DE GANADOS, MOVIMIENTOS Y CONTACTOS. UNA NUEVA APROXIMACIÓN AL DEBATE SOBRE LA TRASHUMANCIA EN LA HISPANIA ANTIGUA*

EDUARDO SÁNCHEZ MORENO

Departamento de Historia Antigua

Universidad Autónoma de Madrid

 
 
 
 

RESUMEN


Este artículo aborda el polémico tema de la trashumancia prerromana, con atención especial al sector occidental de la meseta: territorios vetón y vacceo. En una primera parte se ofrece un repaso general de las opiniones vertidas al respecto por la historiografía del siglo XX. Tras el mismo, se propone un nuevo modelo de entender la trashumancia antigua. En este sentido y al amparo del potencial ganadero de la meseta, del trazado cañariego y de la contemplación de distintos testimonios y modalidades de contacto entre comunidades prerromanas, se defiende la existencia de una destacada circulación ganadera bajo la idea de que los rebaños, en tanto principal bien de riqueza, transitan como mercancía primaria en las redes de relación e intercambio que vetones y vacceos trazan entre sí y con otras entidades indígenas.
 

ABSTRACT


This paper deals with the polemic subject of the Pre-Roman Trashumance, with special attention to the Western meseta region: vettonian and vaccaeai territorries. In the first section of the article, a general review on the interpretations argued by the 20th century´s historiography is presented. After that, a new model for approaching to ancient Trashumance is proposed. Thus, taking into account the cattle potential, the drover´s road and different evidences and mechanisms of contact between Pre-Roman communities, we defend an important cattle circulation. Since they are considered the main economic goods, domestic animals could have moved as primary commodity into the relationships and the exchange networks played by Vettones, Vaccaeai and other indigenous entities.


Uno de los debates más fecundos dentro del análisis económico de la Iberia antigua es el de la trashumancia, más propiamente el de su origen, debido al interés y a la controversia que despierta en la historiografía. El tema ha sido abordado desde diferentes campos (histórico, paleozoológico, medio-ambiental, geográfico, cultural...), lo cual contribuye a que a una mayor -y por tanto más útil- oferta informativa acompañe una dificultad también creciente a la hora de concentrar posturas.
 
 

Figura 1 Figura 2

En la medida en que puebla un medio natural, se alimenta de lo que éste brinda cíclicamente y está a expensas del clima reinante, la fauna silvestre o doméstica no sólo es protagonista de un ecosistema sino que, al igual que el hombre pero en otra dimensión, puede actuar sobre las limitaciones que Figura 3.- Dehesa cacereña, entre Madroñera y Aldeacentenera.aquél le imponga. Éste es el marco que da sentido a la trashumanciaque, al margen de apropiaciones históricas y de la naturaleza de su impulso, cabe definir como el desplazamiento alternativo y periódico de partidas animales entre dos regiones opuestas medio-ambientalmente con el fin de aprovechar la complementariedad vegetal establecida entre ambas zonas a través del ciclo estacional. Precisamente la climatología y la orografía contrastadas del espacio meridional europeo hacen que la Europa mediterránea represente el teatro principal del acto trashumante. En la Península Ibérica, como es bien sabido, el movimiento trashumante se resume en la "bajada a extremos" que desde las zonas montañosas de la meseta septentrional -agostaderos o pastos estivales- se realiza a las dehesas extremeñas, andaluzas y manchegas -yerbas invernales-, asegurándose así la alimentación de los ganados con el aprovechamiento de los pastizales periféricos en viajes semi-anuales y complementarios 1.
Al parecer, según indican antiguas intuiciones retomadas después por la Biogeografía y abanderadas Figura 4con fuerza por ecologistas y naturalistas en nuestros días, el sentir trashumante lo inauguran como comportamiento natural las manadas de animales prehistóricos a partir, probablemente, de los cambios climáticos producidos en la transición Pleistoceno-Holoceno. Estos iniciales desplazamientos estacionales son intensificados por el hombre paralelamente al proceso de domesticación y, cuando éste es ya dueño de su ganadería y vive en estadios culturales más avanzados, los rebaños siguen atravesando distancias de ida y vuelta al ritmo que marca ahora la experiencia humana. El valor funcional de esta mecánica no está exento de cierta confusión, cuando historiadores, arqueólogos y antropólogos mezclan sin definir ni diferenciar claramente conceptos como trashumancia, pastoralismo, trasterminancia, economía ganadera nómada, desplazamientos ganaderos complementarios, etc.
 
