Al final, incluyo tres casos de depósitos
votivos que corresponden seguramente a santuarios de este tipo. Naturalmente,
en varios de los casos es discutible la adscripción a este grupo
o al siguiente, aunque creo que hay suficientes argumentos en los que a
continuación presento como para aceptar mi propuesta.
constructivo,
a pesar de que en la segunda campaña, según él mismo
afirma, puso especial cuidado en intentar encontrar estos restos constructivos.
No obstante, Visedo realizó algunas apreciaciones de cierto interés
tras una cuidadosa observación de la topografía. De acuerdo
con las mismas, el edificio que sin duda tuvo que existir en ese lugar
tendría que ser, forzosamente, rectangular, y sus medidas no podrían
superar los ocho metros de ancho por los diez o doce de largo. Señala,
igualmente, que el edificio aparece aislado del resto del poblado, pudiendo
haber existido un pequeño muro que aislaría el santuario
del resto del hábitat 3.
Ha sido necesario aguardar hasta la campaña de excavación
de 1988 para disponer de más información sobre ese edificio;
en opinión de Llobregat su planta respondería a un modelo
de tradición oriental, compuesto por un vestíbulo A-3, una
sala rectangular (A-2) y un santuario con el piso a mayor altura (A-1),
aun cuando la construcción de lo poco que hoy se conserva parece
ser de época romana; no obstante, el autor no ve contradicción
entre esa fecha y el propio esquema constructivo y la presunta tradición
fenicio-cananea que él cree observar 4.
Todo el conjunto ocupa una superficie de 18 x 5 m., delimitada al oeste
por un muro de cierre que, al igual que el resto de las construcciones,
arranca perpendicular desde la muralla 5
(Figura 8).
El material más interesante que
ha deparado ese santuario, a falta de un mejor conocimiento de su aspecto,
está constituido por una numerosa colección de terracotas,
que son precisamente las que definen su carácter de lugar
sagrado.
El reciente estudio que sobre las mismas ha realizado J. Juan i Moltó
me evita entrar en un análisis de las etapas de la investigación,
y me contentaré con resumir sus conclusiones. Las técnicas
de elaboración son variadas, incluyendo el modelado a mano, el uso
del torno y el empleo de moldes, frecuentemente utilizados los tres en
una misma figura. Los tipos que Juan i Moltó distingue entre toda
esta producción son los siguientes: I.- Damas ibéricas; II.-
Pequeñas cabezas masculinas; III.- Cabezas y pequeñas cabezas
con cuello, de sexo indeterminado; IV.- Fragmentos de cabezas, torsos y
cuellos informes; V.- Máscaras y rostros de facciones helenísticas;
VI.- Bustos vestidos, con pendientes, collares y diademas; VII.- Composiciones
de varias figuras; VIII.- Pebeteros en formas de cabeza femenina; IX.-
Figuras de carácter primitivo (Figura 9);
el grupo más representado en todo el conjunto es el VII 6;
Blech sugiere, sobre la base de la presencia de terracotas elaboradas a
partir de moldes, relaciones del santuario de la Serreta con las regiones
costeras vecinas, lo que se debería según su opinión
al significado suprarregional del mismo 7;
aun cuando no cabe dudar de esas vinculaciones, el grueso de los exvotos
parece aludir a unos donantes mayoritariamente locales, presumiblemente
del propio poblado y, eventualmente, de su entorno inmediato, a lo que
parece densamente poblado 8.
Observa Juan i Moltó que la mayoría de las figuras aparecidas son femeninas y que suelen llevan los brazos recogidos bajo el pecho lo que para él es una clara alusión a cultos de la fecundidad 9.
Sin
duda, una de las terracotas más destacables de toda la serie, aunque
no procede del santuario, sino de una de las viviendas del poblado, es
la pequeña y compleja composición en la que, según
Llobregat, mostraría una "representación de la gran Diosa
a la que tan solo falta la cabeza de gran tamaño de ésta
amamantando a dos niños, y a su derecha e izquierda oferentes que
tocan la doble flauta, llevan palomas en las manos y van acompañados
por niños"10;
para Blázquez también se trata de una representación
de la diosa madre, cuyo atributo sería la paloma 11
(Figura 10).
