IV- EL FRUTO DE LA CONTIENDA: BOTINES, TRIBUTO Y PRESTIGIO
Figura 32.- Terracota de Civitalba (Marche, Italia)De las acciones de asalto el bando vencedor extrae una serie de logros que repercuten en la estructura interna de su comunidad. Este hecho es ciertamente relevante pues permite avanzar propuestas sobre el ordenamiento social tomando como punto de partida, precisamente, las reacciones que provocan los beneficios de guerra y su distribución desigual entre la población. 
Figura 33.- Tesoros de Padilla de Duero (Valladolid)Por un lado están las ganancias materiales. Nos acabamos de referir al protagonismo que la obtención de determinados botines, caso del ganado y otros bienes naturales de riqueza, ostenta en la proyección de asaltos y embestidas. Aspectos que en absoluto son privativos de los populi peninsulares, sino que se muestran con igual familiaridad en la escenografía del Mediterráneo antiguo tal y como acreditan los impulsos guerreros de griegos (40) y celtas galos (41), por no hacer más extensa la lista de ejemplos. Pero no pocas veces el resultado de una contienda bélica significó, además del ingreso de nuevas fortunas resultantes de un saqueo instantáneo, la entrega de una tributación regular como precio de la paz (42). El grupo vencedor garantizaría durante el tiempo convenido la recepción de estos tributos a través de elementos de presión, con frecuencia la toma de rehenes (43). Todo induce a pensar que tales pagos serían realizados en patrones de riqueza local: caballos, reses y ganado menor, cereal, cargamentos de sal, prisioneros, cantidades de metal en bruto, joyas en oro y plata, pieles de buey curtidas, prendas textiles como los sagos meseteños, entrega de armas..., lo cual está bien documentado en tiempos de conquista como impuestos que las unidades hispanas, especialmente los núcleos celtibéricos (44), pagan a Roma (45). De forma aproximada podemos extrapolar para momentos prerromanos estas tributaciones como mecanismo interétnico, que además supone un instrumento no despreciable de enriquecimiento económico.
Figura 34.- Dibujos tomados de túnicas de los indios ArikaraPor otra parte, el enfrentamiento bélico depara también consecuencias de carácter ideológico igualmente destacables. Entre otras, la ganancia de fama y prestigio para los líderes victoriosos que suele traducirse en un incremento de su autoridad y poder. En este punto la guerra se convierte, en efecto, en una vía de promoción social y política (46). Si bien las fuentes literarias antiguas son muy avaras a la hora de reflejar estos aspectos, existen abundantes crónicas etnográficas sobre la relación tripartita: éxito guerrero - adquisición de prestigio - elevación de rango social. Citaremos sólo tres ejemplos que, salvando las distancias espacio-temporales, tienen en común con las comunidades protohistóricas del centro y occidente de la Península una serie de premisas culturales que dan cierto fundamento a esta tentativa de comparación -aunque se anuncian aquí a título de mero apunte sin pretensión alguna de ligazón directa-; a saber, el tratarse de “sociedades de frontera” (en contextos interiores, pero de transición dada su proximidad a regiones más dinámicas y activas), el hecho de estar en contacto con potencias colonizadoras (Roma en nuestro análisis, los estados europeos en expansión para los casos etnográficos) y su vocación eminentemente ganadera.
Figura 35.- Danza ritual previa al combate.Así pues, entre las distintas tribus indias de las praderas centrales de Norteamérica, los jefes guerreros ven incrementar poderosamente su liderazgo gracias al prestigio que procuran el triunfo sobre sus rivales y la acumulación de riquezas, especialmente las manadas de caballos que son el móvil principal de sus pillajes; al tiempo, partiendo de la posición rectora de estos líderes y en función de los comportamientos guerreros, se va Figura 36.- Caravana de tuaregs (Túnez)estableciendo el ranking social imperante (47). En el valle colombiano del Cauca, las jefaturas nativas hallan también en la guerra un mecanismo de evolución política y complejidad social (48): en este caso, la toma de prisioneros a emplear en tareas económicas como mano de obra esclava se convierte en una fórmula de ascenso social dado que cuantos más cautivos logre un guerrero mayor será su influencia y estatus. En lo que respecta a los grandes jefes, sus triunfos guerreros permiten legitimizar el ejercicio de poderes ilimitados; además de recibir grandes recompensas, pueden llegar a ser consagrados en ceremonias rituales. Finalmente, para las tribus de tuaregs del África centro-oriental la acumulación de cabezas de camellos robados o cobrados como tributo y el control militar de las rutas pastoriles a larga distancia y del comercio caravanero transahariano actúan asimismo como pautas de ordenamiento social y de consolidación del dominio de las aristocracias guerreras (49). 
Se retomará más adelante la cuestión de la naturaleza del poder de las minorías dirigentes del occidente hispano acudiendo a uno de los perfiles que integran la figura de Viriato transmitida por la tradición clásica. Antes nos detendremos de nuevo por un momento en un detalle más de la guerra que trasciende claramente a la esfera socio-económica: la entrada y manipulación de los bienes conquistados.
V- REPARTO Y REDISTRIBUCIÓN; RIQUEZA Y SOCIEDAD
Figura 37.- La redistribución como modelo de intercambio e interacción socio-económicaLa irrupción en una comunidad local de mercancías foráneas (llegadas como triunfos de guerra o a través de cualquier otra posible vía) y las formas en que los grupos de poder proceden a repartirlas entre la población, dan cobijo a una modalidad de interacción que es al tiempo un sistema de organización socio-económica bien conocido: la redistribución desde un punto central. 
Figura 38.- Oppida de la Europa céltica.Esta variante fue definida por K. Polanyi (50) como el movimiento de intercambio y apropiación a partir de un centro principal y desde ese punto hacia fuera (51). A diferencia de otros mecanismos de relación más igualitarios y primitivos (el trueque o la reciprocidad), la redistribución es un funcionamiento de dependencia hacia un punto principal. Éste (la capital política de un estado, como arquetipo no exclusivo pues también puede considerarse como “centro” la propia figura de un poder personal como veremos seguidamente) es el lugar desde el que se controlan los recursos, se organiza la producción, se distribuyen las riquezas internamente entre las distintas capas sociales y también desde el que se trazan con el exterior redes de intercambio y comercio. Es decir, a partir de ese referente central que funciona al tiempo como presumible cabeza política y vértice social, se estructura la Figura 39.- Superficies de oppida centroeuropeos en comparación con oppida vetonesorganización económica y se perfila el cuerpo social de una comunidad. Al fundamentarse en un núcleo rector o central place (52), constituye un sistema de centralización propio de sociedades arcaicas complejas (según Polanyi), de jefatura evolucionada (a juicio de Sahlins, Service o Harris) o en vías de consolidación estatal (los bautizados por Renfrew como early state module). Egipto, Sumer, Babilonia o el Imperio Inca han sido tomados como ejemplos clásicos de redistribución; pero el modelo también puede ser aplicado en otra escala a realidades más cercanas a nuestros intereses, caso de los grandes oppida centroeuropeos que están operando como células políticas autónomas a fines de la Edad del Hierro (53).
Figura 40.- Oppidum vetón de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila)Tornando a nuestro marco de estudio, algo parecido puede observarse en los extensos castros u oppida del interior peninsular (54). Se trata de lugares referenciales para la sociedad en torno a los cuales, además, se aglutina la población. Por una parte, en lo que respecta a las minorías dirigentes, las cuadrillas guerreras y otros sectores de ciudadanos, los oppida prerromanos son foros residenciales, bases defensivas y sede de las principales instituciones políticas y religiosas; por otro lado, representan áreas de producción y especialización económica para el grueso de la población dedicada a labores agro-pecuarias y artesanales. En esferas como la lusitano-vetona (55) y más señaladamente en el círculo vacceo, caracterizado por un paisaje urbano homogéneo a base de grandes civitates diseminadas reguladamente sobre el territorio (56), algunos de estos hábitats mayores pueden tenerse como unidades básicas de organización socio-económica, política y territorial desde el siglo IV a.C.; esto es, como lugares-centrales y núcleos redistributivos. Dichos enclaves ejercen, pues, de cabezas comarcales sobre hábitats menores, gentes y territorios dependientes y jerarquizados. 
Figura 41.- Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila)Descendamos del plano territorio-poblacional a categorías humanas menos abstractas. Los grupos de poder de las comunidades prerromanas, identificables en el espacio con los oppida o central-places a los que acabamos de referirnos, son quienes tienen acceso restringido y controlan los recursos económicos entre los que se enumera la guerra, más concretamente los beneficios que ésta trae consigo cuando se revela propicia. A partir de la posición privilegiada de estas jefaturas militares -también denominadas aristocracias guerreras- se van estableciendo relaciones sociales fuertemente
Figura 42.- Hábitat jerarquizado en el Hierro II de la Meseta Occidental Figura 43.- Oppidum vacceo de Cuestacastro (Mota del Marqués, Valladolic)
jerarquizadas que no son sino el reflejo de un reparto desigual de riqueza y rango. Ello queda patente en modelos explicativos como la redistribución de bienes. Se ha abordado aquí una lectura económica y un tanto teórica del mismo, es hora ya de desgranar el esquema redistributivo en clave sociológica y de forma mucho más tangible. Para este fin nos valdremos de un personaje tradicional en los manuales escolares de Historia de España, Viriato (57).
Figura 44.- Viriato y otros patriotas de la España antigua, según libros del Bachillerato franquista
VI- EL PAPEL DEL LÍDER Y LA ARTICULACIÓN SOCIAL. VIRIATO COMO PARADIGMA
Figura 45.- La muerte de Viriato, jefe de los Lusitanos, de J. de MadrazoContamos con una imagen literaria que a pesar de estar envuelta en el mito da cuenta de la importancia que tiene en las sociedades del occidente peninsular la redistribución de botines y tributos de guerra. Un reparto dirigido por una cabeza militar (representación eventual, pero notoria, de la idea de poder o lugar central recién expuesta) y que es utilizado por la misma como medida de orden social. Nos referimos a Viriato, al que sólo en este punto nos vamos a permitir atribuirle un apelativo nuevo, el de jefe redistributivo.
Figura 46.- Viriato, terror Romanorum (escultura de E. Barrón en Zamora)No cabe duda de que la del lusitano es una de las figuras que mayor número de páginas ha acaparado en la bibliografía de la Hispania antigua. Su tratamiento ha ido variando con el tiempo en función del desarrollo de una investigación que, según circunstancias y en unas épocas más que en otras, se ha movido al ritmo de intereses ideológicos e incluso de modas políticas dominantes. En este sentido consideramos que una breve retrospectiva historiográfica puede resultar conveniente para contextualizar lo mejor posible nuestro propio comentario. 
Figura 47.- Escena de la vida de Viriato en ilustraciones de libros escolares del franquismo Figura 48.- Escena de la vida de Viriato en ilustraciones de libros escolares del franquismo
Dejando a un lado los trabajos más antiguos de la escuela alemana de fines del XIX, supeditados a la información textual clásica con arreglo al historicismo positivista representativo de aquellos momentos (58), y las apreciaciones pseudo-históricas de algunos escritos nacionales (en su mayoría debidos a militares) exaltando la heroicidad de Viriato en la historia-patria y reivindicando su cuna hispana frente a la adscripción portuguesa (59), el primer estudio pormenorizado sobre Viriato es el que publica Adolf Schulten en 1917 (60). Gracias al rastreo de las fuentes, a la identificación de topónimos antiguos y a la reconstrucción histórica de la gesta y movimientos viriáticos ofrecidos, esta obra supuso un punto de partida obligado para los trabajos posteriores que la han continuado, a pesar de sus vicios y limitaciones. El Viriato de Schulten es, fundamentalmente, el retrato del caudillo de la libertad ibérica frente al expansionismo romano, en un ensayo caracterizado por los prejuicios etnográficos propios del método schulteniano, tal y como pone de manifiesto la crítica de nuestros días (61). Se puede decir que los estudios emprendidos a partir de entonces se circunscriben dentro de dos tendencias bien determinadas que todavía hoy se mantienen: los análisis históricos de corte más o menos descriptivo insertados en el proceso global de la conquista romana de Hispania, de un lado, y las autopsias acerca del Viriato -o Viriatos- transferido por los clásicos a la sombra de proyecciones ideológicas y filosóficas, de otro lado. 
Figura 49.- Guerras lusitanas y campañas de ViriatoDentro de la primera corriente cabe citar las aportaciones de García y Bellido (62), que aunque acotado al tema concreto de las rebeliones indígenas se muestra como trabajo de gran originalidad -más teniendo en cuenta la época en que está escrito (63)-, Simon (64), Gundel (65), Dyson (66), Bane (67), Knapp (68) y, más recientes en el tiempo, Santos Yanguas y Montero (69), Richardson (70), López Melero (71), de Francisco (72), Curchin (73) y Pitillas (74). Con miras más equilibradas y desprovistos de la retórica grandilocuente y ensalzadora de otras décadas, estos trabajos ponen el acento en el relato de las campañas militares y la estrategia guerrera desplegada por Viriato, en las causas de la revuelta lusitana y la situación interna de las entidades prerromanas o en la relación Hispania-Roma a mediados del siglo II a.C., con miramiento especial a las consecuencias de la guerra viriática en la evolución política de la república romana. 
Tomando parte del segundo tipo de aproximación, merecen subrayarse los análisis internos llevados a cabo por Lens Tuero (75), García Moreno (76) y García Quintela (77) sobre el trasfondo de la literatura viriática. 

