REIb.2, 1996, 173-199

LA ASOCIACIÓN DE JARRAS Y PALANGANAS DE BRONCE TARTESIAS E IBÉRICAS. UNA PROPUESTA DE INTERPRETACIÓN.

JOAQUÍN RUÍZ DE ARBULO
UNIVERSIDAD DE LLEIDA

 

RESUMÉ

On propose de considerer l’association d’aiguieres et bassins de bronze des contextes funeraires et palatiales tartesiens et iberiques comme des evidences d’ un rituel d’ablutions. On examine des etudes tipologiques et des autres propositions fonctionelles deja emises avec des nouvelles considerations fruits de la comparaison avec des vaisselles de bronze grecques et etrusques.

RESUMEN

Se propone considerar la asociación de jarras y palanganas de bronce frecuentes en contextos funerarios y palaciales tartesios y del ibérico antiguo como evidencias de un ritual de lustración. Se contrastan para ello los estudios tipológicos y otras hipótesis funcionales ya emitidas con nuevos paralelos establecidos con las vajillas de bronce helénicas y etruscas.


La asociación de jarras y "braseros" y el problema de su función.
La libación funeraria y su práctica.
Lebetas. Las palanganas helénicas.
Jarras y palanganas de bronce etruscas.
Los útiles de la ablución en el banquete.
Utillaje sacro uy funerario
Valoración de los contextos en que aparecen jarras y palanganas
Bibliografía.

 

 


"Aguamaniles de bronce o plata que han sido llamados impropiamente braseros... constituyen con ellos (jarros) un "servicio" compuesto de jarro y aguamanil utilizado probablemente en rituales de purificación" (J. Maluquer de Motes, Tartessos, 1970, 119) .1

A fines del siglo XIX, G. Bonsor (1899, 55-59) excavaba una tumba individual de incineración bajo túmulo en la cañada de Ruiz Sánchez, cerca de Carmona, en cuyo ajuar destacaban dos puntas de lanza de hierro y dos hermosas piezas de bronce: una esbelta enócoe y una bandeja circular o palangana con dos asas móviles engarzadas al borde saliente por medio de una lámina rematada en manos. En su descripción, Bonsor (1899,57-58) señalaría brevemente: "vers le centre de la fosse, sur les cendres, était placé un grand bassin de cuivre à anses mobiles, ressemblant beaucoup aux braseros espagnols actuels... vers l´ouest, on trouva le complément du bassin: une belle aiguière de cuivre..."

Popularizado el término de "braserillos" para estas bandejas o palanganas de bronce, su dispersión y asociación con jarras de bronce en la protohistoria peninsular iría siendo confirmada por diferentes hallazgos. No obstante, el azar de la investigación ha querido que el estudio de ambos tipos de piezas se desarrollara de forma independiente. Una tradición quizás útil en los aspectos tipológicos, pero negativa para la valoración funcional y que de alguna forma ha condicionado su interpretación hasta nuestros días.

La aparición de uno de estos "braserillos" asociado a un schnabelkannen en la necrópolis ibérica del Cigarralejo (t. 57) llevaría a E. Cuadrado (1956 y 1966) a interesarse por su origen, dispersión, cronología y función proponiendo la sustitución de esta equívoca denominación por otra más aséptica y rigurosa, pero también incómoda por su extensión, como "recipientes rituales metálicos con asas de manos". Siguiendo las agrupaciones de Cuadrado, distinguiendo los ejemplares de la corriente orientalizante-tartesia y la más reciente de facies plenamente ibérica, M. de Prada (1986), completaría su catálogo con un nuevo estudio específico, reflexionando sobre su probable origen en el mundo egipcio, transformado y transportado por los fenicios y adoptado por los tartesios (Prada 1986, 112-116). Recientemente, F. Teichner (1994) al publicar dos nuevos ejemplares de valle de Moura (Evora, Portugal), ha recopilado de nuevo la dispersión de hallazgos en la Península, completando su listado y presentación cartográfica.

Las jarras metálicas, por su parte, serían estudiadas de forma independiente como artesanías propias del mundo orientalizante en una corriente que arranca con los trabajos de A. Blanco (1956) y A. García y Bellido (1956), al recopilar los ejemplares de colecciones particulares o fruto de hallazgos casuales, insertándolos en la tipología de los bronces mediterráneos 2. El estudio fundamental para su tipología es el de B. Grau-Zimmermann (1978) que estudiaría la dispersión de las jarras de bronce y plata orientalizantes en Hispania, Italia y Chipre. Su tipología y el estilo de las palmetas que decoran el arranque de las asas son para esta autora las evidencias de producciones fenicias, sirias y chipriotas, como demostraría el paralelo formal de las enócoes con ejemplares de vidrio o cerámica de barniz rojo de segura factura fenicia y una cronología escalonada de los hallazgos de Oriente a Occidente.

