SUMMARY
Iberian pottery, together with punic and Campanian “A” pottery, is one of the most abundant types of production in the archaeological field “La Milagrosa”. Our intention has been to study the Iberian painted materials, found at the punic wall, which we consider as very meaningful, since they go in association to missing stratigraphies in other archaeological fields, that are basic in order to make working hypothesis, interpretations and chronological appreciations.
RESUMEN
La cerámica ibérica junto con la cerámica púnica y Campaniense “A”, es uno de los tipos de producción más abundantes en el yacimiento de la Milagrosa. Nuestra intención ha sido estudiar los materiales ibéricos pintados de la Muralla Púnica, a los que consideramos muy significativos, ya que van asociados a estratigrafías, faltos en otros yacimientos, y fundamentales a la hora de realizar hipótesis de trabajo, interpretaciones y matizaciones cronológicas.
I.1.- Situación
I.2.- Descripción
II.- Estudio de la cerámica ibérica
II.1.- Estudio de la cerámica ibérica: morfología
Formas cerradas
Formas abiertas
Formas sin determinar
II.2.- Estudio de la cerámica ibérica: decoración
III.- Valoraciones Finales
Consideraciones
Históricas
El yacimiento aporta el hallazgo de un tramo de muralla púnica dentro del recinto urbano, zona en la que según la antigua topografía descrita por Polibio se ubicaba el istmo, como único punto de acceso a la ciudad desde tierra firme, entre el Monte de San José y el de Despeñaperros (Beltran, A., 1948, 209-210).
El núcleo urbano de la ciudad de Cartagena estuvo determinado por el espacio natural entre cinco colinas: Monte San José (Aletes), Despeñaperros (Hephaistos), Monte Sacro (Kronos), Molinete (Arx Asdrubalis) y Monte Concepción (Asclepio). Estos cerros a su vez, unidos por lienzos de muralla, darían a la ciudad ese aspecto de fortaleza inexpugnable.
Hacia el Norte la ciudad estaba rodeada por la línea del estero o almarjal; los límites de esta laguna interior nos vienen indicados por la existencia de dos necrópolis ubicadas en tierra firme, la necrópolis de Torre Ciega junto a la vía de Tarraco y la de San Antón a la salida hacia la Meseta. Hacia el sur, la ciudad queda delimitada por la bahía que constituye el puerto Natural (el porto Nammatio en Avieno). La ensenada, llegaba hasta las laderas del Mons Aesculapii (Muralla del Mar), y doblando por el espolón del Gobierno Militar, seguía según recientes excavaciones por las calles Mayor, Bodegones y Puertas de Murcia, hasta la ladera norte del Molinete. La zona de excavación se encuentra enclavada entre el Monte de San José y el de Despeñaperros; ocupa una extensión de 1200 m2 aproximadamente. La roca de base está constituida por areniscas de tonalidad amarilla, cubiertas en tramos por una costra más reciente de la misma naturaleza, pero más carbonatada que da lugar a una concreción de textura más compacta. Se ha podido comprobar el buzamiento del terreno Norte-Sur y Oeste-Este, lo cual encaja, lógicamente, con la topografía general de la zona de esta parte de la ciudad.
La excavación puso al descubierto una serie de espacios excavados directamente en la misma roca natural de base. En lo que podemos documentar, estas estancias de planta rectangular, presentan unas dimensiones aproximadas de 2,5 m. de largo por 2 m. de ancho. Los grandes cortes practicados en la roca aprovechan la pendiente natural para ir estructurando las diversas estancias, integrándolas en la propia desigualdad del terreno existente en esta parte de la ladera del Cerro de San José. Se pudo comprobar en algunos casos que estas habitaciones se completaban con muros de adobe que localizamos caídos en torno a ellas y en avanzado estado de deterioro. Asímismo se documentaron huellas de postes de madera que posiblemente eran los elementos que sustentarían una cubierta de barro y entramado vegetal.
