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SUMMARY
The present work intends to be a compilation of the archaeological literature on Catalan First Iron Age and Iberian Period appeared between 1975 and 1995. The bibliographical lists are preceded by an introduction trying to comment the characteristics of the research in this field, developed in Catalonia during the last two decades.
RESUMEN
El presente trabajo pretende ser una recopilación bibliográfica, precedida de un comentario general, acerca de la literatura arqueológica aparecida entre 1975 1995, sobre los diversos aspectos que conforman la Cultura Ibérica en Cataluña y en el que también figuran los trabajos que tienen por objeto la Primera Edad del Hierro en esta misma área.
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1. Casi dos décadas han transcurrido desde la aparición en 1978, en las páginas del primer número de la revista Fonaments, de la recopilación bibliográfica que, con el título Els estudis ibèrics: (1965-1975), constituía la primera crónica bibliográfica de la nueva publicación periódica. Este intento de reunir, comentándolos brevemente, los trabajos sobre tema ibérico - con la única excepción de los de temática filológica - publicados a lo largo de dos lustros, tenía una pretensión globalizadora, pues el ámbito territorial objeto del mismo correspondía al conjunto de las regiones peninsulares donde la cultura ibérica estuvo vigente en la antigüedad.
En la actualidad un intento parecido encontraría a no dudar numerosas dificultades para ser llevado a buen puerto, debido sobre todo a la dispersión de las publicaciones y también por obvias razones de espacio, pues la aparición de trabajos de tema ibérico, tanto en lo concerniente a los trabajos de campo cuanto a los de gabinete, ha crecido de un modo exponencial, por lo que resulta evidente que en el futuro las bibliografías deberán ser realizadas en función de unos ámbitos territoriales más restringidos. Piénsese al respecto que si en 1978 las entradas referidas a una década recogidas en la recopilación de Fonaments ascendían para el conjunto de la España ibérica a 488, en 1994 la bibliografía elaborada por F. Quesada Sanz - publicada en esta misma revista -, sobre el mismo ámbito territorial, únicamente en base a lo aparecido durante el bienio 1992-1993, alcanzaba, con sus 469 entradas, prácticamente la misma cifra.
Por lo que respecta a Cataluña, cabe decir que la progresión cualitativa y cuantitativa de los estudios de temática ibérica no se ha visto acompañada hasta ahora de ningún intento recopilatorio destinado a dar cuenta de la producción bibliográfica posterior al año 1975, lo que supone una gran dificultad para los investigadores a la hora de manejar una bibliografía que, como tendremos ocasión de ver, se halla a menudo dispersa en multitud de publicaciones, muchas de ellas de ámbito estrictamente local, de cuyo conocimiento con frecuencia los mismos investigadores catalanes, y no digamos ya los que trabajan en el ámbito de las restantes comunidades españolas, o en el extranjero, no tienen demasiado conocimiento.
Partiendo de estos presupuestos, mi propósito ha sido, pues, el de intentar recopilar de la forma lo más exhaustiva posible - aunque soy consciente, y pido excusas por ello, de que un cierto número de obras habrán escapado a mi atención -, el conjunto de los trabajos publicados sobre la cultura ibérica catalana en el curso de los años que median entre los años1975 (excluído) y 1995, arrancando para este cometido de las obras centradas en el estudio de sustrato propio de la Primera Edad del Hierro, pues es del todo evidente que es éste el humus donde asentó firmemente sus raices el iberismo catalán, y finalizando en el período de su definitiva disolución, acaecida de forma progresiva a lo largo de los dos últimos siglos anteriores a nuestra era por obra de la acción militar y política de la Roma republicana.
2. Si de alguna forma tuviésemos que caracterizar brevemente cuáles han sido la líneas de investigación que de una forma harto desigual han marcado la progresión de los estudios ibéricos a lo largo de estas dos décadas, habría en primer lugar que señalar que a partir de mediados de la década de los ochenta por vez primera hemos asistido a la adecuación de unos verdaderos programas de investigación centrados en unos territorios concretos a los que se ha procedido a investigar en su globalidad. Estas iniciativas han partido básicamente de las nuevas levas de profesores de los departamentos de Prehistoria y Arqueología de las Universidades de Barcelona (la impropiamente llamada "Central") y de Lérida, respectivamente, y han tenido por objeto de estudio, de un lado, los territorios situados en la zona cessetana ubicada entre Barcelona y Tarragona y las comarcas ilercavonas del Ebro, respectivamente; mientras que, del otro han afectado a los territorios interiores correspondientes a la Ilergecia. Los resultados podemos calificarlos de muy importantes, especialmente en lo que hace referencia al conocimiento del sustrato de la Primera Edad del Hierro y a las relaciones de las poblaciones preibéricas con el mundo mediterráneo de época arcaica, pero también en lo que atañe a los períodos Ibérico Inicial y Pleno; y así los trabajos llevados a cabo en yacimientos tan paradigmáticos como son los de Aldovesta, La Moleta del Remei o Els Vilars d'Arbeca, por citar tan sólo unos pocos, son lo suficientemente evocadores para el lector como para evitar cansarle con mayores concreciones. Junto a los equipos universitarios, ciertas individualidades amparadas en su pretérita condición de arqueólogos territoriales de la administración autónoma, o de arqueólogos "tout court" al servicio de la Diputación Provincial barcelonesa, han desarrollado, y siguen desarrollando aún hoy, en algunos casos desde una nueva condición de docentes universitarios o bien desde puestos administrativos de mayor responsabilidad, una eficaz labor que ha corrido paralela a la de las universidades, con frutos tan sazonados como, por ejemplo, han sido la excavación y publicación del poblado y necrópolis del Coll del Moro (Gandesa, Terra Alta); la del importante establecimiento portuario y redistribuidor de Darró (Vilanova i la Geltrú, Garraf); o bien la de los numerosos yacimientos del hierro antiguo o ya plenamente ibéricos localizados en las comarcas del Priorat o de la Ribera d'Ebre, respectivamente.