 

Figura 50.- Interpretaciones de las incursiones de Lusitanos y de ViriatoEn el primero de estos ensayos, un minucioso análisis filológico lleva a enjuiciar la historia de Viriato transmitida por Posidonio a través de Diodoro como una muestra de historiografía helenística y moralizante que convierte al líder lusitano en el prototipo del “buen salvaje” derivado de las doctrinas cínica y estoica. En definitiva, una reconstrucción ideológica con la cual los escritores de aquella corriente intentan contrarrestar y denunciar los signos de decadencia perceptibles en la Roma de los siglos II-I a.C. (78). Partiendo de presupuestos similares, esto es, la evocación del Viriato de los textos antiguos como héroe natural y justiciero siguiendo el cliché estoico-cínico posidoniano, García Moreno ha avanzado valiosas consideraciones sobre el entorno histórico del personaje. Entre las deducciones de mayor peso habría que señalar la vinculación de Viriato con la Lusitania meridional, en concreto con la región fronteriza de Beturia, corrigiendo la añeja visión de Schulten que hacía de la remota comarca de la Sierra de la Estrella al norte de Portugal su tierra natal, con todas las connotaciones de marginalidad y barbarie pertinentes (79). A conclusiones parecidas llega Pérez Vilatela (80), con un espíritu igualmente revisionista. Los estudios de García Moreno han ayudado asimismo a desmontar la leyenda que desde antiguo se ha tejido alrededor del jefe lusitano, empeño compartido por otros investigadores que han llamado la atención sobre el uso político del personaje, en tiempos romanos (exemplum de nobleza bárbara) y en la historia reciente (precursor del caudillaje militar) (81).