 

Figura 5

No entra en el propósito de nuestro trabajo ni nos consideramos en situación de poner orden a este cajón de sastre. Tampoco encontrará el internauta en esta página un ensayo de definición de los sistemas pecuarios operativos en las comunidades del interior peninsular durante la Protohistoria, ni siquiera del modelo ganadero imperante. Únicamente vamos a revisar de forma sucinta las principales direcciones tomadas por la investigación del siglo XX en relación al cuestionamiento de la trashumancia en la Hispania prerromana, para en una segunda parte ofrecer la impresión personal que los desplazamientos cañariegos nos merecen como forma y fondo de transmisión cultural, todo ello desde la perspectiva geográfica de la meseta occidental, el espacio habitado en la Edad del Hierro por los pueblos vetón y vacceo sustancialmente, y en función de nuestro interés por los fenómenos de contacto e intercambio en tiempos prerromanos 2.
 
 

Figura 6.- Distribución de los pueblos prerromanos de la Península Ibérica. Figura 7.- Meseta Occidental. Ámbitos de estudio: territorios vetón (A) y vacceo (B).

 

1- LA TRASHUMANCIA PRERROMANA. TRATAMIENTO HISTORIOGRÁFICO Y ESTADO DE LA CUESTIÓN


Con desigual intesidad según autores y épocas se apuntó desde décadas atrás -y sigue planteándose- que la trashumancia a larga distancia es una práctica arraigada en la Península Ibérica, entre otras razones porque está efectivamente atestiguada en otras esferas clásicas del Mediterráneo, como la Hélade, la Península Itálica y algunas regiones de la Galia y Dalmacia 3, y porque parece contradictorio admitir que las tierras originarias del sistema pastoril más complejo, la Mesta 4, no hubieran conocido algo similar no ya en época romana sino en en los más nebulosos tiempos pre y protohistóricos.
 
 

1.1 El positivismo de la primera mitad del siglo XX: Aceptación acrítica de una trashumancia sin definir.
 
 

Figura 8.- Verraco de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila) en una plaza de Ávila. A finales del siglo XIX y en las décadas iniciales del siglo XX, los primeros estudiosos del pasado hispano aceptaron muy generalizadamente la práctica trashumante en Iberia, con particular intensidad en la meseta occidental, la región más claramente afectada por el trazado de las cañadas históricas de todo el conjunto peninsular (vide infra). En varios de aquellos ensayos inaugurales, el sentido dado a la trashumancia -nunca contemplada desde un análisis interno- equivalía más bien al significado de economías pastoriles nómadas. En este línea se sitúan las aportaciones de V. Paredes Guillén 5, J. Costa 6, A. Schulten 7 y más tardiamente de F. Wattenberg 8. También J. Klein en su clásico estudio institucionalista sobre la Mesta publicado por primera vez en 1920, apuntaba de forma genérica el antecedente trashumante prerromano en el capítulo que dedicaba a los orígenes de la organización mesteña 9.
Figura 9.- Ganado ovino pastando en el puerto soriano de Oncala, en las proximidades de Numancia.

 

1.2 El rechazo de la trashumancia (1950-1970/80): Ni exigencia medioambiental, ni disposición humana.

A partir de los años 50, una crítica histórica más firmemente asentada niega la existencia de la trashumancia como tal con anterioridad a su oficialidad medieval 10. Varios son los factores que se esgrimen; por ejemplo, la ausencia de una necesidad real para dicho mecanismo ganadero en tiempos protohistóricos en los que habría una suficiencia de pastos y un contraste climático menos acusado. Pero la razón principal es la imposibilidad de aceptar una regulación que asegurase el correcto funcionamiento del ciclo trashumante en un momento tan temprano y entre regiones distantes y adscritas a diferentes entidades étnicas caracterizadas por la fragmentación política y las continuas guerras de unos contra otros. Un clima de inestabilidad y hostilidad permanentes como el que se supone para aquellos pueblos haría imposible que los rebaños pudieran realizar largos recorridos. Ello cierra la puerta a la consideración real de la trashumancia, si bien algunos autores no encuentran reparos en aceptar la existencia de movimientos ganaderos menores (trasterminancia) entre montañas y valles, pero dentro de un mismo territorio étnico. Así piensan J. Caro Baroja 11 y J. Maluquer de Motes 12, a los que siguen en líneas generales J.Mª. Blázquez 13 y ya en la década de los ochenta, F.J. Lomas 14 y F. Fernández Gómez 15. Esta postura escéptica es con pequeños matices la que mantienen en la actualidad los más señalados estudiosos de la Mesta medieval y moderna, caso de P. García Martín 16.
 