De forma paralela, en norte del Principado, desde el "Centre d'Investigacions Arqueològiques de Girona", junto a la excavación de yacimientos nuevos, como el de Puig Castellet (Lloret de Mar, la Selva), se ha retomado con renovados brios la investigación de asentamientos conocidos desde mucho tiempo atrás mediante la aplicación de nuevas técnicas en parte inspiradas en los excelentes resultados obtenidos en el importante yacimiento transpirenaico de Latttes (Hérault), en el que los investigadores catalanes han colaborado de forma tan determinante. De este modo asentamientos tan carismáticos como Ullastret o Mas Castellar de Pontós han empezado a ofrecer una información susceptible de permitir conocer de una vez por todas los mecanismos de la relación entre el mundo colonial implantado en la costa y la sociedad indígena transformada en gran parte por la acción del mismo. Con todo, preciso es admitir que, frente a la arqueología protohistórica, en las comarcas gerundenses lo que en realidad ha privado, y sigue privando aún hoy, ha sido un mayor interés por la arqueología del período romano, principalmente en la vertiente relativa a la colonización y explotación agrarias, un campo en el que, hay que reconocerlo, se han obtenido unos resultados de profundo calado.
De forma semejante no hay que olvidar los avances realizados en la rica comarca del Maresme a partir de las iniciativas surgidas desde el Museo Comarcal de la misma desde su sede mataronense, o bien los experimentados en la del Vallès Occidental como resultado de la ayuda que la investigación arqueológica ha recibido merced a encomiables iniciativas locales como la desarrollada por el Ayuntamiento de Cerdanyola del Vallès, que se han traducido en la creación de un servicio arqueológico municipal y de una revista periódica - Limes - dedicada a la arqueología en su totalidad. Otras iniciativas parecidas, con la consiguiente financiación de publicaciones del mismo tenor, también han visto la luz en estos últimos años en Sant Feliu de Codines (Vallès Oriental) o en Igualada (Anoia), con la publicación de las revistas Gala y Estrat, respectivamente.
La profusión de datos obtenidos a partir de estas nuevas investigaciones ha servido para replantarse desde nuevos enfoques los problemas siempre candentes acerca de los orígenes de a cultura ibérica y de la subsiguiente fragmentación tribal de cuya realidad etnológica, desde un punto de vista arqueológico y territorial, aún sabemos relativamente poco. Y por si no era suficientemente sabido, las investigaciones de estos últimos años, tal como ya hemos insinuado más arriba, se han encargado aún más de poner de manifiesto la importancia del sustrato humano de los campos de urnas del Hierro como base receptora de las influencias mediterráneas generadoras del fenómeno iberizador, sea cual sea la parcela del territorio catalán por el que uno se interese. Pero es sobre todo en las comarcas meridionales del Principado donde las excavaciones de yacimientos como el Coll del Moro, de Gandesa, Aldovesta, en Benifallet, o el Barranc de Gàfols, en Ginestar, han proporcionado más y mejores datos susceptibles de explicar la incidencia de las influencias mediterráneas en dicho proceso de transformación.
En lo concerniente a la caracterización arqueológica de los distintos pueblos que al decir de las fuentes históricas ocuparon el territorio catalán, así como a su evolución interna y a la exacta ubicación geográfica de los mismos, en estos últimos años hemos asistido a la aparición de distintos estudios monográficos, de desigual valor extensión, centrados en el análisis de los pueblos Ausetano, Bergistano, Ceretano, Ilergeta, Indiketa, Lacetano, Layetano y Sordo. Asimismo, y a raiz de la celebración de la reunión celebrada en 1989 en la Universidad Complutense 1989, que tuvo por tema la Paleotnología de la Península Ibérica, fue llevado a cabo, siguiendo el camino trazado por los antiguos trabajos de Bosch-Gimpera, un intento de ubicación de estos pueblos en función de los rasgos discernibles a partir las culturas materiales a las que dieron origen.
3. La multiplicación de excavaciones extensivas en asentamientos de caracter urbano, así como el afinamiento de las técnicas de documentación y obtención en los mismos de los datos relativos al microespacio, han facilitado el poder disponer de unas informaciones de las que prácticamente se carecía con anterioridad a la década de los ochenta, las cuales han permitido, de un lado, el acrecentamiento de un mayor rigor a la hora de intentar resolver los problemas relativos a la arquitectura y al urbanismo vistos como un todo inseparable, y, del otro, el poder llevar a cabo unos análisis muy ajustados, no sólo sobre los sistemas constructivos, sino también sobre el aprovechamiento del espacio doméstico y de las estructuras surgidas como una consecuencia de las necesidades generadas por la ocupación humana en el seno del mismo. En este sentido la celebración en 1989 del simposio internacional de Arles sobre habitats i estructuras domésticas en el Mediterráneo occidental, del que carecemos aún de la publicación definitiva, pero de cuyos contenidos tenemos amplio conocimiento gracias a las preactas del mismo, y la aparición en 1994 del número 10 de la revista Cota Zero, dedicado a la misma temática, permiten acceder de una forma rápida y sintética a los datos obtenidos a lo largo de estos últimos 15 años.
En un campo tan denso en novedades se hace difícil escoger qué aspectos destacan por encima de otros, aunque sin embargo creo que es de justicia evocar el pleno reconocimiento en el ámbito que nos ocupa del uso generalizado del adobe desde la Primera Edad del Hierro en las construcciones domésticas, así como la convivencia de esta técnica con la del tapial, que, lejos de desaparecer, continua siendo usada en época plenamente ibérica, sobre todo en las comarcas meridionales del país. Por otro lado, se han dado pasos importantes en la identificación de casas dotadas de pisos superiores, así como también en lo que hace referencia a las estructuras de combustión y de almacenaje.
