LA GUERRA COMO ESTRATEGIA DE INTERACCIÓN SOCIAL EN LA HISPANIA PRERROMANA: VIRIATO, JEFE REDISTRIBUTIVO**
EDUARDO SÁNCHEZ MORENO

Departamento de Historia Antigua
Universidad Autónoma de Madrid

 


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RESUMEN
La semblanza que del famoso jefe lusitano consagra la historiagrafía antigua sirve de paradigma para reflexionar sobre un fenómeno de hondo significado en la vida de los pueblos prerromanos, la guerra. Entre los muchos enfoques posibles, la acción bélica es revisada en tanto mecanismo de contacto cultural generador a su vez de una serie de efectos sociales y económicos en el seno de los grupos litigantes. Recurriendo además de a las fuentes literarias, a apoyos arqueológicos (distribución de riqueza en necrópolis de fines de la Edad del Hierro, con especial atención a las “tumbas de guerrero”) y a modelos antropológicos, intentaremos dilucidar el papel que la redistribución de botines y tributos guerreros -entendidos como el resultado de un intercambio violento en cualquier de sus modalidades (contienda, ataque puntual, robo...)- desempeña en la articulación socio-política de las gentes del occidente peninsular. La manera en que los “jefes militares”, que son quienes suelen dirigir estos repartos, proceden a la distribución de mercancías entre la población, se muestra en el registro literario como argumento moralizante o anecdótico según los casos. Pero al tiempo constituye un testimonio útil para refrendar la existencia de una fuerte jerarquización habida cuenta que este procedimiento camufla en sí mismo una medida de ordenamiento social. Sólo en este sentido nos permitimos calificar a Viriato con el poco ortodoxo apelativo de jefe redistributivo.
THE WAR AS STRATEGY OF SOCIAL INTERACTION IN PRE-ROMAN HISPANIA: VIRIATHUS, REDISTRIBUTIVE CHIEF
ABSTRACT
The image of the famous Lusitanian chief consacrated by the classical literature is used as a paradigm in our reflection on a phenomenon such highly significant in pre-Roman peoples´ life as war. Among possible different focuses, warfare is reviewed here only as a mechanism of contact generating a series of social and economic effects. Taking into account, besides written sources, some archaeological supports (wealth distribution in Late Iron Age cemeteries, specially the so called “warrior tombs”) and some anthropological models, I shall try to explain the role played by the redistribution of booty and militar tributes -taken as a result of a violent exchange in any case (struggle, puntual attack, robbery...)- into the social and political articulation of the peoples ofWestern Iberia. The way in which the “warrior chiefs”, who usually lead these acts, conduct the benefit distribution among the population is shown both as a moral and anecdotic argument in the literary record; but, at the same time and because it is camouflaging a process of social ordenation, this fact is an useful testimony in order to prove the existence of a highly hierarchical society. That is why I am refering to Viriathus by using the scarcy orthodox expression of redistributive chief.
I- INTRODUCCIÓN
 
“Era frecuente entre los pueblos peninsulares, antes y aún después de la llegada de los romanos, la formación de bandas armadas que desgajándose de las normas corrientes de vida se lanzaban a la aventura para vivir del robo y el saqueo. Los descontentos, los desheredados de la fortuna, los segundones, los perseguidos, los arruinados, todos los que, en suma, no sabían o no podían ganarse el sustento diario en paz y en armonía con el medio ambiente, iban a nutrir el núcleo siempre vivo y fecundo de estas bandas de forajidos.
Dada la procedencia de sus componentes y el régimen de vida a que estaban entregados, es de presumir -y los textos lo confirman, como hemos de ver- que en ellas las cualidades más destacadas habían de ser la audacia, la agilidad y la destreza; su modo de ataque preferido, el rápido golpe de mano; su defensa obligada, la ágil huída. Anidaban, como los pájaros de presa, en los escarpes de las sierras; allí tenían sus refugios y allí sus familias. Del monte o de la sierra bajaban al llano, cayendo de modo imprevisto sobre el pueblo o aldea elegido como víctima. Una noche bastaba para llevarse sus cosechas o sus ganados, volviéndose al amanecer a sus recónditos nidos serranos. También acechaban los caminos más frecuentados, despojando a quien tuviese la desgracia de caer en sus manos. Pero a todo otro botín preferían el ganado por su facilidad de conducción, por sus ventajas, como reserva viva y semoviente, y por su mayor valor. Los cereales necesitaban silos para su conservación, lo que no se avenía con los frecuentes traslados de las cuadrillas, a más que su transporte era difícil y engorroso. Los bienes de otro orden es natural que no interesen tanto, pues su modo de vida les impedía comerciar o cambiar. En suma, robaban, al parecer, para vivir” (1)

 

Figura 1.- Guerrero hispano con falcata y escudo (Osuna, Sevilla)Cincuenta y cinco años atrás, con un discurso titulado “Bandas y guerrillas en la lucha con Roma”, del que las anteriores líneas constituyen el párrafo incial, ingresaba como miembro numerario en la Real Academia de la Historia D. Antonio García y Bellido. Dicho trabajo marcó un hito considerable en la historiografía dedicada al estudio de las gentes del occidente hispano en víspera de su conquista y conversión en provincia del creciente dominio romano. Lo que antes había sido atención casi exclusiva a los hechos bélicos, el progresivo avance de Roma y la resistencia de los indígenas (no exenta de episodios heroicos tan del gusto de los intelectuales de la primera mitad de este siglo ocupados en la Antigüedad peninsular), se torna en el Figura 2.- La Iberia de Estrabón.ensayo de García y Bellido, y no es el único mérito que atesora su discurso, en una indagación más profunda en las circunstancias socio-económicas y medioambientales que rodean a las comunidades del poniente ibérico. El rastreo de tal trasfondo y el diagnóstico final de los problemas que afectan a aquellas regiones le sirve a García y Bellido para entender -y quizá justificar- la imagen estereotipada que de los lusitanos y otras entidades indígenas brindan los autores clásicos, con precisión los conocidos pasajes de Diodoro (2) y Estrabón (3). Tales son los presupuestos que contribuirán a encasillar a estos pueblos dentro del cliché de fieros bandoleros y aguerridos pastores-guerreros desde entonces en la literatura científica. Así lo ejemplifican en una estampa tan gráfica como indudablemente cautivadora -por ello no nos hemos resistido a reproducirlas- las palabras de García y Bellido con que abríamos esta introducción.
 
 

Figura 3.- Pueblos prerromanos de la Península Ibérica.Los objetivos de este artículo son modestos. No se pretende desgranar la mecánica ideológico-política que lleva a los escritores antiguos a esbozar tan particular dictamen sobre las comunidades prerromanas, ni revisar el legado del mismo en la tradición investigadora española; últimos y oportunos trabajos han ahondado en este propósito con buen tino (4). Tampoco tienen estas páginas por cometido específico la cuestión del “bandolerismo lusitano”, si bien será traído tangencialmente a colación en distintos momentos; la prolija bibliografía suscitada y una sensación de cierto agotamiento historiográfico van a evitar en esta ocasión que insistamos en el tema (5). Por parecidas razones, no es éste un estudio a fondo sobre las prácticas militares y el alcance total de la guerra en las comunidades prerromanas, materias a las que se han dedicado varias síntesis en los últimos años (6). Centrará nuestra atención tan solamente la interacción de tres aspectos, lógicamente relacionados con todo lo anterior, que se revelan de máxima importancia en el estudio de los pueblos ibéricos: la guerra como mecanismo de contacto cultural, sus distintos efectos resultantes (fundamentalmente económicos) y las consecuencias que todo ello depara en la articulación social de los grupos protagonistas. Más exactamente, lo que sigue no es sino un encadenamiento de reflexiones sobre la conflictividad bélica en las comunidades del occidente peninsular como vehículo de enriquecimiento económico y como estrategia de ordenamiento social, a partir de la observación de un par de acciones concretas: la toma de botines de guerra y su reparto por parte de las elites rectoras. 
 