Esta terracota realmente difiere bastante del resto del conjunto compuesto, como hemos visto, en su inmensa mayoría, por figuras aisladas y sin prácticamente ningún rasgo distintivo; seguramente no se trata, empero, de una imagen de culto, aunque su hallazgo en una zona de habitación quizá esté recalcando la religiosidad de su propietario o el carácter sacro del lugar en el que se halló 12 lo que, de ser cierto, permitiría incluir al mismo dentro del grupo de las capillas domésticas (vid. apartado 3.3.2); sin embargo, no podemos decantarnos al respecto por falta de más datos.
En cualquier caso el problema es saber si alude a un aspecto "mítico", es decir, si el fiel o el artesano han intentado representar, en forma simbólica las creencias que justifican ese culto 13 o si, por el contrario, se refiere a algún aspecto del ritual, como sugiere entre otros Blázquez que observa que al lado derecho de la imagen hay dos aulistas, lo que probaría, para dicho autor, "que danzas acompañadas de músicos formaban parte del ritual del culto a esta diosa" 14.
Volviendo al culto practicado en el santuario propiamente dicho, y a juzgar por la información que puede proporcionarnos la terracota en cuestión, aun cuando quizá no convenga prescindir de la primera opción la menos comprometedora es la segunda, que aludiría a algún tipo de ceremonia o ritual en honor de la divinidad, y que dotaría de un contenido mayor el culto allí ofrecido, más allá de la rutina cotidiana del "cuidador del santuario", encargado, según la reconstrucción de Llobregat, basándose en Blázquez, de hacer desaparecer cada cierto tiempo las ofrendas acumuladas en la pequeña sala de culto 15. No parece probable, sin embargo, que el mencionado "cuidador" dispusiera tranquilamente de los exvotos arrojándolos por la ladera del monte; seguramente existiría algún o algunos depósitos que serían los encargados de recibir aquellos artículos una vez hubiese acabado su período de vigencia. Más recientemente Llobregat piensa que es posible que el templo o santuario no sirviese de lugar de culto sino que "más bien se podría pensar en la posibilidad de una romería anual, para las gentes del entorno, y de una cierta mayor afluencia para los habitantes del poblado" 16.
Así pues, lo que posiblemente representa la terracota en cuestión sea una epifanía de la divinidad, que la misma se ve acompañada de asistentes entre los que figuran, al menos, flautistas, con amplios paralelos en todo el Mediterráneo 17. Es útil, aunque no incuestionable, la interpretación de Marín como "diosa madre de tipo mediterráneo, cuyo rasgo más característico es su aspecto nutricio, y a la que acuden las madres con sus hijos en demanda de protección, con un ritual de música y ofrendas como la paloma"18.
La cronología que se maneja para
el conjunto coroplástico del santuario oscila entre los siglos III
y I a.C. 19 que correspondería,
grosso
modo, con uno de los momentos más importantes en el desarrollo
del hábitat del que depende el santuario 20,
por más que parece evidente que el mismo, tras un lapso de cerca
de dos siglos, volvió a ser utilizado a partir del siglo III d.C. 21.
izquierda
de la desembocadura del Segura, la excavadora encontró en la zona
del "bancal B" un edificio importante compuesto de, al menos, ocho departamentos,
que pronto interpretó como destinado al culto; en él había
un patio con basas de columnas y algunos tipos cerámicos quizá
rituales (vasija geminada), restos de animales y cenizas, así como
un abundante repertorio cerámico en el que están presentes
las cerámicas polícromas, las pintadas de blanco, así
como cerámicas áticas y de barniz negro. En uno de los departamentos
(el d) se halló una pequeña hornacina con una basa de columnita
en el centro 22 (Figura
11). En los últimos años se han realizado algunos sondeos
en las zonas aledañas a esas antiguas excavaciones que han sacado
a la luz un repertorio cerámico muy similar, aunque no se ha podido
confirmar la eventual existencia del lugar de culto que propugnaba la investigadora
sueca y que no ha sido tomada nunca muy en serio 23.
La cronología que hoy se asigna al poblado va desde el siglo IV
al II a.C. 24. Ya en
el poblado del Oral, cuyos habitantes, según sugieren los excavadores,
serían los que se trasladasen a La Escuera para establecerse allí,
se halló en una habitación (IIIJ1), datada como el resto
del poblado en la primera mitad del siglo V a.C. un pavimento de arcilla
mezclado con cal en el que aparecía representada la figura de un
lingote, habitualmente vinculada a contextos funerarios (Pozo Moro, Los
Villares) 25 y quizá
también cultuales (Cancho Roano).