Un importante elemento a destacar, que de la misma forma podía actuar en calidad de estructura doméstica de uso generalmente propio de la célula familiar, que como parte integrante de estructuras comunales de almacenamiento, es el silo, un elemento sobre el que se acaba de leer una importante tesis en la Universitat de Girona obra de J. Burch, , y del que hemos elencado casi una cincuentena de trabajos. De la ausencia-presencia de silos a lo largo y a lo ancho del territorio ibérico catalán se podrán obtener interesantes datos que coadyuvarán a la definicion de áreas culturales más precisas. Pero de entrada, se puede ya decir que se trata de un elemento propio de la Cataluña vieja, en cuya zona nordeste aparecen los testimonios más antiguos (Burch), y que, por el contrario, se halla completamente ausente tanto en el sur como en el oeste catalán. Por otra parte, de la completa ausencia de silos en el resto del dominio ibérico peninsular, emerge una especificidad que ciertamente es propia del iberismo catalán y que lo distingue de las restantes manifestaciones ibéricas peninsulares.
Esta multiplicación de trabajos en los asentamientos ha traído también aparejado un mayor interés de los investigadores hacia el estudio de las estructuras defensivas, en las que se observa una marcada influencia de las técnicas mediterráneas, como ocurre por ejemplo en la zona ausetana. Con respecto a los problemas de poliorcética, tenemos la fortuna de poder contar con las actas del simposio de Manresa sobre el tema, aparecidas en 1991, las cuales constituyen aún hoy el vademecum indispensable para lo que al estudio de las murallas ibéricas catalanas, y de fuera de Cataluña incluso, se refiere.
Desde el punto de vista territorial, el incremento de las prospecciones y un mejor conocimiento de la cronología de los asentamientos han sido también factores determinantes en el despegue, desde mediados de los ochenta, del interés por la arqueología espacial - suscitado en cierto modo por los excelentes resultados de la celebración en Teruel del memorable primer coloquio sobre este tema (1984) -, con estudios hasta ahora centrados en las comarcas del Montsià, del Baix Ebre, del Baix Penedès, del Baix Llobregat, del Maresme y del Anoia.
4. Si el aumento de los estudios sobre habitats lo podemos calificar de espectacular, no podemos por desgracia decir lo mismo si volvemos nuestra mirada hacia el campo de la arqueología funeraria, sin que, por supuesto, sea ello atribuible a una falta de interés de los investigadores por esa parcela de la arqueología ibérica. En realidad esta relativa falta de resultados sólo es debida a la forma tan parsimoniosa con que la que el territorio catalán entrega los restos funerarios de época ibérica, lo que contrasta con la frenética actividad transformadora a la que por desgracia se ve sometido el territorio, merced a la cual, en teoría, los hallazgos de necrópolis deberían de ser mucho más numerosos.
En lo que se refiere a la Primera Edad del Hierro y al Período Ibérico Antiguo, tan sólo podemos reseñar, aparte de los los trabajos llevados a cabo en la ya veterana necrópolis del Coll del Moro (Gandesa, Terra Alta, Tarragona), los hallazgos, muy desiguales entre sí, de las necrópolis de la Pena (Torregrossa, Pla d'Urgell, Lérida), de El Colomer de Pallerols (Talavera, Segarra, Lérida), de El Pla de la Bruguera-Centro de Distribución SONY (Castellar del Vallès, Vallès Occidental, Barcelona) o de Milmanda (Vimbodí, Conca de Barberà, Tarragona), así como las dos tumbas solitarias de La Granja Soley (Santa Perpètua de Mogoda, Vallès Occidental, Barcelona) y de Llinars del Vallès (Vallès Oriental, Barcelona), respectivamente. En cuanto a lo que atañe al Período Ibérico Pleno, los hallazgos aún son más magros, puesto que en estos últimos 20 años tan sólo se ha descubierto un pequeño, aunque muy interesante, sector de la necrópolis de Ullastret (Serra de Daró, Baix Empordà), así como otro nuevo de la necrópolis del gran asentamiento de Ilduro (Cabrera de Mar, Maresme). Finalmente, las necrópolis o tumbas aisladas atribuibles al Período Ibérico final, hasta el dia de hoy brillan por su más absoluta ausencia.
5. Y si de los asentamientos y necrópolis pasamos a fijar nuestra atención en los aspectos relativos a la cultura material y nos ocupamos en primer lugar de la cerámica, hay que hacer notar que tanto las producciones finas de importación, cuanto las indígenas, han sido objeto de numerosos e importantes trabajos que sin duda han hecho progresar su conocimiento en nuestra área.
En lo que atañe a las cerámicas finas de importación, cabe decir que, lejos de haber decaído, los estudios sobre las importaciones de bucchero nero, o de las cerámicas àticas pintadas o barnizadas de negro, siempre tan importantes a la hora de determinar corrientes comerciales y cronologías, se han mantenido e, incluso, actualmente estamos asistiendo a una fuerte aceleración de los mismos, no sólo en Cataluña sino también en los restantes territorios ibéricos tocados por el comercio mediterráneo.
En estos últimos tiempos se ha avanzado considerablemente en la publicación de los conjuntos de cerámicas áticas, tanto pintadas como de barniz negro, de la zona ampurdanesa y de los sectores costeros central y meridional, respectivamente, así como de algunas comarcas interiores como, por ejemplo, la del Bages. Asimismo, se ha procedido a identificación y estudio de las distintas producciones occidentales originarias en su mayor parte de la antigua Rhode, lo que junto al rastreo de la presencia de los productos de importación del Taller de las Pequeñas Estampillas, y una más precisa fijación del inicio de las importaciones de la Campaniense A, pienso que han constituído los factores determinantes para poder por fin establecer la cronología de los yacimientos ibéricos contemporáneos de las dos primeras guerras púnicas. Y en lo que a la cerámica de Rhode más concretamente se refiere, estudios complementarios posteriores a la publicación en 1978 de la tesis doctoral de quien suscribe, en la que se definían las características esenciales de dicha producción, han permitido situar el momento final de la misma en un momento que se puede fijar con seguridad muy a fines del siglo III a. C. Asimismo, en fechas recientes, otro taller, denominado "de las tres palmetas radiales con roseta central, o 3 = 1" por M. Cura y J. Principal, ha venido a añadirse a la lista ya considerablemente extensa de producciones salidas de los alfares de la localidad griega de la Bahía de Roses.
