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SUMMARY
Since the last two decade many Iberian painted pottery studies have multiplied extraordinarily, especially the high and late period. This work endeavor to summarize the results of obtained, very especially stressing those points that have contributed to establishing the larger questions that this manifestation, the most characteristic of Iberian crafts, has been attempting from the very beginnings of research.
RESUMEN
A lo largo de las dos últimas décadas han proliferado extraordinariamente los estudios sobre cerámica ibérica pintada, especialmente en lo que se refiere a sus épocas plena y tardía. Este trabajo pretende resumir los resultados obtenidos, incidiendo muy especialmente en aquellos puntos que contribuyen a esclarecer los grandes interrogantes que esta manifestación, la más característica de la artesanía ibérica, tiene planteados desde los inicios de la investigación.
1.- La formación de los grandes estilos decorados
2.- Decoraciones vegetales y figuradas de probable cronología antigua
3.- Comentario
1.- Características de la producción
2.- Talleres y artesanos
3.- Comentario
4.- La producción del NE
1.- La cerámica de Fontscaldes
2.- Las producciones del NE
3.- El estilo de Elche-Archena
4.- El estilo de Azaila
Desde que Bosch Gimpera publicó en el año 1915 la primera síntesis general sobre cerámica ibérica, los estudios acerca de este tema se han ido sucediendo de forma regular hasta nuestros días. Han sido, indiscutiblemente, las cuestiones referentes a la cronología y a la índole e intensidad de las influencias mediterráneas las que han centrado siempre en mayor medida la atención de los investigadores, aunque se han abordado también otros aspectos, como la localización de los centros de producción o la definición y difusión de los distintos estilos. No es nuestra intención entrar aquí en el relato de las diferentes opiniones y discusiones que dichos estudios han originado, puesto que es éste un argumento ya bien conocido y que ha sido tratado hasta la saciedad. A nuestro entender, el trabajo más interesante y completo acerca de la evolución en el conocimiento de la cerámica ibérica durante la primera mitad del siglo se debe a la pluma de L. Pericot en su ya célebre Prólogo al Corpus Vasorum Hispanorum del Cerro de San Miguel de Liria (1954), donde resume de forma clara y precisa la investigación realizada hasta ese momento y las principales hipótesis planteadas por los autores.
En el año 1980, M. Tarradell y E. Sanmartí vuelven a tratar el tema de forma general en un estudio aparecido en los Annales littéraires de l'Université de Besançon. En él se abordan muy especialmente los aspectos referentes a la historiografía, actualizando el trabajo de Pericot, y al origen de la cerámica ibérica, aspecto éste que a lo largo de la década de los años 70 se vió documentado de forma espectacular gracias a las aportaciones de yacimientos como Los Saladares, Crevillente, Vinarragell o El Cerro de los Infantes. Si bien el artículo se inicia con la definición de las distintas especies cerámicas fabricadas por el pueblo ibero, se orienta después principalmente hacia la producción pintada, considerada, en definitiva, la artesanía ibérica por excelencia. Su estudio se centra en el nacimiento y evolución de los estilos de época plena, evolución que, según estos autores, "concierne no sólo a las formas, sino también a las decoraciones pintadas que están en relación con ellas en función no sólo de la cronología sino también de la geografía" (Tarradell y Sanmartí, 1980, p. 312). Se valora, por lo tanto, el enfoque global en el estudio de la cerámica ibérica, y se contempla por primera vez el papel destacado de las formas en la definición de los estilos.
