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Aunque el mayor interés de la investigación durante este último quinquenio, se ha venido centrando en el estudio de las excavaciones ya realizadas, tal y como hemos comentado, varios yacimientos han sido objeto de trabajos de campo. No obstante, las excavaciones se han caracterizado en la mayoría de los casos, por no presentar una problemática concreta a resolver, y trabajar en pequeñas reas que no permiten obtener unos frutos satisfactorios. Esta falta de un programa adecuado en los trabajos y por tanto, de unos resultados de interés, en parte es debido a la escasa inversión económica, lo que ha motivado el abandono de algunas excavaciones, como es el caso del Puig de la Nau. Aunque de las excavaciones que se han desarrollado prácticamente aún no conocemos los resultados, puesto que se encuentran por publicar, podemos indicar los siguientes datos a cerca de ellas.
El Torrelló del Boverot de Almazora, situado a escasos kilómetros de la costa, junto al río Mijares, resulta ser el yacimiento de mayor interés por el momento; una estratigrafía que abarca todo el Bronce final, Hierro antiguo e Ibérico antiguo, por tanto un sugestivo desarrollo estratigráfico, que puede aportar muy buenos datos acerca del desconocido periodo final de la Edad del Bronce, y ofrecer nueva información sobre el inicio de la iberización. Después de un hiato de tres siglos, el yacimiento se vuelve a ocupar en la segunda centuria anterior a Jesucristo. Los trabajos realizados se han dirigido a extraer una secuencia cronoestratigráfica del yacimiento y a la excavación en extensión del primer nivel perteneciente al siglo II a. de J.C., datado por cerámicas de barniz negro, en el cual se han identificado varias habitaciones, una de ellas con enterramiento infantil en el pavimento, y una calle empedrada. En cuanto el material que ofrece es de sumo interés tanto por su calidad, especialmente el perteneciente al Bronce final, como por su cantidad. En lo concerniente al registro de época ibérica, podemos destacar el relativo alto porcentaje de cerámica fenicia, así como la presencia de vasijas ticas del siglo VI-V a. de J.C. En cuanto a la alfarería indígena es la típica tanto del momento inicial de la iberización como del final.
Este yacimiento presenta una problemática atractiva para el siglo VI a. de J.C., en lo que a funcionalidad se refiere, pues podríamos estar ante una situación similar a la del Puig de la Misericordia, un pequeño asentamiento tal vez fortificado, de control del entorno y del paso del comercio por el valle del río Mijares.
Junto al yacimiento se ha localizado también la necrópolis, correspondiente a las fases de los siglos VII, VI y II a. de J.C., y en la cual se han excavado varias tumbas que presentan un ajuar en gran parte compuesto por armamento. Indiquemos que las conocidas urnas del Bronce final del Boverot, publicadas en su día por P. Bosch Gimpera, podrían estar relacionadas con la necrópolis de los primeros niveles de tan peculiar asentamiento. Estas excavaciones están dirigidas por G. Clausell.
Cercano al anterior yacimiento se han llevado a cabo por V. Verdegal, excavaciones en el término municipal de Bechí, concretamente en el denominado Solaig, conocido ya en la bibliografía arqueológica desde el inicio del presente siglo, en donde se han efectuado un total de cuatro campañas. En lo que al nivel ibérico se refiere, el cual se encuentra muy destruido en lo tocante a estructuras arquitectónicas, se ha localizado un interesante material cerámico, con una variada decoración perteneciente al momento final de la iberización, siendo uno de los escasos yacimientos castellonenses que ofrece cerámica con decoración figurada y floral con cierta abundancia. La cerámica campaniense fecha este nivel de ocupación, frente al inferior que debemos datar durante el Hierro antiguo.
En 1995 se ha vuelto a excavar en la zona norte castellonense, concretamente en el yacimiento vinarocense del Perengil o Parreta, pequeño asentamiento en cuanto a superficie ocupada, alrededor de 400 metros cuadrados, pero que ofrece por sus características una interesante problemática funcional y arquitectónica, relacionada tal vez con una estructura de carácter cultual, no obstante, debemos de indicar que el material recogido es muy escaso y pertenece al momento tardío de la iberización. Las excavaciones se encuentran aún en su momento inicial, por lo que los datos son mínimos.
En el llano de Villafamés, ya en los corredores del interior y bajo la dirección de M.D. Llorens y M.C. Barrachina, encontramos otra excavación fechable también en un momento tardío, puesto que se puede datar durante el siglo II a. de J.C., aunque hoy por hoy, tan solo se ha sacado a la luz parte de un recinto que parece corresponder a un almacén. En él se encontró además de la cerámica ibérica decorada con bandas y filetes, vasijas campaniense y ánfora itálica. En el pavimento y en la campaña de 1995, se localizaron dos enterramientos de neonatos junto al muro del mencionado almacén y bajo el pavimento. Este asentamiento tiene una estructuración de planta aproximadamente ovalada, presentando en su extremo norte, que es el lugar de acceso, una torre. Es decir, estamos ante una típica estructuración urbanística de la zona.
