consejo y una asamblea locales.
 

12.2. Los instrumentos de la hegemonía

A) El control de Beocia

Después de la experiencia de la Guerra de Corinto, la disolución de la Confederación y la subsiguiente ocupación militar, los tebanos estaban convencidos de que sólo una Beocia completamente fiel haría posible la seguridad de Tebas y que ésta pudiera desempeñar un papel de primera importancia en Grecia. Se establecieron dos modelos de tratamiento según había sido la actitud del resto de las ciudades ante el poder tebano. Las ciudades que se sometieron voluntariamente conservaron su representación política y sus murallas. Muy diferente fue el caso de aquellas ciudades que opusieron resistencia. Platea fue ocupada en el otoño del 373, la población fue expulsada de Beocia, la ciudad arrasada y su territorio unido a Tebas. Tespias fue incorporada a la confederación entre la Paz del 375 y la batalla de Leuctra, pero la ciudad perdió su representación política y sus murallas fueron desmanteladas. Luego, inmediatamente después de Leuctra, los tespieos fueron también expulsados de Beocia, como castigo a su actitud en la batalla (se retiraron antes del combate), y su territorio unido al tebano. Orcómeno fue incluida en la nueva confederación en el 370 y perdió también su representación en los órganos federales. En el 364, Tebas se sirvió como pretexto de una conspiración oligárquica en la que participaron los caballeros orcomenios, para ejecutar a parte de la población, esclavizar a muchos y expulsar a los restantes. Posiblemente su territorio fue repartido entre las poleis vecinas.

Finalmente es muy posible que Beocia se anexionara varias ciudades locrias como son Bumelita, Halas y Larimna y quizá también todo el territorio de la Lócride Opuntia.

Después de todo esto, el territorio tebano comprendía más de la mitad de Beocia y el territorio federal se vio ampliado (desde el 366 Oropo dependerá también de Beocia) pero la potencia demográfica de la confederación, con las expulsiones, ha disminuido gravemente: los mil hoplitas opuntios no podían compensar los cerca de seis mil infantes pesados que podían reunir conjuntamente Orcómeno y Tespias.
 

B) El ejército de la hegemonía

Como vimos, la más alta jefatura del ejército beocio era ejercida por un colegio de siete beotarcos. La comandancia en jefe del ejército era atribuida siempre a un beotarco tebano. A las expediciones exteriores se enviaban siempre dos o tres beotarcos y nunca uno solo.

La infantería beocia se dividía en lochoi (batallones) cada uno al mando de un lochagos. El número de hoplitas que comprendía cada lochos debía ser de unos trescientos. Aunque no sepamos exactamente cómo se llevaba a cabo, el distrito pudo constituir la base de reclutamiento.

En el siglo V a.C. existía un cuerpo tebano selecto compuesto por trescientos hoplitas (los aurigas y guerreros) que es, sin duda, el precedente de la mejor aportación tebana a la estructura de la infantería griega en el siglo IV, esto es, la creación del batallón sagrado (hieros lochos) que comprendía trescientos jóvenes escogidos que combatían por parejas. Este cuerpo elegido fue organizado por Górgidas en el 378 o en el 377 y estuvo, en todo caso, listo para entrar en acción en la primavera del 376. Varios autores antiguos coinciden en destacar los vínculos homosexuales que unían entre sí a los miembros del batallón sagrado, una homosexualidad que les impediría cometer en el campo de batalla, delante de su amado, un acto tachado de vergonzoso. Sin que afirmemos taxativamente su homosexualidad, señalemos tan sólo su alta probabilidad. La propia legislación tebana legitimaba, protegía y potenciaba este tipo de vínculos que debían estar muy extendidos en la ciudad.

Tebas exigía de los soldados de este batallón una consagración total. Se trataba de un cuerpo profesionalizado mantenido a sueldo por el Estado que en tiempo de paz guarnecía la Cadmea y en época de guerra ocupaba la vanguardia del ejército. El batallón sagrado unía las ventajas de un cuerpo mercenario, profesionalización y adiestramiento a las del ejército de ciudadanos-soldados, patriotismo y fidelidad, y obviaba las desventajas de ambos. En la primavera del 375 el batallón sagrado se cubre de gloria en Tegira destrozando dos moras lacedemonias y es aquí donde, actuando como un grupo compacto, mostró su capacidad de penetración en la falange contraria. Después se convirtió en una pieza básica del orden oblicuo de Epaminondas transformándose en su principal brazo ejecutor.

Junto al batallón sagrado el número total de hoplitas beocios que formaba parte de una expedición militar rondaba los siete mil. Epaminondas y los principales líderes tebanos se preocuparon de manera especial del entrenamiento de la falange beocia que era considerada, durante este período, la mejor de Grecia.

Todos los autores antiguos coinciden en destacar el valor y el número de la caballería tebana y beocia en general reputada, en unión de la tesalia, como la mejor de Grecia y que estaba compuesta por la rica aristocracia terrateniente de Beocia. Bajo el mando de un hiparco federal y de sus hiparcos locales respectivos, la caballería se dividía en escuadrones, hilas, que comprendían entre treinta y cuarenta jinetes, al mando de un hilarco. En Leuctra y Mantinea, la caballería adoptó una posición novedosa en el campo de batalla: justo delante de la falange y no en los flancos como era costumbre. En las expediciones militares el número de jinetes beocios oscilaba entre seiscientos y ochocientos.

Es una característica sumamente peculiar de Beocia la asociación a los jinetes de una especie de infantería montada (hamippoi pezoi). En la batalla cada hamipo combatía pie a tierra al lado de su jinete, hostigaban y podían desmontar la caballería enemiga. De esta manera, los jinetes y hamipos formaban un grupo compacto, muy superior a sus enemigos y de los que cabe destacar el elevado adiestramiento, su eficaz armamento, su rapidez y contundencia.

En la antigua confederación oligárquica del siglo V, Beocia disponía de un cuerpo especial de infantería ligera, los psilos, reclutada por distritos y compuesta por ciudadanos, no por mercenarios. Resulta difícil pensar que Beocia, con tal tradición, no mantuviera un cuerpo de infantería ligera precisamente en un siglo que se caracteriza por el desarrollo de este tipo de tropa.

A las tropas beocias se le unían la contribución de los aliados, especialmente tesalios, locros, focidios, eubeos, melieos y enianos. En algunas ocasiones, supones que muy escasas, los beocios recurrieron a contratar contingentes mercenarios pero, aparentemente, en un número muy reducido.

La flota beocia estaba al mando de un navarco, subordinado al beotarco, que debía ser una magistratura ordinaria, anual y elegida por la asamblea federal. Bajo el mando del navarco se encontraban los trierarcos. A pesar de un efímero momento de gloria entre el 364 y 363, el número de naves de la armada beocia debía ser escaso y aún menor su importancia. En Beocia faltaron la tradición, las condiciones y el tiempo necesario para que la Confederación se convirtiera en una potencia naval y, por lo tanto, la base de la hegemonía siguió siendo casi exclusivamente terrestre.

Los grandes generales tebanos del período introdujeron una importante serie de innovaciones tácticas. La ocupación espartana de Decelía en el Ática en el 413 había cambiado el carácter de la guerra entre las ciudades griegas: se pasó de la batalla campal a la destrucción del poder de una ciudad mediante la coerción económica y la devastación continuada y sistemática del territorio; estrategia que se puso también práctica, con grandes resultados, durante la Guerra de Corinto. Los tebanos extrajeron las enseñanzas que se derivaban de este modo de lucha. Así, en los años de las expediciones lacedemonias contra Tebas (378-377), rechazaron la posibilidad de refugiarse tras los muros de la ciudad, tal actitud conducía solamente al asedio de Tebas y a la derrota, y adoptaron un sistema de defensa territorial: rodearon con un foso y una empalizada la mejor parte de su territorio, con lo que evitaban su devastación y se protegían, detrás de las fortificaciones, siguiendo al ejército enemigo para evitar que penetrara. Cuando los lacedemonios sobrepasaron esta línea, los tebanos se defendieron en el territorio apoyándose en su conocimiento del terreno y no se resguardaron en la ciudad.

Entre los años 376 y 371 desarrollaron una auténtica guerra de guerrillas contra las demás ciudades beocias. Llevaron a cabo incursiones y golpes de mano, que tenían como finalidad hostigar a los filolaconios y las guarniciones lacedemonias y, si era posible, ocupar algunas ciudades. Esta estrategia suponía un adiestramiento continuo y de ella extrajeron experiencias que habrían de servir en el futuro como la batalla de Tegira, librada a principios de la primavera del 375, una especie de ensayo a pequeña de la batalla de Leuctra, en la que la caballería tebana y el batallón sagrado mostraron su tremenda efectividad.

Las batallas de Leuctra y Mantinea supusieron la culminación de las innovaciones tácticas y estructurales introducidas en el ejército; de ambas batallas conviene destacar: la utilización revolucionaria de la caballería, la concentración de tropas en el ala izquierda y el ataque en orden oblicuo. En las batallas hoplíticas del pasado la caballería operaba en los flancos de la falange y su protagonismo era escaso. En Leuctra y Mantinea la numerosa y entrenada caballería beocia se situó junto a los hamipos, en el centro, delante de la falange. La finalidad de ello era derrotar prontamente a la caballería contraria para que ella misma cayera sobre su propio ejército introduciendo la confusión y también proteger el debilitado flanco derecho de su ejército. La concentración de las filas del ejército en sí misma no era nueva así, por ejemplo, en Nemea, en el 394, mientras todo el ejército se dispone en dieciséis filas de profundidad, los beocios lo hacen en veinticinco, pero lo que sí era novedoso fue el extraordinario aumento de la profundidad no de toda sino de una parte de la falange, hasta cincuenta escudos en fondo, y su concentración en el ala izquierda del ejército - hasta entonces era el ala derecha la parte más importante de la falange-.

El ataque en oblicuo consistía en hacer avanzar rápidamente el ala izquierda del ejército en sentido oblicuo, dejando atrás el flanco derecho, y romper la línea adversaria antes de que el ala derecha propia entrara en contacto con la falange enemiga.

En mi opinión, las innovaciones tácticas introducidas, multiplicadas en su efectividad por la propia estructura del ejército beocio, suponen la culminación en el desarrollo del ejército hoplítico de ciudadanos soldados de la polis griega.
 

C) Alianzas y guarniciones

Los beocios renunciaron a la imposición de un tributo y, a pesar de que preferían los regímenes democráticos y de que algunos tebanos eran proclives a imponerlos, no parece que trataran de cambiar, fuera de Beocia, las constituciones de los estados aliados. Renunciaron a imponer un tributo regular anual aunque aceptaron algunas contribuciones voluntarias extraordinarias.

Además del sometimiento de Beocia y la capacidad del ejército beocio, la hegemonía beocia se basaba en la creación de un sistema de alianzas y el establecimiento de unas pocas guarniciones que controlasen rutas estratégicas y mantuviesen fieles a Tebas unos pocos centros claves.

El tratado de alianza incluía siempre la prohibición de no hacer la paz por separado (Jen.Hel.7.4.40) y la obligatoriedad de aportar contingentes en cualquier expedición beocia o, si el tratado era ventajoso para el aliado, sólo cuando Beocia fuera invadida (un tratado defensivo) como en el caso de la alianza con los focidios (Jen.Hel.7.5.4). Como el tratado era la base fundamental del dominio beocio, éstos exigían su puntual cumplimiento; la acusación más grave que se podía hacer a un aliado era que estaba destruyendo la alianza (Jen.Hel.7.1.39) y el incumplimiento de los pactos era tachado sin vacilación como traición y provocaba una inmediata expedición de castigo (Jen.Hel.7.5.40).

Epaminondas y Pelópidas fueron muy moderados en la introducción de guarniciones al mando de harmostas, en la terminología laconizante de Jenofonte, para asegurarse la fidelidad de los aliados. En Tegea se situó una guarnición compuesta por trescientos hoplitas beocios al mando de un harmosta tebano. Se trata probablemente de la guarnición típica beocia (un lochos). Otro harmosta con un contingente cuyo número ignoramos ocupaba la acrópolis de Sición (Jen.Hel.7.2.11; 3.4). Otra guarnición estaba estacionada en Mesene (Diodoro.15.67.1). No muchos días debieron conservar sus puestos los harmostas establecidos en las diferentes ciudades aqueas tras la primavera/mediados del verano del 366 (Jen.Hel.7.1.43). Fuera del Peloponeso, dos guarniciones se hallaban destacadas en Equino (Acaya Ftiótide) y Nicea, cerca de las Termópilas. Finalmente, una guarnición defendió Oropo desde mediados del verano de 366 (Diodoro.15.79.6).

 

12.3. La práctica de la hegemonía

A) Beocia y Grecia central. Las dos primeras expediciones de Epaminondas al Peloponeso

Entre el verano del 371 y el otoño del 370 los beocios, al mando de Epaminondas, completaron el dominio sobre Beocia y aseguraron el control tebano de Grecia central. Redujeron en primer lugar a los tespieos que se habían mostrado desafectos en Leuctra -probablemente fueron expulsados de Beocia- y emprendieron una expedición contra Orcómeno y Grecia central. Orcómeno se rindió y Epaminondas, desoyendo las voces tebanas en contra, respetó la ciudad. Sin embargo, los orcomenios hubieron de aceptar condiciones muy duras: demolición de sus murallas, pérdida de sus beotarquías y de su representación política en la organización federal y obligación de contribuir a las expediciones militares. Desde Orcómeno, el ejército beocio penetró en Grecia central. Tebas buscaba en Grecia central el control de las rutas hacia el Norte y la seguridad de sus fronteras norte y oeste. El éxito de la expedición fue completo y duradero: los beocios obtuvieron la alianza de Fócide, ambas Lócrides, Etolia, Acarnania, Heraclea, los enianos, los melieos y de todas las ciudades de Eubea. Todas estas alianzas, salvo la Fócide, se mantenían todavía firmes en la época de Mantinea (362).

Si bien Pelópidas participó en la primera expedición al Peloponeso, la política peloponesia de la Confederación está indisolublemente vinculada a la figura de Epaminondas. El objetivo de Epaminondas en el Peloponeso era doble: por una parte, impedir la recuperación de Esparta, y por otra, construir un sistema de alianzas y guarniciones que posibilitara el predominio de Tebas en medio del avispero peloponesio.

Epaminondas emprendió la primera expedición al Peloponeso, dado lo avanzado de la estación (llegó a Arcadia en diciembre del 370), con la idea de realizar un mero acto de presencia. Su mandato de beotarco finalizaba en pocos días, pero, una vez en Arcadia, se dejó convencer para penetrar directamente en territorio laconio: arrasó toda la margen izquierda del Eurotas, quemó cuantas ciudades encontró sin amurallar y destruyó el único arsenal naval conocido de los lacedemonios, Giteo. A su vuelta, independizó la mayor parte de Mesenia y fundó Mesene. La fundación de Mesene, en los primeros meses del año 369, tiene un significado crucial para la historia de Grecia, no sólo marcaba la liberación, después de cuatrocientos años, de Mesenia y de la triste condición de los hilotas sino que imposibilitaba para siempre la recuperación de Esparta. Fruto también de esta campaña fue la organización de la Confederación arcadia y la fundación de Megalópolis.

Sin embargo, cuando en abril del 369, Epaminondas, cargado de gloria, regresaba a su ciudad natal, había retenido durante cuatro meses el cargo de beotarco después de que expirara legalmente su mandato y esta violación constitucional provocó su procesamiento. Absuelto, dirigió una nueva expedición al Peloponeso en el verano/principios del otoño del 369 contra los pocos aliados que le quedaban a Esparta y que se centraban esencialmente en el Istmo y en la Península de la Argólide: fliasios, corintios, peleneos, epidaurios, sicionios, trecenios, hermioneos y halieos. Epaminondas atrajo al lado tebano a Sición y Pelene y saqueó el territorio de Epidauro y Trecén; pero en la segunda parte de la campaña sufrió dos derrotas, una ante las puertas de Corinto y otra contra los celtas e íberos enviados por Dionisio en ayuda de los lacedemonios. A su regreso a Tebas en el otoño del 369, Epaminondas era tan vulnerable por estos fracasos que sus enemigos le llevaron a juicio. Aunque fue nuevamente absuelto no fue elegido para la beotarquía del año siguiente (368).
 

B) La intervención en Tesalia y Macedonia

La política tebana en el Norte de Grecia se halla ligada a Pelópidas. En la primera expedición (verano/otoño del 369), al mando de siete mil hombres (Diodoro.15.80.2), Pelópidas se presentó en el Norte como el libertador contra la tiranía de Alejandro de Feras y como el árbitro capaz de acabar con los conflictos. Organizó la Confederación tesalia, pactó con Alejandro de Feras y arbitró el conflicto que había surgido en Macedonia entre Alejandro II y Ptolomeo de Aloro, favoreciendo probablemente la causa del primero con quien concluyó un tratado de alianza. A su regreso, a finales del otoño de 369, introdujo guarniciones beocias en Equino (Acaya Ftiótide) y Nicea, cerca de las Termópilas.

En la primavera del 368, Pelópidas encabezó con Ismenias una embajada tebana con el fin de hacer frente a la intervención ateniense en Macedonia, al asesinato de Alejandro II y a la actividad de Alejandro de Feras. En Macedonia, Pelópidas e Ismenias obtuvieron la alianza de Ptolomeo pero, a su vuelta, fueron apresados por Alejandro de Feras. Indignados, los beocios envían una expedición en el otoño del 368 con la intención de liberarlos pero los beotarcos que la dirigían, Cleómenes e Hipato hicieron fracasar la campaña y solamente la pericia de Epaminondas, que iba en el ejército como simple soldado, salvó a los beocios de un serio descalabro. Pelópidas e Ismenias sólo pudieron ser liberados por una corta campaña de Epaminondas en la primavera del 367 que, ya beotarco, obligó al tirano a devolver los embajadores y a pactar una tregua que se renovaba cada treinta días.
 

C) La amistad con Persia (367)

Tres años después de Leuctra, en el 368, llegó a Grecia Filisco de Abido, emisario de Persia, con el fin de reconciliar a los griegos. Bajos los auspicios de Filisco, los estados griegos enviaron delegados a Delfos para negociar una paz general. La aplicación de una paz general a la situación del 368 conllevaba dos medidas esenciales: el reconocimiento de que Mesenia debía pertenecer a Esparta y la disolución de la nueva Confederación beocia. Es posible que los espartanos, dada su situación, estuvieran dispuestos a reconocer la existencia de la Confederación beocia pero no querían renunciar a Mesenia; en realidad, sólo el control espartano sobre Mesenia podía restablecer en cierta medida el equilibrio que Leuctra había truncado. Los atenienses, por su parte, eran también favorables a la firma de la paz; sin embargo, los beocios se opusieron a la idea de que Mesenia perteneciera a Esparta e hicieron fracasar las negociaciones de paz. Tras el fracaso de la reunión en Delfos, Filisco reclutó dos mil mercenarios para que combatieran con los lacedemonios contra los beocios y los pagó por adelantado y probablemente trató de sobornar a los principales líderes tebanos para que fueran más favorables a la firma de la paz. En consecuencia, pudo entregar dinero a Diomedonte para que, desde Delfos, se trasladara a Tebas. Se suele afirmar que Diomedonte fracasó en su intento -no consiguió, es cierto, sobornar a Epaminondas ni a otros líderes- pero muy posiblemente la embajada de Filisco y la tentativa de Diomedonte convencieron a los beocios de la necesidad de negociar con el rey y, así, en el otoño del 367, Pelópidas fue enviado como embajador a Susa.

La embajada beocia respondía también a otra que había enviado los espartanos en la primavera del 367. Si la misión lacedemonia tenía éxito, una cuádruple alianza compuesta por Esparta, Atenas, Dionisio de Siracusa y Persia, podía amenazar directamente a Beocia. Sin embargo, en Susa, fue Pelópidas quien firmó un tratado de amistad y de alianza con Persia. Según este acuerdo, Mesenia debía ser independiente, los atenienses debían desmantelar la flota y renunciar a la hegemonía marítima, las ciudades griegas serían autónomas y el Rey veía confirmado, sin disimulo, su dominio sobre las ciudades griegas de Asia. Pelópidas había obtenido un gran éxito y Tebas sucedía ahora a Esparta en la amistad del Rey. A su vuelta de Susa, Pelópidas fracasó en su intento de que las ciudades griegas juraran la nueva paz del Rey en el Congreso de Tebas en la primavera del 366 y cuantas tentativas hizo después, pero, a pesar de todo, Beocia siguió gozando de la amistad de Persia que se mantenía todavía después de Mantinea.
 

D) Atenas intimidada

La Segunda Liga ateniense se había formado en el 378/7 para hacer respetar a Esparta la libertad de los griegos. Después de Leuctra, la razón de ser había desaparecido, pero, sin embargo, la liga continuó. Atenas se sentía ahora amenazada, no por una Esparta incapaz de recuperarse de la derrota de Leuctra y de la pérdida de Mesenia, sino por la poderosa Tebas que, a la cabeza de la Confederación beocia, emergía como la potencia hegemónica en Grecia. De este modo, hasta la Guerra social (356), la actividad de Atenas y de la liga está dirigida principalmente a frenar el expansionismo tebano en dos ámbitos principales: el Peloponeso y Tesalia y Macedonia.

La destrucción de Platea en el otoño del 373 había ya enfriado notablemente las relaciones entre Beocia y Atenas, aliadas desde el 377. En el 371 los beocios se negaron a firman la paz lo que supuso la salida de Tebas de la Segunda Liga ateniense y, después de Leuctra, Atenas rehusó acompañar a Epaminondas en una expedición al Peloponeso. En el 370, en el curso de la campaña de Epaminondas en Grecia central, los beocios establecieron alianzas con Acarnania y Eubea, que eran miembros de la Segunda Liga ateniense, alianzas que significan la deserción de estos esatdos de la Liga. Desde el 370/69, Atenas es aliada de Esparta y despacha contingentes al Peloponeso para ayudar a Esparta contra las expediciones beocias. En el 366 los beocios ocupan Oropo y los atenienses nos atrevieron a enfrentarse en campo abierto con el ejército beocio.

Epaminondas sabía que Esparta era incapaz de recuperarse y que en Grecia sólo una ciudad podía discutir la supremacía tebana: Atenas. Pero abatir el poderío de Atenas, basado en la flota, constituía una empresa casi inaccesible para Beocia. A pesar de todos los inconvenientes, Epaminondas decidió atacar a Atenas en el mar. Construyó una flota de cien trirremes y, en la primavera del 364, en una corta campaña naval, consiguió la defección de Bizancio y quizá también de Rodas y Quíos. Fue tan sólo un éxito momentáneo, a finales del verano o en el otoño, Timoteo logra recuperar todas estas ciudades salvo Bizancio.

A pesar de que, desde el 364, con la división de la Confederación arcadia, las posiciones de Atenas y Esparta mejoraron en el Peloponeso y que, tras la paz que se firma después de la batalla de Mantinea en el 362, se consigue una situación de equilibrio, Atenas no consiguió recuperar todos sus aliados en el Egeo y hubo de aceptar la pérdida de Oropo.

La política antiateniense de Epaminondas se saldaba con éxitos y fracasos. Había recuperado Oropo y había mostrado a los atenienses el poder beocio, pero su política naval no dio resultados: faltó sobre todo continuidad ya que asuntos urgentes en el Peloponeso requerían toda la atención de Epaminondas y de su nueva campaña en esta zona (362) ya no regresó. Nadie le sucedió en esta política, no hubo ninguna nueva expedición naval beocia, y, después de la muerte del gran líder, Fócide consumió la práctica totalidad de los recursos y las energías de Beocia.
 

E) Las últimas campañas en Tesalia (364)

Desde la tregua que pactaran Epaminondas y Alejandro de Feras en el 367, el tirano continuó aumentando su poder a expensas de la Confederación tesalia que acudió de nuevo a Beocia. Pelópidas partió, de nuevo, camino del Norte a finales de julio o principios de agosto del 364. Se enfrentó con Alejandro en Cinoscéfalas y, aunque venció, Pelópidas resultó muerto y los tebanos sintieron esto como una derrota. Los frutos de la victoria fueron recogidos por los beotarcos Malecidas y Diogitón, que en el otoño del 364 invadieron Tesalia con siete mil infantes y ochocientos jinetes. Derrotando severamente a Alejandro, le obligaron a firmar un humillante tratado por el cual renunciaba a la alianza con Atenas, debía aportar contingentes en las expediciones beocias, abandonaba las ciudades tesalias que había ocupado y su territorio quedaba reducido a Feras, Págasas y alguna parte del sur de Magnesia. Acaya Ftiótide, el resto de la Magnesia y la Confederación tesalia seguían en alianza con Beocia.
 

F) Las dos últimas expediciones de Epaminondas en el Peloponeso

En su tercera expedición (primavera/principios del verano del 366) Epaminondas pretendió obtener la alianza de Acaya para reforzar la posición de Sición y sembrar la inquietud en la retaguardia arcadia, puesto que los arcadios daban muestras crecientes de descontento hacia los beocios. Obtuvo dicha alianza y liberó Calidón, Dime y Naupacto de guarniciones aqueas pero cuando, en contra de Epaminondas, los harmostas tebanos enviados a la Acaya intentaron implantar la democracia y expulsaron a los oligarcas, los exiliados regresaron, recuperaron las ciudades y los frutos de la expedición se perdieron.

Después del 366 las disensiones en el seno de la Confederación arcadia se agravaron de tal forma en los años 365 y 364 que la federación se rompió dividiéndose en dos bandos. Por un lado, Mantinea y los oligarcas y, por otro, Tegea, Megalópolis, Asine, Palantia y los demócratas. El grupo de Tegea y Megalópolis apelaron a Beocia y los de Mantinea recurrieron a Élide, ahora enemiga de Beocia, Acaya, Atenas y Esparta.

Todo la obra de Epaminondas parecía derrumbarse y el general se puso en marcha hacia el Peloponeso, a finales de la primavera del 362, con todos sus aliados de Grecia central y del Norte, salvo los focidios. Probablemente en Nemea se le unieron los sicionios, argivos y sus partidarios en Arcadia y formó un ejército fuerte de 30.000 infantes y 3.000 jinetes. Frente a él se alinearon los lacedemonios, eleos, atenienses y parte de los arcadios con 20.000 hoplitas y 2.000 jinetes. Epaminondas intentó un movimiento contra la propia ciudad de Esparta pero no pudo tomarla. En su retirada hacia Tegea, se topó con el grueso del ejército enemigo en la llanura de Mantinea. La batalla de Mantinea tuvo lugar a finales de junio/principios de julio del 362 y Epaminondas empleó la misma táctica del orden oblicuo que utilizara en Leuctra. Cuando los beocios estaban derrotando al enemigo y parecía que, con un impulso más, Tebas quedaría dueña de Grecia, Epaminondas cayó muerto y los beocios no pudieron aprovecharse de su victoria. Después de la batalla todos los griegos, salvo Esparta, que no quería renunciar a Mesenia, firmaron una paz general sobre el statu quo anterior a la batalla. Era la primera paz, desde el 386, que se hacía sin la participación del rey persa.

En el Peloponeso, Epaminondas había conseguido uno de sus principales objetivos: la destrucción del poderío lacedemonio pero en cuanto a la construcción de un sistema estable de alianzas, el éxito distaba mucho de ser completo. Poco se había avanzado desde la primavera del 369. A cambio de la alianza de Sición y la paz, ni siquiera una alianza, con Corinto, Epidauro, Trecén y alguna otra ciudad del Noroeste del Peloponeso, se había perdido Elide, Acaya, Pelene y una parte de Arcadia. Luces y sombras, éxitos y fracasos. A la muerte de Epaminondas, la consolidación de la influencia beocia en el Peloponeso hubiera necesitado durante bastantes años un esfuerzo militar sostenido.
 

12.4. La evolución de la política interna tebana en la época de la hegemonía

La prodigiosa y efímera ascensión de Beocia hasta convertirse en la primera potencia de Grecia continental estuvo marcada, sin embargo, en la vida interior por duros enfrentamientos entre diferentes facciones políticas.
 

A) La facción de Epaminondas y Pelópidas

La principal facción tebana se vertebró en torno a Epaminondas y Pelópidas, dos de los más grandes líderes con que Tebas contó jamás. Como vimos, el origen de este grupo es bastante heterogéneo: los trescientos desterrados tras el golpe filolaconio del 382; el grupo de Górgidas y Epaminondas y al menos parte del grupúsculo que lideraba Carón. Se trataba de una facción democrática que impulsó el establecimiento de una constitución democrática en las ciudades beocias y en la Confederación. Con todo, eran demócratas moderados se opusieron repetidamente a la destrucción de Orcómeno y a la imposición de regímenes democráticos en los estados aliados.

Después de la experiencia de la disolución de la confederación beocia (386) y la ocupación lacedemonia, Pelópidas Epaminondas y sus partidarios consideraban que sólo un esfuerzo militar constante podía evitar la repetición de estos hechos. Identificaban la política pacifista con la esclavitud, pues a ello habían conducido en el pasado paces desventajosas. Primero se necesitaba lograr una victoria militar completa que permitiera luego obtener una paz totalmente favorable y después se debía estar presto para defender esta situación ventajosa con la fuerza de las armas.

De esta facción formaron parte, por ejemplo, Pamenes que, aunque no llegó a la altura de Epaminondas, fue el líder tebano más importante de Tebas a la muerte del vencedor de Leuctra; Ismenias, el hijo de Ismenias el Viejo, íntimo amigo de Pelópidas con el que fue embajador en Tesalia; Teopompo, uno de los jóvenes que participó en la matanza de los polemarcos filolaconios, embajador en Atenas en el 378 (IG.II2.40.lin.7) y portatrofeos en Leuctra (IG.VII.2462.lin 2); Melón, que participa destacadamente en el golpe de diciembre del 379, elegido beotarco en el 378, lo sería también en algún momento de los sesenta o los cincuenta de aceptar la reconstrucción [M]e[l/o]n en IG.VII 2407 (líneas 14 y 15) y Carón, otro de los conspiradores del 379, que vivía todavía hacia el 367/6.
 

B) Las facciones opuestas a Epaminondas y Pelópidas

La política de Epaminondas y Pelópidas y el constante esfuerzo militar y financiero a que obligaba, no podía menos que levantar la oposición de algún sector de la población beocia. La resistencia a la política de Epaminondas fue el resultado del trabajo de una facción cuyo destacado líder era Meneclidas, al que las fuentes definen como buen orador y mal general.

En la primavera del 369, tras la primera campaña beocia al Peloponeso, procesó a Epaminondas, Pelópidas y al otro beotarco, cuyo nombre desconocemos, que los acompañó en la expedición. Fracasado en su intento, llevó a juicio en el mismo otoño/invierno a Epaminondas después de la segunda expedición de éste al Peloponeso y consiguió que no se le eligiera beotarco para el año siguiente. En el 367, trató de enfrentar a Pelópidas con Carón, pero sufrió la graphé para nómon (proceso por inconstitucionalidad) de Pelópidas y fue condenado a una multa que no pudo pagar: Quizá perdiera entonces sus derechos políticos. El fracaso le llevó a ensayar un golpe contra la constitución democrática tebana. Sabemos por Plutarco que intentó un cambio constitucional y, como no conocemos en todo este período otra revuelta que la conspiración de los caballeros orcomenios del 364, debemos pensar que Meneclidas se mezcló en este movimiento oligárquico. Tenemos, además, noticias de que algunos tebanos que apoyaron esta conspiración. El descalabro de la conjura selló definitivamente el destino político de Meneclidas y después del 364 nada sabemos de él.

Frente a Epaminondas y Pelópidas, Meneclidas defendía una política pacifista que se alejase de las aventuras militares exteriores (Nep.Epam.5.3-4) y se oponía sistemáticamente a cualquier expedición militar que traspasase los límites de Beocia y propugnaba una política exterior fundada en la diplomacia, las embajadas y los arbitrajes.

No conocemos con certeza el nombre de ninguno de los partidarios de Meneclidas. Quizá Cleómenes e Hipato, los beotarcos del 368, y que se beneficiaron de la caída en desgracia de Epaminondas estuvieran vinculados a Meneclidas. Tras el fracaso de la expedición a Tesalia, ambos fueron procesados en el verano del 368, condenados, y multados con mil dracmas cada uno. Este castigo debió acabar con sus carreras políticas.

Por otra parte, conocemos varias medidas que tomaron los beocios a las que Epaminondas y Pelópidas se opusieron expresamente: el intento de arrasar Orcómeno (371-370) y su destrucción efectiva en el 364; la instauración de regímenes democráticos en Acaya en el verano del 366 y la decisión de ejecutar a todos los exiliados beocios que cayeran prisioneros en curso de la segunda invasión de Epaminondas al Peloponeso (369).

Si suponemos que Meneclidas participó en la conspiración oligárquica del 364 que finaliza trágicamente con la destrucción de Orcómeno, podemos pensar que él no fue responsable al menos de algunas de estas medidas. Dos aspectos destacan por encima de todo en estos sucesos: el imperialismo y la imposición de la democracia; dos elementos que sólo podríamos encontrar en una facción democrática radical. Estos hechos dejan, pues, abierta la puerta a la existencia de una facción radical, distinta de las que encabezaban respectivamente Meneclidas y Epaminondas.
 

C) Los oligarcas filolaconios

La última facción beocia estaba formada por aquellos que, descontentos con la democracia y política tebana, habían buscado el camino del exilio: los antiguos miembros de la facción de Leontíades, que escaparon de la masacre de filolaconios tras la rendición de la Cadmea, a la que se unieron los oligarcas de otras ciudades que huían a medida que Tebas iba sometiendo Beocia e instaurando la democracia. Se formó así ya en el invierno del 370 una facción de unos doscientos hombres útiles para combatir y que se integraron en el ejército peloponesio contra los beocios. Estos desterrados sirvieron bajo las ordenes de Polítropo de Corinto que, con 1.500 soldados, debía cooperar con Agesilao en el ataque a Arcadia hacia finales del otoño de 370. Polítropo sufrió un gran descalabro en Orcómeno frente a los mantineos y perdió doscientos hombres. En el invierno del 370/69, los exiliados beocios guarnecen el paso de la Tegeátide frente al intento de Epaminondas y los aliados de alcanzar el territorio laconio. No pudieron impedir, sin embargo, que los argivos atravesasen el paso. Después, combatieron con los espartanos en defensa de Laconia. En el verano/principios del otoño del 369 los exiliados ocupan Febía de Sición frente a la segunda expedición de Epaminondas. Quizás continuaron combatiendo contra los arcadios del lado lacedemonio. La última noticia que tenemos de los exiliados data del verano del 364 cuando algunos de ellos organizan una conspiración contra la democracia tebana en colaboración con trescientos caballeros orcomenios y algunos tebanos.

La intención de los exiliados filolaconios suponía básicamente en una vuelta al pasado. Pretendían reinstaurar el tradicional gobierno oligárquico en cada una de las ciudades de Beocia, acabar con la supremacía de Tebas y, bajo el principio de la autonomía y la libertad de todas las ciudades griegas, disolver la Confederación.
 

12.5. De Mantinea a la III Guerra sagrada (362-356)

Después de la batalla de Mantinea, los estados de Grecia continental, salvo Esparta, firmaron una paz general. Un año después de la paz algunos arcadios, que habían sido incluidos en Megalópolis, quisieron dejar Megalópolis y volver a sus lugares de origen y apelaron a Mantinea y sus aliados. Un ejército beocio bajo el mando de Pamenes fue enviado en ayuda de Megalópolis. Tegea, Megalópolis y su fragmento de la Confederación arcadia siguieron manteniendo su alianza con Tebas (Dem.16.19.27-9).

Se sitúa convencionalmente en el 362, con la muerte de Epaminondas y el indeciso resultado de la batalla de Mantinea, el final de la llamada hegemonía tebana. Ciertamente el período de grandeza había pasado, pero conviene desprendernos de la imagen de los autores antiguos que hacían de la hegemonía la obra personal de los líderes tebanos. Sin oscurecer los méritos de los estadistas tebanos, la hegemonía es fruto, también, de unas circunstancias internacionales favorables, la debilidad espartana, por ejemplo, y, sobre todo, de las fuerzas toda las sociedad tebana y del resto de los beocios que permanecieron fieles a Tebas.