Ahora, casi 20 años después de su publicación, creemos que ha llegado el momento de intentar una nueva síntesis, sobre todo en lo que se refiere a este período de plenitud. En efecto, durante estos años han aparecido numerosos trabajos que han ofrecido nuevas perspectivas respecto a dicho período, gracias a los datos proporcionados por las excavaciones y a las revisiones de materiales antiguos a la luz de estos datos. Así, además de los estudios de carácter general sobre áreas o yacimientos concretos, que serán citados en diversos puntos de este comentario, debemos mencionar los trabajos de P. Guérin en el Languedoc (1986), J. Pereira en Andalucía (1979 y 1988), A. Lafuente en Tarragona (1989 y 1992), M. Menéndez (1988) y F. Sala en Alicante (1992 y 1995) y H. Bonet en Valencia (1995), que inciden directamente en el problema de las producciones pintadas. A ellos deben añadirse una serie de ensayos sobre temas diversos que contribuyen a esclarecer algunos aspectos de dicho problema, entre los cuales podemos destacar especialmente los estudios sobre iconografía (Elvira, 1979; Maestro, 1989; Varios autores, 1992a; Varios autores, 1996, pp. 275-338; Aranegui et alii, 1997), imitaciones (Olmos, 1981 y 1990; Page, 1984; Pereira y Sánchez, 1985), cronología (Bonet y Mata, 1982; Beltrán Lloris, 1984; Cuadrado y Quesada, 1989), producciones tardías (Abascal, 1987-88; Garcés, 1988; Ros, 1989; Varios autores, 1992b) y difusión extrapeninsular (Santos, 1982-83 y 1983; Conde, en prensa a y b; Bruni y Conde, 1991; De Nicolás y Conde, 1993), así como la publicación de la necrópolis de El Cigarralejo (Cuadrado, 1987), la tipología elaborada por Mata y Bonet (1992) y nuestros propios trabajos acerca de la forma kalathos "sombrero de copa" (Conde, 1990, 1991 y 1992).
Basándonos en esta nueva documentación, intentaremos sintetizar el estado actual de la investigación sobre cerámica ibérica pintada correspondiente a la época plena y tardía, es decir, al período comprendido entre el siglo IV a.C. y el I d.C. Es la fase en que la producción presenta una mayor complejidad debido a la existencia de numerosos talleres regionales y a los contactos e influencias entre los mismos. Abordaremos la problemática de los diversos estilos que florecieron a lo largo de esta fase considerando no solamente el aspecto decorativo, indiscutiblemente el más atractivo, sino también la estructura formal de los vasos que sirvieron de soporte a las decoraciones.
Es evidente que, pese al avance experimentado en los últimos años, en este terreno impera aún una cierta confusión, como consecuencia del carácter artesanal de la cerámica ibérica que hace que no existan dos vasos completamente iguales. Por ello, las sistematizaciones y las cronologías que resulten de los estudios tipológicos no podrán ser nunca tan precisas como las que han proporcionado las cerámicas "industrializadas" griegas y romanas. No obstante, creemos que es imprescindible tener en cuenta también el elemento formal si queremos llegar a conseguir resultados válidos en el estudio de los estilos, aun a sabiendas de que las conclusiones pueden contener un margen de error más o menos amplio. Sea, pues, este ensayo un pequeño avance a la tipología general realizada por el profesor Miquel Tarradell, cuya publicación estamos preparando.
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Tal y como ya ha sido observado por algunos autores (Pereira y Sánchez, 1985, p. 99), el gran auge de las artesanías ibéricas tiene lugar en el siglo IV a.C. Tarradell y Sanmartí ya destacaron, asimismo, la uniformidad que presenta la producción cerámica en los dos siglos anteriores (1980, p. 313), con un repertorio de vasos integrado principalmente por urnas y tinajas de diversas formas, platos, tapaderas y, en menor medida, vasos caliciformes y jarros. En esta fase antigua la decoración pintada se limita casi exclusivamente a bandas y filetes que se combinan con líneas onduladas, círculos, semicírculos y segmentos concéntricos, estos últimos dispuestos a menudo de forma radial; otros motivos, como punteados, rombos o reticulados, aparecen sólo esporádicamente.
Desde finales del siglo V y sobre todo durante la primera mitad del s. IV a.C., la llegada masiva de importaciones griegas provoca un fuerte impulso de los talleres en un proceso que nos atreveríamos a comparar al que en el s. VI a.C. originó el nacimiento de la cerámica a torno a partir de modelos fenicios. Esta vez el impulso se traduce principalmente en la aparición de nuevas formas que, si bien en un principio copian con mayor o menor fidelidad los modelos foráneos, pronto se adaptan al concepto estético habitual de los artesanos ibéricos, dando como consecuencia la gran diversidad de vasos que aparece en los yacimientos a partir de mediados del s. IV y a lo largo de todo el siglo III a.C. También a finales del siglo V a.C. se produce la aparición del kalathos de cuello estrangulado, que se desarrolla en numerosas variantes a lo largo de los dos siglos siguientes, constituyendo una de las formas emblemáticas de la cerámica ibérica de época plena en el SE peninsular.