Se informa de que en la zona suroriental del yacimiento (sector 9-E) se excavó un departamento (2,48 m. x 3,85 m.) con un lecho de piedras de 0,83 m. x 1,35 m. y una altura de 0,24 m. del que se asegura que se trata de un altar; correspondería al estrato que Ramos Folqués llamaba E o ibero-púnico (238-50 a.C.) y que hoy día tiende a llamarse ibero-helenístico; sobre ese lecho de piedras había una terracota de un toro echado, que tal vez hacía funciones de pebetero, junto al que se hallaron varios vasos pintados (caballos, jinetes, gran ave, carnívoro, etc.); en las habitaciones que había en torno a la misma al norte, sur y oeste, se hallaron también posibles restos rituales; así, en la sala al norte de la central, se recuperó en una fosa un cráneo aislado, junto con otros materiales, lo que llevó al excavador a sugerir la existencia de un culto al cráneo; al momento siguiente (D, ibero-romano, 50 a.C.-50 d.C.), y a la sala al oeste de la central le correspondería una fosa, con representaciones de cabezas humanas en pintura y escultura, entre ellas fragmentos de pebeteros, de una máscara, etc.; al oeste de la fosa un departamento con un cáliz, dos vasitos gemelos y un vaso con tres departamentos, estos últimos de claro carácter religioso. Se trataría, por lo tanto, en opinión de Ramos Folqués de un lugar de culto con altar, vinculado al culto del toro y del cráneo 33. No queda clara, a partir de las descripciones, ni la sucesión cronológica ni las relaciones entre los diferentes "sectores" de este lugar de culto, por más que Ramos Fernández haya presentado una visión algo más coherente, pero no acompañada ni de planos ni de detalles sobre los materiales; confirma unas cronologías para los momentos iniciales en el siglo II a.C., con perduración de su función durante el siglo I a.C. 34.
En el estado actual de conocimiento de
esta zona cultual resulta difícil decantarse por su adscripción
a este tipo de lugares de culto "cívicos" o considerarlo únicamente
como zona de culto doméstico, como los que serán tratados
en su lugar correspondiente (vid. apdo. 3.3.2.3); sin embargo y
a pesar de lo confuso de los detalles que proporcionan los excavadores
no parece caber duda de que nos hallamos ante un centro cultual especializado,
a juzgar por los vasos rituales, de los que no he encontrado publicado
dibujo alguno, aunque sí fotografías; de ser cierta la agrupación
de estancias que sugieren Ramos Folqués y Ramos Fernández,
y aunque tampoco he visto plantas publicadas, posiblemente nos encontrásemos
con una zona sacra de carácter algo más amplio que el correspondiente
al círculo meramente familiar; no obstante, la adscripción
de este lugar de culto al tipo propuesto debe seguir siendo hipotética.
Situación
distinta a la descrita anteriormente es la que presentan los restos excavados
debajo de los niveles de la posterior basílica paleocristiana, que
sugieren la existencia de una estructura cultual de cierto empaque dotada
de altar y, en una de sus fases, de una especie de pozo de ofrendas; seguramente
en su interior o en sus inmediaciones había conjuntos escultóricos
que, según la hipótesis del excavador acabaron, tras su destrucción,
componiendo el pavimento de la calle adyacente. El conjunto es datado por
el excavador a fines del siglo VI en su primera fase, datándose
la segunda, erigida sobre los restos de la primera a fines del siglo III
a.C. (Figuras 12 y 13) 35.
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La
revisión de las antiguas excavaciones en el poblado de San Miguel
de Liria (Figura 14), así como de alguno
de los contextos, ha permitido avanzar una hipótesis interpretativa
de una de las estructuras del hábitat, en la que aparecieron interesantes
vasos pintados, en el sentido de que se trataba de un templo 36.
