EL PILAR ESTELA DE COIMBRA DEL BARRANCO ANCHO (JUMILLA. MURCIA)

José Miguel García Cano. Museo de Murcia.

Resumen

Estudio de los fragmentos de arquitectura o escultura funeraria hallados en la necrópolis del Poblado de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), varios de ellos pertenecientes a un monumento funerario tipo pilar estela, y al problema que plantea la arquitectura funeraria ibérica de Coimbra.

Summary

This is a study of achitectonic and sculptural fragments founds in the necropolis of Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), some of them belonging to a funerary monument type "pilar estela", and to the problem stablished about the iberian funerary architecture of Coimbra.

  1. El Pilar -Estela
  2. Procedencia dentro de la Necrópolis
  3. Cronología
  4. Paralelos
  5. Consideraciones Finales
  6. Bibliografía

El yacimiento ibérico de Coimbra del Barranco Ancho está situado aproximadamente a 4.5 kms. al sur-sureste de la ciudad de Jumilla, en la estribación septentrional de la Sierra de Santa Ana.

El conjunto está formado por un Poblado, enclavado en el primer tercio de la falda norte del cerro de El Maestre, en un rellano a dos aguas, aproximadamente a 700 metros sobre el nivel del mar, un santuario con exvotos de terracota y tres necrópolis (INIESTA, PAGE Y GARCÍA CANO, 1987:5).

Los hallazgos escultóricos se han localizado íntegramente en la necrópolis del Poblado, que es la más importante de las investigadas. Está emplazada en la misma planicie donde se halla el Poblado, en su segmento más oriental, a unos 600 metros sobre el nivel del mar. Es un lugar con leve pendiente que en líneas generales se extiende desde la muralla del Poblado hasta la torrentera, sirviendo de salida natural de las aguas de toda la vertiente del cerro. Tiene unos 130 metros de longitud por aproximadamente 35 de anchura en sentido norte-sur.

La necrópolis se inserta en un rectángulo de unos 45 m. en sentido este-oeste por cerca de 25 m. en dirección norte-sur, estando los enterramientos más orientales a pocos metros del cantil que por el este sirve de acceso a la meseta donde está Coimbra del Barranco Ancho. La divisoria con las estructuras de habitat, seguramente tardías, que en un momento determinado sobrepasan la muralla instalándose ladera abajo, parece definirse por un pequeño repecho a unos 45 m. del acceso este a partir del cual no se documentan más enterramientos.

Los restantes límites son al sur una pequeña cresta rocosa tras la cual se levanta la parte más alta del Maestre y al norte el acantilado que sirve de barrera natural defensiva a Coimbra.

Hacia el este la torrentera, pero es aquí por donde el Poblado poseía su principal entrada observándose en ciertos sitios, en superficie, posibles gradas de piedra que facilitarían el ingreso allanando el gran desnivel que separa la base del cerro y la meseta donde está insertada la necrópolis y unos cien metros hacia el oeste el área habitada. Este camino iría hasta el Poblado paralelo a la necrópolis que quedaría a la derecha del mismo, esto es, al norte. Aproximadamente a diez metros de recorrido enlaza con él por el sureste la senda que comunica con la necrópolis de este nombre y el Santuario.

I.- El Pilar-Estela

Los hallazgos de arquitectura o escultura funeraria en la necrópolis del Poblado son muy escasos, no obstante la calidad e importancia de los mismos es excepcional.

Contamos con un grupo escultórico, seguramente perteneciente a un único monumento funerario tipo pilar-estela, en terminología del profesor Almagro Gorbea (1982b, 1983c). Apareció en la zona B (baja) de la necrópolis. El estudio individualizado ha sido tratado en extensión y con profundidad por su descubridora la Dra. Muñoz Amilibia (1982a, 1983 y 1987). Por nuestra parte centraremos este trabajo en el problema que plantea la arquitectura funeraria ibérica en Coimbra.

El conjunto de esculturas se exhumó durante la campaña de excavaciones de 1981, se documentaron 18 metros cuadrados de superficie. El lote, esto es, cipo, toro y fragmento de gola con decoración vegetal aparecieron juntos en una pequeña superficie de apenas 1.40x1 metro en el cuadro 2-3-S-N. El cipo estaba caído y tumbado, es decir, perpendicular a su posición original ligeramente inclinado hacia el este, pero puesto con cierto esmero. Encajado en él hacia el este se colocó el cuerpo del toro y, a unos 17 cms. hacia el norte, se dispusieron los cuartos traseros y el cuello. Pegado a la cara oeste estaba el trozo de gola con decoración pseudovegetal. Según la Dra. Muñoz Amilibia estas esculturas sirvieron para protegerlo (MUÑOZ AMILIBIA, 1987:233).

El único fragmento alejado de este grupo era la nacela decorada con los guerreros muertos/tumbados que se localizó dos metros hacia el sureste de la cabecera del cipo siguiendo la inclinación natural del monte. Su ubicación era vertical, con lo que uno de los guerreros quedaba en pie, literalmente clavada en una estructura triangular de piedras por encima del encachado de piedra de la tumba 2 y al sureste de la cubierta pétrea de la sepultura 11. Da la impresión de que rodó desde un punto superior y quedó allí detenido más que ser su posición fruto de una colocación intencionada (MUÑOZ AMILIBIA, 1987:233).

Las esculturas -cipo, gola y toro- estaban puestas seguidas en sentido suroeste-noreste delante de la cara sureste del encachado de piedra de la tumba 22, viniendo a nivelar la fuerte pendiente natural del área B de la necrópolis, que se había acentuado con la construcción de los encachados de piedra de las tumbas del siglo IV a.C.. Hacia el norte estaba la cara sureste de la sepultura 22 con un frente de aproximadamente 6.60 m. y a una distancia que oscila entre 1.10 m. de anchura hacia el sur con la esquina del túmulo de la tumba 70 y el resto de la "calle" hacia el noreste que presentaba una anchura de 1.60 m. frente a la tumba 11 y 1.40 m. frente a la 1.

Desde las esquinas de contacto de los empedrados tumulares de las tumbas 22 y 70 de sólo 1.10 m. de anchura la calle quebraría hacia el norte hasta alinearse los encachados de las sepulturas 73 y 74 a 2.20 y 2.40 metros respectivamente de la tumba 70 y una longitud total de 4 metros hasta el límite oeste de la zona excavada. Este callejón como tal apenas duró 20 o 30 años al construirse entre las incineraciones 70 y 74 la tumba 65, a finales de la centuria (fig. 2).

Esta situación debió de provocar a fines del siglo IV o inicios del III a.C., un verdadero problema topográfico. El desnivel alcanzaba en poco más de 6 m. de desarrollo longitudinal casi 1.60 metros. Para poder seguir utilizando esta parte, como área cementerial, era necesario rellenar con piedras, tierra, etc. el hueco. En una longitud de 1.40 m. se colocaron las esculturas aquí citadas, que debían estar caídas en las proximidades del monumento a que pertenecían. Para eliminar el inconveniente de los arrastres que provocaba la fuerte pendiente natural, de cara a la conservación de las sepulturas que no contaban con protección suficiente, se rellenó el espacio primitivamente libre colocando líneas de empedrado de forma de tendencia triangular, con el lado mayor perpendicular al sentido de la torrentera, es decir, en dirección norte-sur. Este sistema tiene la finalidad de retener la tierra, pero no forma parte de cubriciones de sepulturas en concreto.

Como ha quedado dicho la nacela decorada con personajes masculinos apareció junto a una de estas estructuras de piedra (MUÑOZ AMILIBIA, 1987:232-233).

Todos los fragmentos escultóricos están acreditados muy próximos entre si. No se han hallado más piezas de arquitectura funeraria en las campañas que se siguieron practicando en esta parte de la necrópolis, entre 1982 y 1986, ni en las sucesivas ampliaciones hacia el norte, noreste, noroeste y sur con la excavación de 135 m2. La única excepción reside en los trabajos de 1985, donde se localizó en el cuadro 8-11-12-S' un cuarto de sillar de piedra con un pequeño resalte interior de cinco centímetros de altura nº4933. Estaba junto a la esquina suroeste del encachado de la tumba 70 encima del chinarro y barro amarillo (INIESTA, PAGE Y GARCÍA CANO, 1987:11, lám. p.6; GARCÍA CANO, 1991:152) y una cabeza masculina fragmentada que puede relacionarse estilísticamente con las que exhiben los caballeros del cipo y que nosotros vinculamos directamente con los guerreros tumbados que ornan la nacela del pilar-estela proviniente del testigo 8-S', nº 5320, encima del encachado de la tumba 70.

Estos datos nos inclinan a pensar que todas las esculturas cayeran de un mismo lugar y que por tanto podrían formar parte de un único monumento funerario de los definidos, estudiados y clasificados por Martín Almagro como pilares-estela (ALMAGRO GORBEA, 1982a y 1983b. Como compendio general puede verse 1983c).

Poseemos una basa, el pilar, la gola bipartita y el animal, un toro, que coronaría el monumento. Esta abundancia de material no se da en la mayoría de los ejemplos catalogados por el profesor Almagro Gorbea donde siempre hay que suponer alguno de los elementos: las basas, las gradas que sustentarían los pilares sobre la estructura pétrea de la tumba o hay problemas de identificación y clasificación de los pilares al encontrarse las esculturas muy deterioradas y varios monumentos a los que asignarlas (ALMAGRO GORBEA, 1982a, 1983a, 1983b, 1983c, 1987 y 1988; ALMAGRO GORBEA Y CRUZ PÉREZ, 1981).

Las dimensiones que ofrecen las distintas piezas encajan lo suficientemente bien como para poder reconstruir, a modo de hipótesis y siguiendo el esquema de los pilares-estela propuesto por Martín Almagro, el pilar de Coimbra como se restituyó hace unos años (PAGE Y OTROS, 1987:61-63; GARCÍA CANO, 1991, figura 7). El único punto de discusión es el estado excesivamente fragmentario de la gola pseudovegetal y de la nacela decorada con guerreros.

La gola reconstruida tendría aproximadamente 50 cms. de lado en su cara inferior que encaja muy bien con los 47 que presenta el cipo en su superficie superior. Además en el fragmento de gola se vislumbra perfectamente, en su centro inferior el inicio de la curvatura de un círculo que seguramente definiría una perforación central que la atravesaría, cuyo diámetro puede calcularse entre 10-12 cms., media que se acopla a la que poseen el cipo y la nacela con los guerreros cuyos diámetros son de 12 y 13 cms. respectivamente (MUÑOZ AMILIBIA, 1987:247). Estas perforaciones servirían para encajar mediante un vástago de madera las distintas piezas de que constan los pilares-estela, asegurando la estabilidad de los diversos sillares que formaban estos complejos monumentos, tal y como se ha señalado para otros ejemplos (ALMAGRO GORBEA, 1987:209-210; IDEM, 1988:126).

Con respecto a los guerreros tumbados o muertos, hay que señalar que tienen 44x45 cms. en su superficie inferior (MUÑOZ AMILIBIA, 1987:247) medida bastante menor que la parte superior del trozo de gola decorada con motivos vegetales que la sustentaría, aunque esta cara está muy desgastada y en origen sería unos centímetros más ancha. La anchura de los relieves esculpidos en ella es de 19 cms., en la única cara conservada más o menos intacta, lo que proporciona una longitud de 83 cms. a la nacela en su cara de contacto con la gola vegetal, es decir, 11 cms. mayor que la parte superior de este item. De modo que la nacela sobresaldría unos 5 cms. aproximadamente a cada lado, integrándose perfectamente todo el desarrollo de la gola en vertical.

Este hecho no ocurre en los restantes pilares-estela tipo "Corral de Saus" (ALMAGRO GORBEA, 1987:214), del Prado (Jumilla) (LILLO CARPIO, 1990) y el homónimo al tipo (ALMAGRO GORBEA, 1987), donde las figuras femeninas que ornan la nacela de la gola ocupan principalmente la parte plana de la gola. En este punto es donde nos surge una duda metódica sobre la reconstrucción del pilar, ya que cabría la opción de dejar la nacela vegetal al margen y colocar los guerreros muertos directamente sobre el cipo. El conjunto quedaría amazacotado con la nacela excesivamente baja a 1.53 m. (encachado de piedra 20 cms. (INIESTA, PAGE Y GARCÍA CANO, 1987:8-12), basa 40 cms. y cipo 93 cms.), pero nos resistimos a eliminar ningún elemento en función de como fueron obtenidos los hallazgos.

El pilar así reconstruido tendría una altura de 1.74 metros, incluyendo los 21.5 cms. de la gola vegetal, pero excluyendo la nacela con decoración antropomorfa, cuyo grosor es de 62.5 cms. y el toro que remataría el monumento con un mínimo de 70 cms. de altura, es decir el pilar completo alcanzaría los tres metros -3.06 m.-. Almagro Gorbea considera que las nacelas decoradas deben estar sobre los dos metros de altura para poder ser contempladas (ALMAGRO GORBEA, 1983b:14).