Figura 51.- Interpretaciones de las incursiones de Lusitanos y de ViriatoCon respecto a la obra de García Quintela, su objetivo es intentar demostrar que buena parte de los relatos sobre Viriato son coherentes con la ideología trifuncional indoeuropea descrita por G. Dumézil, especialmente con las denominadas primera y -con más dudas- segunda funciones: la del guerrero y la del soberano céltico de carácter cuasi divino, respectivamente. Con la novedad que supone sustituir el tradicional enfoque socio-económico por otro ideológico-simbólico de raíz indígena, el autor apoya sus argumentos en una exploración a fondo de varios ciclos indoeuropeos, examinando episodios germanos, irlandeses, hindúes, romanos y célticos (82). En cualquier caso, a nuestro entender resulta más reveladora la propuesta de juzgar que las fuentes griegas relativas a Viriato recogen una versión lusitana fosilizada en un discurso típicamente helénico: “parece posible afirmar que en Diodoro leemos la traducción al griego, seguramente con adaptaciones, de una creación intelectual indígena. Ésta reelabora la ideología tradicional para movilizarla en un momento histórico de resistencia contra los romanos e hipertrofia del rol del jefe” (83).
Curiosamente uno de los aspectos menos atendido es la actitud de Viriato repartiendo el botín entre los suyos. El que este particular haya pasado bastante desapercibido en la investigación es de suponer que se debe a la primacía de otros intereses: la vida del personaje (con escenas de tanto jugo como los esponsales, el asesinato o el solemne funeral) o el análisis de las tendencias histórico-literarias con que la historiografía cubre su excepcional silueta, como acaba de observarse. Y sin embargo el capítulo de la adjudicación de botines y regalos se repite en casi todas las fuentes que se detienen en Viriato. Hagamos una recopilación de estas referencias: 
Diodoro, XXXIII, 1, 3:
“en el reparto del botín era justiciero, y distinguía con regalos a los que se señalaban por su valor” (84)
Diodoro, XXXIII, 1, 5:
“Viriato, el jefe de ladrones lusitano, era justo en el reparto del botín: basaba sus recompensas en el mérito y hacía regalos especiales a aquellos de sus hombres que se distinguían por su valor, además no cogía para su uso particular lo que pertenecía a la reserva común. Debido a ello, los lusitanos le seguían de buen grado a la batalla y lo honraban como su benefactor y salvador común” (85)
Diodoro, XXXIII, 21a:
“En el reparto del botín no tomaba nunca una parte mejor que los otros; y de lo que tomaba, u obsequiaba a los que más se distinguían o subvenía a las necesidades de los soldados” (86)
Apiano, Iber., 75:
“Tanta fue la añoranza que Viriato dejó tras de sí, el que más dotes de mando había tenido entre los bárbaros y el más atrevido ante todo por delante de todos y el más presto al reparto a la hora del botín. Pues nunca aceptó tomar una parte mayor a pesar de que continuamente le animaban a ello; e incluso lo que tomaba se lo entragaba a quienes más habían destacado en la lucha. Por esto, un asunto complicado y no fácilmente conseguido por ningún otro de los generales: durante los ocho años de esta guerra un ejército constituido de elementos heterogéneos nunca se le rebeló y siempre fue sumiso y el más resuelto a la hora del peligro” (87)
Cicerón, De off., II, 40:
“Y así por su equidad en repartir el botín obtuvieron un gran poder no sólo Bardilis, bandolero ilirio, sino también y mucho mayor el lusitano Viriato” (88)
La escena interesa por distintas razones. Además de reparar de nuevo en el contexto bélico lusitano (150-139 a.C.), el episodio ilustra muy bien cómo el resultado de un triunfo guerrero da paso a un mecanismo socio-económico de redistribución de bienes y recompensas que alcanza jerárquicamente al conjunto de los guerreros victoriosos. Y cómo ese mecanismo es operado por el cabecilla de la comunidad, quien simultáneamente acrecienta las bases de su poder gracias precisamente a los resultados de la acción militar; tanto más prestigiosa cuanto más lejano sea el escenario de los hechos y más poderosos sean el enemigo a batir y los símbolos identificativos de tales hazañas. Por descontado que nuestra lectura es una interpretación hipotética; una particular adaptación histórica de la metáfora literaria de Viriato, si se quiere, pues en verdad las fuentes clásicas retratan al pastor, ladrón y caudillo lusitano como a un Robin Hood protohistórico (89): un delicuente o bandido al que casi justifican por su talante igualitario, justo y barbarizadamente noble (90), según el modelo del buen salvaje o la doctrina cínica de los que participa la historiografía clásica (91). Por eso, la enseñanza extraíble automáticamente de esta tradición literaria es la del comportamiento ejemplar y equitativo de Viriato, que no toma nada para sí y que concede regalos especiales a quienes se han distinguido en la lucha; todo lo cual hace que sea admirado y respetado fielmente por los suyos hasta el punto de no tener que hacer frente a ninguna rebelión interna. 
Figura 52.- Estructura social de los LusitanosPero, al margen de la evidente intencionalidad moralizante, estos textos cobijan una serie de pistas que permiten formular preguntas de finalidad más marcadamente histórica, por ejemplo sobre el liderazgo militar y las relaciones sociales. ¿Cuál es la naturaleza del poder en estos grupos? ¿Qué grado institucional alcanzan los jefes guerreros del occidente hispano? ¿De qué otros testimonios disponemos para aprehender la fuerte jerarquización y los lazos de dependencia personal?
Las informaciones literaria y arqueológica coinciden en señalar la existencia de una acusada diferenciación social en las poblaciones de la Protohistoria Final. A la cabeza suele situarse una jefatura o elite aristocrática de acentuado carácter guerrero, especialmente en los siglos IV-II a.C., que, no en vano, va evolucionando y transformándose con el tiempo en virtud de procesos internos y de acontecimientos externos tan relevantes como la incursión de cartagineses y romanos por el interior peninsular. El contrapunto a este sector privilegiado es una masa de gente empobrecida y sin recursos, dispuesta en los niveles más bajos de la sociedad, que cabe relacionar con prácticas supuestamente marginales, al menos bajo el prisma ideológico clásico, como el bandolerismo, el mercenariado y la prestación de servicios en el extranjero; costumbres que llamaron poderosamente la atención de los historiadores antiguos y sobre las que se han vertido chorros de tinta (92). 
Figura 53.- Ajuares funerarios guerreros de necrópolis vetonas de la provincia de ÁvilaEn las necrópolis, las sepulturas con distinto grado de monumentalidad, ajuar y riqueza, dan cuenta de algunas pautas sociales y de los objetos materiales asociables a determinados grupos humanos, por ejemplo la presencia de conjuntos de armas en las sepulturas de mayor nivel que anuncian a las elites rectoras recubiertas de una aureola guerrera (vide infra apartado VII). Los textos greco-latinos, por su parte, se refieren desde finales del siglo III a.C. y sobre todo en la centuria siguiente a una serie de dignatarios del ámbito occidental en lucha frente a la expansión romana. Entre el conglomerado lusitano-vetón se citan los nombres de Hilerno (93), Púnico (94), Césaro (95), Cauceno (96), Taútalo (97)..., aparte de Viriato. Desde el punto de vista institucional, las fuentes los titulan con términos como dux, imperator(98); apelativos que dejan entrever una categoría superior a la de simples magistraturas temporales y electivas pero que, sin embargo, no parecen alcanzar la distinción de soberanía propia de los reges y reguli del espacio ibérico-turdetano (99). En suma, sin ser demasiado explícitos los textos nos acercan al destacamiento socio-político de un puñado de figuras revestidas de poder guerrero: sus dotes y tenacidad les hacen encumbrarse en posiciones de liderazgo. No es de extrañar que los historiadores clásicos subrayen el componente militar de estos personajes dado que la información procede esencialmente del tiempo de conquista, lo cual suscita la familiaridad de tal semblante entre otras reducciones implícitas. Sin embargo, cabe presumir que el poder de estas figuras no es exclusivamente bélico sino que en muchos casos estas jefaturas,
Figura 54.- Escenificación de un banquete de jefes guerreros celtas.
limitadas en mayor o menor grado por las competencias de otros miembros pertenecientes a clanes nobiliarios o por órganos políticos oligárquicos (consejo de notables, asambleas ciudadanas más extensas), controlan igualmente las bases económicas. Esto les permite tener acceso restringido a los excedentes productivos. Al tiempo, se apropian de símbolos e imágenes de autoridad con el fin de legitimar su dominio, haciendo uso cuando es necesario de estrategias de manipulación ideológica sobre la población (100). 
 
Figura 55.- Exvoto ibérico de guerrero (Despeñaperros, Jaén)Del recurso alegórico de Viriato redistribuyendo entre los suyos se desprende, acaso también, la sensación de un ordenamiento social profundamente regulado. Esto se aviene con otras señales de jerarquía y dependencia que conocemos para la Hispania anterromana y que, en cualquier caso, acrecientan la evidencia de estar ante agrupamientos sociales cada más verticales y articulados, que además se desenvuelven en una atmósfera ritual de complejidad creciente. Por no citar más que tres hábitos suficientemente testimoniados, piénsese en: 
 
1) Las clientelas militares de devotii que surgen alrededor de una figura central, a quien consagran fidelidad de por vida hasta el punto de llegar a morir por él (101); tal costumbre llamó la atención de los clásicos, que la reseñan como idiosincrasia del guerrero hispano (102). Un eco de lo mismo puede verse en los funerales del propio Viriato (103), donde doscientas parejas de lusitanos luchan en combates singulares en honor del líder asesinado (104), a quien presumiblemente se hallaban vinculados clientelarmente. 

 

2) El hospitium indígena (105) que tiende a evolucionar hacia fórmulas de vinculación personal próximas al modelo del patronatus romano (106). Aunque esto es perceptible durante la conquista y en función de los intereses políticos de Roma sobre los nuevos territorios anexionados, el viraje de la hospitalidad (y de otras instituciones similares que no se han conservado) hacia compromisos de sumisión personal debe tener un arranque anterior explicable en el proceso de formación y consolidación de las aristocracias guerreras en los últimos siglos antes del cambio de Era. 
 

3) Los banquetes o fiestas de mérito que incluyen el intercambio de regalos de prestigio y la destrucción deliberada de riqueza como prerrogativa máxima de rango y autoridad en actos de exhibición desmedida y de reafirmación social (esto es, la ceremonia del Potlatch descubierta por la etnografía), entre otros ritos de competitividad social tan del gusto de las elites dirigentes (107).

 
En esta relación cabe traer a colación otra tesis que se está barajando en nuestros días pero que sin embargo todavía no se ha comprobado definitivamente: ¿las descripciones que nos han llegado sobre las técnicas guerreras y la estructura militar de los lusitanos podrían reflejar en realidad un bosquejo de su organización social? Exprimiéndolas al máximo e intentando contrapesar las lagunas y juicios de valor de la historiografía clásica, las noticias de Estrabón (108) y Diodoro (109) permitirían deducir como mucho una actividad guerrera compleja y, verosímilmente, jerarquizada entre los lusitanos, distinguiéndose al menos dos tipos de combatientes: 1) la “caballería” -probablemente no antes del s.III a.C.-, una minoría de guerreros de élite armados con panoplias pesadas; y 2) la “infantería” como cuerpo social extenso, a quien corresponde un armamento más ligero (vide infra). Poco más. Resulta tentador tomar estas pistas como directrices a partir de las cuales entender el entramado social de las comunidades de la Iberia prerromana (110), pero por el momento parece difícil arribar a conclusiones de mayor alcance. En cualquier caso, la viabilidad de este tipo de análisis pasa necesariamente por el examen de los datos arqueológicos, más concretamente por la valoración a fondo (tipología, secuencia cronológica, combinaciones estadísticas de elementos y equipos de armas, estimaciones de riqueza y rango, interpretación histórico-cultural...) de las denominadas “tumbas de guerrero”, aquellas que documentan armas formando parte del ajuar funerario. Sin duda ésta es una atractiva vía a potenciar en el futuro por la investigación. 
 
