LOS ASENTAMIENTOS

Es éste uno de los temas en que más se ha avanzado en la última década, tanto a través de una técnica de excavación más depurada como del perfeccionamiento de los sistemas de recogida de datos. La situación existente en el momento en que se inicia el período al que nos referimos, el año 1984, se encuentra resumida en el libro Arquitectura del mundo ibérico, de F. Gusi y C. Olària:

"buena parte de los conocimientos arquitectónicos y urbanísticos de los iberos tenían como base fundamental el sustrato cultural mediterráneo, consecuencia directa de los regulares y profundos contactos sostenidos a lo largo de varios siglos con los pueblos colonizadores [...] quienes dieron a conocer nuevos sistemas constructivos entre las poblaciones indígenas de las costas surorientales de la Península Ibérica, las cuales, a su vez, contribuyeron en gran manera a desarrollar, con características propias, no sólo un modo particular de concebir la arquitectura, sino también el urbanismo de los propios asentamientos ibéricos". (pág. 13)

Esta tesis, a lo largo del decenio que ahora tratamos, es la que ha gozado de mayor arraigo, junto con aquella otra -complementaria de ésta- que postula que no pocos de sus elementos proceden en realidad del sustrato tartésico común, que se encuentra en la base de muchos logros ibéricos. Pero junto a ella ha seguido viva la idea de que algunas de estas realizaciones encuentran su origen en el mundo indígena preibérico, sin que sea necesario realizar tantas concesiones a los colonos orientales.

En 1984, tal y como se recoge en dicho libro, las investigaciones sobre la arquitectura y el urbanismo ibéricos en general se encontraban bastante estancadas(1). Se hablaba del empleo como material de construcción del tapial y, más raramente, del adobe; del urbanismo geomórfico y de finalidad ante todo defensiva; de la escasa diferenciación social que se reflejaba en el tamaño y en la forma de las viviendas; de la dificultad de establecer criterios modulares en la organización de la ciudad; y también de la de realizar sobre una muestra de confianza observaciones acerca de la distribución de barrios dentro de la ciudad, de la ubicación de las instalaciones artesanales en zonas más o menos concretas o de la adscripción de una finalidad concreta a las diferentes habitaciones. Poco se planteaba también acerca de la organización territorial de las culturas ibéricas. 

En resumen, podemos decir que poco se había avanzado sobre la arquitectura y el urbanismo en los treinta años transcurridos desde que, en 1954, García y Bellido definiera en la Historia de España dirigida por R. Menéndez Pidal el tipo de casa ibérica como

"pobre y modesto, por lo general con un solo departamento habitable, a veces más, pero siempre ocupando el espacio estrictamente indispensable para vegetar al cobijo de la intemperie y conservar en ella el humilde patrimonio mueble de una familia; hasta el extremo de ser realmente pocas las veces en que el excavador halla, dentro de estos habitáculos, huellas diferenciadas de lo que en otras culturas primitivas representa el núcleo destacado de la familia y el eje principal de la casa: el hogar (...). Si la casa es de compartimentos múltiples, no se les adivina su destino específico (...)" (García y Bellido, 1954, 392).

En todos estos aspectos, la investigación sobre la arquitectura y el urbanismo ibéricos ha experimentado en los últimos diez años un desarrollo espectacular. Se comienza a documentar que la realidad no es tan sencilla como podía parecer, y que buena parte de su falsa sencillez era en realidad imputable a los deficientes métodos de excavación empleados y a la falta de capacidad de arqueólogos e historiadores para obtener de ellos todo el partido posible.

1 Esta afirmación es sólo válida con carácter general. Con anterioridad a esta fecha se habían llevado a cabo ya los primeros intentos de aplicación de estudios metodológicos más avanzados; cf. A. Ruiz y M. Molinos, 1984. (Volver al texto)

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