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Vista de la muralla púnica de Cartagena. |
Junto a estas construcciones y anexas a ellas se constataron otro tipo de estructuras, que conservan un “zócalo” construido con grandes piedras sin desbastar, colocadas verticalmente, y cuya funcionalidad desconocemos. La interpretación y análisis de estas estructuras de “piedras hincadas” es compleja porque nos faltan suficientes elementos de juicio debido tanto al hecho de la limitación de la excavación cuanto al hecho de que posteriormente se sobrepuso sobre ellos la construcción de la gran muralla monumental de sillares que se describe a continuación. Ambos factores no nos han permitido conocer con precisión ninguna de estas estructuras de “piedras hincadas”, lo que nos hubiera permitido establecer sus dimensiones, estructura y funcionalidad con más rigor documental.
Con todo, y a pesar de ello, las consideramos de enorme importancia para la historia de la Cartagena pre-bárquida. Durante la excavación, nos planteamos la posibilidad de que las estructuras de “piedras hincadas” no correspondiesen a sistemas de habitación sino que se relacionasen con técnicas poliorcéticas destinadas a dificultar el asalto a la muralla; sin embargo el hecho de que se encuentren en el interior de la ciudad, hace muy difícilmente explicable su uso en relación con la defensa. La estratigrafía de estos niveles inferiores no pudo servirnos de ningunaayuda debido a que nos encontramos con estratos de relleno que cubrían tanto la roca debase cuanto las citadas piedras; sobre este nivel de relleno, se superponía, directamente elnivel amarillo de arenisca, originado por la construcción de la muralla monumental que se describe posteriormente.
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Emplazamiento actual del yacimiento. |
Estos restos de cabañas están localizados tanto en el interior de la ciudadcomo extramuros y cronológicamente son anteriores a la fortificación, aunque no se puede precisar la datación exacta. Los materiales asociados a estas estructuras son escasos: destacan ánforas púnicas, cerámicas ibéricas, cerámicas Campanienses Tipo A, formas 27 y 28y cerámicas de producción ibicenca, formas 21/25 y 27, además de otros materiales arqueológicos de origen inorgánico, como una fíbula tipo La Téne, fechada entre fines delsiglo IV y principios del siglo III a.C. (según la información que amablemente nos proporcionó A. Iniesta Sanmartin) y monedas Cartaginesas de fines del siglo III a.C. (fechadas por M. Lechuga Galindo).
Se documentó en el yacimiento una doble línea de muralla, separada por casi seis metros entre ambos lienzos, orientados en dirección Norte-Sur. El primer lienzo, que constituye la cara externa de la muralla, tiene en la actualidad una longitud de 15 metros, mientras que la segunda línea tiene una longitud de 30 metros. En ambos casos, el tipo de obra empleado en la construcción responde al gran aparejo cuadrangular, opus quadratum, realizado con bloques de arenisca de dimensiones comprendidas entre 130-120 cm. de largo por 60 cm. de altura, y entre 70-80 cm. de ancho, conservando en algunos puntos del lienzo exterior hasta cinco hiladas de bloques con una altura de casi 3,20 metros.
El espacio comprendido entre los dos lienzos se encuentra dividido por una serie de muros perpendiculares, levantados con un aparejo mixto de bloques y piedras, (opus africanum) en una serie de estancias de planta cuadrada. Uno al menos de estos muros menores perpendiculares está trabado con los lienzos de la muralla mediante sillares en forma de T cuyos extremos son comunes tanto al lienzo longitudinal cuanto al transversal.
Las tres estancias del interior de la muralla, tienen acceso practicable desde el interior de la ciudad mediante puertas de las que se conservan los umbrales. Cada uno de estos espacios internos, se subdividen en otros tres, de modo que se accede a la estancia central, y a su vez, ésta comunica internamente con otras dos, ubicadas a la derecha e izquierda de la misma. Los accesos de las tres estancias excavadas son equidistantes entre sí. La funcionalidad de los espacios interiores de la muralla estaría en conjunción con el carácter estrictamente defensivo de la construcción, cobijando grupos de tropa en su interior, necesarios para su defensa, lo que recuerda el sistema defensivo empleado, por ejemplo, en Cartago, y que nos describe Apiano en el libro VIII de su historia romana (Apiano, Historia romana, VIII, 95).