 

Figura 4.- Exvotos ibéricos de guerreros (Collado de los Jardines, Jaén).Más que como objeto de análisis monográfico, los protagonistas de este ensayo -lusitanos y pueblos vecinos (vetones, vacceos, astures...) en los últimos siglos antes del cambio de Era- serán tomados como exempla para ilustrar las ideas en discusión (muchas provisionales y no pocas arriesgadas dada la penuria documental; lo adelantamos ya). Para ello nos serviremos en primer lugar de las noticias literarias antiguas, escasas e imprecisas pero, qué duda cabe, de incuestionable valía si de ellas se hace un uso contrastado y crítico; en este sentido el capítulo de Viriato adquiere especial significación para nuestro propósito. Pero, además, se atenderá a la información arqueológica proporcionada por las necrópolis meseteñas más occidentales de la Edad del Hierro Final, especialmente las del círculo vetón, con el fin de hallar a la luz de sus datos, si no confirmaciones absolutas, siquiera algún apoyo relativo para nuestra argumentación. Cabe añadir finalmente que, en determinados lances y siempre con justificación lógica -creemos-, el método comparativo antropológico será un recurso al que acudir habida cuenta de la riqueza de miras que el dilatado horizonte etnográfico procura a la investigación sobre la Antigüedad.


 
II- LA GUERRA, UNA FORMA SINGULAR DE CONTACTO
Entre la multiplicidad de acepciones que conlleva esta actividad, nos interesa ahora principalmente en tanto vehículo de interacción intercomunitaria; “la más solemne forma de contacto entre los pueblos”, tal como fuera definida por el literato alemán E. Jünger hace aproximadamente un siglo. Por descontado que la guerra debe entenderse como comportamiento integrado en un sistema socio-cultural amplio, fuera del cual no se explica. Como tal, constituye un subsistema de indudable complejidad: heterogéneo en su manifestación, consustancial al hombre desde el estadio más primitivo y, por ello mismo, con una evolución paralela a la de la sociedad. Independientemente del enfoque que se haya dado a su tratamiento (antropológico, psicológico, histórico, estratégico-militar), no cabe duda de que por la magnitud de sus connotaciones la guerra es un puntal en la construcción de una cultura compleja (7). 

 
Figura 5.- Guerreros de las tierras altas de Papua-Nueva Guinea. Figura 6.- Jefe de la tribu Dayak de Borneo

 

Amparadas en la guerra las gentes entran en contacto. El asalto de una caravana, el robo de rebaños, el asedio a una ciudad, la conquista de tierras o el choque abierto de dos ejércitos son formas de interacción particulares ya que se trata de constantes históricas que ponen en relación a dos esferas distintas, si bien de forma violenta. A pesar de su heterodoxia, de estos cruces también se derivan intercambios y efectos que pueden operar transformaciones importantes. Así, los pertrechos del enemigo, los triunfos y botines militares, la imposición de tributos o la obtención de prestigio y fama por parte de los líderes victoriosos, por ejemplo, han de entenderse como mercancías fruto de un intercambio negativo o unilateral, bajo el control de la parte vencedora en la contienda. Otra muestra de contacto violento con el exterior sería el mercenariado, fenómeno susceptible de generar igualmente cambios culturales, más concretamente procesos de aculturación, como es bien sabido (8). Esta clase de acciones explica en ocasiones la presencia de objetos importados (armas, joyas, monedas), la adaptación de nuevos usos (sociales, técnicos o estéticos) o las connotaciones ideológicas (poder, autoridad, rango) que tales actividades y elementos deparan en las comunidades locales, aunque resulta difícil precisar si es ésa su vía de llegada o bien responden a otras fórmulas de intercambio más equilibradas, caso de relaciones comerciales o del trueque de regalos diplomáticos y bienes de prestigio (9). Asumiendo estos principios teóricos de partida, llega el turno de empezar a concretar nuestro propio análisis.


 
III- ROBO, ASALTO, LUCHA ABIERTA... LAS MÚLTIPLES CARAS DEL ENFRENTAMIENTO INDÍGENA 
Desde un punto de vista interno, las gentes de la Meseta y Lusitania, como cualquier otro grupo prerromano, entraron en contacto no pocas veces de forma violenta. El reflejo de estas acciones se muestra de forma tenue y desdibujada en las fuentes de infomación, si bien ello no permite negar su frecuencia. El hostigamiento del enemigo adquiere un sinfín de formulaciones: por regla general en todas ellas debió estar presente, además de la necesidad de subsanar ciertas carestías, la búsqueda de botín y otros beneficios adicionales. El resultado sería, como acaba de indicarse, un intercambio unilateral o negativo ya que la acción de dos se limita a la apropiación violenta de una de las partes sobre la otra. A resultas de lo mismo los derrotados verían cambiar la propiedad de sus tenencias o reducirse los límites de sus territorios, sufriendo expolios y teniendo que hacer entrega de bienes de riqueza como compensanción o tributo reglamentado: prisioneros, rebaños, caballos, cosechas y otros alimentos, armas, joyas, etc.

 
 

Figura 7.- Trigales (Simancas, Valladolid)Dadas las características de las sociedades protohistóricas, resulta lógico pensar que la razón del mayor número de conflictos interétnicos descansó en el dominio de las bases económicas, en cualquiera de sus formas. Por ello el móvil de las ofensivas y -en sentido inverso- las preocupaciones defensivas al mismo tiempo fueron los aspectos primarios de sus sistemas socio-económicos: las cabezas de ganado, los campos de cultivo, los núcleos de población, los centros estratégicos de abastecimiento y las fronteras de los territorios de dominio y explotación, al margen de valores más íntimos como el resguardo familiar o el celo religioso. 
 
 

Figura 8.- Ganado bovino (Candeleda, Ávila) Figura 9.- Ganado ovino (Oropesa, Toledo)
Figura 10.- Ganado caprino (Villanueva de la Vera, Cáceres) Figura 11.- Ganado porcino (Botija, Cáceres)

Especialmente la protección de cabañas y vías pecuarias parece actuar como fundamento en la ordenación de estos pueblos. Existen abundantes pruebas que corroboran el alto valor asignado al ganado en estas regiones. Además de un medio físico muy favorable para las prácticas pecuarias, contamos con importantes testimonios arqueológicos y literarios en este sentido: los restos faunísticos recuperados en yacimientos de la Edad del Hierro, con una tasa elevada de ovicaprinos y bóvidos, seguidos por los suidos (10); la presencia en el interior de los oppida y castros de amplios espacios limitados por recintos murarios interpretados tradicionalmente como cercados para animales (11), a pesar de que en algunos sitios como en el poblado vetón de Las Cogotas se desmiente la exclusividad de dicha función al comprobarse que en realidad son áreas más complejas que engloban distintos usos (12); el peso de la impronta zoomorfa en la cultura material: cerdos, cabras, toros y caballos como motivos iconográficos en esculturas pétreas, figurillas votivas de bronce o arcilla, fíbulas, broches de cinturón, apliques metálicos y decoraciones cerámicas y armamentísticas (13); las noticias de las fuentes sobre el acusado componente pastoral en la etnografía del noroeste y centro hispanos (14), etcétera. Así pues, los ganados bovino y ovicaprino constituyen quizá el bien más representativo de estas comunidades, aunque no el exclusivo pues, por ejemplo, entre lusitanos, vetones y célticos de la Beturia las reservas minerales de oro, plata, hierro y estaño desempeñan otro papel económico fundamental. 
 
