Sistemas de fortificaciones

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Después de los poblados fortificados de la Edad del Cobre y Bronce Pleno, en los últimos siglos del segundo milenio a.n.e. los asentamientos del Bronce final carecen por lo general de sistemas de fortificación en el Bajo Guadalquivir. Son hábitats abiertos, que por lo general no se rodean de murallas en lo que se ha podido analizar en esta zona.

La primera referencia histórica que poseemos de recinto fortificado es la ciudad fenicia de Gadir, un topónimo que precisamente viene a significar ciudad rodeada de muralla. Las excavaciones realizadas en la ciudad de Cádiz/Gadir no han proporcionado restos de época arcaica, ni de su urbanismo, ni de la muralla a la que alude su nombre. El ejemplo de recinto amurallado fenicio más antiguo se ha excavado en el Castillo de Doña Blanca que ofrece características paradigmáticas para los ejemplos posteriores de ciudades indígenas y orientalizantes. En este trabajo aludiremos a las fortificaciones de tres ciudades que pueden ilustrar las características de los tipos de murallas orientalizantes y turdetanas.

Castillo de Doña Blanca

Desde el siglo VIII a.n.e., hacia el 730-720 a.n.e., según dataciones de termoluminiscencia, la ciudad se fortificó mediante una recia muralla, provista de amplios bastiones de tendencia semicircular (Ruiz Mata y Pérez, 1995). Se construyó sobre un suelo compacto realzado de arcilla rojiza y piedras en el que apoya un zócalo de mampostería, y sobre él se alza el paramento, también de mampuestos irregulares trabados con arcilla, ataludado en su parte superior, y por delante se abrieron dos fosos excavados en el suelo de calcarenita. La pared posee vestigios de haber estado recubierta de arcilla, como revoco, de modo que quedaba oculta la estructura de mampuestos. Se ha excavado muy poco de su recorrido, debido a la potencia de tierra que la ocultaba por el exterior. Los elementos son, por tanto, suelo realzado y muy compacto, zócalo, paramento sobre el zócalo, que conserva casi 5 m. de altura, parte superior en talud, con reposiciones de los siglos VII-VI con sillares, mampuestos como elementos constructivos, revocados de arcilla muy depurada, y amplios bastiones. Es el modelo de muralla fenicia más antigua que se conoce hasta el momento (fig. 26).

Entre los siglos V y IV a.n.e., y en parte utilizando como sustentación la zona superior de la muralla fenicia o bien sobre viviendas anteriores, se construyó una muralla ya turdetana, de la que sabemos que tenía estructura de casernas y una fábrica más elaborada. Hay indicios en el poblado de casernas anteriores, en el extremo sudeste de la ciudad, de época fenicia arcaica. Comienza la época turdetana con un nuevo estilo de fortificación, donde la caserna o casamata es el elemento más relevante.

La muralla mejor documentada, que anuló a la anterior, se data en el siglo III a.n.e., o fines del IV. Es lógicamente la más superficial, lo que ha contribuido a que se haya excavado a lo largo de casi 240 m., ofreciendo una parte importante de su planta que permite su reconstrucción (fig.26). Aquí presentamos sólo un tramo a mayor escala que permite definir sus características planimétricas (fig. 15). La muralla ex novo que destruyó gran parte de las estructuras urbanas, para una cimentación muy consistente a base de arcilla rojiza y piedras y una profundidad de más de 1 m., con zócalo y paramento de sillarejos de 1,20 m. de anchura el muro exterior y de 0,90 m. el interior, que unido a los 3,5 m. de separación entre ambas caras proporciona un ancho total de 5,5 m. Está constituida por dos muros paralelos, separados entre sí por una distancia de 3,5 m. y otros perpendicu­ lares, siempre a la misma distancia, que despejan espacios cuadrados. En el espacio excavado se advierten cinco tramos separados mediante torres cuadrangulares, adelantadas como avanzadillas. A partir de la torre se produce un quiebro en el tramo de las casamatas, que origina una traza zigzagueante. El tramo mejor conocido entre dos torres posee una alineación de once casernas, que debe ser la distancia y estructura rítmica de la muralla. Las torres son por lo general de 10 x 9 metros cuadrados, siendo el lado más largo el perpendicular a las casamatas, y a veces se subdividen en dos espacios mediante un muro transversal, en ocasiones de sillares, que pueden ser remodelaciones de época bárcida. A ellos atribuyó también habitaciones, en la zona sudeste, para almacenaje y zonas de trabajos, construidas con sillares de diferentes tamaños, engatillados a veces, y en algún caso con almohadillado poco prominente.

