Las Terracotas Arquitectónicas
de la Hispania Romana: La Tarraconense
Mª. Luisa Ramos Sáinz.(ramosml@ccaix3.unican.es)
Monografías de Arquitectura Romana.
Departamento de Prehistoria y Arqueología.
Universidad Autónoma de Madrid.
Madrid, 1996
Introducción
Ante la falta de un estudio pormenorizado sobre las terracotas arquitectónicas
halladas en Hispania, se hacía incuestionable la necesidad de crear un catálogo que
recopilase, en la medida de lo posible, todas estas piezas. Nosotros comenzamos con
entusiasmo esta labor en lo que fue nuestra Tesis Doctoral presentada en la Universidad
Autónoma de Madrid el 25 de Octubre de 1993, dirigida por el Dr. Bendala Galán. Elegimos
la provincia Tarraconense por ser la más amplia de nuestro territorio y la que permitía
observar un contraste entre diversas zonas, las más romanizadas y las que
tradicionalmente se ha supuesto que lo estaban menos, aunque todavía futuras
investigaciones tendrán que aportar más datos en este sentido.
Próximamente tenemos la intención de completar la panorámica peninsular con el
estudio de las islas Baleares (correspondientes al convento Cartaginense que no pudieron
incluirse en su momento por falta de presupuesto inicial), así como el de las provincias:
Betica y Lusitania.
El hecho de formar parte desde el año 1985 de un proyecto de investigación sobre la
Edilicia Romana en Hispania, dirigido por el Dr. Bendala y subvencionado en sus comienzos
por la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica del Ministerio de
Educación y Ciencia, luego ampliado con subvenciones posteriores de la Dirección General
de Bellas Artes y Archivos del Ministerio de Cultura, nos ha ofrecido en primer lugar, el
apoyo científico deseable para emprender una tarea de largos años de duración al amparo
de un equipo dedicado a la tarea de interpretar la arquitectura en nuestro país (Bendala,
1989-90, 1990, 1992; Bendala, Fernández Ochoa y Fuentes, 1987; Durán, 1990, 1991;
Roldán, 1992, 1993) y en segundo lugar, un singular apoyo económico, sin el cual hubiera
sido completamente imposible llevar a cabo la recopilación de un material tan disperso.
El libro se divide en dos volúmenes, por un lado la parte analítica y por otra la
descriptiva. La primera parte se compone de nueve capítulos, abordándose en cada uno de
ellos los siguientes aspectos. En primer lugar junto a la introducción, ofrecemos una
síntesis historiográfica; en el capítulo segundo, mostramos un escueto resúmen de los
antecedentes históricos en el uso de las terracotas arquitectónicas, realizando un
repaso histórico desde los primeros templos griegos y etruscos, hasta los edificios de
época romana.
En el tercer capítulo examinamos los tipos más representativos que se dan en las
terracotas arquitectónicas hispanas (antefijas, simas y lastras), en el caso de las
antefijas mostramos la tipología que se observa en las placas y en el tipo de unión con
el ímbrice, lo que nos aporta algún dato cronológico de interés, para finalizar
analizando las terracotas a través de su referencia en las fuentes antiguas.En el cuarto
capítulo pasamos a estudiar el proceso de elaboración de estos materiales, cuestión
ésta que hasta la fecha ha sido obviada en otras investigaciones, por lo que nuestra
aportación en este sentido, junto a la realización de piezas antiguas en un taller de
cerámica actúal, será esencial para su conocimiento.
En el capítulo quinto se hace referencia a los motivos iconográficos que más
frecuentemente aparecen en estas piezas, aportando una serie de conclusiones respecto a la
elección de los temas en dicho repertorio y su probable significado.
En el capítulo sexto analizamos los diferentes edificios que las terracotas decoraban,
intentando establecer una relación entre éstos y el motivo iconográfico, lo que resulta
en muchos casos difícil de conocer debido a la carencia de un contexto arqueológico
preciso, al que poder adscribir las terracotas; en este apartado presentamos un dossier
exhaustivo, en el que se analizan por conventos todos los edificios correspondientes a las
terracotas arquitectónicas descubiertas en cada uno de ellos.
En el capítulo séptimo abordamos diversos puntos de interés relacionados con los
centros de producción de las terracotas: por un lado el tema de la especialización de
los talleres y el de sus modelos productivos, por otro la localización de las officinae
hispanas y el de sus diversas áreas de influencia; se analizan también los sellos
alfareros y las contraseñas descubiertas en algunos ejemplares; finalizamos este
capítulo con el estudio de terracotas itálicas importadas a la Península Ibérica.
El capítulo octavo aborda el estudio de los análisis químico mineralógicos
realizados en un porcentaje elevado de los ejemplares examinados, lo que aporta
interesantes conclusiones respecto a su técnica de fabricación y al origen de las
arcillas. Finalmente en el capítulo noveno se recogen las conclusiones generales.
En el segundo volumen se incluyen dos catálogos, el icnográfico y el de las
terracotas examinadas. En el primero se muestra cada uno de los diversos tipos localizados
acompañados de sus correspondientes fotografías y en el catálogo descriptivo se
presenta una serie de fichas completas de cada pieza con su dibujo. Al final de este
bloque se encuentra la bibliografía empleada en toda la obra y algunos índices (lugares
citados en el texto, abreviaturas y láminas).
Deseamos reconocer con gratitud la ayuda que nos han prestado cuantos han contribuido a
la realización de este libro, ya que sin el apoyo incondicional de una serie de personas
e instituciones no hubiera podido llevarse a cabo.
En primer lugar estamos en deuda con el profesor y amigo Manuel Bendala que con su gran
interés y apoyo constantes contribuyó de manera eficaz en la dirección de esta
investigación.
Agradecemos a las doctoras Raquel Vigil y Charo García, profesoras del Departamento de
Química Agrícola y Geoquímica de la Universidad Autónoma de Madrid la realización de
los diversos análisis químico mineralógicos, especialmente a la Dra. Vigil que además
de brindarnos su amistad, ha tenido la paciencia de enseñarnos a investigar en el campo
de la geoquímica.
De igual manera es necesario agradecer la inestimable ayuda de Miguel Angel Cuenca, autor
de gran parte de los dibujos así como de la maquetación del libro.
También extendemos nuestra gratitud a la colaboración de todos aquellos directores,
conservadores, funcionarios y auxiliares de los museos provinciales y municipales de
Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón, Cataluña, Castilla
y León, Castilla-La Mancha, Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia que con su laboriosidad
y dedicación han hecho posible la recopilación de las terracotas arquitectónicas que
presentamos en este libro.
Así mismo queremos dar las gracias a diferentes directores de excavación que tuvieron la
amabilidad de cedernos material inédito, en particular a: Xavier Dupré, Carmen García
Merino, José Antonio Hernández Vera, Martín Almagro Gorbea, Pere Palol, Víctor
Revilla, Julio Manuel Vidal, Albert Ribera, Santiago Carretero, Josep.A. Gisbert y J.A.
Gª Serrano.
Deseamos reconocer la ayuda y entusiasmo de Luis Fuentes, profesor de cerámica de la
Escuela de Magisterio en la Universidad de Cantabria, con quien hemos realizado una serie
de ensayos sobre las diversas técnicas antiguas para la fabricación de las antefijas.
Queremos así mismo expresar nuestra gratitud a las diversas instituciones que nos
ayudaron económicamente, nos referimos a: la Caixa de Barcelona que nos concedió en
Septiembre de 1991 una "Ayuda a la investigación en el ámbito del Patrimonio
Histórico-Arqueológico" para estudiar la decoración arquitectónica romana de
época arcaica en Cataluña; a la Fundación Joan Margall que nos otorgó en marzo de 1991
una beca para la realización de análisis mineralógicos en el estudio de las antefijas
romanas en Cataluña y a la Universidad de Cantabria que nos ofreció una bolsa de viaje
el mes de junio de 1992 para investigar en Roma. Y muy especialmente al Ministerio de
Cultura que ha sido el que ha sufragado los gastos de esta edición.
Por último extendemos nuestra gratitud a todos los familiares amigos y compañeros que
han contribuido con su ánimo y paciencia a la culminación de este trabajo. En concreto a
Celia Cuenca, França Galiana y Pablo Ramos que no repararon en el tiempo invertido,
trabajando sin descanso en la preparación del documento, y a Carmen Chincoa por sus
amables aportaciones.
1.2.- SÍNTESIS HISTORIOGRÁFICA
Los primeros estudios sistematizados sobre terracotas arquitectónicas, especialmente del
tipo de las antefijas, surgen fuera de nuestro país a principios de siglo.
Estos analizan tipológicamente un material, en su mayoría de época griega, proveniente
de las metrópolis (Van Buren, 1926) o de las colonias (Koch, 1915; Laviosa, 1954;
Orlandini, 1959).
En los años 1939-40 A.Andren revolucionará el ambiente científico con un estudio
pormenorizado sobre las terracotas arquitectónicas de los templos etrusco-itálicos, lo
que pondrá de manifiesto la riqueza de este material. Su trabajo no sólo se limita, como
sucede en los anteriores, a mostrar un estudio tipológico, sino que además ofrece la
relación de las terracotas con los diferentes edificios que decoraban y presenta
interesantes conclusiones a cerca de los modelos originales, su pervivencia y expansión.
Se trata así mismo del primer estudio serio cuyo fin no son los propios materiales, sino
que se sirve de ellos como un medio para analizar en profundidad los diferentes edificios
de carácter cultual.
A partir del trabajo de Andren se despierta el interés por estas piezas, a las que sólo
se había valorado artísticamente, para buscar otros datos que aportaran mayor
conocimiento sobre su elaboración, funcionalidad, etc. Surgen diversos artículos con un
enfoque más arqueológico, intentando analizar las terracotas en función de los
edificios objeto de estudio, pero la mayoría de las veces éstos forman parte de
complejos más amplios y existe la falta de auténticas monografías sobre el tema.
Hasta el año 1977 en que Anselmino publicó su libro sobre las antefijas del Anticuario
de Roma, no existió en Italia una investigación dedicada a las terracotas de época
romana, pues se carecía de una tradición organizada y consolidada respecto del análisis
de estas piezas, a diferencia de las lastras "Campana" que habían sido objeto
de estudio desde antiguo (Von Rohden y Winnefeld, 1911). Las noticias referidas a las
antefijas, por lo general eran debidas a hallazgos esporádicos o de excavaciones
arqueológicas, pero su publicación siempre se hacía de una manera aislada. La
investigación de Anselmino motivará el surgimiento de otras. En el transcurso de unos
pocos años aparecen dos nuevas recopilaciones: la primera, sobre las terracotas
arquitectónicas del Museo Nacional Romano (Pensabene y Sanzi, 1983) y la segunda sobre
las de la Venecia romana (Strazzulla, 1987). En todas ellas se pretende mostrar un estudio
tipológico completo, en la medida de lo posible, ya que las piezas provienen de antiguos
fondos de museos. También se analizarán otras cuestiones además de las puramente
estilísticas. Anselmino por ejemplo, propone un análisis del tipo de unión del ímbrice
y la antefija, así como del contorno de la placa de ésta última y Strazzulla analiza la
procedencia de las piezas e intenta inscribirlas en su contexto arqueológico.
A éstas se sucederán otras monografías como la de R.Knoop (1987) sobre un conjunto de
antefijas del s.VI a.C. procedente del santuario de Mater Matuta en Satricum.
El creciente interés por las terracotas arquitectónicas fuera de la Península itálica,
hoy en día está cada vez más justificado por las interesantes conclusiones que se
desprenden de su estudio. Como ejemplo de ello valga citar las recientes investigaciones
sobre dos terracotas etrusco-itálicas del Museo de Arte e Historia de Ginebra (Känel,
1991).
En nuestro país las primeras noticias referidas a las terracotas arquitectónicas, son
incluidas en catálogos descriptivos como el de Cean Bermúdez (1832), Rada (1883),
Hernández Sanahuja (1894), Mélida (1884), Catalina (1903), Laumonier (1921) o Gómez
Moreno (1925) en los que se hace un análisis descriptivo de cada uno de los ejemplares
siguiendo una metodología estilística, por lo que se obvia, en la mayoría de los casos,
una descripción más amplia y detallada que nos informe del estado de la pieza y cual
debía ser su funcionalidad. Una excepción es el estudio que Paris (1903, vol.II, 149,
figs. 219-220) hace sobre el arte y la industria en la España primitiva, en el que cita
las antefijas descubiertas en Cabeza del Griego, es decir la antigua ciudad de Segobriga,
observando que debieron haber tenido algún uso como decoración arquitectónica.
Al mismo tiempo se irán publicando las memorias de las excavaciones, en algunas de las
cuales entre materiales de diverso tipo, se hace una pequeña mención al hallazgo de
terracotas arquitectónicas (Serra, 1920-21; Pérez de Barradas, 1931-32) o se muestra un
dibujo o fotografía de las mismas que, a veces, como sucede en las publicadas por Serra
(1930, láms.XXIX y XXX) procedentes de Tarragona, no se interpretan bien, confundiendo el
tipo de busto de Sátiro con nébride anudada al cuello, con un busto femenino. Otras
veces, junto a una somera descripción de la pieza, se indica el lugar del hallazgo. Más
raro resulta que además se intenten poner en relación con algún edificio (Llabrés e
Isasi, 1933) y se les dé una fecha aproximada.
Con el avance de las investigaciones arqueológicas, fueron saliendo a la luz más
hallazgos de este tipo, por lo que poco a poco se les fue prestando mayor atención. Así
en el año 1951 surge el trabajo de Maluquer, sobre lo que en su opinión podría ser un
horno de antefijas ibérico. Y que a nuestro entender no se trataría de un horno dedicado
exclusivamente a la fabricación de antefijas, ya que por lo que hemos analizado estas
piezas se cocían con otros elementos cerámicos, y además es arriesgado suponer esto con
la presencia de un sólo ejemplar completo (antefija e ímbrice) y los posibles hallazgos
de otros que se fundan en noticias orales. En lo que se refiere a su adscripción
cronológica, la antefija no es ibérica sino de arte romano-provincial, con influencia
indígena. En 1953 Blázquez analizaba la iconografía de la "Potnia Theron", en
una antefija proveniente de Itálica y señalando la procedencia autóctona de la misma.
Son muchas las memorias de excavación que a partir de la década de los cincuenta
incluyen en sus trabajos un estudio más amplio respecto al hallazgo de las terracotas
arquitectónicas. Así De los Santos (1948-50) reconstruyó lo que pudo ser el friso y los
modillones de barro cocido, hallados en las termas de Cruz Conde en Córdoba o más
recientemente Negueruela (1977, 333-334) analizó unas antefijas poniéndolas en relación
con otras terracotas itálicas y recoge en una nota, gran número de referencias de
elementos constructivos publicados en nuestro país, al tiempo que denuncia la necesidad
de elaborar un corpus que las contenga a todas ellas. Otros investigadores como Mañanes
(1983, vol.II, 198) también intentaron hacer una recopilación con las últimas piezas
publicadas, con intención de subsanar en parte la laguna existente.
Los últimos estudios realizados se centran en el análisis de un lote de lastras
"Campana" procedentes de Tarraco y su territorio (Dupré, 1987; Dupré y
Revilla, 1991), en el que se pone de manifiesto la importancia del hallazgo de estos
elementos en nuestro país, ya que tradicionalmente ha sido aceptado por los autores que
dichas producciones no fueron objeto de exportación más allá de la Península Itálica.
Antes de concluir esta revisión historiográfica, es preciso que señalemos la notable
importancia de un reciente descubrimiento de lastras y antefijas procedentes del santuario
de época tardo-republicana de la Encarnación en Caravaca, Murcia (Ramallo, 1991, 52;
1993, 71-98).
Si el tema le interesa también puede leer el artículo Las
antefijas del Museo Arqueológico Nacional, publicado en el Boletín del Museo
Arqueológico Nacional de Madrid. 1994, nº 12. pp. 51-76.
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