Figura 56.- Crátera de Vix Figura 57.- Caldero y trípode de Sainte-Colombe Figura 58.- Crátera de campana y copas áticas de la necrópolis de Galera
Existe un último dato de gran valor rescatable de las crónicas de Viriato repartiendo riquezas, insinuado ya líneas atrás: la manipulación que de los tesoros adquiridos hace un jefe como estrategia de adhesión de clientes y garantía de fidelidad y disciplina en sus ejércitos, a la sazón caracterizados por su heterogeneidad (111). De nuevo un aspecto que ensambla las piezas que dan forma a nuestro particular puzzle: riqueza económica (expolios de guerra), gestión del líder (Viriato, caudillo redistributivo) y diálogo social (proyección de líneas de subordinación desde la cima del poder). En efecto, las fuentes reiteran que Viriato distinguía y obsequiaba a sus partidarios con magníficos presentes (112). A pesar de la parquedad textual (113), enseguida se nos viene a la mente el valor simbólico del regalo y la articulación de relaciones sociales y de medidas de captación de poder mediante el mecanismo del don y el contra-don (114), que tanto éxito ha tenido en el discurso antropológico y que tanto auxilio ha prestado como modelo explicativo a prehistoriadores e historiadores de la Antigüedad.
Diremos rápidamente que el regalo, en tanto instrumento cultural, se convierte en referencia de un compromiso entre individuos o grupos y, por tanto, es un precioso elemento para calibrar relaciones sociales. El ensayo pionero de M. Mauss sigue siendo de referencia obligada para el estudio de la forma y función del intercambio de dádivas, habiéndose profundizado a partir de él en el significado de la reciprocidad (115). El interés estriba en comprender que el don crea obligaciones sociales: entregar un regalo exige en primer lugar la aceptación por parte del receptor y, seguidamente, el que éste de una respuesta a cambio. Así la contraprestación (material o personal, sea esta última de tipo laboral o militar) se convierte en condición sine qua non y en instrumento para crear vínculos dentro de un marco de intercambio jerarquizado. La obligación en este sentido es triple: dar, recibir y actuar recíprocamente. 
Figura 59.- Sociedad celta: grupos sociales y profesionales bajo el liderazgo de un jefe guerreroAsociada a la entrega del regalo hay una gama de expresiones sociales y de formas de comunicación de no poca importancia, que ya han sido aludidas al hablar de los grupos de poder de la Iberia indígena: generosidad sin límites, búsqueda competitiva de estatus y prestigio (regalar más es una manera de mostrar la superioridad de uno), hospitalidad, fiestas y banquetes nobiliarios, consumo de vino y otras bebidas y viandas de acceso restringido, ideal caballeresco, partidas de caza, luchas singulares y demás ceremonias rituales, formación de cuadrillas de fieles y clientes... En general la economía del regalo se identifica con unos fines políticos determinados y por tanto con grupos aristocráticos, ámbitos principescos o sociedades de jefatura compleja, como fueron las comunidades de la Edad del Hierro (116). En estos ambientes, armas de parada excepcionales, pertrechos del enemigo, trofeos guerreros, torques áureos y otros adornos, calderos de bronce, cerámicas de lujo y vajilla asociada al vino, briosos corceles e incluso mujeres en exogamia, debieron intercambiarse y regalarse como bienes de prestigio en una circulación selectiva y clientelar, tal como los textos que hemos revisado sobre Viriato ponen de manifiesto en su particular código ético (117). Acumular el mayor número de estas preciadas mercancías se traduce en una extensión de vínculos de interdependencia con otros individuos y, por ende, se convierte en una hábil manera de consolidar el rango socio-político de los possesores. Más aún si estas piezas son de naturaleza exótica -caso de los botines procedentes de empresas militares realizadas en escenarios remotos (118)-, lo cual incrementa su excepcionalidad (119).
Figura 60.- Tumba de guerrero 78 bis de la necrópolis de El Raso Figura 61.- Ajuar funerario con importaciones mediterráneas. Baldock (Hertfordshire, Inglaterra)

 
 
 
NOTAS
(40) GARLAN, Y., Guerre et économie en Grèce ancienne, París, 1989, pp.50-55; DUCREY, P., Guerre et guerriers dans la Gèce antique, París, 1999, pp.201-218; CORVISIER, J.-N., Guerre et société dans les mondes grecs (490-323 av. J.-C.), 1999, París, pp.148-154.
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(41) BRUNAUX, J.L. y LAMBOT, B., Guerre et armement chez les Gaulois (450-52 a.C.), París, 1987, pp.27-28; CUNLIFFE, B.W., The Ancient Celts, Oxford, 1997, pp.89-99.

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(42) Orosio, Hist., V, 1, 10-11.

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(43) GARCÍA RIAZA, E., “La función de los rehenes en la diplomacia hispano-romana”, Memorias de Historia Antigua, 18, 1997, pp.87-88.

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(44) Apiano, Iber., 48-54, 77-79 y 98; Diodoro, XXXIII, 16.

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(45) PITILLAS SALAÑER, E., “Una aproximación a las reacciones indígenas frente al expansionismo romano en Hispania (205 al 133 a.n.e.)”, Memorias de Historia Antigua, 17, 1996, pp.133-155; GARCÍA RIAZA, E., “Las claúsulas económicas en las negociaciones de paz romano-celtibéricas”, en Burillo Mozota, F., (Ed.), IV Simposio sobre los Celtíberos. Economía. Homenaje a J.L. Argente Oliver (Daroca, Zaragoza; Septiembre 1997), Zaragoza, 1999, pp.515-520.

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(46) Vide nota 7.

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(47) MISHKIN, B., Rank and warfare among the plains Indians, Lincoln-Londres, 1992 (1ª edición 1940).

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(48) CARNEIRO, R., “Chiefdom-level warfare as exemplified in Fiji and the Cauca Valley”, en Haas, J., (ed.), The anthropology of war, Cambridge, 1990, pp.190-211.

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(49) SÁENZ, C., “Lords of the waste: predation, pastoralism, and the process of stratification among the eastern Twaregs”, en Earle, T., (ed.), Chiefdoms: power, economy, and ideology, Cambridge, 1991, pp.100-118.

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(50) POLANYI, K., “The economy as instituted process”, en Polanyi, K., Arensberg, C.M. y Pearson, M.W., (Eds.), Trade and Market in the Early Empires: Economies in History and Theory, Chicago, 1957, p.250.

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(51) Para profundizar en las implicaciones de la economía redistributiva en las sociedades primitivas: SAHLINS, M., Stone Age Economies, Nueva York, 1972 (edición en castellano: Madrid, 1977); RENFREW, C., “Trade as action in distance”, en Sabloff, J.A. y Lamberg-Karlovsky, C.C., (Eds.), Ancient Civilization and Trade, Alburquerque, 1975, pp.8 y 11-12; PRYAR, F.L., The origins of the economy: a comparative study of distribution in primitive and peasant economies, Nueva York, 1977; SERVICE, E.R., Los orígenes del Estado y de la civilización. El proceso de la evolución cultural, Madrid, 1984 (2ª edición), pp.119-120. Son varios los procesos de tipo interno y externo que ocasionan la formación de lugares centrales de redistribución (RENFREW, C., art. cit., 1975, pp.24-35): los centros de intercambio social y religioso en puntos rituales de reunión ocasional o periódica, los centros derivados de una aglomeración de población y de una especialización artesanal, los centros que por estrategia nacen en medio de una diversidad interregional como puntos intermedios donde confluyen y se canjean productos venidos de diferentes áreas, los centros que constituyen entidades urbanas, sean fundaciones ex novo o resultado de conquista o procesos de integración, los centros que representan una implantación en territorio extranjero (colonias comerciales), etc. Un sistema redistributivo lleva consigo la construcción de lugares de almacenamiento, la consolidación con el tiempo de mercados y, de mayor significación para lo que nos ocupa, la aparición de instrumentos característicos de agrupaciones verticales cada vez más jerarquizadas como las clientelas, el tributo o el vasallaje (vide infra). 

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(52) GRANT, E., (Ed.), Central Places, Archaeology and History, Sheffield, 1986.

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(53) Así, los oppida celtas en la antesala de la conquista romana se configuran, además de como centros político-territoriales y de defensa, como focos económicos que regulan la provisión y redistribución de excedentes a escala local (del oppidum hacia comunidades menores dependientes), inter-regional (de un oppidum hacia otro) o de largo alcance (con ámbitos más distantes, como las ciudades mediterráneas), en el sentido más clásico del central-place. Para estas cuestiones: NASH, D., “Territory and state formation in Central Gaul”, en Greene, D., Haselgrove, C., y Spriggs, M., (Eds.), Social Organization and Settlement, (Britsh Archaeological Reports, BAR), Oxford, 1978, pp.455-475; COLLIS, J., Oppida. Earliest Towns North of the Alps, Sheffield, 1984; CRUMLEY, C.L., “Celtic settlement before the Conquest: the dialectics of landscape and power”, en Crumley, C.L. y Marquardt, W. H., (Eds.), Regional Dynamics: Burgundian Landscapes in Historical Perspectives, Nueva York, 1987, pp.403-430; WELLS, P.S., Granjas, aldeas, ciudades. Comercio y orígenes del urbanismo en la Protohistoria Europea, Barcelona, 1988, pp.135-142; BÜCHSENSCHÜTZ, O., “The significance of major settlements in European Iron Age society”, en Arnold, B. y Gibson, D.B., (Eds.), Celtic Chiefdom, Celtic State, Cambridge, 1995, pp.61-63; CUNLIFFE, B.W., The Ancient Celts, Oxford, 1997, pp.223-234; un posicionamiento crítico en: WOOLF, G., “Rethinking the oppida”, Oxford Journal of Archaeology, 12 (2), 1993, pp.223-234; ID., “The social significance of trade in Late Iron Age Europe”, en Scarre, C., y Frances, H., (Eds.), Trade and exchange in Prehistoric Europe, Oxford, 1993, pp.211-218, en el último caso con relación al factor comercial. 

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(54) ALMAGRO GORBEA, M., “El urbanismo en la Hispania Céltica. Castros y oppida del centro y occidente de la Península Ibérica”, en Almagro Gorbea, M. y Martín Bravo, A.Mª., (Eds.), Castros y oppida en Extremadura, Madrid, Complutum Extra, 4, 1994, pp.13-75; ID., “Los castros de la meseta”, Gallaecia, 14-15, 1996, pp.261-308; ID., “Estructura socio-ideológica de los oppida celtibéricos”, en Villar, F. y Beltrán, F., (Eds.), Pueblos, lenguas y escrituras en la Hispania prerromana. Actas del VII Coloquio sobre Lenguas y culturas paleohispánicas (Zaragoza, Marzo de 1997), Zaragoza, 1999, pp.35-55.

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(55) ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R., Los Vettones, Madrid, 1999, pp.111-164 y 334-336; SÁNCHEZ MORENO, E., “Organización y desarrollo socio-políticos en la meseta occidental prerromana: los vetones”, Polis, 8, 1996, pp.264-271; ID., Vetones: historia y arqueología de un pueblo prerromano, Madrid, 2000, pp.75-87; RODRÍGUEZ DÍAZ, A., “Extremadura Prerromana”, Extremadura Arqueológica IV. Arqueología en Extremadura: 10 años de descubrimientos, Mérida, 1995, pp.106-112; ORTIZ ROMERO, P. y RODRÍGUEZ DÍAZ, A., “Culturas indígenas y romanización en Extremadura”, en Rodríguez Díaz, A., (Coor.), Extremadura protohistórica: paleoambiente, economía y poblamiento, Cáceres, 1998, pp.256-263.

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(56) SACRISTÁN DE LAMA, J.D., “Apuntes sobre la geografía poblacional vaccea”, Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, 60, 1994, pp.139-152; ID., “Reflexiones en torno al modelo de poblamiento de época celtibérica en la cuenca media del Duero”, en Burillo, F., (Coord.), El poblamiento celtibérico. III Simposio sobre Celtíberos (Daroca, 1991), Zaragoza, 1995, pp.369-380; SAN MIGUEL MATÉ, L.C., “El poblamiento de la Edad del Hierro al occidente del valle medio del Duero”, en Romero, F., Sanz, C. y Escudero, Z., (Eds.), Arqueología vaccea. Estudios sobre el mundo prerromano en la cuenca media del Duero, Valladolid, 1993, pp.21-66; ID., “Civitasy secundarización de la producción: ¿Las claves de interpretación del modelo de poblamiento vacceo?”, en Burillo, F., (Coord.), El poblamiento celtibérico. III Simposio sobre los Celtíberos. (Daroca, 1991), Zaragoza,1995, pp.373-380; DELIBES DE CASTRO, G., ROMERO CARNICERO, F., SANZ MÍNGUEZ, C., ESCUDERO NAVARRO, Z. y SAN MIGUEL MATÉ, L.C., “Panorama arqueológico de la Edad del Hierro en el Duero medio”, en Delibes de Castro, G., Romero Carnicero, F. y Morales Muñiz, A., (Eds.), Arqueología y medio ambiente. El primer milenio a.C. en el Duero medio, Valladolid, 1995, esp. pp.105-106.

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(57) ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R. y RUIZ ZAPATERO, G., “España y los españoles hace dos mil años según el bachillerato franquista (período 1936-1953)”, Iberia. Revista de la Antigüedad, 1, 1998, pp.37-52.

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(58) En especial: BECKER, U.J.H., Viriath und die Lusitanier, Altona, 1826; HOFFMANN, M., De Viriathi Numantinorumque bello. Diss. Greifswald, Munich, 1865; y MOMMSEN, T., Römische Geschichte, vol. II, Berlín, 1903, pp.8-13. Una valoración y más referencias sobre estos trabajos inaugurales en: GUNDEL, A., “Viriato, lusitano, caudillo en las luchas contra los romanos. 147-139 a.C.”, Caesaraugusta, 31-32, 1968, p.177 (publicado originalmente en R.E. Pauly-Wisowa, IX, A, 1, Stuttgart, 1961, s.v. “Viriatus”, cols. 203-230); y RUBINSOHN, Z.W., “The Viriatic war and its Roman repercussions”, Rivista Storica dell´Antichitá, 11, 1981, pp.172-174.

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(59) Como botón de muestra: ARENAS LÓPEZ, J., Reivindicaciones históricas. Viriato no fue portugués, sino celtíbero. Guadalajara, 1900; ID., La Lusitania Celtíbera, Madrid,1907; quien sustituye el sello lusitano del pasaporte de Viriato por el celtibérico. La rivalidad de los intelectuales españoles y portugueses por “fichar a Viriato en sus respectivos equipos nacionales” adquiere tintes de sainete en sentencias como la que sigue: “(Viriato) no fue ni una sola vez en esos años a Portugal, ni aún para una corta vacación; ni se aproximó a menos de cuarenta leguas de la actual frontera hispano-portuguesa” (KINDELAN DUANY, A., “Viriato. Sus teatros de operaciones”, Revista de Historia Militar, 2, 1958, p.13). El autor habla de “una Lusitania Celtíbera mediterránea distinta de la atlántica; ubicada en tierra aragonesa, hacia Molina de Aragón, verdadera patria de Viriato y sin conexión alguna con su sinónima occidental(Portugal)” (KINDELAN DUANY, A., art. cit., 1958, p.13). 

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(60) SCHULTEN, A., “Viriatus”, Neue Jahrbücher, 39, Heidelberg, 1917, pp.209-237.

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(61) De rancio etnocentrismo y trasnochado romanticismo nacionalista ha sido tachada muy recientemente la literatura de Schulten (GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III. Madrid, 1999, p.184). Vide en este sentido igualmente: GARCÍA MORENO, L.A., “Infancia, juventud y primeras aventuras de Viriato, caudillo lusitano”, Actas I Congreso Peninsular de Historia Antigua (Santiago, 1986), II, Santiago de Compostela, 1988, pp.373-382; ID., “La Hispania anterior a nuestra Era: verdad, ficción y prejuicio en la Historiografía antigua y moderna”, en Actas del VII Congreso Español de Estudios Clásicos, vol. III, Madrid, 1989, pp.17-43; PÉREZ VILATELA, L., “Notas sobre la jefatura de Viriato en relación con la Ulterior”, Archivo de Prehistoria Levantina. Homenaje a D. Fletcher Valls, 19, 1989, pp.191-204; ID., “Procedencia geográfica de los lusitanos de las guerras del s.II a.C. en los autores clásicos (154-139 a.C.)”, Actas VII Congreso Español de Estudios Clásicos, III, Madrid, 1989, pp.257-262; GUERRA, A. y FABIÂO, C., “Viriato: genealogia de um mito”, Penélope, fazer e desfazer a História, 8, 1992, pp.20-21.

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(62) GARCÍA Y BELLIDO, A., “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania, 21, 1945, esp. pp.26-28 y 45-50. (Reeditado en A.A.V.V., Conflictos y estructuras sociales en la Hispania Antigua, Madrid, 1977, pp.13-60).

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(63) Vide supra, I- Introducción. En otro orden de cosas, A. GARCÍA Y BELLIDO (“Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania, 21, 1945, pp.45-50) entiende la táctica guerrillera practicada por las bandas lusitanas y celtibéricas como algo genuinamente hispánico. Esta interpretación se engloba dentro de la idea de continuidad o identidad de lo español a lo largo de la Historia, tan patente en este autor. Así, por ejemplo, enmarca a Viriato en el retrato del “bandolero andaluz”, una de las fisonomías del homo hispanicus por antonomasia. Vide al respecto los comentarios de ARCE MARTÍNEZ, J., “Introducción” al libro de A. García y Bellido, Veinticinco estampas de la España antigua, Madrid, 5ª edición, 1991, p.17.

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(64) SIMON, H., Roms Kriege in Spanien 154-133 v. Chr., Frankfurt, 1962, pp.87-100 y 116-142.

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(65) GUNDEL, A., “Viriato, lusitano, caudillo en las luchas contra los romanos. 147-139 a.C.”, Caesaraugusta, 31-32, 1968, pp.175-198 (publicado originalmente en R.E. Pauly-Wisowa, IX, A, 1, Stuttgart, 1961, s.v. “Viriatus”, cols. 203-230); ID., “Probleme der römischen Kamfführung gegen Viriathus”, en Legio VII Geminae, León, 1970, pp.108-130. 

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(66) DYSON, S.L., “Native revolt patterns in the Roman Empire”, en Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt. Geschichte und Kultur Roms im Spiegel der Neueren Forschung (ANRW), II, Pincipat, 3, 1975, pp.148-150.

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(67) BANE, R.W., “The development of Roman imperial attitudes and the Iberians wars”, Emerita, 44, 1977, pp.414, 419.

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(68) KNAPP, R.C., Aspects of the Roman Experience in Iberia (206-100 B.C.), Valladolid, 1977, pp.30-32, 42-43 y 50-53.

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(69) SANTOS YANGUAS, N. y MONTERO HONORATO, Mª.P., “Viriato y las guerras lusitanas”, Bracara Augusta, 37, 1983, pp.153-181.

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(70) RICHARDSON, J.S., Hispaniae. Spain and the development of Roman imperialism, 218-82 B.C. Cambridge, 1986, pp.136-149 y 185-189. (Traducción al castellano: Hispania y los romanos. Historia de España, II. Barcelona. 1998).

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(71) LÓPEZ MELERO, R., “Viriatus Hispaniae Romulus”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie II, 1, 1988, pp.247-261.

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(72) FRANCISCO MARTÍN, J. de, Conquista y romanización de Lusitania, Salamanca, 1989, pp.57-75 (2ª edición, 1996).

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(73) CURCHIN, L.A., Roman Spain. Conquest and assimilation, Londres-Nueva York, 1991, pp.33-39. (Traducción al castellano: España Romana. Conquista y asimilación. Madrid, 1996).

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(74) PITILLAS SALAÑER, E., “Una aproximación a las reacciones indígenas frente al expansionismo romano en Hispania (205 al 133 a.n.e.)”, Memorias de Historia Antigua, 17, 1996, pp.137-141.

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(75) LENS TUERO, J., “Viriato, héroe y rey cínico”, Estudios de Filología Griega, 2, 1968, pp.253-272. (Publicado también en Lens Tuero, J., Ed., Estudios sobre Diodoro de Sicilia, Granada, 1994, pp.127-143).

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(76) GARCÍA MORENO, L.A., “Infancia, juventud y primeras aventuras de Viriato, caudillo lusitano”, Actas I Congreso Peninsular de Historia Antigua (Santiago, 1986), II, Santiago de Compostela, 1988, pp.373-382; ID., “La Hispania anterior a nuestra Era: verdad, ficción y prejuicio en la Historiografía antigua y moderna”, en Actas del VII Congreso Español de Estudios Clásicos, vol. III, Madrid, 1989, pp.31-43.

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(77) GARCÍA QUINTELA, M.V., “Viriato y la ideología trifuncional indoeuropea”, Polis, 5, 1993, pp.111-138; ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.1777-222.

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(78) LENS TUERO, J., “Viriato, héroe y rey cínico”, Estudios de Filología Griega, 2, 1968, pp.253-272. (Publicado también en Lens Tuero, J., Ed., Estudios sobre Diodoro de Sicilia, Granada, 1994, pp.127-143).

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(79) GARCÍA MORENO, L.A., “Infancia, juventud y primeras aventuras de Viriato, caudillo lusitano”, Actas I Congreso Peninsular de Historia Antigua (Santiago, 1986), II, Santiago de Compostela, 1988, pp.373-382; ID., “La Hispania anterior a nuestra Era: verdad, ficción y prejuicio en la Historiografía antigua y moderna”, en Actas del VII Congreso Español de Estudios Clásicos, vol. III, Madrid, 1989, pp.31-43.

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(80) PÉREZ VILATELA, L., “Notas sobre la jafatura de Viriato en relación con la Ulterior”, Archivo de Prehistoria Levantina. Homenaje a D. Fletcher Valls, 19, 1989, pp.191-204; ID., “Procedencia geográfica de los lusitanos de las guerras del s.II a.C. en los autores clásicos (154-139 a.C.)”, Actas VII Congreso Español de Estudios Clásicos, III, Madrid, 1989, pp.257-262; ID., “Identificación de Lusitania (155-100 a.C.)”, Homenatge a José Esteve Forriol, Valencia, 1990, pp.133-140.

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(81) GARCIA, J.M., “Viriato: uma realidade entre o mito e história”, Prelo, 9, 1985, pp.59-70; GUERRA, A. y FABIÂO, C., “Viriato: genealogia de um mito”, Penélope, fazer e desfazer a História, 8, 1992, pp.9-23; ALVAR EZQUERRA, J., “Héroes ajenos: Aníbal y Viriato”, en Alvar, J. y Blázquez, J.Mª. (Eds.); Héroes y antihéroes en la Antigüedad clásica, Madrid, 1997, pp.137-143; ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R. y RUIZ ZAPATERO, G., “España y los españoles hace dos mil años según el bachillerato franquista (período 1936-1953)”, Iberia. Revista de la Antigüedad, 1, 1998, pp.43-46.

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(82) GARCÍA QUINTELA, M.V., “Viriato y la ideología trifuncional indoeuropea”, Polis, 5, 1993, pp.111-138; ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.1777-222.

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(83) GARCÍA QUINTELA, M.V., “Viriato y la ideología trifuncional indoeuropea”, Polis, 5, 1993, p.131.

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(84) Traducción de SCHULTEN, A., Fontes Hispaniae Antiquae. Fascículo IV. Las guerras de 154-72 a.C., Barcelona, 1937, p.328.

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(85) Traducción de GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, p.215. El autor repara en este pasaje, pero con el fin de demostrar que en Viriato podrían descubrirse señales de poder regio indoeuropeo: “el texto de Diodoro, a pesar de las deplorables condiciones de transmisión, puede considerarse una aproximación correcta desde la mentalidad helenística a una realidad institucional ajena. Se describe a Viriato como si accediese a una suerte de realeza otorgada consensuadamente, con lo cual se sigue el modelo de concesión de honores helenístico a unos reyes que de ninguna forma asentaban su poder en un consenso análogo” (GARCÍA QUINTELA, M.V., op. cit., 1999, p.216).

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(86) Traducción de SCHULTEN, A., Fontes Hispaniae Antiquae. Fascículo IV. Las guerras de 154-72 a.C., Barcelona, 1937, p.326.

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(87) Traducción de GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Apiano: Sobre Iberia y Aníbal, Madrid, 1993, p.103.

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(88) Traducción de SCHULTEN, A., Fontes Hispaniae Antiquae. Fascículo IV. Las guerras de 154-72 a.C., Barcelona, 1937, p.330.

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(89) El del “ladrón noble” es un rostro repetido en la historia social y en la literatura, ayer y hoy. Probablemente el caso más familiar es el de Robin Hood, a partir del cual pueden sintetizarse los rasgos definitorios de este particular tipo de bandido o rebelde de magnánimos ideales: “the image of the noble robber, which defines both his social role and his relationship with the common peasants. His role is that of the champion, the righter or wrongs, the bringer of justice and social equity. His relation with the peasants is that of total solidarity and identity. The image reflects both” (HOBSBAWN, E.J., Bandits, Harmondsworth, 1985, p.42).

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(90) HOBSBAWN, E.J., Bandits, Harmondsworth, 1985, pp.41-56.

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(91) LENS TUERO, J., “Viriato, héroe y rey cínico”, Estudios de Filología Griega, 2, 1968, pp.253-272. (Publicado también en Lens Tuero, J., Ed., Estudios sobre Diodoro de Sicilia, Granada, 1994, pp.127-143).

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(92) Para un cotejo bibliográfico del “bandolerismo lusitano” nos remitimos a la nota 5. Personalmente creemos que estos fenómenos equivalen a la percepción clásica de una serie de conductas muy difíciles de descifrar. Es cierto que constituyen una reacción al desajuste social existente, con base en circunstancias internas (medioambientales, económicas) y externas (el avance de púnicos y romanos hacia el interior, la rivalidad con otras entidades indígenas). Pero no dejan de ser movimientos culturales, mal comprendidos por los escritores antiguos, que lejos de la marginalidad pudieran tocar de lleno con dinámicas aristocráticas, por ejemplo usos políticos y guerreros de carácter diplomático.

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(93) Jefe del ejército mixto de vetones, vacceos y celtíberos que lucha frente a las tropas romanas en las inmediaciones de Toletum en el 193 a.C.; fue hecho prisionero por el pretor Marco Fulvio (Livio, XXXV, 7, 8). Se desconoce a cuál de estas entidades étnicas pertenecía.

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(94) Uno de los grandes líderes lusitanos que ostiga repetidas veces en los años 155-154 a.C. a los romanos y a sus aliados meridionales asaltando sus territorios. En alguna de sus rapiñas colaboraron grupos de vetones (Apiano, Iber., 56).

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(95) Sucede en la jefatura militar al anterior cuando fallece al ser golpeado por una piedra. Entabló combate con el general romano Mumio, y tras ser derrotado se dio a la fuga (Apiano, Iber., 56).

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(96) Otro caudillo lusitano que en esos mismos años, tras tomar Conistorgis en territorio de los cuneos, cruza con sus tropas el Estrecho y asedia el norte de África, protagonizando cercos como el de Ocila (Apiano, Iber., 57).

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(97) Último general lusitano, elegido sucesor de Viriato tras su asesinato en el 139 a.C. Se entrega a Cepión, pactando la rendición, y pone punto final a la guerra lusitana. Diodoro de Sicilia le denomina Taútamo (Didoro, XII, 33, 1, 4).

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(98) Así al menos para Viriato, cuyo estatuto político se anuncia bajo estos vocablos (GUNDEL, A., “Viriato, lusitano, caudillo en las luchas contra los romanos. 147-139 a.C.”, Caesaraugusta, 31-32, 1968, pp.181-191; LÓPEZ MELERO, R., “Viriatus Hispaniae Romulus”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie II, 1, 1988, passim; GARCÍA QUINTELA, M.V., “Viriato y la ideología trifuncional indoeuropea”, Polis, 5, 1993, pp.121-122; ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III. Madrid, 1999, p.214).

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(99) La cuestión terminológica puede llevar a equívoco ya que no están claras las diferencias conceptuales entre lo que una fuente llama dux y otra (o la misma en diferente ocasión) rex o regulus. ¿Identifican lo mismo o intentan establecer jerarquías observadas? Para avanzar en este sentido habría que realizar un seguimiento sobre el uso de determinados vocablos en el conjunto de la obra de uno o varios autores. Sobre jefaturas y figuras de poder en la Iberia prerromana: CARO BAROJA, J., “Las realeza y los reyes en la España antigua”, en Estudios sobre la España Antigua. Cuadernos de la Fundación Pastor, 17, 1971, pp.51-159 (publicado también en Caro Baroja, J., España Antigua. Conocimento y fantasía, Madrid, 1986, pp.185-223); LÓPEZ DOMECH, R., “Sobre reyes, reyezuelos y caudillos militares en la Protohistoria hispana”, Studia Historica. Historia Antigua, 4-5, 1986-87, pp.19-22; ALVAR EZQUERRA, J., “La jefatura como instrumento de análisis para el historiador: basileia griega y regulos ibéricos”, en Adánez, J. et alii, (Eds.), Espacio y organización social, Madrid, 1990, pp.111-126; CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, passim; MUÑIZ COELLO, J., “Monarquías y sistemas de poder entre los pueblos prerromanos de la Península Ibérica”, en Sáez, P. y Ordóñez, S. (Eds.), Homenaje al Profesor Presedo, Sevilla, 1994, pp.285-289; ID., “Instituciones políticas celtas e ibéricas. Un análisis de las fuentes literarias”, Habis, 25, 1994, pp.91-105; PITILLAS SALAÑER, E., “Jefaturas indígenas en el marco de la conquista romana en Hispania y la Galia”, Hispania Antiqua, 21, 1997, pp.93-108; COLL I PALOMAS, N. y GARCÉS I ESTALLO, I., “Los últimos príncipes de occidente. Soberanos ibéricos frente a cartagineses y romanos”, en Aranegui Gascó, C., (Ed.); Actas del Congreso Internacional Los Iberos, príncipes de Occidente: Las estructuras del poder en la sociedad ibérica. Saguntum Extra-1, Valencia, 1998, pp.437-446. 