Este sistema de casernas, que acaso se remonta a época fenicia arcaica, y se documenta con claridad en los siglos V-IV a.n.e., tendría una doble función: la construcción de una muralla potente de casi 6 m. de anchura, con ahorro de trabajo y de materiales, que en caso de necesidad las casernas podrían rellenarse de piedras y tierra para proporcionar mayor consistencia y dificultad a los zapadores, y de otra parte habilitar sus espacios como talleres o almacenes, e incluso como habitaciones para viviendas. Una solución funcional y técnicamente muy sabia en el perímetro de la ciudad. Este tipo, una obra de ingeniería militar y funcional bien diseñada y compleja, debió servir de modelo para otras murallas turdetanas o de otras áreas ibéricas, más toscas y peor ejecutadas.

La fortificación de Tejada la Vieja

La excavación de la muralla de Tejada la Vieja corresponde al poblado arcaico de finales del siglo VIII/comienzos del VII a.n.e., y con remodelaciones de mayor o menor envergadura debió perdurar hasta la época del abandono del poblado en el siglo IV a.n.e. (Fernández Jurado, 1987) (fig. 27). El sistema constructivo es muy parecido a la muralla fenicia arcaica, de donde deben proceder estos tipos de fortificaciones. Lógicamente, sus constructores fueron menos diestros y poco cuidadosos, tratando sólo de cerrar un espacio habitado mediante una construcción de regular técnica constructiva. Lo que también se percibe en muchas murallas turdetanas y de otros pueblos ibéricos (VV.AA,1991), pues el objetivo no está tanto en la obra cuidada y realizada por arquitectos expertos, sino en su funcionalidad y objetivo prácticos de crear una estructura defensiva.

Se construyó alzando dos lienzos –ataludado en exterior– de grandes bloques de calizas en seco, más o menos paralelos, cuyo espacio interior se rellenó de tierra y cascotes, una técnica frecuente en las construcciones de murallas, como se advierte en el Castillo de Doña Blanca, pero con técnica más esmerada. Su trazado se adapta a los accidentes topográficos del cerro, salvo en determinadas zonas que fueron niveladas con grandes bloques de piedra. La muralla tuvo reparaciones continuas, y en un momento más tardío, tal vez como consecuencia de una técnica constructiva poco cuidada su paramento exterior se revistió de una camisa de bloques de pizarra mejor trabajados, y se añaden dos contrafuertes, rectangular y circular, rellenos también de tierra y cascotes de modo muy desordenado. Es probable que la superestructura se construyera de tapial. La obra se realizó a finales del siglo VI a.n.e., al hallarse embutida en su base un ánfora samia de esta época.

El modelo de muralla de la Plaza de Armas de Puente de Tablas (Jaén)

Se trata de una muralla de mampostería de características similares a la de Tejada la Vieja, datada en la primera mitad del siglo VII a.n.e., hasta ahora la más antigua documentada en esta zona de la campiña, pues las conocidas son del siglo VI a.n.e. (fig. 28) (Ruiz, Molinos, 1992). Como aquélla carece de zanja de cimentación, y en algunos puntos corta los estratos del Bronce final, lo que ha resultado de gran interés para su datación. Esta es la razón de recurrir a su refuerzo mediante un sistema de bastiones cuadrados de diferentes tamaños, de los cuales se han excavado ocho, pero su número puede duplicarse cuando se excave en su totalidad. En cuanto a su técnica constructiva, el alzado exterior es de mampuestos y vertical, y sobre el se añadió una segunda pared en talud, enfoscada de barro y enlucida de cal. Sobre esta base se advierte, como en Tejada, un alzado de adobe. También es similar la estructura entre los dos paramentos. La muralla parece que se reestructuró en el siglo III a.n.e.

Omito en este breve estudio el análisis de otras murallas de época orientalizante y que alcanzan hasta la época turdetana o ibérica, pues vienen a tener un sistema constructivo parecido, cuyos modelos pueden hallarse en la Bahía gaditana.

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