Al mismo tiempo las decoraciones adquieren una gran complejidad: se incrementa el repertorio de motivos geométricos y se elaboran ricas y variadas composiciones a partir de sus distintas posibilidades de combinación, completándose el proceso con la aparición de motivos vegetales y figurados, ambos incorporados al universo decorativo ibérico muy probablemente de forma simultánea. El momento en que se empiezan a utilizar dichos motivos, así como el papel que pudo haber desempeñado la iconografía de las cerámicas griegas en su aparición, es un argumento que ha hecho correr ríos de tinta y ha ocasionado encendidas discusiones entre los autores desde los inicios de la investigación. Bosch Gimpera defendía la necesidad de buscar en los modelos griegos el origen de los estilos figurados ibéricos, que situaba en un periodo comprendido básicamente entre los siglos VI-IV a.C. (Bosch Gimpera, 1929). Sus tesis fueron rebatidas en la década de los 40 por investigadores como A. García Bellido (1943) y M. Almagro Basch, entre otros, utilizando como argumento principal los datos proporcionados por las excavaciones de La Alcudia y Ampurias, donde las cerámicas decoradas con temas figurados del estilo de Elche-Archena aparecían "en capas muy cercanas a la terra sigillata" (Almagro, 1947, p. 146).
Durante las décadas siguientes estas dos posiciones dieron lugar a numerosas opiniones intermedias, entre ellas la del mismo Almagro, que en el Congreso de Alcoy de 1950 fechó los estilos valencianos en los ss. III-II a.C. Sin embargo, en general, y salvo algunas pocas excepciones, se mantuvo una cronología relativamente baja para las decoraciones figuradas. A ello contribuyó notablemente el hallazgo, en 1953, de un cuadrante de la ceca de Arse en el nivel de destrucción del Tossal de Sant Miquel de Llíria, lo que ocasionó que el estilo de Llíria-Oliva, considerado el más característico entre los estilos figurativos, se situara, a partir de entonces, en los siglos II-I a.C. (Bonet, 1995, p. 438).
El panorama empezó a cambiar a partir de los años 80 con la aparición de nuevos y significativos materiales, el inicio de los estudios de iconografía e imitaciones y, sobre todo, con la revisión de la cronología del estilo de Llíria-Oliva en base a los datos aportados por otros poblados ibéricos de la zona. Dicha revisión, publicada en el año 1982 por Bonet y Mata en un breve artículo, se ha visto culminada con la reciente aparición de una monografía del Tossal de Sant Miquel que ha constituído la tesis doctoral de Helena Bonet (1995). En opinión de esta autora, la ausencia de decoraciones figuradas en los yacimientos valencianos del s. IV a.C. sitúa el inicio de las mismas en el siglo III a.C., si bien la aparición del friso narrativo, que sería el rasgo definidor del estilo de Llíria-Oliva, no habría tenido lugar hasta finales de este mismo siglo (Bonet, 1995, pp. 447-448).
Sin embargo, aunque es cierto que las decoraciones figuradas fechadas con anterioridad al s. III a.C. son prácticamente inexistentes (de hecho hemos hallado tan sólo una), conocemos algunos vasos que permiten plantear, al menos a nivel de hipótesis, la utilización ocasional de esta temática decorativa en el s. IV o tal vez incluso ya a finales del s. V a.C. Se trata, en la mayoría de los casos, de piezas que tradicionalmente se vienen considerando y citando como pertenecientes a fases antiguas, sin que se posean datos concretos que justifiquen esta atribución, ya que carecen de contexto arqueológico. A estas piezas, algunas de las cuales han sido comentadas a nivel iconográfico por diversos autores, vamos a referirnos a continuación, haciendo especial incapié, en esta ocasión, en la información que nos proporcionan sus características formales.