 

1.3 En busca de la trashumancia prehistórica (1970/80-1990): megalitos, dispersión cerámica y estelas.

Curiosamente, en esa fase de revisión crítica, en concreto a mediados de los años setenta y de la mano de la aproximación prehistórica, una parte de la investigación resucita la vieja idea de la trashumancia ibérica haciéndola llegar a momentos clásicos de la Prehistoria como son el III milenio a.C., la cultura de Cogotas I del Bronce Medio-Final y, poco después, el tiempo de las estelas del suroeste en vísperas del Período Orientalizante. En estos tres horizontes culturales el factor trashumancia es valorado como comportamiento económico a partir del reflejo del que hacen gala una serie de construcciones simbólicas o elementos de la cultura material interpretados, en cualquier caso, como propios de sociedades pastoriles en movimiento. Son los casos de los monumentos megalíticos para la era calcolítica, de la difusión de cerámica excisa y de boquique desde el interior peninsular hacia puntos periféricos del Levante y Mediodía principalmente, y de las mismas estelas del suroeste.

Figura 10.- Dolmen de La Rioja.Comenzando por el primero de ellos, la interpretación de los megalitos como marcas territoriales en relación a vías ganaderas fue defendida inicialmente por E.S. Higgs 17. Esta atractiva tesis se ha mantenido hasta nuestros días con modificaciones pertinentes 18, pero también es cierto que ha recibido contestaciones críticas desde el momento de su aparición, especialmente por parte de investigadores anglosajones que justifican su rechazo en la ausencia de estructura jurídica e infraestructura técnica entre aquellas sociedades para garantizar el paso de pastores y ganados por tierras ajenas y para asegurar al viajero el usufructo de los pastos en los lejanos lugares de destino 19.

Figura 11.- Cerámicas de Cogotas I (técnicas de excisión y boquique) de San Román de Hornija (Valladolid).En segundo lugar dedicaremos algunas líneas más a la presencia de elementos cerámicos de Cogotas I fuera de su área nuclear meseteña y a su relación con la circulación pastoril. La irrupción en yacimientos andaluces y levantinos de cerámicas cogoteñas fechadas de forma discontinua en el llamado Bronce Tardío, a partir de los siglos XIV-XIII a.C., se entendió como testimonio de la llegada de pastores trashumantes meseteños, especialmente en poblados situados en el extremo de cañadas ganaderas como el granadino de Purullena, donde prolifera esta tipología cerámica 20. El fenómeno trashumante como exégesis de la propagación de dicha cerámica extrameseteña se ha mantenido hasta la década de los 90 con algún matiz corrector, sustituyéndose por ejemplo el sentido original expansionista o pseudo-invasionista por el de tímidas infiltraciones impulsoras de intercambios comerciales 21. Sin embargo el panorama está cambiando en los últimos tiempos gracias a nuevos hallazgos y a la revisión del contexto y de la cronología de este material cerámico 22. Además, la analítica de pastas recientemente practicada está revelando el carácter local de las producciones de tipo Cogotas I en la orla periférica 23, todo lo cual desestimaría entender estas relaciones en función sencillamente de ganaderos itinerantes desplazados desde la meseta, más aun cuando aproximaciones al modelo ganadero del Bronce Final peninsular muestran, a pesar de la precariedad de datos, el predominio de un pastoreo simple y de subsistencia integrado en una economía predominantemente agrícola 24. Así, en la actualidad se está arrinconando el móvil pastoril y se proponen en su lugar otras vías en la interpretación de tales contactos. Parece que estas cerámicas mostrarían la transmisión gradual de una moda decorativa de origen meseteño en otros repertorios alfareros a través de diversos e interrelacionados mecanismos como, entre otros, prácticas de intercambio entre élites a larga distancia selladas con regalos políticos, la comercialización de metales más o menos demandados y/o de productos como sal, cereales o ganado, etc. En dichas relaciones la vajilla cogoteña pudo funcionar inicialmente como bien de prestigio de filiación meseteña, testimoniando incluso nuevos hábitos alimenticios y fórmulas sociales, para en una segunda fase pasar a ser adaptada ya en la alfarería local de las regiones periféricas como estilo ornamental denunciante de antiguos vínculos interregionales 25.