 

En cualquier caso, la salvaguardia de los rebaños se convierte en uno de los objetivos esenciales para las élites rectoras de la Hispania indoeuropea. Tanto más si, tal como hemos propuesto en otro lugar, la cabaña ganadera llevaba tiempo circulando como mercancía de intercambio en las redes indígenas de relación a larga distancia, cobijándose acaso en viejos derroteros trashumantes (15). En contrapartida, adueñarse de la mayor cantidad de reses ajenas era una estrategia política preferente; no sólo cuando el ganado escaseaba, sino también como medida de debilitamiento del enemigo. La captura de cabañas domésticas debió de ser hábito particularmente acostumbrado en las comarcas más alejadas del norte y occidente, donde las condiciones medioambientales y otros factores históricos limitaron las posibilidades de especialización ganadera. Esto es al menos lo que se infiere de los textos clásicos que en tiempos de conquista aluden a las correrías de entidades montañesas como cántabros, astures y turmogos sobre las tierras llanas de la cuenca media del Duero en busca de rebaños y cosechas (16).
 
 

Figura 12.- Toros de Guisando (El Tiemblo, Ávila) Figura 13.- Verraco de Las Cogotas, hoy en una plaza de Ávila
Figura 14.- Vacada avileña negra-ibérica transhuando (Ramacastañas, Ávila) Figura 15.- Vacada avileña negra-ibérica transhuando (Ramacastañas, Ávila)

Dejando a un lado otros conocidos pasajes literarios que insisten en la importancia que el ganado tiene en las razias lusitanas (17), un nuevo ejemplo de lo que venimos comentando es la anécdota recogida por Dión Casio (18) a propósito de la estratagema que un grupo de lusitanos lleva a cabo contra el ejército desplazado por César a la Ulterior en la campaña del 61 a.C.; consistió en bloquear a los romanos soltando sobre ellos varios hatos vacunos con el fin de distraer a las legiones y atacarlas por sorpresa, entretenidas como estaban en la captura del preciado botín que eran las Figura 16.reses. Este episodio, sobre el que recientemente se ha llamado la atención (19), da idea de la frecuencia de dichas operaciones de pillaje con meta en el apresamiento de rebaños, aparte de reafirmar el potencial ganadero de las tierras interiores. Cabe deducir, por tanto, que en el centro y occidente peninsulares se desarrolló un sustrato cultural de economía básicamente ganadera comparable al de otras regiones atlánticas e indoeuropeas. En este marco la posesión del ganado, en tanto unidad básica de riqueza, se revela como indicador de status social, lo cual favorece la formación de élites guerreras como consecuencia de la jerarquizacón que exigen la defensa de los rebaños y todo lo con ellos relacionado (20), entre otros aspectos la vigilancia de las zonas de pasto y el control de las vías y pasos trashumantes (21).
 
 

Figura 17.- Carro votivo de Mérida con escena venatoria.Según recogen ciertos mitos y tradiciones etnográficas, en distintos ambientes de la Antigüedad la práctica del robo de ganado adquiere un valor simbólico. Se ha relacionado con el funcionamiento de cofradías guerreras formadas por jóvenes que para ser reconocidos como adultos de pleno derecho en sus unidades de parentesco deben culminar un proceso de inciación. Así, abandonan la comunidad durante un tiempo para vivir en aislamiento y cumplir con una serie de ritos establecidos, caso de la captura de reses entre otras proezas (22). La toma en consideración de conductas de este tipo como mecanismo ideológico que podría estar detrás de la explicación del “bandolerismo lusitano” observado por los autores greco-latinos (23), ha tenido bastante eco en la investigación; hasta el punto de que las acometidas de los lusitanos, incluyendo las incursiones dirigidas contra las fértiles tierras de Turdetania a mediados del siglo II a.C. (24), se han querido leer parcial o globalmente en clave socio-religiosa. Se trataría de hábitos similares al ver sacrum latino: grupos de jóvenes conformando fratrías guerreras que bajo la protección de una divinidad concreta han de acometer con éxito una serie de retos como el latrocinio de reses y caballos, además de otros actos y rituales de paso, para consolidar su posición jurídica, social y económicamente (25). 
 
 

Figura 18.- Grupo armado celta según un grabado de finales del siglo XIXEstas embestidas puntuales constituyen quizá la forma de asalto más característica de los pueblos de la Iberia interior, las llamadas razzias. Para Harmand las razias son incursiones de duración limitada que una fuerza armada realiza en territorio extranjero, sin acompañamiento de no combatientes, con el elemental propósito de llevarse un botín y con el más sistemático de destruir los recursos del medio escogido (26). Escaramuzas de esta índole pueden tomarse en ocasiones como la raíz de posteriores conflictos estatales dilucidados en guerras abiertas, pero esto sólo se atiene a sociedades suficientemente complejas y organizadas. De este modo queda clara la contraposición, al menos a la luz de los textos antiguos, entre dos categorías de guerra, el “modelo primitivo” (razias,guerrillas improvisadas, golpes de mano sorpresivos..., lo adscribible a los indígenas hispanos) y el “modelo civilizado” abanderado por las grandes potencias mediterráneas (27): el patrón de conducta de griegos, púnicos y romanos (28). En cualquier caso conviene ser cautelosos con este tipo de deducciones porque, en otras palabras, no se está sino encarando bajo los presupuestos de la historiografía clásica la vocación irracionalmente belicosa de los bárbaros occidentales frente al concepto del bellum iustum ciceroniano tutelado por Roma (29). Figura 19.- Batalla de Sambre (57 a.C.)
 
 

Además no hay que pensar que las corerrías, aun siendo la más habitual, fuera la única modalidad de ataque. A la vez que prácticas guerreras ritualizadas y rivalidades entre grupos familiares, aldeas y ciudades, se entablan conflictos entre unidades étnicas superiores o populi. Las fortificaciones de los distintos círculos castreños del interior (30), las armas depositadas en las sepulturas de individuos destacados socialmente (31) y un elenco de referencias literarias sobre el carácter bélico de los hispanos (32), pueden utilizarse no sin ciertas reservas y desconfiando de lecturas absolutas, como refrendo parcial de la existencia de enfrentamientos importantes entre entidades poblacionales mayores.
 