Concretamente, se trata de los departamentos 12 a 14, excavados en 1934;
el departamento 12 (3,7 x 7,2 m.) tenía un pavimento de adobes y,
en el centro, una piedra de 43 x 43 x 57 cm. con la parte superior biselada
y restos de enlucido, interpretada como un betilo o pilar-estela; el departamento
14 b, de 1,5 m. de anchura y pavimentado con piedras sería un pórtico
de entrada; el departamento 13, que comunica con el 14
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La destrucción del edificio tendría lugar a inicios del siglo II a.C., aunque las cerámicas de esta época coexisten con vasijas áticas del siglo IV a.C., debido a fenómenos de pervivencia de piezas de prestigio, circunstancia que es bastante frecuente en todo el poblado 38; más problemática es la cuestión de que la aparición de gran número de vasos figurativos en el templo de Edeta otorgue "indiscutiblemente un significado ritual al estilo figurado de Llíria y, a juzgar por las escenas, refleja el alcance colectivo suprafamiliar de las ceremonias celebradas en torno a este edificio" 39. Seguramente en algunas de las figuras podemos ver, en efecto, representaciones rituales (procesiones, personajes entronizados ...) pero en otras sólo descripción de actividades habituales, al menos para ciertos grupos sociales (guerra, cacerías, etc.).
Queda, a mi juicio, por explicar, la presencia de cerámicas con temas similares en otros departamentos de los excavados en el poblado como, por ejemplo, el número 41 en el que un somero vistazo a la publicación del Corpus Vasorum Hispanorum permite constatar la presencia en el mismo de materiales, por calidad y cantidad, similares a los hallados en las estancias 12-14, especialmente en la primera de ellas 40; ¿podría tratarse de otro lugar de culto?. Quizá no haya que descartar dicha posibilidad
Fue la presencia de las mencionadas cabezas
votivas en el depósito de la estancia 12 de San Miguel de Liria,
que han sido objeto de un estudio pormenorizado, las que han dado la pista
para la identificación de posibles lugares de culto en el territorio
edetano, tales como el Puntal dels Llops (vid. apdo. 3.3.2.4) y
el Castellet de Bernabé (vid. apdo. 3.3.2.5). Con relación
a estas figuras cabe decir que son de arcilla y huecas, de factura desigual,
realizadas con molde para la parte del rostro, pero bastante retocadas
a mano; antes de la cocción, eran pintadas, de blanco los rostros
femeninos y de beige o rosa los masculinos. Se interpreta a estas producciones
como objetos de culto, "lo cual no contradice que en determinado momento
pasasen a ser exvotos u ofrendas en los santuarios, necrópolis o
depósitos votivos", quizá en relación con imágenes
idealizadas de los antepasados 41;
quizá en relación con estas cabezas votivas se hallen algunas
imitaciones de los conocidos "pebeteros" o "quemaperfumes" en forma de
cabeza femenina, realizadas en la misma técnica que aquéllas,
y que acaso acabaron por adquirir carácter de exvotos u objetos
de culto 42 .
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También proceden de la acrópolis enterramientos de perros en cistas, así como deposiciones de restos de ovicápridos bajo algunas casas, acaso sacrificios rituales 46; sobre la riqueza figurativa de la cerámica ibérica de Azaila no entraré como, en general no entro en el tema de la iconografía cerámica ibérica. La cronología de todo este período se situaría entre el 200 a.C. y el 76-72 a.C. 47.
De lo que no cabe duda es del carácter
cultual de otro edificio rectangular, con revestimiento interno de estuco;
al fondo, un alto podio en el que situaron dos estatuas de bronce; el piso
era de mosaico y su acceso se realizaba a través de un pórtico
con columnas in antis; se trata, naturalmente, de un templo romano
que poco nos ilustra sobre la religiosidad del poblado ibérico 48,
y cuya datación se sitúa en el segundo cuarto del siglo I
a.C..