Figura 12.- Estela de Solana de Cabañas (Cácecres).En lo tocante a las estelas del suroeste, por último, es bien sabido que algunos autores las tienen por hitos de paso en itinerarios trashumantes y comerciales 26. Se trata de una explicación similar a la argüida bastantes años antes para los verracos prerromanos 27. En todas estas propuestas el diagnóstico de dichos monumentos es el de referentes físicos de un lenguaje simbólico de comunicación entre gentes y territorios. No obstante, tanto para el caso de las estelas como para el de verracos y construcciones megalíticas, la opinión generalizada defiende, por encima de la explicación económico-territorial, el sentido funerario de dichos elementos culturales, sin desestimar por ello otras connotaciones simbólicas.
 
 
 

Adelante

 

NOTAS Y REFERENCIAS

* Este trabajo constituye una versión actualizada y ampliada, sobre todo en lo tocante a la incorporación de imágenes digitalizadas, de nuestro artículo: "De ganados, movimientos y contactos. Revisando la cuestión trashumante en la Protohistoria hispana: la meseta occidental", publicado en Studia Historica. Historia Antigua, Salamanca, vol. 16, 1998, pp.53-84 (ISSN: 0213-2052 - CDU 931). Vaya por delante nuestro agradecimiento a Pedro García Martín, Manuel Salinas de Frías, Adolfo J. Domínguez Monedero y Mª Concepción Blasco Bosqued por los valiosos comentarios brindados y por facilitarnos información inédita de su autoría. Fernando Quesada Sanz y Adolfo Domínguez Monedero nos han prestado gran ayuda ocupándose del tratamiento informático del material gráfico; a ellos también gracias una vez más. Por descontado, la responsabilidad de cualquier error u omisión en la documentación y/o interpretación de este ensayo es por entero nuestra.
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1.- Para la relación trashumancia-medio físico, véanse MONTOYA OLIVER, J.M.: Pastoralismo mediterráneo, Madrid, 1984, espc. pp. 54-99; RUIZ, M. y RUIZ, J.P.: "Ecological History of Trashumance in Spain", Biological Conservation, 36, 1986, pp.73-86; y especialmente CABO ALONSO, A.: "Medio natural y trashumancia en la España peninsular", en Anes, G. y García Sanz, A., (Coor.), Mesta, trashumancia y vida pastoril, Valladolid, 1994, pp.23-45; ID.: "La Iberia nómada. Medio físico y trashumancia", en García Martín, P., (Coor.), Por los caminos de la Trashumancia, León, 1994, pp.149-158; ID.: "Medio natural y trashumancia en la España peninsular", en Ruiz Martín, F. y García Sanz, A., (Eds.), Mesta, trashumancia y lana en la España moderna, Barcelona, 1998, pp.11-41. En opinión de este último autor, la explicación de la coincidencia itinerante de hombres y animales descansa en los condicionantes físicos: "En nuestra Península, donde el clima presenta los fuertes contrastes estacionales a los que nos hemos referido, los grandes herbívoros tendrían que desplazarse, necesariamente, abandonando las montañas cuando empezaran a cubrirse de nieve y a helarse su herbazal, y cruzando las planicies de la meseta y el interior de las depresiones bética e ibérica antes de que los calores estivales las dejaran peladas de hierba. Y, claro es, desde que existe el hombre, iría tras las bestias o las acecharía en los lugares de paso habitual para darlas caza. Y en las mismas migraciones temporales de ellas se inspiraría con las que logró domesticar. ¿Cabe pensar algo distinto sin apartarse de la lógica? Se puede argumentar que desde las etapas prehistóricas y romana hasta la organización mesteña de Alfonso X transcurrieron unos cuantos siglos y se produjeron no pocos avatares político-militares. Pero también cabe preguntarse si estos acontecimientos fueron tan revolucionarios como para borrar de manera radical aquellos modos de vida tan enraizados, y que eran y son acordes con las condiciones naturales que pesan sobre la explotación con fórmulas tradicionales del suelo agrario, en la mayor parte de la España peninsular" (CABO, A., art. cit., 