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Englobamos en ella, de forma muy genérica y sin entrar en matices, el siglo comprendido entre mediados de los siglos VI y V a.C., etapa durante la cual tiene lugar, según hemos ya sintetizado más arriba, el proceso de germinación y desarrollo de la Cultura Ibérica, plenamente formada a principios del siglo V a.C.. Con todo, nuestro desconocimiento respecto a estos años, en buena parte marcados por crisis de carácter social cuyo
significado real se nos escapa, continúa siendo tan desproporcionado -en general, por su falta de definición en las estratigrafías- que su estudio con carácter monográfico será, precisamente, el objetivo que reúna el próximo Congreso de Arqueología Ibérica, a celebrar en Huelva en 1994.
Las costumbres funerarias de estos primeros años de la Cultura Ibérica en la provincia cordobesa las podemos rastrear exclusivamente a través de las siguientes referencias: Córdoba (algunos datos dispersos, hoy objeto de revisión por parte de J.F. Murillo y quien esto suscribe, nos permiten localizar la necrópolis de época orientalizante en el Campo de la Verdad, junto a la orilla izquierda del Guadalquivir); Cerro del Castillo de Carcabuey (VAQUERIZO, 1983-84; RUIZ, MURILLO, 1991); Necrópolis de La Bobadilla (Jaén) (MALUQUER, PICAZO, RINCON,.1973) -que citamos tan sólo por su proximidad a tierras cordobesas, aunque no la incluimos en nuestro estudio (Vid. la más reciente hipótesis respecto a su filiación y cronología en RUIZ, MOLINOS, 1992, 210 ss.); Necrópolis de Los Torviscales (Fuente Tójar) (MARCOS, VICENT, 1983-84 ); Cerro del Minguillar (Baena) (MUÑOZ AMILIBIA 1977 y 1987a); Alcurrucén (Pedro Abad) (MARCOS, 1983-84, 29 ss.; MARZOLI, 1991, 215 ss.) y la supuesta escultura funeraria -que analizaremos en detalle más abajo-.
En lo que respecta a las necrópolis, no contamos en ningún caso con un número elevado de tumbas; por el contrario, y salvo en el caso de Los Torviscales o La Bobadilla, objeto ambas de excavaciones sistemáticas practicadas en los años 70, disponemos exclusivamente de hallazgos aislados que, no obstante, convienen al panorama dibujado por el mundo funerario contemporáneo e inscriben a estas zonas en las más importantes corrientes comerciales del momento (aryballoi de La Bobadilla, alabastrón de pasta vítrea de Los Torviscales, bronces de posible filiación etrusca en Alcurrucén, urna "Tipo Cruz del Negro" en Cerro del Castillo de Carcabuey ...), en el marco de un comercio basado en objetos de prestigio, aparentemente de matiz aristocrático y filoheleno, que por lo que a territorio cordobés se refiere parece decaer en las etapas subsiguientes.
En relación con la escultura, y como ya ha sido repetidamente señalado por determinados autores (BENDALA, BLÁNQUEZ, 1981) y se ha podido comprobar a través de la reciente excavación de algunos yacimientos (BLÁNQUEZ, 1990) o del estudio de algunos de sus representaciones más importantes (ALMAGRO GORBEA, 1983; CHAPA, 1980 y 1985; RUANO, 1987; NEGUERUELA, 1991), la Cultura Ibérica, y con ella la decoración escultórica, aparecen perfectamente formadas -bajo la influencia de muy diversas corrientes culturales que no es el caso detallar aquí (Véase a este respecto las opiniones recogidas en los autores citados)- hacia finales del siglo VI a.C., o, en el peor de los casos, a principios del siglo V.
Este mismo proceso se puede observar, según hemos apuntado poco antes, también en la provincia de Córdoba, donde, de acuerdo con los especialistas sobre el tema, algunas de sus esculturas pueden ser remontadas a estos primeros momentos. Aún así, dada la imprecisión cronológica que generalmente preside esta etapa y que la mayor parte de estas piezas se corresponden en apariencia con el momento de esplendor de dicha cultura, hemos creído preferible remitir nuestra revisión crítica a esta segunda fase, limitándonos por ahora a destacar su aparición ya en el primer momento y, por consiguiente, la posible existencia ya por entonces de una cierta jerarquización en las necrópolis de la que no nos ha quedado ninguna otra huella.
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