 
 

Figura 20.- Murallas y piedras hincadas de Yecla la Vieja Figura 21.- Muralla de El Raso (Candeleda, Ávila) Figura 22.- Fortín y segundo recinto de la Mesa de Miranda

Figura 23.- Armas de la Edad del Hierro.En este punto se nos va a permitir introducir un par de comentarios en relación a los riesgos implícitos en la tendencia a generalizar el talante guerrero de las poblaciones protohistóricas. En efecto, son frecuentes en la bibliografía expresiones del tipo “guerra endémica”, “armas alzadas a perpetuidad”, “innata tendencia autodestructiva” o “individualismo ibérico que sólo se aviene con coaliciones transitorias de finalidad guerrera”. No dudamos del desarrollo de conflictos entre grupos vecinos y entre otros más alejados, pero se ha exagerado su alcance hasta el punto de considerar el ejercicio guerrero como agente único de enriquecimiento económico y como forma exclusiva de relación exterior. Si hacemos acopio de las fuentes, para el caso de pueblos como lusitanos, vetones o vacceos, es proporcionalmente mucho mayor el número de veces que actúan confederados en tareas de asociación, auxilio y refugio frente a Roma o sus aliados, que enfrentados entre sí (33); a pesar de la insistencia de algunos autores clásicos (34) en el temperamento belicoso de los hispanos (35). La guerra tiene indudable trascendencia en la formas de vida indígenas, ello es obvio, pero ha monopolizado la manera de Figura 24.- Vaso de los guerreros de Numanciaentender y aproximarse a los sistemas socio-culturales de la Hispania prerromana. Por ello, nos parece algo desmedida la imagen guerrera de la sociedad céltica que ofrecen en los últimos tiempos no pocos trabajos (36). ¿No se está explotando en demasía esta idea, a costa de eludir la contemplación de otros comportamientos socio-políticos no excluyentes a la guerra sino íntimamente relacionados con ella (diplomacia, comercio, exogamia...)? Y, digámoslo ya de paso, ¿no se abusa también de la aplicación de los vocablos celta/céltico a sujetos poblacionales y aspectos que no está comprobado que lo sean, sobre todo si no se define previamente lo que se entiende por tales términos? 

Figura 25.- Representaciones iconográficas de armas y guerreros

Guerra y celtas constituyen dos topoi en la literatura actual igual que lo fueron en la historiografía greco-latina de la República final y el Principado, si bien en ésta la justificación es atenuante por el contexto ideológico y político del momento, la Pax Augusta. A nuestro juicio esta corriente debe encauzarse con otra dirección, sin dejar de tenerse en cuenta dos preceptos metodológicos: 
 

Figura 26.- Guerreros celtas; caldero de Gundestrup
Figura 26.- Guerreros celtas; caldero de Gundestrup

1) El sentido simbólico de las armas en contextos funerarios y rituales; ello no excluye del todo la lectura directa (arma = instrumento de ataque/defensa = realidad guerrera), pero sí conlleva una distorsión de proporción desconocida si hemos de ser sinceros (37).
 
 

Figura 27.- Falcata, espada de antenas y bocado de caballo. Figura 28.- Detalle de la empuñadura de una espada de antenas

2) El uso de las fuentes literarias; para entender por qué la belicosidad de los hispanos es un argumento recurrente, no perdamos de vista quiénes, cuándo y cómo nos transmiten la información (38). Si queremos alcanzar una interpretación neutralizada, el punto de arranque estriba en singularizar la ferocitas celtica como etnotipo del bárbaro (39).
 
 
 

Figura 29.- Galo moribundo
Figura 30.- Jefe celta según un grabado del siglo XIX

En sentido parecido llevamos un tiempo reflexionando sobre el carácter ritualizado con que la bibliografía contempla la acción guerrera de estos pueblos, en nuestra opinión un enfoque a veces desmesurado. Está suficientemente demostrado que los conflictos armados se amoldan a formas de comportamiento ético o si se prefiere religioso, pero nos sigue pareciendo que por muy trascendentes que sean los principios guerreros que revelan las fuentes, en el fondo no dejan de ser sino coordenadas iconográficas que esconden o disimulan la verdadera razón de ser de la guerra. Con mucha frecuencia esta última, el fondo del conflicto -que presumimos de naturaleza económica (necesidad de recursos básicos en su génesis)-, pasa desapercibido frente a la atracción que tiene la forma con que la lucha indígena se exterioriza en los registros documentales. La guerra fue terreno abonado para la expresión ritual de los guerreros lusitanos, celtibéricos, galaicos o ibéricos que participan de ella, pero antes de eso fue el solar que permitió, junto a otros factores, la construcción económica, territorial y política de un grupo humano que, engrandecido, acabará haciendo de sus guerreros un ejemplo de conducta ética.
 
 

Figura 31.- Grupo del jinete en pie alanceando a un enemigo caído (Porcuna)En suma, tal como indican las distintas variantes que acaban de ser barajadas, luchas y afrentas desempeñan un papel destacado en el escenario histórico que ocupan estas páginas, más aun dada su admisible frecuencia. A pesar de las limitaciones y reservas que, empero, hemos creído oportuno incluir, caeríamos en una contradicción si no admitiéramos este hecho. Asimismo carecería de sentido todo lo que a continuación sigue. La guerra representa un factor estabilizador, especialmente en las culturas antiguas. Y sus consecuencias, que interesan aquí más que sus motivos y avatares, se revelan de sumo interés para entender el funcionamiento socio-político de la Iberia interior. Profundizar en este aspecto a partir del debate de una serie de ejemplos es el cometido de los siguientes apartados.


 
NOTAS.
** La versión original de este estudio está publicada en dos entregas en la revista Habis bajo el título “Algunas notas sobre la guerra como estrategia de interacción social en la Hispania prerromana: Viriato, jefe redistributivo”, concretamente en los volúmenes correspondientes a 2000 (número 32) y 2001 (número 33). Debo agradecer los comentarios y la ayuda científica prestados por Adolfo J. Domínguez Monedero (Universidad Autonoma de Madrid), Barry W. Cunliffe (University of Oxford) y Perter S. Wells (University of Minnesota). Los errores y deficiencias que pudiera albergar el texto son atribuibles en exclusiva al autor. Esta investigación se ha visto favorecida por la concesión de una Beca postdoctoral del Programa Sectorial de Formación de Profesorado Universitario y Perfeccionamiento de Personal Investigador del Ministerio de Educación y Cultura.
(1) GARCÍA Y BELLIDO, A., “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania, 21, 1945, pp.547-548. (Reeditado en A.A.V.V., Conflictos y estructuras sociales en la Hispania Antigua, Madrid, 1977, pp.13-60).
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(2) Diodoro (V, 34, 6-7): “Una costumbre particular se da entre los íberos y, más particularmente, entre los lusitanos. Cuando sus jóvenes llegan a la culminación de la fortaleza física, aquéllos de entre ellos que tienen menos recursos, pero que exceden en vigor corporal y audacia, se equipan con no más que su valor y sus armas y se reúnen en las montañas, donde forman bandas de tamaño considerable, que descienden a Iberia y obtienen riquezas en su pillaje. Y practican ese bandidaje en un espíritu de continuo desdén, pues usando armas ligeras y siendo ágiles y rápidos, constituyen un pueblo muy difícil de someter. Y, en general, consideran los riscos y los intrincados montes como su tierra nativa, y huyen a estos lugares -difíciles de atravesar por ejércitos grandes y fuertemente equipados- en busca de refugio” (traducción de GARCÍA Y BELLIDO, A., “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania, 21, 1945, p.542).