La cubrición de estos espacios interiores se realizaría mediante una cubierta entre los dos lienzos de la muralla, sustentada de forma sólida por los muros interiores y por gruesas vigas de madera, elemento que está bien atestiguado en la excavación. Este sistema de apoyo permitiría contar con un amplio espacio o plataforma, en un nivel superior, desde donde se podría ejercer con mayor fluidez el cometido defensivo.
Por otra parte, a partir de lo que se conserva en la actualidad, y por la documentación aportada en los trabajos de excavación, es posible pensar que el alzado de la línea exterior de la muralla se completara con varias hiladas más de bloques, quizás coronados de almenas, según se desprende de la descripción que Polibio hace de las murallas (Polibio X; 13, 9-10; 14, 13-14; 15, 2-3). La parte posterior el resto del alzado, se completaría con gruesos adobes de forma cuadrangular hasta una altura al menos igual al de la plataforma superior de la muralla, de lo que quedan algunas evidencias en los cortes practicados.
Por su emplazamiento y dadas las características que ofrece el terreno, en claro desnivel, los trabajos de fortificación plantearon la necesidad de adecuar éste al trazado del sistema defensivo, aspecto constatado en algunas zonas del área excavada. Esta dificultad pudo resolverse recurriendo a un sistema de terrazas, mediante sucesivas explanaciones por la ladera, conformando una fisonomía del recinto amurallado no en un mismo plano, sino descendiendo escalonadamente por la falda del cerro y con el asiento firme del propio terreno para garantizar su estabilidad.
Esta solución de ingeniería, explotando la morfología del terreno, trasladada a una visión global de todo el perímetro de la ciudad, que se supone estaba guarnecido por el cinturón amurallado, conllevaría una planificación realmente importante, por lo que hay que pensar en una compleja programación inicial, concibiendo el sistema defensivo en su totalidad. En un proyecto de fortificación de tal envergadura, aparte de las consideraciones de carácter propiamente técnico, otro aspecto importante a valorar es la selección del material empleado en la construcción, constituido casi exclusivamente por arenisca. Los mecanismos selectivos para su ejecución se fundamentaron en la urgencia con que se hubo de levantar la muralla, y en la abundante disponibilidad de este tipo de piedra, de fácil extracción y labrado, al noroeste de la ciudad (Ramallo, S., Arana, R., 1987, 124-128).
Los escasos restos de estuco de color blanco todavía conservados sobre algunos de los bloques permiten sugerir la aplicación de un revestimiento sobre la muralla. Su uso permite, por un lado, alisar la superficie de los bloques ocultando a la vista las imperfecciones y retoques haciéndolos más resistentes al uso, sobre todo tratándose de un material de alta porosidad y fácilmente deleznable. Por otro, podría responder a motivos puramente estéticos, ocultando el aspecto real de una materia de calidad mediocre, proporcionándole un aspecto más noble (Rakob, 1986, 25).
Este importante núcleo de construcciones púnicas corresponde a los límites de la ciudad en época púnica-romana. El recinto amurallado de la ciudad, según Polibio seguía el trazado de los cerros. Se desconoce el numero de puertas con que contaba; Polibio nos da noticias de la existencia de una puerta que daba al istmo, situada posiblemente entre los montes San José y Despeñaperros (Polibio X; 12, 3). Posteriormente ya a fines del siglo XVI, cuando de nuevo la ciudad tomó su pulso y reconstruyó su perímetro amurallado, quedó fuera del recinto este sector, y es a partir del siglo XVIII cuando de nuevo Cartagena recobró la mayor parte del perímetro púnico-romano. Con las remodelaciones urbanísticas contemporáneas, el entorno de este yacimiento ha sufrido diversas transformaciones, tanto en el edificio contiguo (Casa de la Misericordia) como en la urbanización de la calle de San Diego, cuyo nivel de base ha sido rebajado en 1908 y 1916 para regularizar la topografía de este sector de la ciudad.
El estudio de la estratigrafía permite determinar hasta un total de cuatro fases o secuencias cronológicas, asociadas cada una a un conjunto de estructuras bien documentado en la excavación. (Marín, C., 1996). Esta secuencia se podría esquematizar, del modo siguiente: