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Como anteriormente comentábamos, el estudio tradicional de la escultura ibérica había estado fundamentado durante décadas en el análisis descriptivo-estilístico. Sin embargo, la paulatina aplicación de nuevos enfoques en la investigación arqueológica española permitió disponer de un más cuidado y completo contexto arqueológico.
El soporte ideológico arranca de la, tradicionalmente llamada, nueva arqueología en la que se incluía la arqueología analítica. Mucho más sensible a los problemas teórico-metodoló-gi-cos fue una época de búsqueda de nuevos caminos en la interpretación arqueológica apoyada en trabajos cada vez más científicos (MUÑOZ 1992,42). De este modo, en la actualidad, muchos de nuestros planteamentos se fundamen-tan en aquel punto de partida y si bien hoy la realidad arqueológica agrupa una gran diversidad de tendencias, todas tienen en común el concepto multidiscipli-nar del trabajo y un interés creciente por la aplicación de métodos analíticos y tecnológicos de cara a resolver problemas previamen-te planteados. Valgan como ejemplo de esta afirmación los recientes trabajos divulgativos publicados profesores de las universidades Autónoma de Madrid (BARRIO 1990); Valladolid (1990); la UNED (RIPOLL,Coodrª,1992); reflejos, a su vez, de un creciente interés social.
Analizándolo con mayor profundidad podríamos reseñar, para el caso de Datación Absoluta, la apliación técnica de la termoluminis-cen-cia a materiales arqueológicos que hubiesen sufrido, previamente, un calentamiento superior a 300º. Llevado a cabo en Oxford desde inicios de los 60 (Aitken, 1974), actualmente se ha aplicado en España (CALDERÓN 1989) a materiales cerámicos (RUBIO y BLASCO 1993) comprendidos entre el megalitis-mos y la cultura ibérica, en donde se han analizado cerámicas indígenas y áticas (BLÁNQUEZ 1994a). Los estudios de Arqueozoo-logía, con tradición internacional de más de tres décadas, han experimenta-do un desarrollo espectacular en la última década (MORALES et ALII 1989; ASQUERINO 1992), si bien su aplicación al periódo ibérico no es todavía todo lo habitual que sería desear. También a destacar son los estudios de paleoambien-te, de larga tradición en los estudios de época prehistórica (LÓPEZ 1989) y que, en la actualidad, tienden a normalizarse para periódos posteriores, concretamente ibéricos (BLÁNQUEZ 1993b,89).
Otras Ciencias Auxiliares destinadas a cuantificar los caracteres mensurables de los materiales arqueológicos abarcan, desde la aplicación de modelos informáticos que abarcan hoy una abundantísima bibliografía recientemen-te recopilada (ARROYO y LANTADA 1993); hasta los arqueométricos, aplicados a muy diversos campos: metalúrgico (ROVIRA, 1990); cerámico (BARRIO 1990, 87ss., con abundante bibliografía); o constructi-vos en general de cara a determinar la composi-ción mineralógica. Éstos últimos, de larga tradición en la Escuela italiana (LUGLI 1957; MARTA 1985; GIULIANI 1990) son, sin embargo, de reciente implantación en la española (BENDALA 1992; ROLDÁN 1993a) y vienen aplicándose a la arquitectura romana (ROLDÁN 1993b). Todas ellas configuran un campo de estudio en pleno desarrollo que proporcio-na interesantísima documenta-ción de directo apoyo a los estudios arqueológicos.
La aplicación selectiva de estas analíticas al caso que aquí nos ocupa, la escultura ibérica, abre todo una camino de investigación que se encaminada, en primer lugar, a construir un primer escalón de puro estudio tecnológico. Hay que partir, tal y como venimos haciendo, de la caracterización de todas las huellas dejadas por los instrumentos con que se esculpió la estatuaria ibérica siguiendo, así, un camino metodológico de larga tradición en los estudios sobre escultura griega y romana y análisis, pero de nula tradición en la nuestra. Luego ya, en un segundo escalón, nos encontraremos en situación de acometer una valoración iconográfica y sociocultural de tan importante manifestación cultural.
Palmeta de la Alcudia con luz rasante.
Básicamente, como más adelante desarrollaremos, se trata de estudiar la teconología de extracción y talla atendiendo, tanto a la instrumentación empleada, como al estudio en sí de la piedra, su pigmentación cromática y las canteras. El estudio analítico de estas cuestiones posibilita, a nuestro modo de entender, la identificación de los materiales empleados en su realización; determinar su origen en los casos que ello sea posible y, a partir de ahí, hablar de manera documentada de posibles talleres, mecanismos de trabajo, etc. Es esta documentación así generada la que posibilita un estudio comparativo de la tecnología de talla, su directa relación con el instrumental empleado; influencias de otros campos culturales escultóricos, etc. El camino así iniciado permite solucionar problemas tan prácticos como certificar, o nó, la autenticidad de determinadas producciones, caso de algunos ejemplares del Cerro de Los Santos cuyas falsificaciones "históricas" han sido recogidas por la investigación tradicional. Hoy se puede determinar en que momento la superficie de una piedra se expuso por primera vez al ambiente en razón a la meteorización sufrida al reaccionar con su entorno químico (MARGOLIS 1989, 80); se sigue, así, el camino sugerido por Mª.Sanz mediante el empleo de fluorescencia de rayos ultravioleta.
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