Ya se ha indicado que GARCÍA QUINTELA, M.V. (“Viriato y la ideología trifuncional indoeuropea”, Polis, 5, 1993, pp.111-138; ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III. Madrid, 1999) se inclina a pensar que la jefatura de Viriato podría equivaler a una autoridad soberana emparentada con el modelo de realeza indoeuropea.

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(100) Ideas sobre la formación del poder en sociedades de jefatura desarrolladas en extensión por T.K. EARLE (How chiefs come to power. The political economy in Prehistory, Stanford, 1997) con razón de ser en tres casos de estudio: la región danesa de Thy en la Prehistoria (2300-1300 a.C.), la isla hawaiana de Kaua´i (800-1824) y el valle altoandino del Mantoro en Perú (500-1534). Si bien se habla de equilibrio, interdependencia y simultaneidad entre las distintas fuentes de poder (económico, militar e ideológico), el autor acaba por dar ligera primacía al elemento económico como base a partir de la cual fundar un sistema socio-político: “by controlling the production and distribution of staples and prestige goods, chiefs invest surplus so as to control military might and ideological right. To the degree that leaders control staple production that supports warriors and priests and control the specialized manufactured of their weapons and symbolic objects, military intimidation and religious sanctity belong to the rulers” (EARLE, T.K., op. cit., 1997, p.207). De nuevo, el control de la producción por parte del jefe y, particularmente, su papel redistribuidor resultan claves: “The flow of things through the economy is like an irrigation system. Tapped from natural flows, the water is diverted through built channels to water fields of choice. To the degree that the chief builds and controls the flow, he determines what flourishes and what perishes. Chiefly control over critical nodes of distribution in the material flows of the economy translates into control over the many fields of political action” (EARLE, T.K., op. cit., 1997, p.204). 

En el fondo estamos ante el mecanismo que la antropología utiliza para explicar el nacimiento de la jefatura a partir del afianzamiento de un individuo redistribuidor: “La gestión de los excedentes de cosecha, que en parte seguía recibiendo para su consumo en festines comunales y otras empresas de la comunidad, tales como expediciones comerciales y bélicas, bastaban para legitimar su rango. De forma creciente, este rango era considerado por la gente como un cargo, un deber sagrado transmitido de una generación a otra con arreglo a normas de sucesión hereditaria. El gran hombre se habría convertido en jefe, y sus dominios ya no se limitaban a una sola aldea autónoma de pequeño tamaño sino que formaba una gran comunidad política, la jefatura” (HARRIS, M., Jefes, cabecillas, abusones, Madrid, 1996, p.37). Aplicado al binomio “mercancías venidas de economia de guerra” - “líder socio-político regulador”, la propuesta es perfectamente asignable, creemos, al Viriato literario y -en un plano más pragmático y anónimo- a la estampa de los grandes jerarcas guerreros de la Lusitania prerromana, salvando las distancias.

Para un acercamiento a la idea de poder y autoridad bajo los auspicios de la antropología social, vide también: BARNES, B., The nature of power, Cambridge, 1988; y, de muy reciente aparición, CHEATER, A., (Ed.), The anthropology of power. Empowerment and discupowerment in changing structures, Londres-Nueva York, 1999, y SKALNIK, P., “Authority versus power: a view from social anthropology”, en Cheater, A., (ed.), The anthropology of power. Empowerment and discupowerment in changing structures, Londres-Nueva York, 1999, pp.163-174. 

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(101) Sobre la devotio ibérica: RAMOS LOSCERTALES, J.Mª., “Hospicio y clientela en la España céltica”, Emerita, 10, 1942, pp.308-337; RODRÍGUEZ ADRADOS, F., “La fides ibérica”, Emerita, 14, 1946, pp.128-209; PRIETO ARCINIEGA, A., “La devotio ibérica como forma de dependencia en la Hispania prerromana”, Memorias de Historia Antigua, 2, 1978, pp.131-135; CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.126-129; DOPICO CAÍNZOS, Mª.D., “La devotio ibérica: una revisión crítica”, en Mangas, J. y Alvar, J., (Eds.), Homenaje a José Mª Blázquez, II, Madrid, 1994, pp.181-193.

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(102) Valerio Máximo, II, 6, 11; Dión Casio, LII, 20, 2; Estrabón, III, 4, 18; Servio, Ad.Georg., IV, 218; Plutarco, Sertorio, XIV, 5-6; César, B.C., III, 22; Apiano, B.C., I, 112.

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(103) Diodoro, XXXI, 21a; Apiano, Iber., 74-75; Livio, perioch., LIV.

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(104) Sobre los ludi funebres en la Hispania prerromana: BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.Mª. y MONTERO, S., “Ritual funerario y status social: los combates gladiatorios perrromanos en la Península Ibérica”, Veleia, 10, 1993, pp.71-84.

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(105) Diodoro, V, 34, 1; Valerio Máximo, III, 2, 21.

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(106) Avanzado inicialmente por RAMOS LOSCERTALES, J.Mª., “Hospicio y clientela en la España céltica”, Emerita, 10, 1942, pp.308-337; ampliado con posterioridad en: SALINAS DE FRÍAS, M., “La función del hospitium y la clientela en la conquista y romanización de Celtiberia”, Studia Historica. Historia Antigua, 1, 1983, pp.21-41; MANGAS MANJARRÉS, J., “Hospitium y patrocinium sobre colectividades públicas: ¿términos sinónimos?”, Dialogues d´Histoire Ancienne, 9, 1983, pp.165-184; DOPICO CAÍNZOS, Mª.D., La Tabula Lougeiorum. Estudios sobre la implantación romana en Hispania, Vitoria, 1988, pp.17-46; EAD., “El hospitium celtibérico. Un mito que se desvanece”, Latomus, 48, 1989, pp.19-35; EAD., “Las Tabulae Hospitalis. Un instrumento de la dominación romana”, Revista de Arqueología, 196, 1997, pp.30-39; ETIENNE, R., LE ROUX, P. y TRANOY, A., “La tessera hospitalis, instrument de sociabilité et de romanisation dans la Péninsule Ibérique”, en Thelamon, F., (Ed.), Sociabilité, pouvoirs et société. Actes du colloque de Rouen (Noviembre, 1983), Rouen, 1987, pp.323-336; CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.122-124; SASTRE PRATS, I., RUIZ DEL ÁRBOL MORO, M. y PLÁCIDO SUÁREZ, D., “La integración de las comunidades indígenas del noroeste peninsular en el marco romano: el papel de los pactos de hospitalidad y patronato”, en de Balbín Behrman, R. y Bueno Ramírez, P., (eds.), II Congreso de arqueología peninsular. Tomo IV: Arqueología romana y medieval (Zamora, del 24 al 27 de septiembre de 1996), Zamora, 1999, pp.39-50.

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(107) Aspecto sin constatación directa en nuestro marco geográfico, aunque existen ciertas huellas arqueológicas (repertorios cerámicos, despojos alimenticios, asadores, parrillas, trípodes y otros útiles asociados al fuego que recuerdan los restos de un festín; objetos exuberantes que pueden tomarse como regalos de prestigio: cinturones y corazas de lujo, armas singulares, calderos, braserillos, jarros, joyas...) que podrían sopesarse en este sentido. Contrariamente está bien documentado en el mundo galo gracias al conocido relato de Posidonio (en Ateneo, Banquete de los sofistas, IV, 36) a propósito de las costumbres convivales de los guerreros auvernos: “(...) los celtas en ocasiones durante sus festines pelean entre sí en combates singulares: excitados y armados, no dudan en entablar luchas figuradas y acaban golpeándose los unos contra los otros, algunas veces se producen heridas e incluso, alterados por ello y si los espectadores no les detienen, llegan a matarse. Nos cuenta también (Posidonio) que a la hora de presentar los asados, el más fuerte se llevaba la mejor tajada. Pero si alguien se oponía, se levantaban para combatir en duelo singular hasta morir. Otros, en lugares de ceremonia, habiendo recibido plata u oro, y algunos de entre ellos un número determinado de vasos de vino, y habiendo hecho testificar la donación y habiéndolo repartido como regalos a sus amigos y parientes, se echaban boca arriba, acostados sobre sus escudos para que uno de los asistentes les cortara el cuello con una espada”. 

A este respecto, para la Galia: TIERNEY, J.J., “The Celtic Ethnography of Posidonius”, en Proceedings of the Royal Irish Academy, 60, C, Dublín, 1960, pp.189-275; FEUVRIER-PRÉVOTAT, C., “Echanges et sociétés en Gaule indépendante: à propos d´un tecte de Poseidonios d´Apamée”, Ktema, 3, 1978, pp.243-259; LEWUILLON, S., “Contre le Don. Remarques sur le sens de la reciprocité et de la compensation sociale en Gaule”, en Fonctionnement social de l´Âge du Fer. Table Ronde de Lons-le-Saunier, Lons-le-Saunier, 1993, pp.71-89; CUNLIFFE, B.W., The Ancient Celts, Oxford, 1997, pp.105-107. Para la Hispania indoeuropea: GARCÍA MORENO, L.A., “Organización sociopolítica de los Celtas en la Península Ibérica”, en Almagro Gorbea, M. (Dir.), Los Celtas: Hispania y Europa, Madrid, 1993, pp.331-336. Y para los círculos de poder de la Iberia meridional: QUESADA SANZ, F., “Vino, aristócratas, tumbas y guerreros en la cultura ibérica (ss.V-II a.C.)”, Verdolay, 6, 1994, pp.99-124; ID., “Vino y guerreros: banquete, valores aristocráticos y alcohol en Iberia”, en Celestino Pérez, S., (Ed.), Arqueología del vino. Los orígenes del vino en Occidente, Madrid, 1995 pp.273-296; DOMÍNGUEZ MONEDERO, A.J., “Del simposio griego a los bárbaros bebedores: el vino en Iberia y su imagen en los autores antiguos”, en Celestino Pérez, S., (Ed.), Arqueología del vino. Los orígenes del vino en Occidente, Madrid, 1995, pp.23-72.

