El territorio turdetano. Proyectos de investigación


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Los estudios de territorio deben jugar un papel importante y prioritario en cualquier análisis arqueológico, para determinar los espacios étnicos y políticos, y de geografía humana, como proceso dialéctico hombre/medio. Los estudios de territorio contemplados como proyectos en la Normativa que rige las actividades arqueológicas en Andalucía, tienen planteamientos metodológicos y teóricos explícitos, y constituyen por sí mismos objetivos de estudio a medio y largo plazo y en la mayoría de los casos se integran en las excavaciones sistemáticas. Los objetivos no son la acumulación de puntos arqueológicos en un mapa, sino de un análisis con objetivos históricos.

Se cuenta en la actualidad con bastante información, de muy distinto valor, que en muchos casos requiere una revisión en profundidad, dotándola de enfoques y  metodologías más sólidas. Los datos oscilan desde los más elementales de la carta arqueológica hasta el análisis con objetivos históricos definidos.

En lo que atañe a Andalucía occidental, los trabajos se han realizado en la zona prelitoral y litoral onubense, o Tierra Llana y área de Tejada la Veja, entre el Guadiana y el Guadalquivir (Campos, J. y otros, 1990); los Alcores de Carmona (Amores, F., 1982; Amores, F. e I. Rodríguez Temiño, 1984), El Aljarafe (Escacena, J.L., 1987), la Vega del Río Corbones, prospectado por I.R. Temiño y aún sin publicar, y otras zonas como Alcalá de Guadaira (Buero y otros, 1989), Gilena (Romo y otros, 1988), Montellano (Velasco y otros, 1988), Estepa (Juárez, 1988), Osuna (Pérez, Vargas y otros, 1987), Puebla de los Infantes (Ojeda y otros, 1988), Aznalcázar (Rodríguez, Cáceres y otros, 1988), Lebrija (Caro, A., 1991) y Fuentes de Andalucía (Fernández Caro, 1985), además de otros trabajos realizados como tesinas, en la provincia de Sevilla; en la de Cádiz, Arcos de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda (Lavado, M.L., 1987), Barbate (Bernabé, 1987), y en la actualidad se trabaja en varios proyectos sobre el occidente de la provincia gaditana –Trebujena, Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Rota y El Puerto de Santa María– (González, Barrionuevo, Aguilar y Ruiz Mata, 1992), la costa atlántica gaditana (Ramos, J., 1992). Se están desarrollando más programas de estudios de territorio en el tramo medio del Guadalquivir, río Genil y Córdoba.

En líneas generales señalemos que la mayoría de los poblados comienzan a habitarse durante el Bronce final, y en algunos se advierte un estrato más antiguo del Cobre. Muy pocos poseen una secuencia desde el Bronce pleno al final. A juzgar por las estratigrafías excavadas y por los restos arqueológicos recogidos en prospecciones, un porcentaje inferior de asentamientos perviven hasta época turdetana. Durante la época orientalizante se abandonaron o desplazaron un buen número de poblados indígenas hacia núcleos mejor situados para las estrategias productivas y comerciales tartésicas.

Los yacimientos del Bronce final tartésico delimitan su extensión espacial en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, enclavándose principalmente en la Depresión Bética, y en este ámbito la vía fluvial del Guadalquivir alcanzó un gran relieve con centros de gran importancia. El río Guadalquivir, la vía más importante de penetración hacia la Alta Andalucía, se pobló de numerosos asentamientos, determinando un eje longitudinal a lo largo del eje del río, e igual es el caso del Guadalete hasta la Serranía de Ronda. Pero también se percibe el modelo reticular en la campiña, con importantes asentamientos agropecuarios.

Otros puntos fueron las desembocaduras de los ríos mencionados. En la zona pre y litoral onubense la concentración es menor, y se agrupan en torno a los ríos Tinto y Odiel y Tierra Llana, pero sin la acumulación del Bajo Guadalquivir. La mayoría de las  poblaciones del Bronce final, que poseen una fase orientalizante, alargaron sus actividades hasta época turdetana.

Cuando estén más adelantados los trabajos de investigación del territorio, y se publiquen sus resultados, se obtendrá una visión más precisa de la intensidad de la ocupación y de sus modelos, de los que ahora se posee una idea más o menos ajustada a la realidad del poblamiento. Aún con estas deficiencias, se obtienen unas bases orientativas. Hacia los siglos IX y VIII a.n.e. se advierte un aumento de población, con asentamientos diferenciados según rangos políticos y económicos. Con la presencia fenicia, y desde finales del siglo VIII y primera mitad del VII a.n.e., se advierte un cambio en la estructura del territorio y el surgimiento de poblados que imitaron los modelos semitas, abandonándose la mayoría de los pequeños núcleos indígenas, consecuencia de una profunda reestructuración en la diversificación de los recursos económicos y en la producción de excedentes, que condujeron a un sistema comercial nuevo y a cambios sociales y políticos importantes en el seno de la sociedad indígena, con sistemas complejos en la división del trabajo y a sociedades estratificadas, en las que las relaciones de producción transformaron las antiguas estructuras de carácter familiar. La ciudad es ahora el centro político y económico, y el origen de las sociedades turdetanas.

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