Por otra parte, y de forma parecida, se puede afirmar que algo de lo mismo ha ocurrido en el campo de la anforología, abarcando los estudios dedicados a los recipientes comerciales el ámplio espectro de producciones que se extienden desde las primera importaciones fenicias del siglo VII hasta la ánforas itálicas de época republicana, pasando por las producciones etruscas, massaliotas y púnicas centromediterráneas, ibicencas y del sur de la Península Ibérica. Y en este sentido, la débil presencia en los asentamientos ibéricos de las producciones etruscas y griegas, así como también de las genuinamente griegas, hecho que contrasta con la importancia de que alcanza la presencia de los contenedores púnicos en los mismos, sobre todo la de los procedentes de Ebusus, permite hacerse una idea muy proximada de hacia donde se dirigían los intereses comerciales de las sociedades ibéricas catalanas con anterioridad al inicio de la penetración romana.
La cerámica ibérica, por su parte, también se ha sido objeto de interés por parte de los investigadores, de lo que dan fe los casi ochenta títulos elencados, con trabajos cuyo espectro cronológico abarca desde los inicios de las primeras producciones del siglo VI, hasta las especies terminales en uso a lo largo de los dos siglos anteriores a nuestra era. Especial importancia revisten los estudios dedicados a la cerámica de barniz rojo ilergeta o los que versan sobre el origen y evolución de las cerámicas grises, así como los dedicados a las producciones del área ampurdanesa, o bien a las oxidadas y pintadas, especialmente en lo que hace referencia al kalathos, una forma sobre la que en fechas recientes han sido realizados en ambas Cataluñas importantes trabajos sobre su tipología, cronología y difusión. También hay que mencionar distintos trabajos dedicados al reconocimiento y estudio de las cerámicas ibéricas exportadas, mayormente desde el área que nos ocupa, hacia las Baleares y las regiones tirrénicas de la Península Itálica.
Por en contrario, los estudios sobre las ánforas ibéricas no puede decirse que hayan conocido dias de gloria, ya que han sido muy pocos los autores que se han atrevido a enfrentarse con este material, por otra parte tan abundante, pero de tipología monótona, de escasa variabilidad técnica y sujeto a unos usos (? comercial, doméstico?) del que prácticamente lo ignoramos todo.
6. Si de la cerámica pasamos a fijar nuestra atención en los estudios referidos a los objetos metálicos, centrados básicamente en las armas y en los elementos de aderezo personal, la ausencia de nuevas necrópolis - yacimientos éstos que se constituyen en las fuentes más generosas que existen a la hora de proporcionar instrumental metálico - ha hecho que hayan sido más bien escasos. Con todo, y en lo que a objetos de uso personal hace referencia, hay que destacar el estudio completo de los materiales de este tipo, debido a G. Munilla, entregados por las necrópolis arcaicas del Baix Ebre i del Montsià, excavadas en su dia por el profesor J. Maluquer de Motes, así como algunas síntesis sobre fíbulas o sobre broches de cinturón, o bien algunos trabajos monográficos dedicados a los materiales hallados en las antiguas excavaciones realizadas en Ullastret, obra de F. Gracia.
Con respecto a las armas, aparte de algunas revisiones de los viejos materiales procedentes de las necrópolis de Capsec o de Peralada, o de la inclusión de ejemplares hallados en Cataluña en las vastas síntesis que recientemente han sido elaboradas con respecto al soliferreum o a los cascos del tipo Montefortino, en calidad de novedades absolutas tan sólo podemos citar las armas proporcionadas por las tumbas arcaicas de La Granja Soley y de Llinars del Vallès, respectivamente; los dos cascos etruscos - uno de ellos vendido ilegalmente en el extranjero - del yacimiento portuario de "Les Sorres VIII", en el delta del Llobregat; los restos de dos puñales celtibéricos de empuñadura biglobular procedentes del poblado del Turó del Vent, de Llinars del Vallès y, finalmente, los ejemplares de espadas de la Tène, de umbos de escudo y de puntas de lanza, aparecidos en algunas sepulturas de la necròpolis del Turó dels Dos Pins (Cabrera de Mar), o bien las espadas de la Tène, las puntas de lanza y el casco del tipo Montefortino hallados en el silo nº 25 de Can Miralles-Can Modolell, en esta misma localidad del Maresme.
Los hallazgos de armas en la Cataluña ibérica muestran unas claras influencias ultrapirenaicas, y, en mucha menor medida, mediterráneas, activas ya desde fines de la Primera Edad del Hierro, con la adopción de lanzas, soliferrea, espadas de antenas y cnémidas, y vigentes hasta el fin del Período Ibérico Pleno, cuando hacen su aparición las armas de La Tène o los cascos ya mencionados. Por el contrario, la influencia propiamente ibérica meridional apenas se deja sentir, tal como lo demuestra la práctica ausencia de la falcata, de la que sólo se conocen los ejemplares testimoniales de la necrópolis de la Pedrera. Henos aquí ante un fenómeno que cabe enfatizar, puesto que muestra bien a las claras una especificidad propia del iberismo catalán que lo diferencia de las manifestaciones más meridionales de esta cultura ibérica, mucho menos monolítica de lo que se había creído en el pasado.
7. Con respecto a la plástica y a la iconografía hay que admitir que los resultados obtenidos tras dos décadas de investigación son muy limitados. Esto se explica sobre todo por la ausencia en Cataluña de un arte escultórico de caracter funerario, semejante al que conocieron los territorios del sudeste peninsular y la alta Andalucía; un fenómeno que, precisamente en la zona donde se asientan los dos únicos establecimientos griegos conocidos hasta hoy en nuestra Península, desde los que, en teoría, deberían haber irradiado unos estímulos potenciadores de un arte local, haya que explicar en función de varios factores. De entre estos elementos condicionantes habría que valorar el del sustrato, al tratarse aquí de unas poblaciones menos habituadas a la imagen que las del mediodia peninsular, o bien habría que tener presente también las muy menores potencialidades económicas del territorio catalán, lo que sin duda entrañó la imposibilidad de que cuajara la aparición de una rica y potente sociedad comanditaria de tipo aristocrático, residente en asentamientos muy dinámicos en trance de convertirse, o transformados ya, en auténticos núcleos urbanos - donde se diese una autentica estratificación social y una división del trabajo -, capaz de convertir a sus necrópolis en el escenario ideal donde materializar en piedra los símbolos evocadores de su estatus social.