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(3) Estrabón (III, 3, 5): “Son alrededor de treinta las tribus que se reparten el territorio entre el Tago y los ártabros, pero a pesar de ser próspera la región por sus frutos, pastos y abundancia de oro, plata y metales análogos, la mayoría de ellos pasaban la vida apartados de la tierra, en piraterías y en continua guerra entre sí y contra sus vecinos de la otra orilla del Tago, hasta que los pacificaron los romanos, haciéndolos bajar al llano y convirtiendo en aldeas la mayor parte de sus ciudades, aunque también asociándose a algunas como colonos en mejores condiciones. Fueron los montañeses los que originaron esta anarquía, como es natural; pues al habitar una tierra mísera, y tener además poca, estaban ansiosos de lo ajeno. Los demás, al tener que defenderse, quedaron por fuerza en la situación de no poder dedicarse a sus propias tareas, de modo que también ellos guerreaban en vez de cultivar la tierra. Y sucedía que la tierra, descuidada, quedaba estéril de sus bienes naturales y era habitada por bandidos” (traducción de MEANA CUBERO, Mª.J. y PIÑERO, F., Estrabón. Geografía. Libros III-IV, Madrid, 1992, p.83). 

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(4) PLÁCIDO SUÁREZ, D., “Estrabón III: el territorio hispano, la geografía griega y el imperialismo romano”, Habis, 18-19, 1987-88, pp.243-256. GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., PÉREZ LARGACHA, A. y VALLEJO GIRVÉS, M., La imagen de Hispania en la Antigüedad Clásica, Madrid, 1995, pp.126-157. Especialmente, GARCÍA QUINTELA, M.V., “Les peuples indigenes et la conquéte romaine d´Hispanie. Essai de critique historiographique”, Dialogues d´Histoire Ancienne, 16, 1990, pp.181-220; ID., “Sources por l´étude de la Protohistorie d´Hispanie. Pour una nouvelle lecture”, Dialogues d´Histoire Ancienne, 17, 1991, pp.61-99; ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.29-72, en tanto síntesis final de aportaciones anteriores. Como ejemplo de aplicación concreta vide en último término: CRUZ ANDREOTTI, G., (Coor.), Estrabón e Iberia: nuevas perspectivas de estudio, Málaga, 1999, para el retrato de la Península y sus pobladores en la obra del geógrafo de Amasia.

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(5) Entre las principales contribuciones al problema: CARO BAROJA, J., “Regímenes sociales y económicos de la España prerromana”, Revista Internacional de Sociología, I, 1943, pp.149-152 (publicado también en Caro Baroja, J., España Antigua. Conocimento y fantasía, Madrid, 1986, pp.35-113); GARCÍA y BELLIDO, A., “Bandas y guerrillas en las luchas con Roma”, Hispania, 21, 1945, passim; BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.Mª., “La expansión celtíbera en Carpetania, Bética, Levante y sus causas (ss.III-II a.C.)”, Celticum, 3, 1962, pp.422-423; CHIC GARCÍA, G., “Consideraciones sobre las incursiones lusitanas en Andalucía”, Gades, 5, 1980, pp.15-25; SANTOS YANGUAS, N., “Las incursiones de lusitanos en Hispania Ulterior durante el s.II antes de nuestra era”, Bracara Augusta, 35, 1981, pp.364-365; GARCÍA MORENO, L.A., “Hispaniae Tumultus. Rebelión y violencia indígena en la España romana de época republicana”, Polis, 1, 1988, pp.94-97; FRANCISCO MARTÍN, J. de, Conquista y romanización de Lusitania, Salamanca (2ª edición, 1996), p.79; SAYAS ABENGOECHEA, J.J., “El bandolerismo lusitano y la falta de tierras”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV, Historia Moderna. Homenaje al profesor A. de Bethéncourt y Massieu, 1988, pp.701-714; ID., “Algunas consideraciones sobre cuestiones relacionadas con la conquista y romanización de las tierras extremañas”, en El proceso histórico de la Lusitania oriental en época prerromana y romana. Cuadernos Emeritenses, 7, 1993, Mérida, pp.213-215; GARCÍA FERNÁNDEZ-ALBALAT, B., Guerra y religión en la Gallaecia y Lusitania antiguas, La Coruña, 1990, pp.236-241; SALINAS DE FRÍAS, M., “Problemática social y económica del mundo indígena lusitano”, en El proceso histórico de la Lusitania oriental en época prerromana y romana. Cuadernos Emeritenses, 7, 1993, Mérida, pp.22-29; CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.144-147; ALMAGRO GORBEA, M., “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, pp.211-212; GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.275-287; GÓMEZ FRAILE, J.Mª., “Mercenariado y bandolerismo en Celtiberia. Dos cuestiones desenfocadas”, en Burillo Mozota, F. (Ed.), IV Simposio sobre los Celtíberos. Economía. Homenaje a J.L. Argente Oliver (Daroca, Zaragoza; Septiembre 1997), Zaragoza, 1999, pp.503-509.

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(6) Así, CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993; EAD. “Guerra y sociedad entre los celtíberos en época prerromana”, en González Rodríguez, Mª.C. y Santos Yanguas, J., (Eds.), Revisiones de Historia Antigua, I. Las estructuras sociales indígenas del norte de la Península Ibérica, Vitoria-Gasteiz, 1994, pp.23-34, para Celtiberia y Lusitania y con base exclusiva en el testimonio literario greco-latino; GARCÍA FERNÁNDEZ-ALBALAT, B., Guerra y religión en la Gallaecia y Lusitania antiguas, La Coruña, 1990, un análisis enmarcado en la tradición indoeuropeísta de Dumézil, corriente seguida también por GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.270-295; las atractivas autopsias de SOPEÑA GENZOR, G., Dioses, ética y ritos. Aproximación para una comprensión de la religiosidad entre los pueblos celtibéricos, Zaragoza, 1987; ID., Ética y ritual. Aproximación al estudio de la religiosidad de los pueblos celtibéricos, Zaragoza, 1995, que hacen hincapié en el ritual guerrero, analizándose la guerra bajo una perspectiva religiosa como “espacio consagrado” que descubre el compromiso ético y completa la vida agnóstica de los celtíberos (de igual guisa, MARCO SIMÓN, F., “La religión indígena en la Hispania indoeuropea”, en Blázquez Martínez, J.Mª. et alii, Historia de las Religiones de la Europa Antigua, Madrid, 1994, pp.378-395); la menos ambiciosa pero también eficaz visión de MUÑIZ COELLO, J., “Guerra y paz en la España céltica. Clientes y hospites a la luz de las fuentes literarias”, Hispania Antiqua, 19, 1995, pp.15-36; y el útil catálogo: A.A.V.V., La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997.

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(7) La importancia de la guerra como factor de comunicación, evolución y a la postre como vía que conduce a la formación del estado, tiene gran eco en la investigación. En la disciplina antropológica está firmemente asentada la teoría de la guerra o raíz competitiva del estado: el control de los recursos básicos (tierra, ganado...) es el fundamento de la jerarquía sociopolítica. Al enfrentarse por estas y otras bases económicas, los grupos activan la competencia entre sí desencadenando el proceso de formación de estructuras complejas y antagónicas. Sobre la relación guerra-estado, FRIED, M., “Warfare, military organization and the evolution of society”, Anthropologica, 3, 1961, pp.134-147; CARNEIRO, R., “A theory of the origin of the State”, Science, 169, 1970, pp.733-739; ID.,“Political expansion as an expression of the principle of competitive exclusion”, en Cohen, P.R. y Service, E., (Eds.), Origins of the State: The Anthropology of Political Evolution, Filadelfia, 1978, pp.205-224; WEBSTER, D., “Warface and the evolution of the state: a reconsideration”, American Anthropology, 40, 1975, pp.464-470; LEWIS, H., “Warfare and the origin of the State: another formulation”, en Claessen, H., (Ed.), The Study of the State, Leiden, 1981, pp.206-217; PRICE, B.J., “Competition, productive intensification and ranked society: speculations from evolutionary theory”, en Ferguson, R.B., (Ed.), Warfare, culture and enviroment, Londres, 1984, pp.209-240; COHEN, R., “Warfare and state formation: wars make states and states make wars”, en Ferguson, R.B., (Ed.), Warfare, culture and enviroment, Londres, 1984, pp.329-358; FERGUSON, R.B. y WHITEHEAD, N.L., (Eds.), War in the tribal zone. Expanding states and indigenous warfare, Santa Fe (Nuevo México), 1992; y EARLE, T.K., How chiefs come to power. The political economy in Prehistory, Stanford, 1997, pp.106-110. Para profundizar en la antropología de la guerra, vide FRIED, M., HARRIS, M. y MURPHY, R., (Eds.), War: the anthropology of armed conflict and agression, Garden City, 1968; FERGUSON, R.B. y FARRAGHER, L.E., (Eds.), The anthropology of war: a bibliography. (Occasional Papers of the Harry Frank Guggenheim Foundation, 1), Nueva York, 1988; y HAAS, J., (Ed.), The anthropology of war, Cambridge, 1990. 

A veces se menosprecia el sentido práctico de las cosas para buscar explicaciones demasiado elevadas. En este sentido resulta cuando menos perspicaz la llamada de atención de M. HARRIS (Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura, Madrid, 1982, 3ª edición, pp.59-78). La interpretación mundana y desmitificadora del antropólogo americano hace de la guerra, sencillamente, el resultado del equilibrio tripartito entre población-medio ambiente-economía. “El estudio de la guerra primitiva nos lleva a la conclusión de que la guerra ha formado parte de una estrategia adaptativa vinculada a condiciones tecnológicas, demográficas y ecológicas específicas. No es necesario invocar imaginarios instintos criminales o motivos inescrutables o caprichosos para comprender por qué los combates armados han sido tan corrientes en la historia de la humanidad” (HARRIS, M., op. cit., 1982, pp.77-78). Para las causas de la guerra en las sociedades pre-estatales vide los ensayos de R.B. Ferguson, C. Robarchek, N. Chagnon y T. Gregor comprendidos en HAAS, J., (Ed.), The anthropology of war, Cambridge, 1990, pp.26-104; y HAAS, J., “The origins of war and ethnic violence”, en Carman, J. y Harding, A. (Eds.), Ancient warfare. Archaeological perspectives, Trowbridge, 1999, pp.11-24.

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(8) Sin podernos detener ahora en ello, véanse las aproximaciones de F. QUESADA SANZ para el mundo ibérico: “Vías de contacto entre Magna Grecia e Iberia: la cuestión del mercenariado”, en Vaquerizo, D., (Coord.), Arqueología de la Magna Grecia, Sicilia y la Península Ibérica. (Córdoba, Mayo 1993), Córdoba, 1994, pp.191-246; ID., “Los mercenarios ibéricos y la concepción histórica en A. García y Bellido”, Archivo Español de Arqueología, 67, 1994, pp.309-311; para el caso itálico: TAGLIAMONTE, G., I figli di Marte. Mobilitá, mercenari e mercenariato italici in Magna Grecia e Sicilia, Roma, 1994; y para el ámbito celta: NASH, D., “Celtic territorial expansion and the Mediterranean world”, en Champion, T.C. y Megaw, J.V., (Eds.), Settlements and Society. Aspects of West-European Prehistory in the First Millennium B.C., Leicester, 1985, pp.45-67; SZABÓ, M., “Mercenary activity”, en Moscati, S. et alii (Eds.), The Celts, (I Celti), Nueva York-Milán, 1991, pp.333-336; ID., “Guerriers celtiques avant et apres Delphes. Contribution a une periode critique du monde celtique”, en L´Europe celtique du Ve au IIIe siecle avant J.C. Contacts, echanges et mouvements de populations. (Actes du deuxieme symposium international d´Hautvillers, Octubre 1992), Epernay, 1995, pp.49-67. Una reciente síntesis sobre el mercenariado en el Mediterráneo antiguo: YALLICHEV, S., Mercenaries of the Ancient World, Londres, 1997.

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(9) SÁNCHEZ MORENO, E., Meseta occidental e Iberia exterior. Contacto cultural y relaciones comerciales en época prerromana. Tesis Doctoral en Microfichas. Universidad Autónoma de Madrid, 1998, esp. pp.580-590.

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(10) CASTAÑOS UGARTE, P.Mª., “Animales domésticos y salvajes en Extremadura. Origen y evolución”, Revista de Estudios Extremeños, 47, 1991, pp.9-66; ID., “Evolución de las faunas protohistóricas en Extremadura”, en Rodríguez Díaz, A., (Coor.), Extremadura protohistórica: paleoambiente, economía y poblamiento, Cáceres, 1998, pp.63-72; MORALES MUÑIZ, A. y LIESAU VON LETTOW-VORBECK, C., “Análisis comparado de las faunas arqueológicas en el valle Medio del Duero (provincia de Valladolid) durante la Edad del Hierro”, en Delibes de Castro, G., Romero Carnicero, F., y Morales Muñiz, A., (Eds.), Arqueología y Medio Ambiente. El Primer Milenio a.C. en el Duero Medio, Valladolid, 1995, pp.455-514; LIESAU VON LETTOW-VORBECK, C., “El Soto de Medinilla: faunas de mamíferos de la Edad del Hierro en el valle del Duero (Valladolid, España)”, Archaeofauna. Revista de la Asociación Española de Arqueozoología, 7, 1998, pp.7-210; BLASCO SANCHO, Mª.F., “Factores condicionantes de la composición de la cabaña ganadera de la II Edad del Hierro en la mitad norte de la Península Ibérica”, en Burillo Mozota, F., (Ed.), IV Simposio sobre los Celtíberos. Economía. Homenaje a J.L. Argente Oliver (Daroca, Zaragoza; Septiembre 1997), Zaragoza, 1999, pp.149-156.

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(11) CABRÉ AGUILÓ, J., “Excavaciones de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila). I, El Castro”, Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, 110, 1930, Madrid, pp.20, 39.

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(12) RUIZ ZAPATERO, G. y ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R., “Las Cogotas: Oppida and the roots of urbanism in the Spanish Meseta”, en Cunliffe, B. y Keay, S., (Eds.), Social Complexity and the Development of Towns in Iberia. From the Copper Age to the Second Century A.D., Londres, British Academy, 86, 1995, pp.220-222; ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R., Los Vettones, Madrid, 1999, p.151.

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(13) BLANCO FREIJEIRO, A., “Las estatuas de verracos y las fíbulas zoomorfas celtibéricas”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie II, Historia Antigua, 1, 1988, pp.69-78; LÓPEZ MONTEAGUDO, G., Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, Madrid, 1989; GALÁN DOMINGO, E., “Naturaleza y cultura en el mundo celtibérico”, Kalathos, 9-10, 1989-90, pp.175-204; ALONSO HERNÁNDEZ, P. y BENITO-LÓPEZ, J.E., “Figuras zoomorfas de barro de la Edad del Hierro en la meseta norte”, Zephyrus, 44-45, 1991-92, pp.525-536; ROMERO CARNICERO, F. y SANZ MÍNGUEZ, C., “Representaciones zoomorfas prerromanas en perspectiva cenital: iconografía, cronología y dispersión geográfica”, II Symposium de Arqueología Soriana. Homenaje a D. Teógenes Ortego y Frías. (Soria, 1989), Soria, 1992, pp.453-471; SÁNCHEZ MORENO, E., “El caballo entre los pueblos prerromanos de la meseta occidental”, Studia Historica. Historia Antigua, 13-14, 1995-96, pp.207-229; BLANCO GARCÍA, J.F., “Zoomorfos celtibéricos en perspectiva cenital. A propósito de los hallazgos de Cauca y el castro Cuesta del Mercado (Coca, Segovia)”, Complutum, 8, 1997, pp.183-203; ALMAGRO GORBEA, M. y TORRES ORTIZ, M., Las fíbulas de jinete y de caballito. Aproximación a las élites ecuestres y su expansión en la Hispania céltica, Zaragoza, 1999; CERDEÑO SERRANO, Mª.L., CABANES MIRÓ, E. y FERNÁNDEZ SABUGO, M., “Representaciones animales en la meseta prerromana”, en de Balbín Behrmann, R. y Bueno Ramírez, P., (eds.), II Congreso de Arqueología Peninsular. Tomo III: Primer milenio y metodología. (Zamora, 24-27 de septiembre de 1996), Zamora, 1999, pp.325-333.

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(14) Recopilaciones de referencias literarias recogidas en: BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.Mª., “La economía ganadera de España Antigua a la luz de las fuentes literarias griegas y romanas”, Emerita, 25, 1957, pp.159-184; ID., “Economía de los pueblos prerromanos del área no ibérica”, en Tarradell, M., (dir.), Estudios de Economía Antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1969, pp.225-230; ID., Economía de la Hispania Romana, Bilbao, 1978, pp.103-105; SALINAS DE FRÍAS, M., “Algunos aspectos económicos y sociales de los pueblos prerromanos de la Meseta”, Memorias de Historia Antigua, 3, 1979, pp.75-76; ID., “Problemática social y económica del mundo indígena lusitano”, en El proceso histórico de la Lusitania oriental en época prerromana y romana. Cuadernos Emeritenses, 7, Mérida, 1993, p.17; SÁEZ FERNÁNDEZ, P., “La ganadería extremeña en la antigüedad”, en Rodríguez Becerra, S. (Coor.), Trashumancia y cultura pastoril en Extremadura. Actas del Simposio, Mérida, 1993, pp. 37-49. 

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(15) SÁNCHEZ MORENO, E., “De ganados, movimientos y contactos. Revisando la cuestión trashumante en la Protohistoria hispana: la meseta occidental”, en Sociedades y fronteras en el mundo antiguo.Studia Historica. Historia Antigua, 16, 1998, pp.53-84. Versión actualizada y ampliada en Internet: http://www.ffil.uam.es./antigua/piberica/ganado/ganado1.html

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(16) Floro, II, 33, 46-47; Orosio, VI, 21, 3.

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(17) Livio, XXI, 43, 8-9; XXV, 1; Virgilio, Georg., III, 406-408.

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(18) Dión Casio, XXXVII, 53.

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(19) GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, p.278.

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(20) EARLE, T.K., How chiefs come to power. The political economy in Prehistory. Stanford, 1997, pp.100-102; ALMAGRO GORBEA, M., “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, passim; GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.278-282.

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(21) SÁNCHEZ MORENO, E., “De ganados, movimientos y contactos. Revisando la cuestión trashumante en la Protohistoria hispana: la meseta occidental”, en Sociedades y fronteras en el mundo antiguo.Studia Historica. Historia Antigua, 16, 1998, pp.53-84. Versión actualizada y ampliada en Internet: http://www.ffil.uam.es./antigua/piberica/ganado/ganado1.html

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(22) LINCOLN, B., “The Indo-European cattle-raiding myth”, History of Religions, 16 (1), 1976, pp.42-65; ID., Sacerdotes, guerreros y ganado. Un estudio sobre la ecología de las religiones, Madrid, 1991.Costumbres de esta naturaleza perviven todavía en no pocos rincones rurales del Mediterráneo. Por citar sólo un ejemplo etnográfico, en la aldea cretense de Glendhi los mozos entre 13 y 16 años realizan incursiones nocturnas para capturar ovejas pertenecientes a rebaños de aldeas vecinas, en la más pura tradición iniciática de madurez. El éxito en la empresa -esto es, el logro de buenos ejemplares cuya carne es repartida entre la familia- sin ser advertidos supone el reconocimiento de virilidad para los adolescentes. Cuando un joven ladrón incide varias veces sobre el ganado de otro pastor, puede acabar estableciéndose paradójicamente una amistad entre ambos (sindeknin), fundada sobre el acuerdo de una defensa común frente a intentos de hurto por parte de terceros. Conseguir esta alianza es un refuerzo más en la iniciación a la edad adulta dado que, en cierta forma, robar ganado se acaba convirtiendo en una forma deliberada de ampliar lazos de amistad y cooperación. Al respecto, HERZFELD, M., The poetics of manhood. Contest and identity in a Cretan mountain village, Princenton, 1985, esp. pp.163-205. 

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(23) Vide notas 2, 3 y 5.

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(24) Livio, XXXV, 1; XXXVII, 57; Apiano, Iber., 56-58; Orosio, IV, 20, 23.

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(25) Entre otros: PERALTA LABRADOR, E., “Las cofradías guerreras indoeuropeas en la España antigua”, El Basilisco, 3, 1990, pp.49-60; GARCÍA FERNÁNDEZ-ALBALAT, B., Guerra y religión en la Gallaecia y Lusitania antiguas, La Coruña, 1990; CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.136-158; ALMAGRO GORBEA, M. y ÁLVAREZ SANCHÍS, J., “La Sauna de Ulaca: saunas y baños iniciáticos en el mundo céltico”, Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 1, 1993, pp.177-253; GARCÍA MORENO, L.A., “Organización sociopolítica de los Celtas en la Península Ibérica”, en Almagro Gorbea, M., (Dir.), Los Celtas: Hispania y Europa, Madrid, 1993, pp.349-350; SOPEÑA GENZOR, G., Ética y ritual. Aproximación al estudio de la religiosidad de los pueblos celtibéricos, Zaragoza, 1995, pp.75-86; ALMAGRO GORBEA, M., “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, passim; GARCÍA QUINTELA, M.V., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, pp.278-287; ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R., Los Vettones, Madrid, 1999, pp.313-316. Todos ellos con enfoques alternativos pero coincidentes en lo esencial.

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(26) HARMAND, J., La guerra antigua de Sumer a Roma, Madrid, 1976, p.24.

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(27) QUESADA SANZ, F., “Aspectos de la guerra en el Mediterráneo antiguo”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, pp.33-52; DAWSON, D., The origins of Western Warfare, Boulder-San Francisco-Oxford, 1998.