1994, p.36). También de este parecer es GARZÓN HETDT, J.: "La trashumancia como reliquia del Paleolítico", en Rodríguez Becerra, S. (Coor.), Trashumancia y cultura pastoril en Extremadura. Actas del Simposio, Mérida, 1993, pp. 27-36; quien con argumentos medioambientales algo exagerados y con una base histórica más que liviana hace remontar el funcionamiento de la trashumancia al Paleolítico Final (15.000 B.P.). Por cierto, nos parece poco adecuada la identificación que hace este autor de razas vacunas autóctonas con ganaderías prerromanas (cabaña vetona: morucha; cabaña vaccea: sayaguesa; cabaña carpetana: avileña...; GARZÓN, J., art. cit., 1993, p.36, fig.4), sin mencionar las fuentes de las que se ha servido.
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2.- Centramos nuestro análisis en el solar que hoy se corresponde con las provincias de Salamanca y Ávila, en su totalidad, el centro y oriente cacereño y el oeste de Toledo para el ámbito vetón, y la cuenca sedimentaria del Duero medio para el territorio vacceo (provincias de Valladolid, este de Zamora, mitad sur de Palencia, occidente de Segovia y extremo suroeste de Burgos). Para las relaciones de este contexto histórico con el exterior, vide SÁNCHEZ MORENO, E.: Meseta occidental e Iberia exterior. Contacto cultural y relaciones comerciales en época prerromana. Tesis Doctoral en Microfichas. Universidad Autónoma de Madrid, 1998.
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3.-  A.A.V.V.: Transhumance and Pastoralism. World Archaeology, 15, nº1, Londres, 1983; MONTOYA OLIVER, J.M.: op. cit., 1984; WHITTAKER, C.R., (Eds.): Pastoral Economies in Classical Antiquity, Cambridge, 1988; ANGIONI, G.: "El atlas de los pueblos pastoriles: el Mediterráneo latino", en García Martín, P., (Coor.), Por los caminos de la Trashumancia, León, 1994, pp.39-49; A.A.V.V.: Il pastoralismo mediterraneo (Instituto Superiore Regionale Etnografico della Serdegna; Nuoro, 1991).
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4.- La Mesta y la trashumancia histórica constituyen objeto de notoria atención bibliográfica en los últimos quince años. Cabe destacar la recopilación de estudios clásicos sobre el tema contenida en GARCÍA MARTÍN, P. y SÁNCHEZ BENITO, J.Mª.: Contribución a la historia de la trashumancia en España, Madrid, 1986 (2ª edición renovada, 1997); muy especialmente la obra de P. GARCÍA MARTÍN (La ganadería mesteña en la España borbónica. 1700-1836, Madrid, 1988; ID.: La Mesta, Madrid, 1990; ID.: El patrimonio cultural de las cañadas reales, Valladolid, 1990; ID., Coor.: Cañadas, cordeles y veredas, Valladolid, 1991; ID.: Coor., Por los caminos de la Trashumancia, León, 1994; ID.: "Ponencia introductoria" al Seminario: Aspectos del Pastoreo en la Península Ibérica, organizado por la Casa de Velázquez en Madrid, Enero 1996. Inédito), algunos catálogos plurales (RODRÍGUEZ BECERRA, S., Coor.: Trashumancia y cultura pastoril en Extremadura. Actas del Simposio de Sevilla, Septiembre 1992, Mérida, 1993, y ANES ÁLVAREZ DE CASTRILLÓN, G. y GARCÍA SANZ, A., Coor.: Mesta, trashumancia y vida pastoril, Valladolid, 1994) y la última revisión de RUIZ MARTÍN, F. y GARCÍA SANZ, A., (Eds.), Mesta, trashumancia y lana en la España moderna, Barcelona, 1998.
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5.- Con un criterio cuando menos sagaz para su tiempo, este arquitecto placentino entiende a las esculturas zoomorfas de verracos como hitos señalizadores de rutas trashumantes (PAREDES GUILLÉN, V.: Historia de los framontanos celtibéricos desde los más remotos tiempos hasta nuestros días, Plasencia, 1888; ID.: "Esculturas protohistóricas de la Península Ibérica", Revista de Extremadura, 4, 1902, pp.354-360). El autor argumenta su exposición saltando sin hiato alguno de los datos clásicos y arqueológicos a los mitológicos (el robo de los ganados de Gerión perpetrado por Heracles, por ejemplo), pasando por el campo de las creencias