Por estas razones, aparte de la existencia de un controvertido monumento funerario, el de Malla (Osona) - para el que sus editores han propugnado una filiación plenamente ibérica, visión ésta que ha sido rebatida con argumentos de peso al ser considerado el monumento como un producto del arte romano de época republicana -, tan sólo se conocen los restos muy estropeados de un par de leones en piedra procedentes del Turó de Ca n' Oliver, en Cerdanyola del Vallès, que por el momento constituyen un "unicum" en el escuálido panorama escultórico de época ibérica en Cataluña y para los que no descarto un origen extracatalán. Ante estas constataciones, que emanan de unas evidencias irrebatibles, no se puede por menos que evocar, una vez más, el caracter diferencial del iberismo catalán frente al del resto de la Península.
Las razones precedentes explican, pues, que los trabajos sobre plástica ibérica en Cataluña se hayan tenido forzosamente que limitar al campo de la coroplastia. Y en este sentido los estudios, no muy numerosos porque tampoco en este campo podemos presumir de tener una documentación muy importante, aparte de los dedicados a figurillas antropomorfas o animalísticas, se han centrado principalmente en los llamados pebeteros o thymiateria en forma de cabeza femenina - representaciones de origen no estrictamente ibérico, aunque plenamente adoptadas por la sociedad indígena local - que pasan por ser representaciones de Deméter y sobre los que a menudo se ha insistido más desde el punto de vista de la iconografía y del simbolismo que no desde el del análisis propiamente estilístico.
8. En cuanto a lo que a los estudios sobre iconografía propiamente dicha se refiere, si dejamos de lado los dedicados a los pebeteros femeninos a los que me acabo de referir - cuya presencia en silos ha hecho suponer que se trate de elementos de culto relacionables con las actividades agrícolas de tipo cerealístico -, y a los que habría que añadir, por su temática, un fragmento de un kalathos recientemente descubierto en un silo del poblado de Sant Julià de Ramis, en el que también aparecen sendas figuraciones aplicadas representando a Deméter y a Triptólemo, respectivamente, obtenidas a partir de moldes de importación itálica, según me informa J. Burch, poca cosa más queda por comentar. Sólo ciertas aportaciones relativas a las figuraciones del lobo en monedas y cerámicas ilergetas debidas a A. Pérez Almoguera; o bien algunas nuevas tentativas de interpretación de las páteras de Tivissa, o aún los trabajos dedicados al análisis de unas pocas estelas figuradas halladas en la zona ampurdanesa, y más concretamente en Emporion y en el poblado de Sant Sebastià de la Guarda (Llafranc), pueden ser traídos a colación.
He aquí, pues, otro rasgo propio del iberismo catalán, caracterizado por un aniconismo muy marcado que contrasta grandemente con lo que nos es dado ver entre las sociedades contemporáneas de las tierras del sudeste peninsular o de la alta Andalucía, donde la imagen se hace presente en multitud de soportes relacionados con la vida cotidiana.
9. En lo referente a los estudios sobre la religión, una parcela de la investigación que la falta de fuentes escritas hace depender en una gran medida de la documentación iconográfica, la escasez en Cataluña de esta última ha obligado a los investigadores a hacer de la necesidad virtud y a tener por ello que aprovechar hasta el más mínimo detalle los datos proporcionados por las excavaciones arqueológicas, interpretándolos como los testimonios objetivos, o bien de una práctica ritual, o bien de los lugares en los que se practicaban unos cultos por desgracia de advocación inaprehendible en la mayoría de los casos.
La investigación de las unidades de habitación ha sido el método que quizás haya proporcionado más información con respecto a la existencia de un primer nivel de religiosidad de tipo doméstico, de cuya existencia serían una prueba los denominados "sacrificios fundacionales", constituídos por la deposición de animales, principalmente ovicápridos, cuyos restos aparecen, en posición anatómica, situados bajo las cimentaciones de los muros o en rincones de las estancias; o bien, en mucha menor medida, de huevos embebidos en los enlucidos de estos últimos; así como también las inhumaciones infantiles realizadas en el interior de las estancias, para las que se han barajado dos posibilidades de interpretación, al considerarlas, de un lado, como auténticos sacrificios, o bien, del otro, como simples inhumaciones de infantes fenecidos antes de alcanzar la edad necesaria que les otorgara el derecho de ser incinerados y posteriormente sepultados en la necrópolis colectiva.
En relación a los lugares de culto, aparte de los antiguos intentos de localización de santuarios extraurbanos en lugares altos o bien en cavidades naturales, continuados en la actualidad con la identificación de un lugar de este tipo en la Cova de les Encantades de Montcabrer, en el Maresme, la investigación se ha esforzado en ser capaz de identificar en los asentamientos la existencia de edificios que por su singularidad arquitectónica y/o por los objetos presentes en su interior, pudiesen ser interpretados como centros donde eran practicados los cultos de caracter colectivo. Y en este sentido podemos citar los intentos bastante exitosos llevados a cabo en la Moleta del Remei (Alcanar), en Alorda Park (Calafell), en Mas Castellar (Pontós) o en Ullastret, lugar este último donde es muy probable que existiese un culto al cráneo semejante a los documentados el el área céltico-provenzal.