Ciertamente existe a partir del 362 una decadencia del poder tebano. Pero este declive es anterior a la muerte de Epaminondas y puede rastrearse desde finales del 364; luego de esta fecha, los beocios no vuelven a intervenir en Tesalia y la situación aquí no es en modo alguno pacífica. Ante la falta de ayuda beocia los oponentes tesalios de Alejandro de Feras en 361/0 se volvieron hacia Atenas (Tod GHI nº 147), tampoco ninguna flota beocia ataca el dominio ateniense en el Egeo y, sobre todo, la Confederación arcadia se divide. La razón de esta decadencia debemos buscarla, no el muerte de los líderes tebanos, sino en la propia política de la hegemonía: las expulsiones de orcomenios y tespieos mermaron gravemente la potencia demográfica beocia y, aunque los aspectos económicos y sociales son prácticamente desconocidos, los largos años de combates y expediciones militares pudieron tensar en exceso los recursos demográficos y financieros de Beocia.

Pero, a pesar de todo, los beocios mantuvieron algunas posiciones: Alejandro de Feras es su aliado y conservan su influencia en Grecia central y el Peloponeso. Sólo después del estallido de la III Guerra sagrada, en el 356, es cuando, a mi modo de ver, debemos fechar el final de la hegemonía.
 

BIBLIOGRAFÍA (Prof.Dr.D. José Pascual)


- Tebas y la Confederación beocia en el período de la Guerra de Corinto (395-386 a.C.), Madrid, Ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 1995. Tesis doctoral en microfichas ISBN 84-7477-512-4. 1007 páginas.

- El Siglo IV a.C. Del imperialismo espartano a la muerte de Filipo de Macedonia, Madrid, 1997, Cap 4: "Tebas y la Confederación beocia hasta la Guerra de Corinto" pp. 49-62; Cap.7: "La época de la Hegemonía tebana (371-356)" pp. 99-117. ISBN 84-7738-533-5

- "La Lócride Opuntia y Jasón de Feras: aliados de Tebas entre el 377 y el 375 a.C.," Homenaje al Prof.Dr.D. Luis Suárez Fernández. Valladolid.1991, pp. 375-380.

- "Corinto y las causas de la Guerra de Corinto", Polis.8. 1996, pp. 188-217.

- "Sobornando a los griegos por cuenta de Persia: la misión de Diomedonte de Cícico en Tebas (ca.368 a.C.)", Habis, 28, 1997, pp. 15-25.

- "Innovación y adaptación militar en el siglo IV a.C.: el ejército tebano-beocio de la Hegemonía," Actas del IX Simposio de la sección catalana de Estudios clásicos. San Feliu de Guixols, 1988. Barcelona, 1991, pp. 877-882.

- "Beocia y Grecia central como una de las causas del estallido de la Guerra de Corinto," Actas del X Simposio de la sección catalana de la Sociedad de Estudios clásicos. Tarragona, noviembre de 1990. Tarragona 1992, pp. 423-426.

- "Epaminondas y Grecia central en el 370 a.C.: una campaña olvidada," Actas del VIII Congreso español de Estudios clásicos. Madrid, septiembre de 1991. Madrid 1994, vol.III, pp.250-254.

- "El surgimiento de una facción democrática tebana (382-379 a.C.)," Fauentia.8/2.1986, pp.69-83.

- "Las facciones políticas tebanas en el período de formación de la Hegemonía (379-371 a.C.). I: la conspiración democrática del 379," Polis.3.1991, pp.121-135.

- "Las facciones políticas tebanas en el período de formación de la Hegemonía (379-371 a.C.). II: liderazgo y democracia (378-371 a.C.)," Polis.4.1992, pp.187-208.

- "Gorgidas de Tebas: realidad e ideal de la aristocracia tebana", Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, 9, 1996, pp.143-168.

- "Pitagorismo y oligarquía beocia en la constitución ateniense del 411 a.C.," Actas del Primer Congreso peninsular de Historia Antigua. Santiago de Compostela, 1986, pp.175-189.

- "Democracia beocia y democracia tebana, un ejemplo de irradiación política ateniense en el siglo IV a.C.," Actas del VII Congreso español de Estudios Clásicos. Madrid, 1989, pp. 237-242.

- "La Confederación beocia a principios del siglo IV a.C.: I. La distribución territorial de las poleis",
Gerión 14, 1996, pp. 109-142.

- "La Confederación beocia a principios del siglo IV a.C.: II. Jerarquización y aspectos económicos del territorio. Gerión 15,1997, pp.111-132.

- "Plutarco y su visión de la hegemonía tebana," Actas del Primer Simposio de Estudios plutarquistas. Fuengirola 1988. Publicado en Estudios sobre Plutarco: obra y tradición. Málaga, 1990, pp.73-79.

- "La contribución de Plutarco a la topografía de Beocia en el siglo IV a.C.," Estudios sobre Plutarco: paisaje y naturaleza. Actas del II Symposion de Estudios plutarquistas. Murcia, mayo de 1990. Madrid, 1991, 89-100.
 
 

© Páginas diseñadas por Adolfo J. Domínguez para el Departamento de Historia Antigua y Paleografía