Montmirá de Alcora es otro de los yacimientos ibéricos que han sido objeto de una excavación sistemática durante este quinquenio, en este caso por E. Grangel y P. Ulloa. El asentamiento se sitúa junto a la ruta de acceso a las tierras de Teruel por el valle del río Lucena. En l se ha procedido a excavar dos zonas que ofrecen unas construcciones rectangulares típicamente ibéricas, en una de las cuales se localizó un enterramiento de recién nacido en el pavimento. La cronología del yacimiento según las cerámicas de importación que ha ofrecido presenta dos momentos, uno del siglo VI a. de J.C., con cerámica fenicia occidental, y otro del siglo V a. de J.C., fechado por cerámica ática.
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El Castillico de Ayocar |
Volviendo a los llanos litorales citemos la realización de catas aisladas, de las que se ha sacado escaso provecho, en el yacimiento costero de Torre la Sal de Cabanes. También se ha procedido a efectuar una prospección por el sistema de georadar, que ha permitido la delimitación de parte del yacimiento. Frente a él encontramos otro de carácter submarino, que también ha sido objeto de prospecciones dirigidas, al igual que el yacimiento terrestre, por A. Fernández, habiéndose localizado ánforas de época republicana en lo que se ha considerado un desembarcadero. También procedente del medio submarino podemos indicar la extracción de varios fragmentos de c latos localizados en las prospecciones submarinas de puerto Tofiño de las islas Columbretes, archipiélago situado a 45 kilómetros de la costa castellonense.
Otro yacimiento enclavado en el mismo litoral, es el de la Torre de Onda de Burriana, uno de los asentamientos ibéricos de mayor superficie de la provincia, en él se realizó la última campaña de excavación en 1991. Corresponde a una población dedicada al mar junto al cual se sitúa. Presenta el yacimiento una interesante problemática debido a su cronología, que podemos establecer por la cerámica de barniz negro entre el 75 y el 40 a. de J.C., momento en que prácticamente no encontramos indicios de hábitat en ningún otro de los típicamente ibéricos, y es en este momento cuando se abandonan los últimos asentamientos del siglo II a. de J.C. La corta cronología indica también, a que su fundación fue motivada por una actividad concreta y puntual, indudablemente relacionada con el desembarco de mercancías. Los trabajos corren a cargo de N. Mesado.
Dentro de las excavaciones de urgencia realizadas en la provincia encontramos identificados materiales ibéricos, pero escasos niveles in situ, en el castillo de Onda; el registro arqueológico referido a este periodo histórico del asentamiento, hoy por hoy es muy pobre, pero nos indica la presencia de un hábitat en un lugar estratégico del que no se tenía conocimiento.
También perteneciente a una intervención de urgencia, motivada al realizar una escalera en el paraje de la ermita de San Antonio de Bechi, se han localizado estructuras del poblado ibérico de época tardía que en su día dio uno de los pocos epígrafes ibéricos realizado en bronce.
En cuanto a prospecciones, podemos indicar las llevadas a cabo en la zona de Albocácer, como territorio a tener en cuenta para futuros proyectos de investigación, puesto que los resultados han sido esperanzadores, especialmente para el estudio diacrónico de un nicho ecológico desde la prehistoria a la Edad Media. La zona ha deparado interesantes yacimientos ibéricos que cubren prácticamente toda la cronología de la iberización, tanto en cimas de montañas como en llano. El estudio de la zona indudablemente se ver reforzado debido a la apertura del Museo de la Valltorta, que aunque en un principio se dedica al arte rupestre, tiene encomendado el cuidado de la zona de este barranco, el cual se encuentra junto a la población de Albocácer.
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Calle del Puig de la Nau de Benicarló |
Diferente planteamiento se ha seguido en las prospecciones llevadas a cabo en los estrechos valles conformados por los ríos de la comarca del Alto Mijares, en donde se ha ido siguiendo unos característicos asentamientos de escasa extensión situados a ambos lados de los ríos que drenan la zona. Estos asentamientos identificados sirven para controlar la salida del material procedente de los yacimientos de mineral de hierro que se localizan en esta agreste área geográfica. Un asentamiento típico sería la conocida Torre de Foios, que aunque excavada a inicios de siglo, así como a finales de los sesenta y durante la década siguiente, ha sido estudiada recientemente para proceder a su publicación. Dentro de esta zona del Mijares, se ha localizado también una importante explotación minera a cielo abierto en la localidad de Ayodar, denominada el Castellet, con una peculiar estructuración en cuanto al sistema de control de la salida del material, el cual se realiza a través de una torre de características similares a la de Foios, situada en un recodo del camino empedrado que daba acceso a las minas. Estamos ante un singular e interesante yacimiento que hoy por hoy, y a la espera de excavaciones, no podemos datar sino es por las características arquitectónicas de la torre, las cuales tal y como hemos indicado, podemos relacionar con la Torre de Foios de Lucena, siglos VI-V a. de J.C.
Prácticamente todos estos yacimientos aquí comentados, exceptuando por algunas notas en los periódicos y libros de fiestas de las localidades correspondientes, se encuentran inéditos, esperemos que las aportaciones que puedan traer a la investigación no se demoren en demasía.