populares y, en suma, defiende la existencia de una ganadería trashumante tradicional entre los celtíberos complementada con un régimen agrícola de colectivismo agrario. Ello tendría tal arraigo en aquellos pueblos que la razón del enfrentamiento índigena a Roma sería, precisamente, la oposición de los peninsulares al sistema agrícola romano que iba en contra de su funcionamiento ganadero (PAREDES GUILLÉN, op. cit., 1888, pp.47-73): "No vastó tanta sangre derramada de españoles y romanos por conservar su modo de vivir con los ganados, los primeros, y por establecer la agricultura, a la par que despojar a sus contrarios, los segundos" (...) "Por estos medios, tan atroces, procuraban los romanos enseñar a vivir a los españoles de otra manera distinta de aquella a que estaban acostumbrados; pues vamos viendo que casi todos los ataques que sufrían eran producidos por los impedimentos que les ponían a seguir viviendo con sus ganados trashumantes" (PAREDES GUILLÉN, op. cit., 1888, pp.68-69).
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6.- J. Costa describió una vida pastoril generalizada en los primitivos pueblos ibéricos en la que se incluían migraciones semestrales. Esta economía de base ganadera comunitaria y propia de las sociedades prerromanas contrastaba con los principios de sedentarización y propiedad privada introducidos con la conquista romana (COSTA y MARTÍNEZ, J.: Estudios ibéricos, Madrid, 1891-95, pp.1-32).
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7.- Según el hispanista alemán, los vacceos apacentaban su ganado en los montes de Numancia durante el verano gracias a las positivas relaciones vecinales que tenían con los arévacos. Schulten compara la situación con lo ocurrido en Italia donde la estrecha amistad entre los samnitas de las montañas y los pulleses de la llanura no se fundaba sólo en su parentesco, sino también en el intercambio estacional de pastos de cara al aprovechamiento de sus rebaños (SCHULTEN, A.: Numantia. Die Ergebrisse der Ausgrabungen (1905-1912), 1914, I, Munich, passim; ID.: Geografía y Etnografía de la Península Ibérica, 1959, II, Madrid, pp. 509-510). El contacto vacceo-arévaco con hilo conductor en el ganado planteado por Schulten es sugerente y no desentona con otras noticias disponibles sobre el tráfico entre estos pueblos a través del Duero (Apiano, Iber., 78, 80-81, 87, 91), pero no parece el sentido horizontal la estrategia más adecuada para una trashumancia entre dos áreas de la meseta septentrional con marcos físicos, latitudes y extremos climáticos no excesivamente divergentes.
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8.- Bebiendo de los anteriores, el estudioso de la protohistoria de la cuenca media duriense escribía: "Con respecto a la trashumancia toda la meseta norte debió ser escenario de ella. Taracena supone una emigración anual a lo largo del Duero, por el norte de la cordillera carpetana. A ellos hemos de atribuir los primeros caminos o rutas a lo largo de montes y ríos con carácter fijo, siendo los beribraces los primeramente mencionados en España como pastores. De estos caminos se ha hablado pero no hay constancia efectiva de ellos" (WATTENBERG SANPERE, F.: La región vaccea. Celtiberismo y romanización en la cuenca media del Duero, Madrid, 1959, p.23).
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9.- "Los sucesivos episodios que prepararon el nacimiento de la Mesta fueron la vida pastoril trashumante de los celtíberos, la de la época visigoda, las costumbres pastoriles de los invasores bereberes y, por último, las Mestas de las ciudades, o Juntas de pastores para disponer de los animales descarriados. Cada uno de esos factores contribuyó a la gestación de la Mesta castellana, en la segunda mitad del siglo XIII, y tuvo una influencia fundamental en su carácter y en su historia" (KLEIN, J.: La Mesta: estudio de la historia económica española (1273-1836), Madrid, 1979, p.29; edición original: The Mesta: a Study in Spanish Economic History, 1273-1836, Cambridge, 1920; 1ª edición en castellano: 1936, en Revista de Occidente, Madrid).