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Independientemente de los otros eventuales de culto que pudieran haber existido en la ciudad ibérica de Ullastret (vid. apdo. 3.3.2.6), en la parte alta del Puig de Sant Andreu, donde actualmente se encuentra el Museo Monográfico se detectaron también durante las excavaciones de los años cincuenta los restos de lo que parecen ser dos templos. En el lado sur se halló la planta de un templo in antis, rectangular (6,9 m. x 6,2 m.), del cuyo vestíbulo apenas se conserva nada; presenta contrafuertes externos, dos en la parte posterior, tres en un lado y dos en el otro (Figuras 18 a y 18 b); orientado hacia oriente, se conservan restos del pavimento. En él se hallaron, junto con otros materiales, varias terracotas que representan rostros humanos 49. El templo se destruye en el siglo III a.C., aunque es posible que su construcción fuese anterior 50. Muy posiblemente de este templo proceden algunos sillares que presentan decoración de roleos y motivos vegetales 51 así como restos de cornisas, y lo que posiblemente era el ara del mismo, en piedra 52. | ![]() |
A un metro de este templo, en su costado norte y paralelo a él se halló otro edificio, cuya cara exterior está revestida de estuco rojizo y parece otro templo del mismo tipo; A. Martín sugiere que esta disposición de barrio sagrado en la parte alta copia la disposición de muchas ciudades griegas 53.
Por lo que se refiere a los exvotos mencionados,
los mismos han aparecido también en otras zonas del poblado; se
trata de máscaras votivas que pueden datarse en torno al siglo III,
momento de destrucción del templo.
Proceden
seguramente de un mismo taller local, están hechas a molde y algunas
conservan restos de pintura blanca; seguramente estaban colgadas de la
pared del templo, a la altura de las orejas (Figura
19). De los 29 fragmentos conocidos, sólo 15 son susceptibles
de ser clasificados en tres tipos: máscaras idealizadas, expresivas
y mitológicas (Gorgona, Aqueloo, Sátiro). La relación
de estos exvotos es claramente con motivos y costumbres griegas, más
que con las ibéricas. El templo, sugiere M.T. Miró, estaría
dedicado a alguna divinidad "relacionada amb cultes a la fertilitat,
el que seria bastant normal en un món en el qual la seva activitat
principal consisteix en l'agricultura i la ramaderia"; sin embargo,
se resiste a pensar en Deméter y cree más bien que lo estaría
"a
un altre tipus de divinitat, segurament autòctona del mòn
ibèric, el culte de la qual sofreix modifications amb l'assimilació
de ritus foranis"54;
Pujol, por el contrario, piensa en una asimilación indígena
de Artemis 55. En todo
caso, es el único caso conocido de templo ibérico, con unos
exvotos en terracota semejantes a los de los templos griegos.
El
hallazgo casual de un timiaterio de bronce en 1986, de clara tradición
orientalizante, que representa a una figura femenina sosteniendo una paloma,
que se propone datar entre los últimos decenios del siglo VI y el
siglo V a.C., 56
(Figura 20) dio la pista para iniciar las excavaciones
en el lugar en el que había aparecido. Aún se ha publicado
muy poco de dicho yacimiento, pero sí lo suficiente como para poder
empezar a tener una idea de qué nos encontramos en el mismo; según
los excavadores, a fines del siglo VI se procedió a la construcción
de un pequeño poblado, que fue realizado simultáneamente,
junto con su muralla y sistemas defensivos. En el interior, y a lo largo
de las dos primeras campañas se ha hallado una serie de conjuntos
interpretados como casas-almacén, debido al hecho de que las estancias
están repletas de ánforas, evidentemente con una capacidad
muy superior a la de un posible autoconsumo. Destacando del conjunto hay
un edificio, el nº 2, cuyo carácter singular parece claro,
apuntando sus excavadores a un espacio de carácter sacro. Se trataría
de
"dos
conjuntos adosados que, cultualmente, deben ser estudiados como un todo.
El más al norte tenía un doble compartimento con acceso directo
desde la calle. El situado al sur, de una sola habitación, documentó
un muro medianero que partía internamente en dos el espacio y una
puerta cegada en el mismo momento de la construcción del edificio.
Una 'puerta falsa', enmarcada por dos columnas, con pseudo-capiteles que
daba a la calle principal. Ambos conjuntos presentan un voluntario adelantamiento
de sus muros perimetrales definiendo, así, un espacio
in antis"57;
en el mismo se hallaron armas (lanzas) y cerámicas de importación
(cinco copas Cástulo, frente a lo habitual, una, en el resto de
las estancias), pesas de telar, objetos en hierro y bronce, sítula,
etc. y, seguramente, a dicho espacio se vincularía el timiaterio 58
(Figura 21, Figuras 22a,
22b
y 22c); los excavadores aseguran que fueron buscando
un santuario "en la creencia de que los objetos rituales se vinculan
mecánicamente a determinados espacios prefigurados por nuestras
categorías modernizantes"; sin embargo, tras las dos primeras
campañas consideran que "no hubo de existir por tanto un espacio
sagrado específico, como tal, sino un uso sagrado de un utensilio
y de un lugar - como los thesauroi griegos donde el aristócrata
concentraba sus bienes, los keimélia accesibles sólo
bajo su autoridad directa y su control - donde nuestro objeto se guarda
y se transmite a lo largo de varias generaciones" 59.