10. El tratamiento de aspectos económicos y sociales del mundo ibérico catalán, por su parte, ha experimentado un auge considerable durante este último decenio, aunque quizás haya sido en el campo de la economía donde se han realizado los mayores progresos. En lo referente a este último aspecto, debo en primer lugar recordar que, por una vez y de una forma indirecta, pues no hay que olvidar que se trata de documentos griegos, la información filológica ha venido en nuestra ayuda al hacer un poco de luz en este terreno. Y me estoy refiriendo, claro está, a la aparición de los plomos comerciales de Emporion y Pech Maho gracias a los cuales hoy sabemos del importante papel jugado, ya quizá desde fines del siglo VI y con toda seguridad en el siglo V, por ciertos indígenas -algunos de los cuales conocemos por sus nombres -, no sólo en las transacciones comerciales, sino también en el dia a dia de las actividades marítimas. Por otra parte, la aparición de un topónimo - Saígantha - en el plomo de Emporion, que ha hecho pensar en la posibilidad que se trate de Sagunto, añade un interés suplementario a la cuestión, tanto más si se tiene en cuenta que, de ser así, dicha población se hallaba en el extremo de una ruta que jalonaban una serie de asentamientos costeros, catalanes y valencianos, muy frecuentada por los emporitanos, en los que las excavaciones han puesto a la luz series muy abundantes de cerámicas áticas contemporáneas del documento al que me refiero.
En cuanto a la agricultura cerealística, cuya existencia fue intuída a partir de la importante presencia de los campos de silos ampurdaneses, a los que se les ha venido a añadir la de los hórreos identificados en el Montsià, y para la que todo parece indicar que constituyó una actividad económica de primera importancia ligada en sobremanera a los intereses de Emporion y de Rhode, se puede afirmar que han aparecido estudios muy interesantes sobre la misma en los que se ha tratado de los problemas de identificación de territorios potencialmente explotables, así como del de los rendimientos teóricamente alcanzables, sin olvidar el que tiene por objeto el conocer a quiénes iba destinada la produción. Y en este sentido, los diferentes estudios debidos a diversos autores aparecidos de un tiempo a esta parte acerca de la identificación de la "chora" de Emporion, han sido ciertamente estimulantes, por más que la aplicación en algunos de ellos de esquemas teóricos a un territorio geomorfológicamente muy complicado, para el que falta aún, además de prospecciones en profundidad, una explicación convincente de cómo se hallaba configurado en la protohistoria, hace que a veces haya que tomarlos con una cierta cautela. En otro orden de cosas, cabe recordar también que el reciente interés de los arqueólogos interesados en el período que nos ocupa por recoger en sus excavaciones, además de los consabidos y omnipresentes restos culinarios de origen animal, muestras de vegetales, ha permitido de una vez por todas, gracias a los análisis carpológicos, el conseguir preciosos datos relativos a las especies otrora cultivadas.
Si para el comercio del vino importado la mejora en el conocimiento de las ánforas ha permitido conocer con cierta precisión quienes fueron, o no fueron, los proveedores mediterráneos de este producto, no sucede lo mismo a la hora de determinar si en Cataluña hubo una producción vitivinícola propiamente indígena al faltar por ahora las instalaciones susceptibles de indicar la existencia de una actividad de este tipo, semejantes a las recientemente documentadas en el País Valenciano. Cierto es que los análisis carpológicos han facilitado la identificación de pepitas de uva en diversos yacimientos, pero no es ésta razón suficiente, al decir de los especialistas, que permita asegurar de manera fehaciente la existencia de una producción vinaria indígena, pues las diferencias que distinguen las variedades cultivadas de las silvestres son tan irrelevantes que impiden determinar cuándo se trata de las unas o de las otras.
Un aspecto del que no podemos dejar de hacer mención y en relación a cual han comenzado a aparecer algunos trabajos primerizos, ha sido el de la ganadería vista, además de desde el prisma económico, como un medio también de difusión cultural que las actividades ligadas a la transhumancia habrían potenciado. Y en este sentido, tal vez se podría que pensar si la llegada de la escritura ibérica a la Cerdaña, puesta de manifiesto en las inscripciones rupestres dadas a conocer en estos últimos años no fue el fruto de tal actividad, por más que algún autor, como es el caso de J. de Hoz, haya recientemente opinado en contra de tal posibilidad.
Si, como podemos comprobar, las aproximaciones a la economía ibérica que han tenido como objeto de estudio los aspectos relacionados con la explotación agrícola del territorio han sido relativamente frecuentes, no se puede decir que lo mismo haya ocurrido cuando de determinar las posibilidad de la existencia de una actividades extractivas se trataba. A este respecto, sólo un par de trabajos cuyo contenido versaba, en parte, sobre los posibles recursos minerales del Ampurdán y comarcas limítrofes, o de los propiamente férricos en el Baix Llobregat, debidos a J. R. de Arbulo y a C. Rovira-J. M Solías, respectivamente, han visto la luz a lo largo de estas dos décadas.
Y para concluir con el comentario sobre los estudios sobre economía, diremos que en relación a los mecanismos de explicación de los sistemas de intercambio entre indígenas y pueblos mediterráneos, la mayoría de trabajos se han centrado en la época arcaica, con aportaciones centradas sobre todo en el comercio habido en las comarcas del sur del Principado entre las poblaciones de la Primera Edad del Hierro y los comerciantes semitas. Algunos trabajos también se han preocupado de estos problemas en las zonas más directamente tocadas por la influencia emporitana, es decir, el Ampurdán y el Rosellón, y, muy recientemente, centrando su área de estudio en las comarcas centromeridionales catalanas, una tesis doctoral leída en la Universitat de Barcelona, obra de J. Principal, ha tratado de las importaciones de barniz negro del siglo III a. C., en función no sólo de los aspectos ceramológicos, sino también de los mecanismos relativos a las posibles formas de su adquisición.
En lo que atañe al estudio de la estructura social de los pueblos ibéricos catalanes, las aportaciones aparecidas durante el período que nos ocupa han sido escasas y centradas casi exclusivamente en las etapas iniciales de la aparición del fenómeno ibérico, partiendo todas ellas de los datos recabables del análisis de los ajuares de las necrópolis ya clásicas de las comarcas meridionales de Tarragona. Y en este sentido, es preciso una vez más lamentar que la escasez de necrópolis ibéricas en Cataluña impida contar con unos datos susceptibles de permitir unos avances importantes en esta parcela tan esencial de la investigación.
11. Con respecto a la actividades transformadoras, a las que dedicamos un apartado "a se", desvinculándolas así de los respectivos apartados dedicados a los productos ya manufacturados, se observa un cierto despegue en cuanto a lo que hace referencia a los estudios sobre metalurgia, con interesantes aportaciones acerca de las actividades de este tipo llevadas a cabo en el Ampurdán, en general, y en el gran yacimiento de Ullastret, en particular. También cabe mencionar los recientes descubrimientos llevados a cabo en las inmediaciones de Ampurias de hornos relacionados con la metalurgia del hierro, difícilmente atribuibles por el momento a una etnia determinada, griega o ibérica.
Por su parte, los estudios sobre hornos y alfares cerámicos han continuado con buen ritmo, destacando los estudios de A. Martín dedicados a los hornos de cerámica gris del hinterland de Ampurias descubiertos con motivo de la construcción de la Autopista A-17 en la década de los 70; así como los que han tenido por objeto el importante centro alfarero de Can Badell, en el Vallès Oriental, donde se producía cerámica oxidada de uso común, o bien los que han servido para dar a conocer los interesantes los hornos indígenas de Darró, donde, para general sorpresa, se fabricaban ánforas comerciales cuyo repertorio constituía una copia del de las producciones púnico-ebusitanas contemporáneas.
Un aspecto en el que se ha incidido poco, por falta de documentación, claro está, pues ésta se reduce prácticamente a la existencia de los pondera y fusayolas de hallazgo tan frecuente como poco valorado hasta fechas recientes, ha sido el de la producción textil, de la que cabe sin embargo destacar el interesantísimo descubrimiento realizado en el asentamiento del Tossal del Moro, de Gandesa, de un taller dedicado al tratamiento del lino y a la producción de tejidos de esta fibra, de reciente publicación.
Finalmente, y en cualidad de interesante novedad, he de referirme a la aparición de una serie de trabajos centrados en el área ampurdanesa, debidos todos ellos a M. T. Genís, que han versado sobre el estudio de los intrumentos de piedra empleados mayormente en las actividades domésticas y que coloco en este apartado por tratarse de instrumental utilizado en los trabajos de transformación realizados en el hogar, como puede ser el de la moltura, por poner un ejemplo.
12. En el campo de la investigación filológica los resultados alcanzados en estos últimos 20 años han sido realmente espléndidos. Y a este respecto hemos de comenzar diciendo que las apariciones durante este período de los volúmenes II y III de los Monumenta Linguarum Hispanicarum, así como de los dos léxicos de inscripciones ibéricas aparecidos en 1985 y el 1991, respectivamente, y en los que la documentación procedente de Cataluña es muy importante, han representado el poder contar con unos instrumentos de trabajo extraordinariamente útiles , más tarde ampliados por los recientes trabajos recopilatorios de inscripciones, ya específicamente catalanas, que a modo de addenda han sido llevados a cabo por I. Panosa a partir de lo existente en las dos comarcas del Vallès.
La aparición de nuevos textos sobre plomo, sin ser comparable en cantidad al acerbo recuperado en el País Valenciano, ha sido bastante importante, y a este respecto hemos de recordar los documentos hallados en los asentamientos de Castell (Palamós) o de la Penya del Moro (Sant Just Desvern), así como el más reciente hallado en Ampurias, de donde, tal como ya hemos visto más arriba procede también un plomo inscrito cuyo texto griego interesa por la presencia de un topónimo y un antropónimo ibéricos. Los hallazgos de los plomos ampuritanos, así como los de Pech Maho en el vecino país, han servido para poner en evidencia lo que ya se comprobaba gracias a la arqueología, es decir, la existencia de unas importantes relaciones humanas entre el Ampurdán, de una parte, y del Rosellón-Languedoc oriental, de la otra, atestiguadas por la presencia física de íberos en el asentamiento de Pech Maho en el siglo V y por la de un elemento de estirpe gala, que no debió ser único, en la Ampurias de fines del siglo III, respectivamente.
También es preciso no olvidar el descubrimiento de una nueva forma de documentación filológica, desconocida hasta hoy en Cataluña, con la única excepción que ofrece la inscripción pintada de Cogul, que ha sido puesta en evidencia en la Cataluña septentrional, y más precisamente en la porción de la comarca de la Cerdaña situada bajo jurisdicción francesa, donde han aparecido numerosas inscripciones rupestres grabadas cuya existencia en esta zona del Pirineo llama poderosamente la atención, precisamente por encontrarse ubicadas en un territorio para el que todo parece indicar que fue tardíamente iberizado, y de una manera al parecer muy incompleta y superficial.
De muy interesantes, por ser el inicio de una línea de investigación que no habría que descuidar, se pueden calificar los estudios destinados a intentar rastrear la existencia de un estrato lingüístico anterior a la aparición del ibérico a partir de las tablillas de plomo halladas el siglo pasado en la estación balnearia de Els Banys d'Arles o Arles-sur-Tech (Amélie-les-Bains), en el Vallespir, hoy perdidas, y que al parecer estuvieron escritas en un latín dialectal plagado de intrusiones pertenecientes a una lengua - el sorotáptico, en la terminología acuñada por J. Coromines evocadora de la prácticas funerarias de sus presuntos hablantes - Esta lengua, aún no completamente extinguida en el momento en que los plomos fueron escritos, descendería del habla de las gentes portadoras de la cultura de los campos de urnas que poblaron la Cataluña septentrional preibérica. Con todo, el establecer la estratigrafía lingüística de la protohistoria catalana, semejante a la realizada por J. Untermann para el Languedoc oriental, no es tarea fácil y por ahora, aparte del citado intento de Coromines, tan sólo algunos indicios, obtenidos a partir de algo más de media docena de antropónimos no ibéricos documentados en Ullastret, permiten hipotetizar acerca de la existencia de un sustrato no ibérico al que se habría superpuesto, partiendo de un foco originario ubicado en la zona contestana, la lengua ibérica, utilizada como lengua de prestigio a la vez que de instrumento vehicular empleado sobre todo en las transacciones comerciales (De Hoz, Actas V CLCPPI, 654 ss.).
13. Los estudios sobre numismática, por su parte, han continuado apareciendo a buen ritmo a lo largo de estas dos últimas décadas, en gran parte, todo hay que decirlo, gracias a la infatigable actividad de L. Villaronga.
Pero en general no se puede decir que hayan abundado los análisis numismáticos basados en documentos procedentes de excavaciones científicamente controladas, pues a este respecto sólo podemos recordar los casos de Burriac, Badalona, Darró, Sant Miquel de Vinebre y del Coll del Moro de Gandesa, por lo que la Numismática de época ibérica en Cataluña continúa pareciendo, al menos en lo concerniente a la época que nos ocupa, una disciplina desligada, con las excepciones de rigor , de los profesionales de la arqueología. Por ello, no podemos por menos que hacer nuestras las palabras de Pere Pau Ripollès cuando escribía, en el marco de un debate sobre la Arqueología como área de conocimiento universitario: "Las monedas son documentos materiales que sólo adquieren su verdadero y más completo valor cuando se inscriben dentro de un contexto arqueológico y proporcionan información sobre la cultura o período que las creó" (RAPonent, 3, 1993, 344). Y es por ello que no ha de dejarnos indiferentes el hecho de que, en cambio, hayan proliferado tanto los estudios de tesoros, o de piezas aisladas, hallados los unos y las otras muchas veces como una consecuencia del uso ilegal de detectores de metales, de cuya existencia los arqueólogos profesionales, por lo general desligados de los circuitos comerciales que los vehiculan, lo ignoran todo, al revés de lo que por desgracia ocurre con los coleccionistas de monedas.
En estos años se ha avanzado en el conocimiento de ciertas cecas, como por ejemplo las de Emporion/Untikesken, Ilerda o Tarraco, que han sido objeto de estudios monográficos, al tiempo que han aparecido trabajos de síntesis sobre el conjunto de las mismas. Asimismo, también se han intensificado los estudios sobre masas monetales o bien sobre la circulación monetaria, así como los trabajos que han tenido por objeto el tratamiento de la moneda emitida por las cecas ibéricas desde un punto de vista económico como un medio utilizado por Roma para cubrir sus necesidades financieras durante la segunda guerra púnica o la etapas subsiguientes de la conquista de la Península Ibérica. Estos estudios de historia económica, para cuya realización ha sido preciso afinar las técnicas de análisis mediante un uso más extenso de la Estadística, abren interesantes vias a la investigación, que deberán ser exploradas para otros períodos.
Finalmente, no hay que olvidar los manuales, trabajos de síntesis sobre cecas, catálogos y corpora de tesoros monetarios, obra todo ello de L. Villaronga, que han servido para poner a disposición de los investigadores una documentación de base que sólo podemos calificar de impresionante.
14. Los estudios de antropología física referidos al período ibérico y a sus etapas inmediatamente anteriores han sido tradicionalmente escasos, siendo ello una consecuencia de la generalizada utilización del rito de la incineración en las prácticas funerarias durante estas epocas de nuestra protohistoria. Con todo, en estos últimos años hemos pasado de una visión negativa acerca de las posibilidades de análisis de los restos incinerados - que hizo, por ejemplo, que en el pasado a menudo ni se llegaran a conservar los restos incinerados -, a una valoración en positivo de sus potencialidades informativas, de tal manera que los antropólogos son capaces hoy, cuando las muestras lo permiten, de determinar con exactitud edades y sexos.
Un aspecto a tener en cuenta es el referido al estudio de los restos humanos infantiles procedentes de los enterramientos efectuados en el interior de viviendas a los que ya he aludido más arriba, interesantes en sí mismos, pero poco determinantes, dada su corta edad, a la hora de caracterizar antropológicamente las poblaciones ibéricas de las áreas donde fueron descubiertos.
15. Paso ahora a referirme a las contribuciones relativas al uso de las nuevas tecnologías en lo referente a las excavacions y a la documentación de los materiales arqueológicos. Y en este sentido hay que decir que si bien la comunidad arqueológica catalana en su conjunto trabaja hoy sirviéndose de los recursos que la informática ha puesto a sus disposición, por el contrario pocos son los arqueólogos o equipos de investigación que - como por ejemplo lo han hecho de una forma modélica los responsables de las excavaciones de Lattes -, han publicado sus experiencias con el fin de hacer a los demás copartícipes de los resultados a los que han llegado en sus particulares trabajos. De esta tónica tan sólo podemos decir que escapa el Departament de Prehistòria y Arqueologia de la Universitat de Lleida, y en menor medidad el Centre d'Investigacions Arqueològiques de Girona, a quienes debemos una serie de trabajos ciertamente útiles en este campo tan novedoso en el campo de la metodología arqueológica.
16. Llegados al final de esta rápida introducción, después de haber intentado mostrar lo realizado en Cataluña a lo largo de dos décadas de investigaciones, solo resta decir que en el momento actual aún se echa en falta la existencia de una síntesis global sobre el mundo ibérico catalán, todo lo provisional que se quiera, pero lo suficientemente audaz y comprometida como para poner en evidencia las líneas maestras de lo ya conseguido y trazar las directrices de lo que aún resta por hacer. Cierto es que la información de que disponemos es sesgada y aún muy sectorial, sobre todo por culpa de la irregular distribución territorial de la misma, ya que si, por un lado, existen zonas en las que el número de yacimientos excavados y bien publicados es cuando menos suficiente, del otro existen comarcas enteras en las que prácticamente la investigación no ha puesto aún el pie. Y a este respecto sólo hay que consultar el último capítulo de de esta Bibliografía, en el que las entradas referidas al territorio aparecen reseñadas por Regiones y Comarcas, para tener una idea precisa de donde radican nuestras principales carencias. Un trabajo de este tenor, además de permitir una caracterización de la especificidad del mundo ibérico catalán, serviría para contrastarla con las restantes manifestaciones culturales asimilables al iberismo acontecidas en nuestra Península y, qué duda cabe, permitiría de esta manera comprender cuáles fueron las diferencias existentes entre las regiones ibéricas nuclerares centradas en el sudeste peninsular y una zona periférica, cual fue sin duda el Principado. Y en este sentido, si el presente trabajo pudiera ser de alguna ayuda a quien, o quienes, se atreviesen a dar este paso, el autor de esta Bibliografía se daría plenamente por satisfecho.