5.- La investigación sobre Tecnología y Trabajo de la Piedra.

5.1.- Los estudios internacionales.

La escasa investigación sobre tecnología escultórica aconseja alzar la vista a nuestro entorno científico y, sin por ello ser deterministas, apoyarnos en el estudio de las producciones griegas. Lo creemos aconsejable por varios motivos. Por un lado, no hay que olvidar que fue el mundo griego quien en aquel momento, dentro del ámbito mediterráneo, mejor había desarrollado las técnicas de talla en piedra. Por otro, la Península Ibérica, con anterioridad a nuestro periódo de estudio, no ofrece testimonios de una utilización de la piedra esculpida a gran tamaño, es decir, no disponemos de "precedentes" que nos puedan servir de aviso, o apoyo, para desarrollos posteriores. Parece pues conveniente mirar en el entorno mediterráneo a la hora de obtener documentación significativa sobre el trabajo de la piedra, fundamentalmente en su aplicación de talla en bulto redondo a gran tamaño..

Los estudios sobre el trabajo de la piedra encaminados al mejor conocimiento de la escultura y/o arquitectura griega gozan de una larga tradición que se remonta al siglo XIX con los trabajos de Gadner y Hinton (GARDNER 1890), si bien las primeras sistematizaciones no se realizaron hasta la segunda década de nuestro siglo. Habría que destacar, dentro de la escuela alemana, los trabajos los trabajos de Bluemel y Schmidt (BLUEMEL 1927; SCHMIDT 1922) que fueron incrementados muy pronto por estudiosos ingleses, franceses e italianos (CASSON 1930; RICHTER 1950; SINGER 1958; BIANCHI BANDINELLI 1957).

De este modo, en los años sesenta se disponía ya de un volumen significativo de obras que contemplaban este tipo de estudios, si bien la mayoría de ellos se centraban en el reconocimiento de canteras antiguas y en la caracterización de los instrumentos utilizados para la extracción, o talla. El objetivo científico de todo este esfuerzo se encaminó a poder determinar los "estilos" escultóricos (ADAM 1966; BLUEMEL 1969). Es decir, se utilizó la documentación fruto del análisis técnico a resolver problemas de mayor envergadura que sobrepasaban el marco inicial de partida. Con estos planteamientos se estableció que la técnica de la escultura griega arcaica y clásica eran diferentes de la helenística y romana, consideradas estilística-mente superiores (BLUEMEL 1969).

Si bien los estudios no se interrupieron en ningún momento, hasta la década de los 80 no se produjo una verdadera intensificación de los mismos; tanto en el número de investigadores interesados, como de los temas de estudio. Desde los trabajos de VARENNE (1974) y BESSAC (1986), basados en documentación arqueológica precisa; hasta las síntesis -todavía hoy de lectura obligada- de COULTON (1977), WHITE (1984) y ROCKWELL (1989) los cuales, apoyándose en trabajos anteriores pero con nuevos enfoques, han incorporado el uso de sistemas y técnicas de investigación modernas. Valga como ejemplo el empleo de análisis pétreos de cara a identificar la procedencia de las piedras; o los análisis geológicos destinados a poder establecer correlaciones.

Paralelamente a esta línea de estudios globalizadores, que obligaba a utilizar materiales de muy diversas procedencias, hoy se tiende a realizar estudios de regiones geográficas precisas, con las ventajas de profundización que ello supone. No obstante, aun contando ya con una notable bibliografía, todavía no es suficiente para poder acometer estudios comparati-vos (ROCKWELL 1989,216) si bien, según el citado autor, se ha superado ya los estudios de sus utensilios al modo de Bluemel o Adam (ROCKWELL 1989,357).

La aplicación actual de rigurosos mecanismos con que sistematizar las huellas dejadas por los instrumentos en las superficies pétreas; así como la potencial relación entre el instrumento en concreto empleado y/o con la modalidad de trabajo, tal y como se refleja en los trabajos de Bessac, permite hoy una mayor fiabilidad en la reconstrucción de las técnicas del trabajo de la piedra en la antigüedad. Dicha reconstrucción puede llegar incluso al instrumental de talla, dado el gran conservadu-ris-mo apreciado en este tipo de trabajo, lo que ha permitido frecuentes comparaciones etnográficas que palían, en parte, la gran escasez de originales conservados. Dicha escasez, por no afirmar la práctica total ausencia de utensilios originales, es hoy un problema fundamental a la hora de acometer un estudio detallado de las técnicas de talla. Por ello, la investigación actual sigue basándose en las huellas dejadas por los instrumentos sobre la piedra. La conveniencia (Rockwell 1989, 217) de iniciar la investigación con un estudio de las huellas de los instrumentos se puede ver aumentada en el caso, no tan infrecuente, de encontrarnos con esculturas inacabadas en las que poder documentar además los pasos intermedios en el esculpido.

También en la actualidad son numerosos los estudios tendentes a la identificación de los tipos de piedras y de las canteras utilizadas en la antigüedad, si bien centradas mayoritariamente en las de mármoles. Dichas investigaciones están encaminadas, no solo a mejorar el conoci-miento de la escultura de bulto redondo en general, sino también el de la arquitectura y/o escultura. Los primeros trabajos se remontan a finales del siglo pasado con los trabajos de Blümner (1884); Bell (1842) y Lepsius (1890). Dentro de la investigación reciente y en la línea indicada destacaríamos los trabajos de DWORAKOWSKA (1975) centrados en las canteras en la antigua Grecia.

Canteras de Carrara (Italia).

En la última década y, especialmente, en los años 90 los estudios sobre materiales y técnicas utilizadas en la escultura han proliferado de manera muy notable. Ejemplo de ello son las aportaciones, con carácter general, de Mills (1990); Lebson (1991); Nichols (1993), entre otros. Simultáneamente, ya con carácter más concreto que atienden, cada vez más, los aspectos técnicos, podríamos destacar los realizados por Buschor (1980); Ridgway (1984); Donohue (1988); Fuchs (1987); Steward (1990) y el Coloquio Internacio-nal Archaische und Klassische Griechische Plastik, celebrado en Atenas en 1986.