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El poblado de la Quéjola permanecería
activo según su excavador entre fines del siglo VI y fines del siglo
V a.C. 60 aunque,
realmente, el único elemento que parece remontar la cronología
a fines del siglo VI y primera mitad del siglo V es el timiaterio, ya que
el resto de los materiales, especialmente las copas Cástulo encajan
más en una cronología de la segunda mitad de ese siglo.
A
partir de un par de fragmentos arquitectónicos, sin contexto, R.
Lucas y E. Ruano han sugerido la existencia de un pequeño edificio
templario para el que se buscan afinidades fenicio-púnicas, junto
con una cronología entre los siglos IV-III a.C.; aunque la reconstrucción
gráfica que proponen es sugerente 61
(Figura 23), y no habría que descartar
la existencia de tales pequeños edificios en un centro como Cástulo,
sigue habiendo mucho de hipotético en la forma concreta del edificio
que resultaría de tal restitución. De cualquier modo, de
Cástulo proceden abundantes restos arquitectónicos, que sugieren
la existencia de importantes edificios públicos, algunos de los
cuales podrían muy bien ser templarios 62.
En
la primera campaña, desarrollada en 1988, se hallaron varios exvotos
de bronce, que representaban figuras masculinas, vestidas y desnudas, figuras
de jinetes, figuras femeninas y de animales, y partes del cuerpo humano;
el contexto arqueológico en el que aparecieron no es muy claro,
aunque se hallaron todas ellas muy próximas entre sí. No
parecen relacionables por sus tipos con los procedentes de los dos grandes
santuarios giennenses, y quizá hayan sido producidos localmente.
La cronología que se les atribuye es amplia, entre los siglos V
y III a.C. 64. Ulteriormente,
han aparecido más exvotos en campañas de excavación
sucesivas y se ha ido perfilando la ubicación del santuario al que
presuntamente corresponden en la parte sureste del yacimento 65.
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1.- RENFREW, C. (1985) The Archaeology of Cult.
The Sanctuary at Phylakopi. Londres: 21.
Volver al texto
2.- LLOBREGAT CONESA, E.A.; CORTELL, E.; JUAN, J.; SEGURA,
J.M. (1992) "El urbanismo ibérico en la Serreta". Recerques del
Museu d'Alcoi. 1: 37-40.
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3.- VISEDO MOLTÓ, C. (1920-21) "Excavaciones
en el Monte 'La Serreta' próximo a Alcoy (Alicante)". MJSEA,
41: 1-12; VISEDO MOLTÓ, C. (1921-22) "Excavaciones en el monte 'La
Serreta' próximo a Alcoy (Alicante)". MJSEA. 45: 1-13; cf.
LLOBREGAT CONESA, E.A.; CORTELL, E.; JUAN, J.; SEGURA, J.M. (1992) "El
urbanismo ibérico en la Serreta". Recerques del Museu d'Alcoi.
1: 49-50.
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4.- LLOBREGAT CONESA, E.A.; CORTELL, E.; JUAN, J.; SEGURA,
J.M. (1992) "El urbanismo ibérico en la Serreta". Recerques del
Museu d'Alcoi. 1: 62-69.
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5.- LLOBREGAT CONESA, E.A.; CORTELL, E.; JUAN, J.; SEGURA,
J.M. (1992) "El urbanismo ibérico en la Serreta". Recerques del
Museu d'Alcoi. 1: 62.
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6.- JUAN I MOLTÓ. J. (1987-88) "El conjunt de
terracotes votives del santuari ibèric de la Serreta (Alcoi, Cocentaina,
Penàguila)".
Saguntum, 21: 295-329.