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Jarra y palangana de bronce del túmulo de la Cañada de Ruiz Sánchez (Carmona) según G. Bonsor (1899, fig.58). Perdida casi totalmente durante la extracción, tan solo fragmentos del borde y la lámina de manos de la palangana se conservan en el Museo de Mairena del Alcor.

No obstante B.B.Shefton (1979; 1983), siguiendo una vieja propuesta de P. Jacobsthal (1929) para una jarra de bronce de Hallstat, distinguiría además entre estas jarras otras producciones grecoorientales, esencialmente de fábrica rodia (caso de la enócoe de la tumba 5 de La Joya), que los mercaderes marítimos comprarían en los grandes puertos comerciales de Oriente para redistribuirlos posteriormente. Sin embargo, al igual que ya O.Frey (1963) se había opuesto a Jacobstal en su interpretacion rodia de la jarra de Hallstat a favor de un origen etrusco, también Cl. Rolley (1982, nota 270; 1987), al estudiar la evolución tipológica de las jarras de bronce suditálicas, observaría como en Oriente tan solo existen tres jarras seguras "de tipo rodio" en Olimpia, Camiros y Sidón frente a las más de 80 documentadas en Occidente. Estas enócoes podrían haber sido entonces una creación original de los broncistas etruscos (cf. Gras 1985, 500-512 y espec. 676).

No faltaron estudios de conjunto como la tesina de C. Aldana (1981), que analizaría por igual la tipología de jarras, "braseros" y timiaterios de bronce, proponiendo distinguir los productos importados, aquellos realizados en las colonias occidentales y las copias de factura indígena.

Las síntesis más recientes tienden a aceptar como explicación global que estas piezas fueron bienes de prestigio (los keimelia homéricos) redistribuidos como símbolos de riqueza a lo largo de los siglos VIII y VII a.C. por el comercio marítimo mediterráneo entre los "príncipes" etruscos, itálicos y tartesios utilizando las pautas del "comercio del don" (Mele 1979) 3. Su aceptación e incluso atesoramiento en el marco de economías premonetales que pudieron servirse de las mismas como unidades de valor, motivaría la aparición de sendas tradiciones toreúticas occidentales: una sudhispánica, que suponemos asentada en Gadir y quizás en otros centros satélites, responsable de la producción de los ejemplares ibéricos (Aubet 1984, 451-454; Almagro-Gorbea 1989; Olmos 1986; 1989, 432-442; 1991) y otra etrusca, en torno a los grandes centros artesanales de Vulci, Tarquinia y Vetulonia que exportaría sus productos hacia el mundo septentrional celta y condicionaría el resto de producciones itálicas (Rolley 1982; 1987; Bouloumié 1985; Etruschi 1985).

La lista de hallazgos peninsulares no deja de incrementarse. Una reciente tipología de jarras tartesias ha sido recopilada por S. Celestino (1991c) al estudiar los nuevos ejemplares aparecidos en Cancho Roano cubriendo los siglos VII a V a.C.


NOTAS

1 Agradecemos a nuestra compañera Nuria Rafel la ayuda prestada respecto a diversas cuestiones de ritual aquí tratadas, especialmente en lo que atañe a las culturas del Oriente Próximo. También a Carlos Gómez Bellard por la lectura del manuscrito. (Volver al texto)

2 Utilizaremos jarras, en femenino, para facilitar su identificación con las enócoes y las olpes griegas (seguimos para éstas las normas de transcripción castellana propuestas por Bádenas y Olmos 1988). La tradición de estudios ha preferido no obstante hablar de jarros. El Diccionario no pone problemas al uso como sinónimos de uno u otro términos. (Volver al texto)

3 Resulta difícil a este respecto no asociar la palangana de plata de La Aliseda con las también de plata enócoe piriforme, fíala, escifo y cotila con inscripción pseudo-jeroglífica de la tumba 928 de Pontecagnano, en Campania (675-650 a.C.), de fábrica discutida en Siria (D’Agostino, 1977) u Occidente (Culican, 1982; contra Rathje, 1984, 345 pero sin argumentos). Quizás tan solo el azar del comercio marítimo y de su anárquica redistribución y reutilización distanció así piezas que parecen en origen concebidas como un servicio. Ahora bien, la polémica sobre los talleres de origen de estas piezas choca con un número de ejemplares muy limitado y un conocimiento nulo o muy parcial de las facies correspondientes en los emporia y ciudades donde las mismas debieron fabricarse. (Volver al texto)

 

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