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10.- Privilegios de Gualda (Guadalajara), firmados por Alfonso X en 1273.
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11.- CARO BAROJA, J.: Los pueblos de España, I, Barcelona, 1976 (1ª edición, 1946), pp.155, 170.
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12.-  MALUQUER DE MOTES, J.: "Los pueblos de la España céltica", en Menéndez Pidal, R. (Dir.), Historia de España, I-3, Madrid, 1954 (4ª Edic. 1982), pp.167, 170.
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13.- BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.Mª.: "Economía de los pueblos prerromanos del área no ibérica", en Tarradell, M. (dir.), Estudios de Economía Antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1969, p.234.
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14.- LOMAS SALMONTE, F.J.: "Origen y desarrollo de la cultura de los Campos de Urnas", en Historia de España Antigua, I. Protohistoria, Madrid, 1980, p.38.
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15.- FERNÁNDEZ GÓMEZ, F.: Excavaciones arqueológicas en El Raso de Candeleda (Ávila), II, Ávila, 1986, pp.916-917, 947.
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16.- "sin desechar la posibilidad de antiguas trasterminancias que tienen su continuidad y un reflejo documental en el Fuero Juzgo visigótico, nos parece harto díficil las grandes derrotas ganaderas en un clima de particularismo tribual y guerra endémica que haría de los bienes semovientes uno de los objetivos prioritarios de una economía de robo fronteriza" (GARCÍA MARTÍN, P., op. cit., 1988, p.35-36, 214; ID.: "El pastoreo y las vías pecuarias", en García Martín, P., Coor., Cañadas, cordeles y veredas, Valladolid, 1991, pp.23, 34-35). También así, PASTOR DE TOGNERI, R.: "La lana en Castilla y León antes de la organización de la Mesta", en García Martín, P. y Sánchez Benito, J.Mª., Contribución a la historia de la Trashumancia en España, Madrid, 1986, pp.363-390 (publicado originalmente en Moneda y Crédito, 112, 1970, pp.47-55).
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17.- HIGGS, E.S.: "The history of European agriculture: the uplands", Philosophical Transactions of the Royal Society of London, Series B, 275, 1976, pp.159-173.
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18.- Por ejemplo, CARA BARRIONUEVO, L. y RODRÍGUEZ LÓPEZ, J.M.: "Trashumancia ganadera y megalitismo. El caso del valle medio-bajo del río Andarax (Almería)", XVIII Congreso Nacional de Arqueología, 1987, pp.235-248; GALÁN DOMINGO, E. y MARTÍN BRAVO, A.Mª.: "Megalitismo y zonas de paso en la cuenca extremeña del Tajo", Zephyrus, 44-45, 1991-92, pp.193-205; GARDES, P.: "Les piémonts pyrénées iccidentaux à la charnière du Néolithique et de l´Âge du Bronze données archéologiques et hypothèses de travail", en Mordant, C. y Gaille, O., (eds.), Cultures et sociétés du Bronze Ancien en Europe (Clemont-Ferrand, 1992), París, 1996, pp.557-559. En sentido parecido se ha planteado la conexión entre rutas ganaderas y la distribución de túmulos funerarios (PONSICH, M.: "Transhumance et similitudes ibero-mauretaniennes", Homenaje al Prof. Martín Almagro Basch, Madrid, 1983, pp.119-129).
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19.- CHAPMAN, R.: "Transhumance and megalithic tombs in Iberia", Antiquity, 53, 2, 1979, pp.150-152; DAVIDSON, I.: "Transhumance, Spain and ethnoarchaeology", Antiquity, 54, 2, 1980, pp.144-147; WALKER, M. J.: "Laying a mega-myth: dolmens and drovers in prehistoric Spain", World Archaeology. Transhumance and pastoralism, 15, nº1, 1983, pp.37-50; los dos últimos con mayor desaprobación.