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(108) Estrabón (III, 3, 6): “Dicen de los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, vivos, llevan armamento ligero, y son expertos en las maniobras. Tienen un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante y sujeto por correas porque no lleva abrazaderas ni asas, y portan además un puñal o cuchillo. La mayoría viste cotas de lino; son raros los que las usan de mallas y cascos de tres penachos, y los demás cascos de nervios. Los de a pie llevan grebas y varios venablos cada uno. Algunos usan también lanzas, cuyas puntas son de bronce” (traducción de MEANA CUBERO, Mª.J. y PIÑERO, F., Estrabón. Geografía. Libros III-IV, Madrid, 1992, pp.83-84).

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(109) Diodoro (V, 34, 4-5): “(los lusitanos) Para la guerra llevan escudos muy pequeños, tejidos de nervios, con los cuales y gracias a su dureza pueden defender su cuerpo holgadamente. En su lucha lo manejan con destreza, moviéndolo a uno y otro lado del cuerpo y rechazando con habilidad todos los tiros que caen sobre ellos. Usan también picas hechas enteramente de hierro y con la punta a modo de arpón y llevan casco y espada muy parecida a la de los celtíberos. Lanzan sus picas con precisión y a larga distancia y causan a menudo heridas muy graves. Son ágiles en sus movimientos y ligeros en la carrera, por ello huyen o persiguen con rapidez” (traducción de GARCÍA Y BELLIDO, A., “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania, 21, 1945, p.547).

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(110) Cuatro tentativas preliminares en esta línea son: para el ámbito celtíbero-lusitano, CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.104, 147 y 162; para el noroeste, GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III. Madrid, 1999, pp.280-282; para el espacio vetón, ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R., Los Vettones, Madrid, 1999, p.299; y para el caso de los iberos, ALVAR EZQUERRA, J., “La syntaxis militar ibérica”, en Villar, F. y Beltrán, F., (Eds.), Pueblos, lenguas y escrituras en la Hispania prerromana. Actas del VII Coloquio sobre Lenguas y culturas paleohispánicas (Zaragoza, Marzo de 1997), Zaragoza, 1999, pp.57-73.

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(111) A propósito de Viriato, Apiano, Iber., 75.

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(112) Diodoro, XXXIII, 1, 3 y 5; XXXIII, 21a. 

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(113) En la que sigue habiendo lugar para el revestimiento estoico y ejemplar con que los autores griegos presentan al lusitano, ahora en lo tocante al valor material de las cosas. Un claro ejemplo se encuentra en la reflexión que Viriato dirige el día de su boda a su suegro Astolpas, al contemplar las lujosas alhajas del banquete (¿tal vez una fiesta de mérito -y de emulación suntuaria- más, característica de los círculos aristocráticos indígenas?):

Diodoro (XXXIII, 7, 1): “Y de las muchas cosas que con gran tino dijo, en una sola respuesta dejó el contenido de muchas sentencias sobre la ingratitud a los bienhechores y la imprudencia de construir grandes esperanzas sobre los inestables bienes de la fortuna; y principalmente que estas famosas riquezas de su suegro estaban sometidas al que tuviesen la lanza; y, por tanto, que más bien a él se le debía gratitud, pues nada le daban siendo él el dueño de todo” (traducción de SCHULTEN, A., Fontes Hispaniae Antiquae. Fascículo IV. Las guerras de 154-72 a.C., Barcelona, 1937, p.329). 

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(114) Así lo ha visto P. Ciprés en la sociedad celtibérica: “A aquellos que disponían de un séquito la guerra, en general, les permitía obtener los recursos económicos necesarios con los que poder asegurar su servicio. En el caso del jefe militar su prestigio estaba determinado por su papel como redistribuidor del botín obtenido, si bien el retrato de algunos de los generales más importantes parece estar sujeto a estereotipos; en ellos siempre la justicia en el reparto y la generosidad son algunas de las características fundamentales que las fuentes le atribuyen. Recíprocamente la comunidad aporta de forma individualizada o particular bienes al jefe, que suponen el reconocimiento de su superioridad y que se conceden en la seguridad de que a cambio se obtendrán otros beneficios. De esta forma, en lo poco que podemos observar, vemos cómo se constituye un mecanismo de distribución de los recursos” (CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.134, 166). 

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(115) MAUSS, M., “Ensayo sobre los dones. Razón y forma del cambio en las sociedades primitivas”, en Sociología y Antropología, Madrid, 1971, pp.155-263 (edición original: “Essai sur le don. Forme et raison de l´echánge dans les sociétés archaïques”, L´Année Sociologique, I, 1925, pp.30-186). Como revisión de los postulados de Mauss y reapertura del debate, vide las últimas contribuciones al tema de VAN WEES, H., “The law of gratitude: reciprocity in anthropological theory”, en Gill, C., Postlethwaite, N. y Seaford, R., (eds.), Reciprocity in Ancient Greece, Oxford, 1998, pp.13-49, y GODELIER, M., The enigma of the gift, Cambridge, 1999. Sobre el valor social de los objetos: DOUGLAS, M. y ISHERWOOD, B., The world of Goods: towards an Anthropology of Consumption, Nueva York, 1979 (2ª edición, 1996); APPADURAI, A., “Introduction: commodities and the politics of value”, en Appadurai, A., (Ed.), The Social Life of Things: Commodities in Cultural Perspective. Cambridge, 1986, pp.3-63; HOSKINS, J., Biographical objects: how things tell the story of people´s lives, Londres, 1998; GOSDEN, C. y MARSHALL, Y., “The cultural biography of objects”, en Marshall, Y. y Gosden, C., (eds.), The cultural biography of objects. World Archaeology. Londres, 31 (2), 1999, pp.169-178; SCHIFFER, M.B., Material life of human beings: artifacts, behaviour and communication, Londres-Nueva York, 1999.

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(116) LEWUILLON, S., “Contre le Don. Remarques sur le sens de la reciprocité et de la compensation sociale en Gaule”, en Fonctionnement social de l´Âge du Fer. Table Ronde de Lons-le-Saunier, Lons-le-Saunier, 1993, pp.71-89; SÁNCHEZ MORENO, E., Meseta occidental e Iberia exterior. Contacto cultural y relaciones comerciales en época prerromana. Tesis Doctoral en Microfichas. Universidad Autónoma de Madrid, 1998, pp.581-584 y 697-707; MUÑIZ COELLO, J., “Riqueza y pobreza en la España prerromana. Notas sobre la función social de los objetos suntuarios”, Habis, 29, 1998, pp.23-36.

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(117) En un contexto posterior y con un cambio en la cabeza protagonista, la relación de dependencia personal que lusitanos y celtíberos manifiestan hacia Sertorio se articula simbólicamente mediante el juego de regalos. Presentes que el romano daba a los peninsulares (cascos y escudos ricamente decorados, se nos dice) y que eran correspondidos por otros ofrecidos por los indígenas o por su entrega fiel hasta la muerte (Plutarco, Sert., XI, 4). Las fuentes contienen otros ejemplos donde la entrega de obsequios se maniobra como política de atracción. Así, en el 206 a.C. Escipión galardona a los reyezuelos hispanos, haciendo entrega a Indíbil de 300 caballos (Livio, XXVII, 19, 1) y agasajando a un joven indígena con un anillo y una fíbula de oro, una túnica laticlava, un puñal y un caballo enjaezado (Livio, XXVII, 19, 12). Volviendo al ciclo viriático, Audax, Ditalcón y Minuro asesinan en el 139 a.C. a su compañero y líder después de acceder al soborno de Cepión, que les promete grandes dávidas una vez consumada la traición (Apiano, Iber., 74).

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(118) La posesión material de lo exótico y las connotaciones simbólicas implícitas en las gestas llevadas a cabo en tierras lejanas (lo que supone atisbar nuevos horizontes y tener acceso a conocimientos ajenos), obran fuertemente de cara a la acentuación del poder político. El éxito militar en el extranjero además de enriquecimiento directo, aporta a los jefes guerreros regresados un referente de prestigio en sus comunidades locales, del cual se sirven para intensificar relaciones de dominio, incluso ideológicamente. En este sentido tiene su interés recordar que Viriato despliega sus teatros de operaciones en distintos frentes separados por notable distancia: Beturia, Turdetania, Carpetania, Celtiberia... También los vetones muestran un carácter móvil en sus acciones guerreras y diplomáticas, que alcanzan puntos de Carpetania, Turdetania, Oretania y quizá Contestania (SÁNCHEZ MORENO, E., Vetones: historia y arqueología de un pueblo prerromano, Madrid, 2000, pp.218-223). Sobre el poder que manifiesta la apropiación de ideas, técnicas y usos inéditos derivados de exploraciones y viajes a larga distancia, véase la sugestiva aproximación de HELMS, M.W., Ulysses´ Sail. An ethnographic Odyssey of power knowledge and geographical distance, Princenton-New Jersey, 1988).

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(119) HARRIS, M., Jefes, cabecillas, abusones, Madrid, 1996, pp.30-31.

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