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7.- BLECH, M. (1990) "Iberische Terrakotten. Beobachtungen
zu einer Statuette im Archäologischen Museum von Malaga". Verdolay.
2: 95.
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8.- ABAD, L. (1989) "El sur del País Valenciano".
Habitats
et structures domestiques en Méditerranée Occidentale durant
la Protohistoire. (Preactas del Coloquio). Arles: 78-79.
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9.- JUAN I MOLTÓ, J. (1990) "La plástica
ibérica en arcilla de la provincia de Alicante". Ayudas a la
Investigación. 1986-87. 3. Alicante: 144.
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10.- LLOBREGAT CONESA, E.A. (1984) "Iberización".
Alcoy.
Prehistoria y Arqueología. Cien años de investigación.
Alcoy: 252.
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11.-BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.M. (1983) Primitivas
religiones ibéricas, II. Religiones prerromanas. Madrid: 102-103.
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12.- Cf. por ejemplo, JUAN I MOLTÓ. J.
(1987-88) "El conjunt de terracotes votives del santuari ibèric
de la Serreta (Alcoi, Cocentaina, Penàguila)".
Saguntum,
21: 326-327 que sugiere la existencia de un culto doméstico de tipo
familiar.
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13.- LLOBREGAT CONESA, E.A. (1984) "Iberización".
Alcoy.
Prehistoria y Arqueología. Cien años de investigación.
Alcoy: 252-253.
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14.- BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.M. (1983) Primitivas
religiones ibéricas, II. Religiones prerromanas. Madrid: 102.
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15.- LLOBREGAT CONESA, E.A. (1984) "Iberización".
Alcoy.
Prehistoria y Arqueología. Cien años de investigación.
Alcoy: 252.
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16.- LLOBREGAT CONESA, E.A.; CORTELL, E.; JUAN, J.;
SEGURA, J.M. (1992) "El urbanismo ibérico en la Serreta". Recerques
del Museu d'Alcoi. 1: 69.
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17.- BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.M. (1983) Primitivas
religiones ibéricas, II. Religiones prerromanas. Madrid: 102-103;
JUAN I MOLTÓ. J. (1987-88) "El conjunt de terracotes votives del
santuari ibèric de la Serreta (Alcoi, Cocentaina, Penàguila)".
Saguntum,
21: 324-325.
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18.- MARÍN CEBALLOS, M.C. (1987) "¿Tanit
en España?".
Lucentum. 6: 64.
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19.-JUAN I MOLTÓ. J. (1987-88) "El conjunt de
terracotes votives del santuari ibèric de la Serreta (Alcoi, Cocentaina,
Penàguila)".
Saguntum, 21: 327-329.
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20.- ABAD, L. (1983) "Un conjunto de materiales de
la Serreta de Alcoy".
Lucentum, 2: 173-198.
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21.- ABAD, L. (1984) "Romanización". Alcoy.
Prehistoria y Arqueología. Cien años de investigación.
Alcoy: 274-276.
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22.- NORDSTRÖM, S. (1967) Excavaciones en el
poblado ibérico de la Escuera (San Fulgencio, Alicante). Valencia.
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23.- LLOBREGAT CONESA, E.A. (1972) Contestania Ibérica.
Alicante: 86-88.
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24.- ABAD. L. (1986) "La Escuera". Arqueología
en Alicante, 1976-1986. Alicante: 146-147.
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25.-ABAD, L.; SALA SELLES, F. (1993) El poblado
ibérico de El Oral (San Fulgencio, Alicante). Trabajos Varios del
S.I.P., 90. Valencia: 179.
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26.- Cf. RAMOS FERNÁNDEZ, R. (1975) La
ciudad romana de Illici. Estudio arqueológico. Alicante: 102-104.
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27.-RAMOS FERNÁNDEZ, R. (1975) La ciudad
romana de Illici. Estudio arqueológico. Alicante: 131-132.
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28.- RAMOS FERNÁNDEZ, R. (1975) La ciudad
romana de Illici. Estudio arqueológico. Alicante:
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Este artículo puede verse también en versión electrónica
en la siguiente dirección:
http://www.ffil.uam.es/reib/ramos.htm
Igualmente, sobre el yacimiento y, sobre templo ibérico, puede
consultarse la siguiente direccion:
http://www.ua.es/alcudia/castellano/excavacion/temploib.htm
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