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20.- MOLINA GONZÁLEZ, F. y ARTEAGA, O.: "Problemática y diferenciación en grupos de la cerámica excisa en la Península Ibérica", Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada, 1, 1976, pp.175-214; MOLINA GONZÁLEZ, F.: "Definición y sistematización del Bronce Tardío y Final en el Sudeste de la Península Ibérica", Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada, 3, 1978, esp. pp.204-206.
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21.- DELIBES DE CASTRO, G. y ROMERO CARNICERO, F.: "El último milenio a.C. en la cuenca del Duero. Reflexiones sobre la secuencia cultural", en Almagro Gorbea, M. y Ruiz Zapatero, G. (Eds.), Paleoetnología de la Península Ibérica, Madrid, 1992, p.242.
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22.- CASTRO MARTÍNEZ, P.V., MICO PÉREZ, R. y SANAHUJA YLL, Mª.E.: "Genealogía y cronología de la Cultura de Cogotas I. El estilo cerámico y el Grupo de Cogotas I en su contexto arqueológico", Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, 61, 1995, pp.51-118; DELIBES DE CASTRO, G., ROMERO CARNICERO, F., SANZ MÍNGUEZ, C., ESCUDERO NAVARRO, Z., y SAN MIGUEL MATÉ, L.C.: "Panorama arqueológico de la Edad del Hierro en el Duero medio", en Delibes de Castro, G., Romero Carnicero, F. y Morales Muñiz, A. (Eds.), Arqueología y medio ambiente. El primer milenio a.C. en el Duero medio, Valladolid, 1995, pp.49-59.
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23.- BLASCO BOSQUED, Mª.C., ARRIBAS, J.G. y MARTÍN DE LA CRUZ, J.C.: "Mineralogical and textural analysis of Late Bronze Age Sherds", en European Ceramic Society. Third Conference(Madrid, Septiembre, 1993), Madrid, 1994, pp.520-525.
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24.- HARRISON, R.J.: "La intensificación económica y la integración del modo pastoril durante la Edad del Bronce", Actas do 1º Congresso de Arqueologia Peninsular. Trabalhos de Antropologia e Etnologia, vol. XXIII, fasc. 3-4, 1993, pp.293-299.
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25.- Entre las últimas contribuciones, CHAPMAN, R.: La formación de las sociedades complejas. El sureste de la Península Ibérica en el marco del Mediterráneo occidental, Barcelona, 1991, esp. pp.335-337; HARRISON, R.J.: "Bronze Age Expansion 1750-1250 B.C.: The Cogotas I Phase in the Middle Ebro Valley", Veleia, 12, 1995, pp.67-77; BLASCO BOSQUED, Mª.C.: "Aproximación a las relaciones entre la meseta y el sureste durante la Edad del Bronce", Verdolay, 7, 1995, pp.114-115; DELIBES DE CASTRO, G. y ABARQUERO MORAS, F.J.: "La presencia de Cogotas I en el País Valenciano: acotaciones al tema desde una perspectiva meseteña", Saguntum (Homenatge a la Pra. Dra. Milagro Gil-Mascarell Boscá; vol. II), 30, 1997, pp.129-131; SÁNCHEZ MORENO, E., op. cit., 1998, pp.648-655, donde se recogen las opiniones más recientes.
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26.- RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO, M. y GALÁN DOMINGO, E.: "Las estelas del suroeste como hitos de vías ganaderas y rutas comerciales", Trabajos de Prehistoria, 48, 1991, pp.257-273; GALÁN DOMINGO, E.: Estelas, paisaje y territorio en el Bronce Final del Suroeste de la Península Ibérica, Madrid, 1993, passim. En ocasiones la alusión a un punto de paso humano y ganadero no viene representado por una estructura, sino por un depósito material, probablemente ritualizado, localizado en un emplazamiento estratégico; en esta línea ha sido analizado recientemente el conjunto de la Ría de Huelva (RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO, M., "El significado de la Ría de Huelva en el contexto de las relaciones de intercambio y de las transformaciones producidas en la transición Bronce Final-Edad del Hierro", en Ruiz-Gálvez Priego, M., Ed., Ritos de paso y puntos de paso. La Ría de Huelva en el mundo del Bronce Final Europeo. Complutum, Extra 5, Madrid, 1995, pp.129-159).
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27.- PAREDES GUILLÉN, V., op. cit., 1888; vide nota 5.
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