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(28) Existen paralelos etnográficos altamente ilustrativos en esta clase de comparaciones estereotipadas, centrados en la oposición “guerra prístina o tribal versus guerra occidental o estatal”. Con relación a este tipo de aproximaciones, son de gran utilidad las advertencias críticas de R. Ferguson y N. Whitehead aplicadas a distintos casos de contacto entre estados europeos en expansión colonial y comunidades aborígenas, con particular atención a las transformaciones que esta interacción opera en las actitudes guerrras de las tribus primitivas (FERGUSON, R.B. y WHITEHEAD, N.L., “The violent edge of Empire”, en Ferguson, R.B. y Whitehead, N.L., (eds.), War in the tribal zone. Expanding states and indigenous warfare, Santa Fe, 1992, pp.1-30). El fundamento de la cuestión no es otro sino el reconocimiento de la distancia existente entre el observador que narra, sea un historiador antiguo o un etnógrafo contemporáneo, y el objeto de narración, en nuestro caso un sujeto indígena examinado bajo el prisma discriminador de la alteridad: la mirada del otro (en último término y desde la metodología etnográfica, vide TUHIWAI SMITH, L., Decolonizing methodologies. Research and Indigenous Peoples, Londres-Nueva York-Dunedin, 1999). 

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(29) CIPRÉS TORRES, P., Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993, pp.35-50.

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(30) MARTÍN VALLS, R., “Segunda Edad del Hierro. Las culturas prerromanas”, en Valdeón, J., (dir.), Historia de Castilla y León, vol.I, cap.VI, Valladolid, 1985, pp.109-111; ESPARZA ARROYO, A., Los castros de la Edad de Hierro del Noroeste de Zamora, Zamora, 1986; FERREIRA DA SILVA, A.C., A cultura castreja no noroeste de Portugal, Paços de Ferreira, 1986; MORET, P., “Les fortifications de l´Age du Fer dans la Meseta Espagnole: origine et diffusion des techniques de construction”, Mélanges de la Casa de Velázquez, 27 (1), 1991, pp.5-42; ID., Les fortifications ibériques de la fin de l´Age du Bronze à la conquête romaine, Madrid, 1996; ALMAGRO GORBEA, M., “El urbanismo en la Hispania Céltica. Castros y oppida del centro y occidente de la Península Ibérica”, en Almagro Gorbea, M. y Martín Bravo, A.Mª., (Eds.), Castros y oppida en Extremadura, Madrid, Complutum Extra, 4, 1994, pp.13-75; ID., “Los castros de la meseta”, Gallaecia, 14-15, 1996, pp.261-308; CERDEÑO SERRANO, Mª.L., “Sistemas defensivos en el ámbito celta peninsular”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, pp.231-239.

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(31) CABRÉ DE MORÁN, Mª.E. y BAQUEDANO BELTRÁN, Mª.I., “La guerra y el armamento”, en Los celtas de la Península Ibérica. Monográfico de la Revista de Arqueología, extra nº5 , Madrid, 1991, pp.58-71; EAED., “El armamento céltico de la II Edad del Hierro”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, pp.240-259; LORRIO ALVARADO, A.J., “El armamento de los celtas hispanos”, en Almagro Gorbea, M., (dir.), Los Celtas: Hispania y Europa, Madrid, 1993, pp.285-326; ID., “La evolución de la panoplia celtibérica”,Madrider Mitteilungen, 35, 1994, pp.212-243; QUESADA SANZ, F., El armamento ibérico. Estudio tipológico, geográfico, funcional, social y simbólico de las armas en la cultura ibérica (siglos VI-I a.C.), vol. 1-2, Montagnac, 1997. 

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(32) GARCÍA HUERTA, R., “La guerra entre los pueblos célticos. Las fuentes literarias greco-latinas”, en La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997, pp.223-229.
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(33) SÁNCHEZ MORENO, E., Meseta occidental e Iberia exterior. Contacto cultural y relaciones comerciales en época prerromana. Tesis Doctoral en Microfichas. Universidad Autónoma de Madrid, 1998, p.305, cuadro 2.

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(34) Estrabón, III, 4, 5; III, 4, 13; Justino, XLIV, 1-2; Livio, XXVIII, 12, 10; XXXIV, 17.

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(35) Un ejemplo anecdótico pero pertinente: resulta curioso comprobar cómo una de las escasas noticias referidas a la enemistad de grupos del interior, la de vacceos hostigando a carpetanos, razón en la que se justificó Lúculo para llevar la guerra al valle medio del Duero (150 a.C.) habida cuenta que los carpetanos eran aliados romanos, es desmentida por el mismo Apiano (Iber., 51), fuente del relato, que desautoriza la acción del general al que supone inventor de un argumento falso 

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(36) Muy patente, por ejemplo, en el número de contribuciones reunidas con ese hilo conductor en el estudio colectivo sobre la guerra y los ejércitos en Hispania: A.A.V.V., La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania, Madrid, 1997.

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(37) En este punto coincidimos con posturas reflexivas como las de W. Kurtz o F. Quesada a propósito de las connotaciones simbólicas que denota el armamento en el registro funerario (KURTZ SCHAEFER, W.S., “El armamento de la necrópolis de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila)”, Zephyrus, 39-40, 1986-87, pp.445-458; ID., La necrópolis de Las Cogotas. Volumen I: Ajuares. Revisión de los materiales de la necrópolis de la Segunda Edad del Hierro en la cuenca del Duero (España), British Archaeological Reports, Oxford, 1987, pp.18, 31; QUESADA SANZ, F., El armamento ibérico. Estudio tipológico, geográfico, funcional, social y simbólico de las armas en la cultura ibérica (siglos VI-I a.C.), vol. 1-2, Montagnac, 1997; ID., “Armas para los muertos”, en Los Iberos. Príncipes de Occidente, Barcelona, 1998, pp.124-131). Para estos autores el arma indica el rango social del individuo por encima de su dedicación profesional a la guerra; ello no asegura que las armas no puedan haber tenido simultáneamente una funcionalidad práctica. (Vide infra apartado VII).

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(38) GARCÍA QUINTELA, M.V., “Les peuples indigenes et la conquéte romaine d´Hispanie. Essai de critique historiographique”, Dialogues d´Histoire Ancienne, 16, 1990, pp.181-220; ID., “Sources por l´étude de la Protohistorie d´Hispanie. Pour una nouvelle lecture”, Dialogues d´Histoire Ancienne, 17, 1991, pp.61-99; ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III. Madrid,1999, pp.29-72.

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(39) RANKIN, H.D., Celts and the Classical World, Londres, 1987; WALTER, H., Les Barbares de l´Occident romain, París, 1993; MARCO SIMÓN, F., “Ferocitas Celtica: imagen y realidad del bárbaro clásico”, en Falque, E. y Gascó, F., (Eds.), Modelos ideales y prácticas de vida en la Antigüedad clásica. Sevilla, 1993, pp.141-166; SOPEÑA GENZOR, G., Ética y ritual. Aproximación al estudio de la religiosidad de los pueblos celtibéricos, Zaragoza, 1995, pp.80-85; CLAVEL-LÉVÊQUE, M., “Codage, norme, marginalité, exclusion. Le guerrier, la plereuse et la forte femme dans la barbarie gauloise”, Dialogues d´Histoire Anciènne, 22 (1), 1996, pp.223-251.
 

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Diseño de las páginas, Adolfo J. Domínguez Monedero
Departamento de Historia Antigua y Paleografía.
U.A.M.